martes, 19 de enero de 2016

A PIE DE OBRA


Si el destino me dejara llevar mi vida a mi manera…elegiría pasarla con el culo sobre la silla.
 Jean Lacouture




Frente a la cantidad ingente de desgracias que hay en el mundo, que se suceden un tras otra a nuestro alrededor, puedo dar gracias de que las mías son limitadas. Nací en una familia normal (aunque no me lo parecía mientras sobrevivía a la adolescencia). Tuve la fortuna de llegar al mundo en una parte del globo en la que, mejor o peor, las necesidades de la gente en general están cubiertas; y en un momento en el que mostrarse contrario al sistema ya era posible. Crecí en un ambiente de los considerados anodinos, nada marginales, y sí llenos de una cotidianidad muy poco extravagante. Fui creciendo, cumpliendo años, y compaginé mi vida de estudiante universitario con trabajos temporales  a tiempo parcial hasta que al final me enganché al engranaje del mundo laboral per saecula saeculorum. En un par de ocasiones me enamoré hasta el tuétano, quizá alguna más, aunque todo era absolutamente trivial. Al final caí rendido en la meta y pude gritar gol.
Tener alguien al lado a quien amas, con quien te entiendes sin seguidismo condicionados, y por quien sientes un enorme respeto intelectual, es una de las maravillas de la vida que hace que las penas y las miserias se transformen en simples circunstancias coyunturales que pasarán; y el futuro en una línea continua que escoges porque quieres. Por eso, aunque se tenga una cierta tendencia a pensar que el mundo se va al carajo, a entrar en estados de pura contradicción incluso en lo emocional, al final todo es menudo si la compañía es libre y buena.




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