miércoles, 15 de junio de 2016

DIARIO DE OTRO


“Hago por la familia lo que tengo que hacer, es mi deber. Lo único que me ha enseñado la vida es a soportarla, nunca a cuestionarla, y a quemar en la escritura los deseos generados”.
Karl Ove Knausgard




Vas a caminar sin muletas, en algún momento sentirás que estás a punto de caer, que las rodillas no van a poder soportar tu propio peso pero, al final, sabes que no será así, no te lo puedes permitir, de manera que esas piernas que flaquean te sostendrán aunque sea de mala manera Es cuestión de confianza y de pura necesidad.
Tu mirada sigue turbia, esquiva, aunque quede disfrazada por el desenfoque de una lente novata. No existen parihuelas para las heridas que no se ven. Tus piernas, que se aflojan por el peso de las circunstancias, se recuperan y la vida amable va zurciendo el vacío que sientes por dentro. Pero no son los ojos los que de verdad te delatan, es el gesto de la boca. No existen manos suficientes para ocultar unos labios entregados a lo acomodaticio, ni las decisiones que se toman para tranquilizar una conciencia exaltada. Se te nota, aunque no lo quieras.



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