domingo, 28 de junio de 2015

REPITA: TREINTA Y TRES



<<Había cesado el ruido de las excavadoras y se oían las voces de los obreros despidiéndose entre sí. Desde hacía mucho rato el sol caliente se colaba entre las rendijas de las persianas; eran listones de luz horizontales que encendían el polvo, cada vez más, hasta que de pronto, como por efecto de una chispa, toda la habitación fue un gran incendio rosado y fosforescente.>> 
Juan Marsé



Existen personas que ilusionan lo mismo que hay proyectos que entusiasman. Pero todo eso, la ilusión, el entusiasmo, tiene un recorrido muy corto si después de las primeras andanadas no hay novedad que lo mantenga y nos haga venirnos arriba. Estos días confusos en lo general y, porque no reconocerlo, también en lo particular, intento observar las cosas desde la distancia y no pronunciarme demasiado sobre nada. La información se contamina de manera continuada generando un gran desconcierto. La contradicción entre lo dicho y lo hecho, entre lo prometido y lo ejecutado, entre los hemiciclos y los baños solitarios, no deja de ser muy sorprendente para algunos. Quiero creer que existen ideas y proyectos maravillosos y que algún día, cuando alguien se decida llevarlos a cabo de verdad, lo hará contra viento y marea. Que los valientes ganarán la partida; que lo pusilánimes quedarán arrinconados; y que los que ofrecieron la tierra prometida, entregando estiércol envenenado, quedarán relegados a la nada.

La vida es intensa y febril. Llena de aventuras que se libran, muchas veces, en la duermevela de gente que espera que mañana sea mejor que ayer, aunque al levantarse, al día siguiente, se encuentren que nada fue como esperaban. Aun así, hay cosas, proyectos, personas, por las que cualquiera, sin estar demasiado loco, puede plantearse que si le dicen ven, se vaya dejándolo todo sin guardarse ningún comodín.






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