lunes, 31 de mayo de 2010

DESDIBUJARSE


Son pequeños “tira y afloja”. Nada más.
Si se quitan importancia, el uno se desvanece y el mundo del otro se difumina hasta convertirse en un borrón. Se desdibujan.
Reflejos, el uno del otro, el otro del uno.
Continuarán tirando y aflojando, no hay sitio para el desvanecimiento.

domingo, 30 de mayo de 2010

DIARIO DE UN COCOON (I)



Por lo general, todos somos guapos, esculturales y estupendísimos. Bueno, no es cierto pero, llegada la primavera, todos nos sentimos así. Pero esta sensación se tambalea cuando empezamos a retirar prendas de ropa, como si fuéramos auténticas cebolla y dejamos al aire la lorza que tanto hemos cuidado en el invierno. En ese momento nos entra el paralís. Se nos descoordina la mente y la vista. Por eso, para que la coordinación vuelva, ni que sea en forma de esperanza o ilusión, y por ponernos a todos más guapitos que un "San Luís", los gimnasios se llenan de panzas y lorzas dispuestas a intentar mejorar lo inmejorable.

La naturaleza avanza inexorablemente. Arrugas y pliegues llegan sin pedir cita previa; la gravedad entra en juego y tremendas caiditas, no de parpados precisamente, nos dicen que algo terminará arrastrando. Y así, hasta donde se quiera llegar.

Pero el calorcito, sobre todo el primero que llega, es lo que tiene, nos convence que ese joven y hermoso que continua dentro de nosotros, agazapado como un tigre de Bengala, saltará de nuevo a la palestra y dejará a todos nuestros amigos, familiares y compañeros con los ojos haciendo chiribitas.

Por eso los gimnasios, en esta época del año, se forran.
Ayer, sin ir más lejos, fui victima de este virus. Llegué a la piscina habitual, con mi bolsa en ristre, dispuesta a empezar la temporada primavera-verano, lorza en ristre, eso sí. Me esperaba un carril para hacer unos cuantos largos entre aguas sulfurosas. Había cientos de cuerpos rechonchos que intentaban lo mismo que yo, avanzar dejando a cada brazada medio kilo de mortadela, de jamón de guijuelo, de chorizo de Alcobendas, garbanzos de Sestao, mantequilla andorrana o fessols de Santa Pau. Cientos de kilos de sobrepeso remojados que, vista la cantidad de cloro que había, bien se podrían haber desintegrado por exceso de acidez del agua.

Imposible avanzar, imposible conseguir el cuerpo Danone esa tarde. Pero no me iba a rendir. No al menos el primer día. Estar guapo también requiere de afeites y demás cuidados. Así que encaminé mis pasos, a ritmo de chancla, hacia el enorme jacuzzi en el que poder burbujear hasta conseguir una textura dérmica envidiable. Música de ambiente, relax y burbujitas por doquier. 

Sin embargo, también el virus estaba allí. Bajé las escalerita que me llevaban a sumergirme en el inmenso pozal e introduje mi cuerpo en aquel fastuoso mundo acuoso. Fue entonces cuando reparé en decenas de cabecitas,  portando todas ellas espantosos siliconados gorritos. Me sentí como en "Coocun". De un brinco salí de aquella poza y huí despavorida del lugar mientras los cientos de espejos que recubren la pared de ese paraíso urbano, me devolvía la imagen de una lorza indomable.

Definitivamente, esto no es para mí, me quedo con mi lorza.


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sábado, 29 de mayo de 2010

HABITACIONES


Frente a la agencia de viajes, observa los carteles que anuncian destinos lejanos y paradisíacos. Puede escoger cualquier lugar del mundo, tiene tiempo, unos ahorros y un trabajo al que ya no debe volver. El cristal del escaparate le devuelve su imagen, las manos en los bolsillos, el pelo revuelto y un tiempo pasado. Duda. Los destinos parecen tentadores pero, tal vez, sólo lo parecen. 
Busca su sitio, un lugar al que retirarse. Una habitación vacía, una cama en la que tenderse y dejar que el tiempo pase. Un deseo, cambiarlo todo, volver a empezar sabiendo lo que hoy sabe, confiando en impresiones aprehendidas. Una certeza, la imposibilidad de un sueño.
Da media vuelta y gira la esquina. Una ráfaga de aire levanta unas hojas secas. El invierno llegará pronto.
Vuelve a su casa caminando sobre sus pasos. El aire ya huele a lluvia. Se siente cansado, las manos siguen en el bolsillo aprentando la nada con fuerza. Mira el cielo, viran los nubarrones. La tormenta está llegando. Un aguacero caerá sobre los tejados que esconden estados tan carenciales como el suyo. 
Próxima estación, él mismo. Tan cerca y tan lejos a la vez.

jueves, 27 de mayo de 2010

AZRAEL


Ya no busco excusas para no salir de la cama. No saldré. Me doy la vuelta y me fundo con el colchón hasta formar un solo cuerpo abrazado a la almohada. Un cuerpo muerto. Suena el despertador por tercera vez, vuelvo a pararlo. Me tapo la cabeza con la colcha. Soy un bulto quieto dentro de la cama. Por la persiana se cuelan ya los primeros rayos de luz, una incomodidad que se refleja en el techo de la habitación, que me molesta, me desagrada. Pienso que uno no puede morirse durmiendo si no cierra bien la persiana. Supongo que por eso hoy tampoco será. Oigo mi nombre. No me muevo. Yo me llamaba así ayer pero hoy ya no. Azrael aletea entre estúpidos destellos que me deslumbran si no cubro los ojos con las manos. No voy a salir de la cama, ni siquiera esta incomodidad va a conseguir que salga de mi agujero. Oigo mi nombre de nuevo y algo que no llego a comprender, tengo la cabeza totalmente cubierta. Me cuesta respirar. Una puerta se cierra. Giro sobre mi misma y mi peso descansa sobre el costado acorchado, la cabeza sobre la mano, los ojos cerrados. No hay ninguna razón para moverme. Adormecida sólo oigo los lamentos de Azrael. Quizá mañana vuelva.

martes, 25 de mayo de 2010

ONDAS HERTZIANAS


Enciendo la radio y escucho su voz suave, rítmica. Me pide que le llame y le cuente que es lo que me tiene despierta a estas horas. Tengo la luz apagada, no veo el reloj que hay en la mesilla, pero estoy segura que son las tres de la madrugada, ni un minuto más, ni un minuto menos. Lo sé porque al lado acaban de cerrar la puerta de casa, como cada día. Ahora ya no necesito mirar el reloj. Al principio las pisadas en la escalera, el tintineo de las llaves, me desvelaban, ahora son sonidos amigos, los que me acompaña en su ausencia, durante la espera. Le espero. Cuando llega sé que son las tres. Me doy la vuelta en la cama, me acomodo y oigo de nuevo su voz, insiste: "llámame y dime que te tiene despierta a estas horas." No lo haré. Seguiré escuchando, como todas las noches, las historias de otros. Sé que a él no le importan, le interesa la mía, esa que espera, que no llega pero que sabe que está ahí fuera sólo para él. Por eso, noche tras noche, continuará acercándose a mi cama intentando le cuente que es lo que me mantiene despierta a estas horas de la noche. Mientras tanto, yo me dejaré querer, esperándole a través de las ondas.

CRÁTERES LUNARES Y DESPEDIDAS


¿Cómo te despides de alguien sin el cual no puedes vivir? Me cae la pregunta como una losa y ya no oigo nada más. Acabo de entrar en la burbuja, mi propia burbuja de cristal. Pasaré las horas a oscuras, meciéndome en mis pensamientos, buscando la respuesta a ¿Cómo te despides de alguien cuando no puedes vivir sin él? Un esfuerzo inútil. No la voy a encontrar, porque yo no puedo despedirme de ese sin el cual no puedo vivir. Puede que él se de media vuelta, cierre la puerta a sus espalda y que no vuelva a verle más, a oírle jamás, que nunca vuelva a saber de él pero, por el momento, no podré vivir sin él. Seguirá estando aquí, en mi cabeza, para bien o para mal. Una vida inundada de recuerdos reales e imaginados. Por eso no me despido nunca. No caben los adioses cuando su presencia sigue estando presente en todos y cada uno de los gestos cotidianos, en todo lo que tocas, en todo lo que hueles, en todo lo que ves. Sólo el tiempo lo difuminará y terminará desdibujándose entre los días y las noches que transcurren entre recuerdos que se desmenuzan en partículas enanas hasta casi desaparecer.

Nos transformamos en recuerdos, en el que dejamos en los demás y en el que los demás dejan en nosotros.
El corazón, una superficie lunar horadada a base de recuerdos.

ray charles nora jones- fever -

lunes, 24 de mayo de 2010

MASCARAS Y PARADOJAS


Sobrevivir a las máscaras y a las paradojas no es sencillo, convierte al ser humano en un pequeño superhéroe. Nada nuevo bajo la capa del sol. Vivimos en la permanente vertebración de sociedades paradójicas y enmascaradas. Superhéroes urbanos, de hoy y de siempre.

“Cuando nació la generación a la que pertenezco, encontró el mundo desprovisto de apoyos para quien tuviera cerebro y al mismo tiempo corazón. El trabajo destructivo de las generaciones anteriores había hecho que el mundo para el cual nacimos no tuviera seguridad alguna que ofrecernos en lo religioso, ni protección que darnos en lo moral ni tranquilidad en lo político. Nacimos ya en plena angustia metafísica, en plena angustia moral, en pleno desasosiego político".

 Mascaras y Paradojas -Fernando Pesoa-

sábado, 22 de mayo de 2010

DOMESTICIDADES (II) o COMO SOBREVIVIR A LA CAZA Y CAPTURA DEL CESTO DE LA COMPRA



Llevo semanas haciendo un estudio pormenorizado sobre los distintos sistemas de tracción motora y animal que los supermercados tienen a bien facilitarnos para poder hacer la compra. Y hago ese estudio para que cuando llegue el próximo sábado y tenga que acercarme al hipermercado, deje de debatirme entre si es mejor coger uno u otro. Debo reconocer que en la mayoría de ocasiones, tras devanarme los sesos entre unos u otros, no queda ninguno, vamos que como diría aquella gitanilla del mercado "me lo quitan de las manos"
Volviendo a los sistemas de tracción, decir que existen  varios sistemas. Uno, los carritos de rejilla metálica,  prácticos, enormes, van engarzados unos a otros mediante una cadenita que sólo se libera cuando le introducimos, en la rajita adecuada, una monedita de euro o de cincuenta céntimos. Me parece todo muy metafórico y tirando a sado, pero es lo que tiene la vida diaria, ya saben: que a menudo supera la ficción y que una mente dispersa  se pierde en tontadas como ésta. Así que una, que es de natural rumboso y toma en consideración lo duro que debe ser pasar de mano en mano, opta por colocarle el Euro, todo y que sea de mentirijilla porque después se lo reclamo como si fuera la mismísima Ministra de Hacienda. Estos carritos, salvo por el rastro de una hoja de lechuga pocha en su interior, suelen estar bastante limpios. Por eso y por lo espaciosos que son, son los más demandados.
Por otro lado, existen unas cestas provistas de ruedas y de una larguísima asa que permite tirar de ella, arrastrando por interminables pasillos, las cuatro chorradas que te caben en un canasto tan aparatoso como poco práctico. Es un sucedáneo del carrito, no me molan. Me saben a nuevo rico venido a menos. En su interior suele dormitar el comprobante de una compra anterior a la tuya. y permanece pegado por el azucar que desprendió el cartón de zumo que alguien transportó en el pleistoceno Poca cosa más.
Por último, los capazos de plástico, esos de los de toda la vida, sólo caben tres cosas y eso si las colocas bien. Poco cómodos, jibarizados. Mientras trasiegas con ellos por todo el supermercado te dejas las palmas de las manos ensangrentadas por la dureza del asa que lo corona, amén del lumbago garantizado al trasportar 3 cartones de leche y una bolsa de patatas en semejante estrechez. Pero lo peor de ellos, no es eso, sino que, estoy convencida que si sanidad se empleara a fondo cerrarían todos los supermercados del país, pues acostumbran a tener más mierda que el palo de un gallinero (en ocasiones sólo superada por la quisquia que tienen las cestitas con ruedas, que también se las traen). Por eso, difícilmente me verán con algo tan poco glamuroso y con tanto peligro para mi salud y la de los míos.
Hasta aquí, la clasificación de los artilugios de los que nos dotan los hipermercados. Pero, no todo termina ahí, a ellos hay que sumarles los que, los usuarios y clientes del comercio en cuestión, van incorporando a falta de disponibilidad de los cachivaches indicados. He llegado a ver carritos de bebe, con niño incluido, transportando latas de cerveza para abastecer a toda una rave, barreños de los de transportar la colada llena de bolsas de judía tierna congelada y, en una ocasión, vi una carretilla de albañil que estaba siendo llenada de garrafas de agua destilada (sí, lo sé, yo también pensé que era muy raro tanta agua destilada).
Estas cosas siempre me dejan pensando. Así que hoy, vista la imposibilidad de hacerme con un carrito, con una cesta, con un capazo, ni tan siquiera con un hueco en el cochecito del niño que promociona la cerveza (no hay señora que no se pare estupefacta ante la imagen del cuco cervecero), he decidido que hacer la compra colgándole unas alforjas al pobre Satán (un chucho canijo y maleducado que anda refugiado por mi casa), a fin de cuentas he bajado a por pienso perruno y aquí tenemos que colaborar todos.
Y es que ya lo digo, cuando quiero, a original no me gana nadie y si no lo creen pregúntenselo a mi vecina Chari que me ve en el supermercado, todos los sábados, debatiéndome entre la mantequilla y la margarina. Hoy he sido la sensación del supermercado, una auténtica popstar.

nouvelle vague - too drunk to fuck

viernes, 21 de mayo de 2010

VÓMITO


Se siente extraña. Lo sostiene entre los brazos, sin ganas, como el que sostiene un muñeco. Llegó con la desgracia y ahí estaba, perpetuándola. Pronto se dió cuenta que no le quería. No podía soportar verlo dormir placidamente después de destrozarle los pezones a base de succiones que parecían querer arrancarle la vida.
Colocaba su mano en el pecho para intentar calmar el dolor, pero éste venía de un lugar más profundo que el que la mano cubría.
Atenuaba el desasosiego mirándolo durante horas. Pensó que así conseguiría despertar “eso” que debía estar escondido en algún recodo y que necesariamente tenía que salir. No le ponía nombre a un sentimiento que no tenía. Sólo necesitaba que surgiera, nada más. Pero la visión de ese cuerpecillo no le decía nada, absolutamente nada.
Aquel ser nunca lloraba. Se pasaba las horas inmóvil. La mirada acuosa siempre al frente. Más que mirarla sentía que le clavaba su presencia como un reproche continuo, recordándole permanentemente su falta. Un ser diminuto que lo ocupaba todo, todo el tiempo.
Empezó a odiarlo. No recuerda cuando fue, tal vez el día que el olor a leche agria le provocó una arcada de asco que no pudo contener. Asco de todo.
Se sienta en la esquina de la cama. Lo tapa con un arrullo. Agua estancada por ojos. Se inclina y limpia con cuidado el rastro del vómito que salpicó su zapatilla, con la otra mano, arruga una bolsa de plástico, inerte, oscura, vulgar. Cierra los ojos y sólo piensa “por fin”.

cesarea evora - sodade

jueves, 20 de mayo de 2010

LA PLAYA INGLESA -Enrique Vila-Matas-


Skerryvore

Cuando entro en estado de catalepsia mental siempre recurro a cosas que me dan seguridad, que me permiten "tocar" lo que siempre estuvo cerca, o que me aseguren no perder la perspectiva respecto de lo que siempre estuvo lejos o jamás estuvo. Uno de los asideros, los escritos de Enrique Vila-Matas que aunque nada tengan que ver con el motivo cataléptico, siempre me devuelven a casa.

"Salgo al balcón de mi cuarto de hotel en Bournemouth, al sur de Inglaterra. Desde aquí puedo ver el lugar donde un día se levantara la casa de las dos chimeneas de Skerryvore en la que R.L Stevenson, en estado febril, escribió en 1885 El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde. Sesenta años después de la publicación del libro, volvería literalmente el Mal a aquel lugar cuando una bomba del ejército nazi arrasó por completo Skerryvore. Fue la extraña forma que eligió míster Hyde para regresar a la casa de las dos chimeneas. Es ya de noche y no puedo quitarme de la cabeza que hace un rato, en este mismo balcón, cuando atardecía, he visto que la mano de mi vecino era delgada, fibrosa y rugosa, de una palidez verdosa, peluda. Por decirlo de una forma más alarmante, era una mano parecida a la de Hyde.

Sospecho que esa mano rugosa, vista en la luz del crepúsculo, es de las que no se olvidan. Y recuerdo que, a causa de ella, a punto he estado de establecer con el vecino un diálogo al estilo de Borges y yo, ese relato tan representativo de la herencia de la casa de Skerryvore. Hace sólo unos minutos, estaba pensando en el vuelco fantástico que le da Borges a esa singular autobiografía de artista cuando me ha extasiado la infinita sucesión de farolas iluminadas del Bournemouth nocturno. Y, en plena ensoñación, he recordado aquel momento de la novela de Stevenson en el que Utterson comienza a darle vueltas a la historia que le ha explicado Enfield y se acuerda de que éste le ha contado que, un día, volviendo a casa desde un lugar casi en el fin del mundo, hacia las tres de una madrugada de invierno, cruzó en diagonal una desierta plaza de Londres, donde literalmente no se veían más que farolas, lo que le aterró, aunque no por eso dejó de seguir caminando y cruzando nuevas plazas solitarias mientras todo el mundo dormía.

Olas encrespadas en la playa. El mar me ayuda a pensar en aquella secuencia de la novela de Stevenson en la que empieza a crecer, a resonar, a ampliarse en la mente de Utterson la historia que le ha contado Mr. Enfield y ésta se va desarrollando y amplificando en su cabeza como una sucesión infinita de pasos, y Utterson ve entonces –Stevenson crea imágenes que parecen presentir la invención del cinematógrafo- la figura de un hombre andando de prisa, y poco después, la de una niña que sale corriendo de casa del doctor, y a continuación, el encuentro de las dos figuras, y aquel juggernaut humano –así describe Stevenson la conducta que se ha posesionado de Mr. Hyde-, aquella fuerza del mal irrefrenable que en su avance aplasta o destruye todo lo que se interfiere en su camino, atropellando a la criatura y siguiendo su trayecto sin hacer caso de los gritos que rompen el silencio de la ciudad dormida.

Busco una forma de ver El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde desde un ángulo ligeramente distinto al de anteriores lecturas y veo la escena del célebre cambio de rostro del doctor como un símil del recurrente (recurrente, sobre todo para la Guadaña, que monologa desde siempre con el tema) salto de la vida a la tumba. En realidad, Hyde es la Muerte. Y quiero imaginar que Nabokov se refirió también a ese salto, al traspaso eterno, cuando les pidió a sus alumnos de Cornell que no perdieran de vista los últimos momentos de la vida de R. L. Stevenson, su final trágico en Samoa.

“Los libros tienen su propio destino”, les dijo Nabokov. Y es cierto, los libros han tenido siempre su propia suerte, y a veces ésta consiste en llevar a la vida real lo que antes narró el autor. Pudo ser perfectamente el caso de R. L. Stevenson y su Dr. Jekyll. La escena tuvo lugar en Upolu, Samoa, 1894. El escritor, al que los nativos llamaban Tusitala, bajó a la bodega de su casa a buscar una botella de su borgoña favorito, la descorchó en la cocina, y de repente llamó a gritos a su mujer. “¿Qué me pasa, qué es esto tan extraño, algo me ha cambiado la cara?” Un ataque cerebral. Cayó al suelo. “Riverrun”, dijo Tusitala. Y murió dos horas después.

“¡Cómo me ha cambiado la cara! Hay una extraña relación temática entre este último episodio de la vida de Stevenson y las fatales transformaciones de su maravilloso libro”, comentó Nabokov a sus alumnos de Cornell. El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde se adentra en la más fatal de las transformaciones, la que convierte a un ser vivo en un muerto. El siempre enigmático experimento o tránsito está contado con especial meticulosidad por el propio Jekyll, que en la novela lo deja casi como legado para la humanidad: “Pero la tentación de llevar a cabo un experimento tan singular venció, al fin, todos mis temores”. Una frase que parece reaparecer al final del más escueto, elegante y célebre desenlace de los cuentos de Borges: “La curiosidad pudo más que el miedo y no cerré los ojos”.

La curiosidad lo mueve todo, hasta la lista o relación exhaustiva de lo que jamás se mueve, aunque de esta lista suele decirse que la escribió un muerto. ¿Por qué volvió míster Hyde a Bournemouth? Los libros tienen su propio destino y acaban queriendo ser visitados por las criaturas reales que inventan. Éste sería el caso de Hyde y de esa bomba hitleriana que arrasó el lugar donde fue engendrado. La curiosidad lo mueve todo, muy especialmente si el deseo de vivir es intenso. Porque entonces nunca llegamos a pensar que ya sabemos lo suficiente acerca del mundo y porque entonces cada respuesta nos lleva a otra pregunta. Por eso se suele decir que la curiosidad es lo que nos mantiene vivos. Y muertos. Porque uno de los aspectos notables del libro de Stevenson es que no resuelve la contradicción. Habla tanto de la muerte como de la vida, y también de la muerte en vida. Y habla para ver por qué (que diría José-Miguel Ullán). Inventa un procedimiento, un tipo de ficción, que le permite mantener la tensión. La forma es siempre forma de una relación y Stevenson, que abrió caminos a los mundos de Pessoa y de Borges, profundiza en un tipo de escritura, un estilo y una construcción, que le permite mantener unidos los polos más extremos con sus redes antagónicas y opuestas.

“Otros vendrán después, otros que me sobrepasarán en conocimientos, y me atrevo a predecir que al fin el hombre será tenido y reconocido como una reunión de personalidades diversas, discrepantes e independientes”, se lee hacia el final de la novela. Del mismo modo que presintió el cine, Stevenson previó aquí en Bournemouth el síndrome moderno, el síndrome Pessoa, que ha convertido a tantos individuos –paradójicamente a los más singulares- en puntos de encuentro de diversas personalidades. Yo mismo, sin ir más lejos, vivo fraccionado en varios personajes discrepantes e independientes. De ahí, ciertos sobresaltos con manos verdosas. Y de ahí también cierta inquietud, porque, por muy calmo que esté ahora todo, la noche parece doble. Aunque siempre tranquiliza ver que sigue ahí metafísica, perfectamente iluminada y única, la playa inglesa."

miércoles, 19 de mayo de 2010

ROSTROS EFÍMEROS


Ya nada tiene interés. Piensa en su cara. La ha olvidado a fuerza de no verla, pero ha encontrado la manera de ponerle un rostro que acompañe las silenciosas conversaciones que mantiene con ella. La ha convertido en un ente con una fisonomía que se actualiza a medida que se va cruzando con gente por la calle. Ahora tiene el rostro afilado de aquella muchacha del autobús, más tarde la de la anciana que sentada en el parque da la merienda a un niño. Infinitas caras para una sola persona. Nada importa, únicamente ella. Sólo le queda su exclusiva ensoñación, nada más. Un pensamiento único que perdió el rostro cuando cerro los ojos por última vez. 

martes, 18 de mayo de 2010

OCTOPUS WOMAN


Convertida en la mujer pulpo no camino, sino repto resbaladizamente hasta la parada del autobús más cercana. Es complicado, las ventosas me dificultan el grácil deslizamiento por la baldosa urbana.
Con mi tentáculo, primero superior derecha, sujeto un capazo de esparto de primera que lleno con los objetos más estrafalarios que encuentro por el camino: un cubito de la playa, dos palas, un rastrillo, un frasco de betún para los zapatos de charol y un kilo de manzanas reineta.
Con el primer tentáculo, izquierda superior, sujeto un enorme pistolón de agua. Algún avispado se ocupó de rellenar de detergente para proporcionarme, con cada disparo, un fabuloso mundo de pompas con olor a pino. Pura ecología urbana.
Segundo tentáculo superior derecha, sostengo una motosierra, tengo tendencias homicidas, el litio no ha hecho su función y mis más bajas pasiones se despiertan cuando cerca de mi aparece una viejecita con cara de bondad, un tipo engominado, o un niño rollizo.
Segundo tentáculo superior izquierda, cada una de sus ventosas lleva un bonito cristal de Swarovski. Una pulpo con clase, discreta a la par que elegante.
Tercer tentáculo superior izquierda, sujeto dos libros a modo de castigo. Pose un poco complicada, pero la fustigación a la que me someto por ser malita y no controlar los ataques de ira y despecho, no tienen límite. Utilizo el Tomo “Er-Fa” de la enciclopedia Espasa y el Tomo I de la colección de Aranzadi Jurisprudencia del Tribunal Supremo 1983.
Tercer tentáculo superior derecha, utilizado como punto de sujeción al mundo impío y blasfemo representado por una barra de autobús. Mil ventosas me sujetan permitiéndome adoptar una posición horizontal desafiando las leyes de la gravedad y de la cordura.
El cuarto superior derecha e izquierda, andan libres, sirven para marcar la tarjeta del autobús o para rascarme el pico córneo cuando el personal se pone tonto.

Así transito por la ciudad, como una mujer pulpo, con la cabeza gorda propia de los cefalópodos, lleno de gansadas mil que regurgito sobre una hoja de papel cualquiera para que no se queden enquistadas en el lóbulo parietal derecho de mi cerebro y acabe con una parálisis mental permanente por gilipollez congénita.

amy macdonald - this is the life

domingo, 16 de mayo de 2010

RECREACIONES (IV) Edith Piaf y Marcel Cerdan


Dicen que me estoy matando. Que de seguir así no llegaré a vieja pero ¿quién quiere serlo? Estoy muerta, vivo muerta bajo el alivio que la bruma de la morfina, a precio de muerte, me concede. Dulce como un amante que se revuelve y te adormece las entrañas. Tu cuerpo roto, descompuesto en mil partículas religadas por el océano que nos separaba,  se ha convertido en la eternidad del despropósito. Bruma. Inconciencia conciente para no seguir sintiendo como me quiebro. Que injusta es la vida. Enloquezco ante tu imagen, enloquezco, enloquezco, enloquezco y necesito la morfina, sólo ella sigue fiel a mi lado, sólo ella te trae de nuevo a mí.
Envuelta en una bata de seda, sudada a base de corromperme por arrancarte de allí donde estás y traerte  de nuevo junto a mí a base de tóxicas ensoñaciones. Quiero que resurjas del mar que te ha engullido. Vuelvo a la farola en la Rue de Belleville. Sólo me queda envenenarme de ti, para ti, para irme y reunirme contigo en ese mar emponzoñado donde duermes y me esperas para que me funda contigo en un gesto de amor prohibido.

edith piaf - l hymne a l amour


(*) En 1948 Edith Piaf estaba en una gira triunfal por Nueva York, vive la historia de amor más grande de su vida con un boxeador francés de origen argelino, Marcel Cerdan, quien ganó el campeonato mundial de peso medio el 21 de septiembre de 1948 y murió en un accidente de avión el 28 de octubre de 1949 en el vuelo de París a Nueva York en el que viajaba para ir a su encuentro. Abatida por el sufrimiento, Édith Piaf se vuelve adicta a la morfina. Ella cantó su gran éxito Hymne à l'amour en su memoria y, además, este noviazgo originó la película Édith et Marcel.

sábado, 15 de mayo de 2010

EXTRAVAGANCIAS Y SOMBRAS


Una extravagante combinación entre devoción y odio, le mantenía en un permanente estado de atención. Buscaba cualquier cosa, cualquier pequeña señal, que le permitiera adivinar su siguiente pasó. Hasta ahora había funcionado, siempre había sido así. Una intuición, un presentimiento y ahí estaba, trazando el camino por el que sabía que ese ser, odiado y amado, en iguales proporciones, iba a tomar. Viviendo siempre a dos pasos de distancia, tropiezos en  inquebrantables encrucijadas, que llenaban de sentido su vida. En la sombra permanente del vacío. Una quimera.
Dejó de sentir, de percibir. Sin sus sensaciones la angustia se acrecentó hasta el infinito. Necesitaba odiarle en la misma proporción que necesitaba venerarle. Había olvidado como era vivir de otro modo, si no era así, su vida quedaba hueca.
Se vistió de oscuro. Por el camino pensó en lo fría que era la tarde y en lo pronto que sería de noche. El aire olía a lluvia. Nadie caminaba por el viaducto. Nadie vería nada, sólo una sombra oscura sobre las piedras del río.

David Gray - Be Mine

viernes, 14 de mayo de 2010

PAPELITOS


Tengo la mesa con mil papelitos pegados. En tres de ellos he anotado las cosas que sin falta debo comprar si no quiero, entre otras cosas, morir de inanición los próximos días. En otro, las cuestiones estéticas que debo resolver, nada extraordinario, sólo pequeños cuidados que nos hacen sentir poderosas, estupendas. Papelitos engomados de color amarillo para lo doméstico y habitual. 
Cojo otro, ahora de color rosa. Está escrito, alguien debió olvidarlo por aquí. Ocho letras que llaman mi atención: “CONTROLA”. La notita se pega en mi dedo mientras intento hacerme con una que no esté escrita, pero se adhiere con insistencia en mi dedo, la sacudo y ahora ondea al viento. Lo hago con más fuerza y que planee hasta la aterrizar a unos centímetros de mis ojos. La dejo ahí, pegada, no estorba.
Llega la hora de los verdes. El color de los secretos. Empiezo a escribir con un trazo negro, intenso. La vista se me desvía hacia el engomado rosado, ocho letras negras “CONTROLA”. Esto no pasa porque sí. 
Miro la nota verde, el comienzo de la frase incompleta. Miro el papel rosa, la decisión está tomada. Arrugo, con un gesto firme, un secreto a medio escribir.
Los secretos que no permanecen sólo en nuestro interior, más pronto que tarde, dejan de serlo.

Enrique Urquijo y Los secretos - Colgado

jueves, 13 de mayo de 2010

ENTRE LAS PIERNAS O SINGAPUR MON AMOUR

Mi amiga Berta anda por Singapur. Dice que es un destino que siempre le pareció curioso pero que, desde que ha fijado, con carácter provisional, su residencia allí, se ha dado cuenta que lo de la vida asiática no es más que un cuento chino.
Su marcha fue una sorpresa y consecuencia de un mal de amores.
Tiene suerte. A mí, cuando me daba el mal de amores, lo más lejos que llegaba era a Móstoles. Pero la vida avanza que es una barbaridad y ahora, para curarse, hay que viajar cuanto más lejos mejor y si la multinacional que te explota te financia la terapia a cambio de que te dejes allí las entretelas,  pues miel sobre hojuelas.
Hoy echo mucho de menos a Berta, en realidad hoy echo mucho de menos a todo el mundo.  Tengo un día tonto.
La diferencia horaria no es un problema. Bueno no lo es para mí, que son las 19,00h., pero para Berta, igual un poco sí. En Singapur son las 02:00h. Pero necesito hablar con ella.
Marco su número de teléfono, lo dejo sonar cinco veces. Escucho la melodía horrorosa que ha puesto y cuelgo. Repito la llamada, esta vez tres timbres, suena de nuevo la musiquita y cuelgo. Ahora en cuestión de cinco minutos debería estar enchufada a su portátil, conectando una videoconferencia y contestando a mi llamada de auxilio interplanetaria. Es la señal acordada.
Miro la pantalla fijamente. Miro el reloj. Nada. Repito las llamadas, cinco timbrazos y cuelgo, repito con otros tres y cuelgo. De nuevo, miro la pantalla, miro el reloj, nada.
Empieza a invadirme la desolación. Le escribo un correo electrónico que le entrará directamente a su Iphone de última generación. Eso es infalible.
Miro mi correo, miro la pantalla, nada.
Intento pasar el tiempo. Me miro las uñas, los botones de mi blusa, recuento las cuentas de mi pulsera y la pantalla sigue más negra que un tizón. Voy a por un café, hoy mis confesiones serán digeridas en solitario.
Camino de regreso a mi mesa, oigo un “ding-dong”, es el sonido de la entrada de un mensaje. Me asomo a la ventana que es la pantalla de mi ordenador, leo con atención y me queda cara de pasmo.

De:   "Berta Schulman" nikitonipongo@gmail.com 
Fecha:  Jueves, mayo, 13, 2010  03:00 
A: Anita Noire anitanoire@gmail.com

Texto: Querida. Tengo entre manos, mejor entre otras extremidades,  una cuestión de alto voltaje que necesita de mi total atención. Salvo que sea inapelable, definitivo e inaplazable, no insistas con el teléfono. Wong-Fai se desconcentra con el sonido del pasodoble español que tengo por melodía en el móvil. Te llamo yo sobre las 11 p.m. spanish hour. Besos.

Nunca dejará de sorprenderme. ¿Quién es Wong –Fai? ¿Si no son los brazos, sólo pueden ser las piernas?  ¿A rey muerto, rey puesto?  No quiero pensar en que estará haciendo, o le estarán haciendo, para poder tener entre manos el teléfono y teclear semejante mensaje.

Me ha provocado una carcajada. Con eso ya me vale.

miércoles, 12 de mayo de 2010

PLOMOS FUNDIDOS Y CEREBRO TAMBIÉN


Por alguna extraña razón, el cerebro se me ha ralentizado. No retengo nada. He perdido la capacidad de concentración y, desde luego, no digamos la de la imaginación. No he sido consciente de ello hasta hace un par de días. La cosa parece que va en serio. Hoy he tardado dos minutos en encontrar la palabra adecuada para describir un gesto cotidiano. No recordaba el nombre de mi gato, me he puesto un calcetín de cada color, he mezclado el zumo de naranja con un sobre de nescafé y dudo entre abrir un fondo de pensiones o pensionarme un fondo.
Creo que he fundido los plomos. Así que visto lo visto, no respondo del contenido, forma o color de los próximos textos que por esta casa puedan aparecer publicados, hasta que mi pequeño cerebro recobre su natural, esponjosa y delicada forma y habilidad. Eso espero.

Vinicius de Moraes, Toquinho and Maria Creuza - Lamento no morro

lunes, 10 de mayo de 2010

RECREACIONES (III) Johann Ahrends Von Meyer y Antje Friedrich



Amor,
Escribo estas letras sabiendo que no las vas a recibir. No las enviaré, no sabría donde hacerlo. Vivir sin saber por donde andarás, si estarás bien, si tendrás miedo, me quiebra la vida. Sólo me consuela pensar que si no tengo noticias es que todo va bien. Pero, carezco de entereza, y desfallezco, una y otra vez, cuando siento que los días pasan y que tal vez estés en medio de la nada, esperando poder continuar vivo un día más.
En la puerta pinto un calendario. Meses sin fin, tantos como los que estarás fuera, tantos como los que yo seguiré escribiendo nota tras nota, para guardarlas en una caja mientras imploro, a lo que sea, que te mantenga vivo, que te proteja de cualquier cosa, que nuestro recuerdo te alivie cuando sientas miedo, que no me olvides. Pero me siento egoísta, mezquina, porque lo deseo pensando en mí, en el inmenso vacío que tu ausencia me deja. Me avergüenzo y te extraño.
Tengo miedo, amor, todo me da miedo. Tengo miedo a tu falta, a recibir una carta que diga que has caído. A que, sin compasión alguna, me entreguen la guerrera que vestías. Tengo miedo de perderme en una espera de la que desconozco el final, a enloquecer en tu ausencia. Tengo miedo de tener tanto miedo.

marlene dietrich- lili marlene -

domingo, 9 de mayo de 2010


Una de las cuestiones fundamentales en el desarrollo de las personas es aprender a decir “NO”. Arrastro una sensación de angustia desde ayer por culpa de no haber sabido decir “NO” a tiempo. He librado una feroz batalla por descifrar el mensaje que, las letras que tenía frente a mí, intentaban hacerme llegar, pero he sido incapaz. Leo y no entiendo. Leo y no retengo. Leo y veo lo estupido que es todo. Leo y tomo conciencia de no haber perdido la capacidad de abstracción, la capacidad de síntesis, la capacidad de llegar a conclusiones que se alejen de los lugares comunes que no me interesan. Eso me alivia.
Voy a amontonar, de nuevo, los 1000 folios que me rodean para depositarlos en el contenedor del papel reciclado en cuanto pise la acera de la calle. Voy a eliminar los archivos que empecé a escribir y reescribir en una noche que se ha forjado en lecturas estúpidas y se ha convertido en eterna. "No" voy a entregar nada en lo que "NO" creo. “NO” voy a seguir intentando construir un pensamiento que “NO” tengo, sólo porque hace dos días no supe, no quise, no pensé, en decir “NO”.
Ahora mismo sólo me llega el olor a pan tostado, a café recién hecho y la sensación de que estoy haciendo lo que debo. Eso "SÍ" es lo que importa y mañana ya lidiaremos con las consecuencias del plante.

sábado, 8 de mayo de 2010

GESTOS COTIDIANOS


Coincido con Chronos en el balcón. Me apremia para que vuelva a la mesa. Le miro de frente, levanto la mano y, con un gesto menudo, entiende que hoy no tiene nada que hacer, ha perdido la mano. Dispongo del "no tiempo" para disfrutar de algo tan cotidiano, sencillo, como es una taza de café.

-Lou Reed-Susan Vega- - Walk on the Wild side


viernes, 7 de mayo de 2010

EL QUADERN GRIS (Fragment) -Josep Plà- (Català/castellano)


"Escoltar forma part de l'estratègia dels pobres. No vull pas dir que s'hagi d'escoltar tothom. S'ha d'escoltar qui convé. Això sí: s'ha d'escoltar bé o almenys causar la impressió que hom escolta bé. S'ha de produir la impressió d'adhesió activa a la persona que parla. Es pot tenir el pensament onsevulla, però s'ha de causar la sensació de presència i d'adhesió a la persona que parla. Això darrer és bastant senzill: consisteix a mantenir una certa vivacitat en els ulls, mirar d'una manera tendra i amatent i fer, mentrestant, amb el cap, els moviments d'assentiment paral•lels a les coses que l'altre persona va formulant. També és molt útil dir, de tant en tant: “¿Vol fer el favor de repetir el que deia fa un moment? ¿Tindria l'amabilitat d'aclarir-me el concepte a què al•ludia fa un instant?” Els homes volen ésser escoltats. És el que els agrada més. Els agrada més que els diners, que les dones i que menjar i beure bé. Un home escoltat esdevé un fatxenda absolutament feliç. Ara bé: quan els homes se senten escoltats, es tornen febles. Aquests moments de feblesa són l'única escletxa a través de la qual pot caure una gota de generositat del granit humà. És d'aquests moments que un pobre pot aprofitar-se. Si no els sap crear ni treure'n un profit, malament... El sistema de la parasitologia establert naturalment entre els homes, i entre els homes i les dones, es basa en l'adulació -en el gust físic que dóna el fet de sentir-se adulat-, i la forma més activa i dissimulada (és a dir, més eterna) de l'adulació és saber escoltar d'una manera natural, activa i discreta. Contribueix molt a arribar a aquesta naturalitat no cometre l'atzagaiada d'aparentar el que hom sap realment. Els propis coneixements -si és que hom en té algun- s'han de saber dissimular en el seu punt- sense caure, però, en l'extrem d'accentuar massa la pròpia estupidesa. "
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"Escuchar forma parte de la estrategia de los pobres. No quiero con ello decir que se tenga que escuchar a todo el mundo. Hay que escuchar a quien conviene. Eso sí: se ha de escuchar bien o al menos causar la impresión de que se escucha bien. Se debe producir la impresión de adhesión activa a la persona que habla. Se puede tener el pensamiento dondequiera, pero se debe causar la sensación de presencia y de adhesión a la persona que habla. Esto último es bastante sencillo: consiste en mantener una cierta vivacidad en los ojos, mirar de una manera tierna y dispuesta y hacer, mientras tanto, con la cabeza, los movimientos de asentimiento paralelo a las cosas que la otro persona va formulando. También es muy útil decir, de vez en cuando: ¿Quiere hacer el favor de repetir lo que decía hace un momento? ¿Tendría la amabilidad de aclararme el concepto al qué aludía hace un instante? Los hombres quieren ser escuchados. Es el que más les gusta. Les gusta más que el dinero, que las mujeres y que comer y beber bien. Un hombre escuchado acontece un fanfarrón absolutamente feliz. Ahora bien: cuando los hombres se sienten escuchados, se vuelven débiles. Esos momentos de debilidad son la única rendija a través de la cual puede caer una gota de generosidad del granito humano. Es de estos momentos de los que un pobre se puede aprovechar. Si no los sabe crear ni sacar un provecho, mal... El sistema de la parasitología establecido naturalmente entre los hombres, y entre los hombres y las mujeres, se basa en la adulació -en el gusto físico que da el hecho de sentirse adulado-, y la forma más activa y disimulada (es decir, más eterna) de la adulació es saber escuchar de una manera natural, activa y discreta. Contribuye mucho a llegar a esta naturalidad no cometer la insensatez de aparentar lo que se sabe realmente. Los propios conocimientos -si es que se tiene algún- se tienen que saber disimular en su punto- sin caer, pero, en el extremo de acentuar demasiado la propia estupidez."


Lluis Llach - Que tinguem sort


 

EL AIRE HUELE A HIERBABUENA


Levanto la persiana con un tirón seco. Abro la ventana y la habitación se impregna del olor a tierra mojada. Ha llovido. Tengo prisa, me he dormido, pero siento la necesidad de perder unos minutos del escaso tiempo del que dispongo para disfrutar ese momento que, inesperadamente, se ha convertido en único a medio camino del despertar.
Aspiro intentando que mi cargado mundo interior se refresque con aire limpio. No es el olor a tierra mojada lo que me llena. Hoy el aire huele a hierbabuena.
Tengo diez minutos para rellenar una vida, para recrear la sensación de un mundo que sólo existe en mi cabeza y que desaparecerá en cuanto me desperece. Le busco un aroma, yo quiero que el perfume que lo llene todo sea ese que ahora escojo, ningún otro.
Apoyo la cabeza en el marco de la ventana. Cierro los ojos y cuento hasta cien. Es el tiempo que preciso para fijar en mí lo que quiero que sea mi día, mi vida. Sólo sé que hoy el aire huele a hierbabuena y así me hueles tú.

Diego el Cigala y Bebo Valdes - Corazon loco

miércoles, 5 de mayo de 2010

DE LAS FILIAS Y LAS FOBIAS -LA HORA VIOLETA- (Fragmento) -Montserrat Roig-


Soy una lectora indisciplinada pero feliz. Esta frase no es mía, es de Montserrat Roig. No me une nada a ella más que una lectura feroz de sus libros y una dulce tarde de tertulia en la que, yo con escasos 20 años y ella con una salud complicada, no le importó aguantar la lata de una lectora que, como ella, se definía indisciplinada.
Hace unos días, ordenando mi biblioteca casera, volví a ver sus libros. No es casualidad, no creo en ella, tampoco voy a buscarle significados cabalísticos. Abro la primera página del que tengo frente a mí y leo “Sobre el solitario placer de escribir y el vicio compartido de leer”.
No creo en las casualidades, “La Roig” ha vuelto a entrar por la puerta grande. Así que cojo un libro, con cuidado, lo coloco sobre la mesa de tijera, que amenaza con venirse abajo, para volver a ser leído por infinita vez. Así es, volveré a leerla, no me cansa. Cada uno con sus filias y sus fobias, inexplicables, pero suyas, las propias.

LA HORA VIOLETA (Fragmento) –Montserrat Roig-

“Hijos, a veces me siento igual que una criminal por haberos traído al mundo. Buscáis un roble en vuestra madre y ella se siente hecha astillas. Tú, Marc, me lames el pecho como si fuese un caramelo de fresa mientras que la directora de la guardería me dice que ya no es prudente que me toques y me acaricies, que te has de separar de mí y yo quisiera que estuvieseis siempre a mi lado, porque así la serpiente no viene y yo os protejo de la polvareda que está ahí fuera. Quisiera que vuestros ojos fueran siempre así de claros, que pasaseis siempre de la alegría a la tristeza sin tener que matizar. Quisiera que no supieseis nunca lo que yo sé, que no conocierais los malos espíritus que rondan mi habitación todas las noches. Quisiera que no supieseis nunca que tenéis que moriros algún día. Os deseé porque quería mucho al hombre que entonces vivía conmigo, y ahora no sé si aquel deseo era sólo un productor de las novelas románticas que había leído. ¿Cómo se puede tener un hijo de un hombre a quien no se quiere? Ojalá hubiese sido ése mi caso, ojalá hubiese llegado un día un viajero, un vagabundo, que hubiese llenado mi vientre y se hubiese ido. No sé si antes os quería, pero si sé que ahora me habéis seducido, y que aquí tenéis mi cuerpo para que hagáis lo que queráis con él. Vosotros no lo miráis comparándolo con los otros, vuestra valoración viene del interior de la tierra. Aún no esperáis que sea perfecta, que mis pechos sean firmes, que mis muslos sean suaves, saltáis sobre mí como los delfines en el agua. Os perdéis en mi cuerpo buscando los rincones que os puedan cobijar. No exigís nada, volvéis a él porque todavía no os habéis ido del todo. Hijos, a veces siento vergüenza de ser madre, y me parece que nunca sabré serlo. Muchas veces me pesáis como una losa y me gustaría que no existieseis. Y, a pesar de eso, sois la única cosa que me une con la vida.”

Mayte Martin-Tete Montoliu - Contigo aprendi

martes, 4 de mayo de 2010

ESTAFAS

Se dio cuenta de la estafa cuando ya era tarde. Había caído en la trampa maliciosa de un pensamiento que le seducía y que provocaba que el suyo se acelerara hasta convertirle en un generador continuo de ideas y propósitos delirantes.Precisión y claridad, dos de sus características, salieron corriendo cuando se coló por la grieta que el hastío y el aburrimiento habían abierto en su vida. Cuatro conceptos bien tramados y una postura frente a la vida que dejaba boquiabierto a quien le escuchara. Pura estética y nada más. Tras el discurso encadenado, lastimeramente repetido hasta la nausea, sólo se encontraba la nada. Vanidad en estado puro,  insatisfacción permanente con su propio yo y una soberbia que se expandía como una nube de humo denso y sucio. Nada más. Sin embargo, no podía dejar de estarle agradecido, a fin de cuentas, esa estafa consiguió destapar lo mejor de si mismo.

lunes, 3 de mayo de 2010

ZAPATOS MÁGICOS Y EL CAMINO DORADO


Giro el sillón, lo coloco frente a la ventana. Llueve y tengo frío. Estoy cansada. Le echo de menos. El sopor me vence y sé que me haría bien dormir un poco. Hay niebla en mi cabeza, lo llena todo y es densa como el día. Debería esperar a que se desvanezca. Cierro los ojos. Los teléfonos han dejado de sonar. Los teclados están quietos, han enmudecidos.
Que fácil es desaparecer. Ya no estoy aquí. Me he convertido en Dorothy. Sólo tengo que seguir el camino dorado, si lo sigo llegaré donde quiero, al lugar de “Por siempre más”.
Puedo cambiar la historia, el curso de la mía, tengo los zapatos mágicos. Sigo un sendero que me lleva a allí donde de verdad pertenezco. Nadie sufre. En el país de “Por siempre más”, las cosas son sencillas. La felicidad al alcance de una mano temblona.
Alguien me toca en el hombro. Desaparece Dorothy. Un teléfono suena desde hace minutos, lo veo en la pantalla. Mis zapatos ya no son mágicos.
Estoy aquí. La realidad se impone y sigo echándole de menos.
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domingo, 2 de mayo de 2010

ESPERANDO A QUE AMAINE


Es la hora del café. En casa ha explotado el televisor y hay marejada, mala cosa. Dudo entre ponerme el traje de torera, lo que implica ponerme el mundo por montera o, ponerme el traje de paciente india sioux. Opto por el segundo, y me voy a aplicar a fondo, incluso para que no sea dicho, me voy a americanizar del norte del todo, como una india, o como una gula, pero totalmente del norte, especimen yankee (a fin de cuentas, no hay nadie más auténticamente yankee que un indio de las praderas americanas de Kentucky, o de Illinois, o de Oregón, o de donde sea de por allí).
Para empezar, busco unos vaqueros recién lavaditos (problema, el algodón encoje y tengo que meter tripa para poder abrocharlos), seguidamente rescato unas deportivas de tela, rojas para más señas, tienen nombre y apellido (pero no me da la gana hacerles publicidad gratuita). Sigo, busco un coletero, me atizo una trenza baja (el disfraz de sioux va a ser total), continuo buscando y encuentro una chaqueta de ante (es del año de la tana, heredada de mi padre). Ya estoy lista. Paso por el salón y a modo de saludo digo aquello de: ¡Hau!, yo querer café y fumar pipa de la paz con bisonte.
Creo que no ha hecho ninguna gracia, oigo el pasar de las páginas del periódico y un suspiro enojado. 
Cojo las llaves y me despido con otro “¡Hau!, volveré antes de la caída de la hoja”. Mala cosa, para la caída de la hoja quedan meses. Espero que no pongan la llave por dentro, sólo quiero tomarme un café.
Alcanzo la pradera, ¡maldita sea! es domingo y está todo cerrado a este lado del Mississippi. 
Me siento en un banco y miro al cielo, los nubarrones corren rápido, es el viento. Y es que ya lo dijeron mis ficticios antepasados los indios sioux, cuando hay tormenta sólo hay que sentarse y esperar a que amaine.