martes, 1 de julio de 2014

HACIENDA SOMOS TODOS, PERO UNOS MÁS QUE OTROS


La primera pequeña mentira que se contó en nombre de la verdad, 
la primera pequeña injusticia que se cometió en nombre de la justicia,
la primera minúscula inmoralidad en nombre de la moral, 
siempre significarán el seguro camino del fin.


Ayer terminó el periodo voluntario para presentar la declaración del impuesto sobre la renta. Millones de declaraciones presentadas al socaire de una publicidad muy malintencionada, aunque parezca lo contrario, que pretende generar un sentimiento de culpa colectivo basado en el discurso “si tú defraudas, estás acabando con todo”.

Y si no fuera porque estamos en un país en la que los principales partidos políticos y parte de sus dirigentes están procesados, entre otras cosas, por financiación ilegal, malversación de caudales públicos, tráfico de influencias; y que nos desayunamos, día sí y día también, con las fabulosas SICAV de algunos políticos que se llenan la boca de izquierdismos trasnochados que ya no casan con el mundo que nos ha tocado vivir, por decir algo, o con los coches de lujo que aparecen por arte de magia en los garajes de imponentes chalets unifamiliares, pues puede que la campaña incluso tuviera algún sentido, y hasta podría servir para remover la conciencia de aquel que pretende ahorrarse unos cuantos euros al evitar el pago del IVA.
Pero es que resulta que en este país las grandes defraudaciones no provienen del señor o de la señora que le pide al mecánico que no le cargue el IVA en el importe a pagar, o de cosas similares. Porque esa “defraudación” (que lo es), en realidad y en la mayoría de casos, solo sirve para que los bolsillos del contribuyente que vive de una nómina, de una pensión  o de una prestación por desempleo, el mes que le llega el palo del gasto extraordinario, no queden limpios como una patena y pueda, aunque sea malamente, hacer frente al resto de gastos y necesidades diarias hasta que llegue el siguiente el cobro, si éste llega.




No estoy justificando de ninguna manera que la gente no haga frente a los impuestos que le corresponden, que nadie se lleve a engaño, De hecho soy de las que piensa que es necesario la contribución de todos los ciudadanos al sostenimiento del gasto que todos generamos en común y que esta participación debe ser proporcional y progresiva a la capacidad de cada uno. Es cuestión de solidaridad social, al menos así lo entiendo yo, por eso he pagado mis impuestos religiosamente. Me han dejado la cuenta temblando y antes de que acabe el mes en casa sufriremos otro buen mazazo impositivo. La cosa está así.

Pero aunque está así, y pago porque lo debo, lo que me parece de escándalo y me provoca verdadera nausea es que encima sean "ellos" quienes quieran dar lecciones de moral a tutiplén. Porque son precisamente quienes mueven los hilos del sistema quienes intentan darnos sopas con hondas con sus triquiñuelas de salón y sus intrigas palaciegas, quienes nos sacan hasta el tuétano sin pestañear mientras se lo llevan crudo de manera continuada. Con todo lo que llevamos soportando, solo nos faltaba la publicidad moralizante entre telediario y telediario, mientras te cenas un nuevo escándalo financiero o político, envuelto en el anuncio de una rebaja de impuestos que es absolutamente falsa.

Así que si alguien habla con alguno de los de la “casta”, la que sea, (por lo visto la “casta” es mucho más amplia que lo que se decía inicialmente), que les haga saber que sus anuncios nos la chuflan y sólo nos dan ganas de plantear la objeción fiscal. Que les diga, también, que dejen de vacilarnos de una vez, y que les pida que si entre ellos queda alguno honrado que no se apiaden de sus corruptos compañeros de siglas, que los lleven ante los Tribunales para que esta panda de malvados no siga robándonos a espuertas, no solo el dinero, sino también las ganas y la propia democracia.  




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