viernes, 25 de julio de 2014

RISOTTO


El cielo es negro y gris y rosa en sus extremos,
la luz de las farolas un resto amarillento.
Bajo un golpe de lluvia, llorando, yo atravieso,
innoble como un trapo, mojado hasta los cuernos




Como la Cenicienta, al llegar la medianoche, pensé que debía ir acortando la cena, apuré hasta el último minuto y salí corriendo. La maleta sin hacer me estaba esperando en casa y ahí sigue, esperando. Este fin de semana, estaré en Madrid. Dicen que la gente no se casa, que lo de la estabilidad en las relaciones ya no se lleva, pero eso lo dicen los que tienen la suerte de no haber recibido en los últimos meses tres invitaciones a distintas celebraciones matrimoniales.

Al volver a casa, mientras digería un risotto delicioso al que no di tregua, pensé en el calor abrasador que me espera este fin de semana y en lo estrafalario de llegar a Atocha, siempre sofocada y trémula en verano, vestida con manga larga que es lo que hoy demanda mi ciudad. Las distancias ya no son distancias y el clima es pura contingencia.

Toca correr, la maleta aún no está hecha y la cosa requiere cierta pericia. Buen fin de semana.


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