domingo, 1 de marzo de 2015

ATASCAGARGANTAS


Pasaron dos o tres días con sus noches; 
creo que podría decir que pasaron nadando,
 que se deslizaron, callados, serenos, hermosos. 
Así pasábamos el tiempo: 
allá abajo el río era monstruosamente grande...



Hablar de la fugacidad del tiempo es una obviedad, pero lo que es cierto es que a veces se nos olvida lo corto que es todo. Es culpa de los atascagargantas del día a día que nos ocupan la mayor parte de la vida Nos consolamos pensando en que llegará el mañana y que entonces, con las cosas en calma y orden, podremos dedicar el tiempo a todo aquello que dejamos en espera porque ya no podemos seguir arrancándole horas al día. Llegará un momento en que los proyectos dejarán de quedarse en eso, proyectos que engulle el tiempo y los tritura hasta hacerlos desaparecer.  

Entre las pilas de las “cosas interesantes” que guardo sobre la mesa, encuentro algunas notas empezadas y nunca terminadas, artículos subrayados pendientes de volver a leer, anotaciones de libros, circuitos de imaginados viajes pendientes y folletos de comida china. Leo la noticia de un tipo que se voló la tapa de los sesos, dejó una nota que nadie fue capaz de descifrar. Arrugo el periódico, lo lanzo hacía la papelera, aterriza junto al zapatero y ahí se va a quedar.

Los domingos son un paréntesis que congela la cotidianidad del resto de la semana y que nos hace soñar con ese tiempo que está por llegar, días en los que volveremos a ser libres, en que ya no necesitaremos imaginar otros mañanas porque esos mañanas ya los tendremos al alcance de las manos. Momentos en los que volverás a hacer lo que quieras sin necesidad de malgastarse en sucedáneos que no saben a nada. 




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