domingo, 31 de octubre de 2010

EL HOMBRE DE MI VIDA Y SUS CALCETINES VERDES


Tarde de sábado. La nieve, que ha llegado antes de hora, lo ha cubierto todo. Estamos en casa. Lo que de natural se haría incómodo, por extraordinario, se transforma en una fiesta. Es la hora de la siesta. En el sofá, el hombre de mi vida y yo. Él luce pijama afelpado y unos calcetines verdes, yo unos vaqueros y un jersey enorme rescatado de visitas anteriores. 

Estamos tumbados, juntos. Tengo su cabeza apoyada en mi pecho mientras sus piernas ocupan gran parte del espacio que tenemos que repartirnos como podemos. Sobre mis rodillas un almohadón sostiene un ordenador diminuto, sin conexión al mundo. No la necesitamos. Compartimos los únicos auriculares que tenemos para no romper el silencio que tiene a los demás descansando. Cuando menos lo espero me da un beso pegajoso, coge mi mano fria con la suya fuerte y templada. Vuelve a acomodarse sobre mí. Estamos viendo  “Tom y Jerry”. 

Nuestras copas son dos vasos de zumo de granadina y las delicatessen que los acompañan, dos bolsas de nubes y palomitas que compramos ayer. Hay amores que lo valen todo aunque una esté llegando al ecuador de su vida y su  amor querido no pase de tres. 

viernes, 29 de octubre de 2010

BRAGAS Y SMOKED SALMON


El cuerpo humano es una de las máquinas más precisas, perfectas y bellas que podemos encontrar sobre la faz de la tierra. Pero claro, eso es un punto de vista generalista y “ombliguista” de la cuestión. Cuando bajamos al cuerpo a cuerpo, la cosa cambia. El sujeto particular pues no es tan preciso (se le descuajeringa el sistema cuando menos lo espera),  es poquito perfecto (sin disfrazarse de pistolero luce cartucheras, pierde las melenas de Sansón y la tableta de chocolate se le funde hasta convertirse en un amasijo revoltoso) y el bello/a, pues eso, a veces se transforma en bestia.

No he descubierto América con esta cavilación, lo sé. Una perogrullada en todas regla extraída de la observación simple y miope con la que me muevo por la vida. Sin querer caer en el círculo vicioso de pensamientos simplicisimus, veo que a veces observar, mirar, se convierte en un horror. Ahora mismo estoy ante una visión horrible que me tiene al borde de la nausea.
Estoy sentada en una diminuta mesa, en una cafetería monísima, muy fashion, en la zona más cool de la ciudad. Voy a tomar un bocado antes de arrastrarme, de nuevo, al  aeropuerto. Un sitio cualquiera. Frente a mi, otras mesitas, igual de diminutas, con personas tomando diminutos emparedados. Frente a mi un culo, tal cual, un culo a la directa altura de mis ojos. El trasero de una señora que pretende ser la réplica de Demi Moore pero con bastante más lorza y menos encanto. Un trasero que batalla contra un vaquero negro de cinturilla baja, de marca y modelo no caro, carísimo. Una batalla feroz, entre ese cuerpo presuntamente “perfecto”, “preciso”, “bello” y un pantalón que se resiste a contener dentro de si, esa porción de cuerpo humano que, en genérico podría ser bella, pero que en particular, aquí, es terrible.
Los que comemos a su espalda, en diminutas banquetas, frente a diminutas mesitas sufrimos la espantosa visión de la raja de su culo. El “smoked salmon” se me está indigestando.
Algunas cosas no las entenderé nunca (posiblemente porque tampoco yo soy perfecta). Mostrar lo mostrable puede ser bello, insinuar lo insinuable  puede ser delicioso y altamente gratificante. Pero exhibir (como lo hace el engendro que tengo frente a mi) lo inexhibible es bochornoso a la par que repugnante (y más a la hora de comer)
Una pregunta se cierne sobre míy mi sándwiche de smoked salmon ¿Qué se ha hecho de las bragas de cuello vuelto?

jueves, 28 de octubre de 2010

MINIMALISMOS XIV


Se compró un cordón de cuero de color rosa. El más rosa que encontró. Ató un extremo a su muñeca y el otro, a la farola más cercana. Un éxtasis generado a base de optalidón, benzodiacepinas y relajantes musculares la tienen flotando en el aire como un globito de feria.

miércoles, 27 de octubre de 2010

DE CUANDO DESCUBRÍ A CIORAN


Descubrí a Emil Michel Cioran un invierno de melancolías infinitas, en el que los halagos gratuitos (malitencionados, en el fondo), habían destruido la frescura y bondad del trabajo de alguien a quien, hasta aquel momento, aprecié mucho. Fue con esas lluvias de invierno y  con los estados de ensimismamiento que me producen las perdidas inmateriales, cuando tomé consciencia de lo peligroso del elogio barato e inmerecido. Perdímos (no porqué  nos alejáramos fisicamente, sino porqué algo se nos quebró por dentro,) los afectuos mutuos que hasta entonces, sin que jamás nada físico nos uniera, nos mantenía en el mismo baile. Tal vez mi bondad no era tal, ni su inteligencia tampoco. Ambas, producto de espejismos generados por el vapor que la neblina del invierno nos había entregado. Cioran me llegó en el momento adecuado, me hizo comprender algunas cosas que hoy, pese a todo, siguen conmigo.

Nada es importante
"¿Qué importancia puede tener que yo me atormente, que sufra o que piense? Mi presencia en el mundo no hará más que perturbar, muy a mi pesar, algunas existencias tranquilas y turbar -más aún a mi pesar- la dulce inconsciencia de algunas otras. A pesar de que siento que mi propia tragedia es la más grave de la historia -más grave aún que la caída de los imperios o cualquier derrumbammiento en el fondo de una mina-, poseo el sentimiento implícito de mi nimiedad y mi insignificancia. Estoy persuadido de no ser nada en el universo y sin embargo siento que mi existencia es la única real. Más aún: si debiera escoger entre la existencia del mundo y la mía propia, eliminaría sin dudarlo la primera con todas sus luces y sus leyes para planear totalmente solo en la nada. A pesar de que la vida me resulta un suplicio, no puedo renunciar a ella, dado que no creo en lo absoluto de los valores por los que debería sacrificarme. Si he de ser sincero, debo decir que no sé por qué vivo, ni por qué no dejo de vivir. La clave se halla, probablemente, en la irracionalidad de la vida, la cual hace que ésta perdure sin razón. ¿Y si sólo hubiera razones absurdas de vivir? El mundo no merece que alguien se sacrifique por una idea o una creencia. ¿Somos nosotros más felices hoy porque otros se sacrificaron por nuestro bien? Pero, ¿qué bien? Si alguien realmente se ha sacrificado para que yo sea hoy más feliz, soy en realidad aún más desgraciado que él, pues no deseo construir mi existencia sobre un cementerio. Hay momentos en los que me siento responsable de toda la miseria de la historia, en los que no comprendo por qué algunas personas han derramado su sangre por nosotros. La ironía suprema sería darse cuenta de que ellos fueron más felices que nosotros lo somos hoy. ¡Maldita sea la historia! Nada debería interesarme ya; hasta el problema de la muerte debería parecerme ridículo; ¿el sufrimiento?-estéril y limitado; ¿el entusiasmo? -impuro; ¿la vida? -racional; ¿la dialéctica de la vida? -lógica y no demoníaca; ¿la desesperación? -menor y parcial; ¿la eternidad? -una palabra vacía; ¿la experiencia de la nada? -una ilusión; ¿la fatalidad? -una broma... Si lo pensamos seriamente, ¿para qué sirve todo ello en realidad? ¿Para qué interrogarse, para qué intentar aclarar o aceptar sombras? ¿No valdría más que yo enterrase mis lágrimas en la arena a la orilla del mar, en una soledad absoluta? El problema es que nunca he llorado, pues mis lágrimas se han trasformado en pensamientos tan amargos como ellas."

lunes, 25 de octubre de 2010

THE TOWN AND THE CITY (Fragmento) -Jack Kerouac-



"Vio que todas las luchas de la vida eran incesantes, laboriosas, dolorosas, que nada se hacía rápidamente, sin esfuerzo, que tenía que sufrir mil retoques, revisiones, moldeados, adiciones, eliminaciones, injertos, desgarrones, correcciones, alisados, reconstrucciones, reconsideraciones, arañazos, clavos, astillas, martillazos, izajes, conexiones - todas los pobres arreglos inciertos e incompletos del esfuerzo humano. Siempre han sido así, y siempre han sido incompletos, lejos de lo perfecto, refinadas, o lisas, repletas de recuerdos terribles de errores y de miedo al error, aún así, en el modo de hacer las cosas, de algún modo noble, completo, y brillante al final. Podía sentir esto incluso desde la casa vieja donde vivían, con sus muros sólidamente construidos y suelos que permanecían unidos como la roca: algún hombre, posiblemente un hombre enfadado y pesimista, había construido la casa hacía mucho, pero la casa permanecía, y su enfado y pesimismo y sudores irritables y laboriosos habían sido olvidados; la casa permanecía en pie, y otros hombres vivían en ella y encontraban un buen refugio entre sus paredes."

-¿Construyo? No lo creo. Dudo que los esfuerzos más titánicos que he llevado a cabo en mi vida hayan servido para algo. Posiblemente para nada. Ni siquiera esto.  Anita Noire-

domingo, 24 de octubre de 2010

MINIMALISMOS XIII


- No vuelvas a llamarme. No quiero volver a saber nada de ti
- No pensaba hacerlo
- Pues vaya.

sábado, 23 de octubre de 2010

MINÚSCULAMENTE MINÚSCULO


Cuando dejó de comprender lo que ocurría a su alrededor, inventó un universo a su medida que le fuera confortable. Menudo, preciso, de textura apergaminada. Lo llevaba siempre en el bolsillo. Cuando el día se torcía, introducía la mano hasta el fondo y acariciaba, con las yemas de los dedos, el mundo esbozado en las cinco líneas que formaban un pentagrama irregular. Los que le conocieron no llegaron a comprender el significado de las letras minúsculas, enanas, que dibujó sobre aquellos trazos de pulso inseguro. Iniciales encadenadas que cifraban aquello que alguna vez quiso ser, el nombre de aquellos a los que creía haber amado, el nombre que le arrojó a la nada. Empezó a vivir dando la espalda a casi todo. Había dejado de entender y de buscar excusas. Otros ocuparían su lugar, todo es prescindible. Dejó de hablar, dejó de oír y perdió todo interés. Al poco tiempo se sentó junto a una ventana y acarició un mundo encerrado en un bolsillo. Se fue apagando rozando lo único  en lo que creía. En el último momento, alguien le colocó en el bolsillo la bola irregular que guardaba en el puño. Las cenizas microscópicas del universo flotan en el interior de su urna.


Victor Manuel * - * A donde iran los besos

jueves, 21 de octubre de 2010

DEL PORQUÉ NO LEO LA ILIADA Y SÓLO CUENTO CORDEROS


 
Ando rara, no de caminar, que también podría ser por aquello de calzar zapato de invierno tras un largo verano de sandalias y pies al aire. Sino que ando rara. Podría achacarlo a un estado premenstrual (no es el caso), a un estado pre-menopáusico (tampoco lo es), a un estado medio metafísico (esto es ya una quedada), el caso es que no es achacable a nada de todo ello. Sólo hay algo que es cierto, se me han revuelto las entrañas.
Como ando en esas, hago cosas raras, escucho cosas más raras y la gente me parece más marciana de lo habitual. Supongo que por eso, por nada más, he decidido caer en un autismo escogido a conciencia. Dentro de ese estado me dio por arrimarme, de soslayo, a la Iliada. La culpa, la curiosidad inducida porqué alguien me hablara de ella hace poco y la sombra de una bombilla de bajo voltaje, engañosa como la que más, me mostrara el lomo que la contiene. Un dia aciagao. Por eso ayer noche, ante un ataque de insomnio recalcitrante, una película vista y mil ovejas contadas, me levanté y revisé la estantería. Un canto de sirenas. Un viejo ejemplar de la Iliada. Me pegué un rato pero poco. No leí nada. Miré el lomo (una edición barata de Austral) saqué el libro, abrí la primera página, miré la fecha que alguien se encargó de anotar cuando lo adquirió y, sin más, lo volví a colocar en su sitio.  No es lo mío. Ahora duerme el sueño de los justos y yo sigo contando corderos. 

martes, 19 de octubre de 2010

EL PREMIO PLANETA 2010 (crónica posterior)


Quienes me conocen saben de mi don para ubicarme en distintos lugares a la misma hora. No, no es porque sea Divina, que lo soy, sino porque me muevo con una scooter por la ciudad Planetaria que es Barcelona. Planetaria porque es donde se celebra cada año la entrega del Premio Planeta, el laureado y buscado (por la pasta que reparte) galardón literario. Así que estuve en una fiesta Under-Planeta y en el Premio Planeta
Este año, como viene siendo habitual, la cosa fue así como de mucho lujo. Yo andaba todo el día nerviosa, había comprado unas medias estupendas, me había alisado el pelo para conjuntarlo con un vestidito muy fashion comprado para la ocasión y tenía la cámara fotográfica preparada para inmortalizar los fastos para los que “The big boss”, me había acreditado convenientemente. Al llegar, primer asalto, aparcar la moto y bajar el caballete con los tacones, fue  todo un espectáculo. Por suerte pude hacerlo frente a las dos entradas señaladas: invitados y medios de comunicación (yo iba tan estupenda que bien podía haber pasado por invitada si no fuera por el tranco que colgaba de mi cuello), así que un azafato de lo más amable me dirigió a la entrada de “medios”. Al llegar te daban la acreditación en el mostrador con una tarjeta para la quiniela que se hace cuando sólo quedan 5 finalistas y los números de mesas destinados a la prensa. Te podías sentar en la que quisieras (debo decir que busqué donde estaba los compañeros más guapos pero esos andaban copados). Había photocoll, pero cuando lo descubrí, ya estaban allí todos los periodistas así que las fotos que salieron, son un desastre. Es lo que tiene ser más baja que la media y calzar unos taconazos de 10 centímetros, la cosa no está para hacer equilibrios.


Todo muy espectacular, era algo así como muy de Hollywood, con presentadora e imágenes en las pantallas gigantes, besos y abrazos por doquier.
Pasamos a cenar y yo me senté en la mesa 48. La que más cerca vi del escenario. En ella, tres señores con corbata, muy serios. Mientras esperamos a que nos sirvieran la cena, yo me di un paseo por entre las mesas para hacer fotos a los importantes y lucir el estilo y garbo que mis buenos euros me costó. En esto que me cruzo con el Molt Honorable ex President Sr. Jordi Pujol. Le digo que si le importa que le haga una foto, me dice que “faltaría más”. Disparo mi Canon y el buen señor me pregunta si yo sé donde se tiene que sentar. Levanté mi ceja y porque soy muy educada le dije que no, pero que enseguida le avisaba a una azafata porque YO, soy de los MEDIA. Pero,  esto es Cataluña, y como la pela es la pela, le digo que no se preocupe, que se lo averiguo. Rauda y veloz, con ese porte que tengo, levanté la mano con una autoridad espectacular para llamar a una de las azafatas. Mientras ésta se acerca, el buen hombre me pregunta que si soy periodista, le digo que sí y me pregunta que para que periódico trabajo. Ahí veo el cielo abierto, ya que yo iba acreditada por una televisión local y no por “Más que palabras”. Le digo que trabajo en la televisión local con un presentador muy conocido (no voy a dar su nombre puesto que no me paga como es debido y la propaganda no me da la gana hacérsela), a lo cual el hombre exclama; “hombre, el meu amic XXXX. Doni-li vosté records de part meva” (XXXX y Jordi Pujol son grandes amigos). En ese momento llega la azafata. Yo le digo que el “President” necesita encontrar su mesa (básicamente porque no está para muchos meneos. El President tiene una edad). La joven se dispone a acompañarlo pero antes el “Molt Honorable” me da la mano, ha sido un placer y me repite que le de recuerdos a XXXXX. Esto fue lo más interesante de la cena. Eso y el guapo gacetillero que me encontré en el guardarropía y con el que terminé compartiendo codazos  y dándonos los teléfonos en el momento de las fotos.
Ya en la mesa, aparece un tipo super alto que se sienta a mi lado y resulta ser el fotógrafo de "Qué Sopor", un argentino lapa y plasta como él solo. Aparecen dos señores más que compartieron la velada con el plasta y conmigo. Como soy la única mujer en la mesa, pues lo tengo fácil, todos quieren hablar conmigo (a veces los hombres son simples como el mecanismo de un chupete). Uno de los presentes resultó ser el director de “Estroney Digital” me da su tarjeta, le doy la mía y a los cinco minutos me enseña su BlackBerry (la desenfunda como si fuera un revolver. Uy! que miedo). Introduce la dirección de la web, masquepalabras.info (por la que yo acudía camuflada). Introducir, sólo introdujo la dirección web, pese a que sus ojitos dijeran que el hombre lo que quería era introducir otra cosa… (Olvidemos esto). El otro de los presentes, e director de “El Misterios”, me entrega su tarjeta y ambos dos se interesan por mi iniciativa, mi valentía, mi dedicación desinteresada… amos, que me parece que, a la vista que no se iban a llevar el premio, buscaban llevarse “la pedrea”. A todo esto el argentino seguía dando el coñazo con que si la organización trataba mal a los periodistas y bla, bla, bla. Debo reconocer que en esos momentos tenía ganas de arrearles a todos con el bolso y con el photoshop.
Quedan dos finalistas y la prensa nos dirigimos al escenario. Empujones, codazos, pero como una ya lleva dos o tres de estas, saqué pecho (en sentido figurado, claro), estiré y metí cuello y de aquí no me mueve ni Dios. Que se quejan, pues que les den. El resultado fueron tres o cuatro fotos bastante buenas.
A continuación, rueda de prensa. Miembros del jurado y ganador y finalista. Por cierto, que la finalista, más sosa no podía ser (Hija de mi vida, que estamos en el Planeta, daban ganas de decirle). Al menos Mendoza hizo algún que otro chiste, pero ella... En fin, esperemos que escriba mejor que festeja sus premios. 


Finalizada la cosa, teníamos una invitación a tomar una copa en la sala Ribelinos, la más pija de Barcelona por excelencia. Pero como no quería encontrarme con el argentino y que siguiera con la vara que me estaba dando, ni con los dos trajeados, fuera a ser que me echasen una aspirina en la coca cola, servidora se puso las bambas, se subió a su scooter que dormía el sueño de los justos frente al Palau de Congresos de Barcelona y se fue a casa, que ya eran más de las 2 y la moto se me vuelve calabaza.
Queridos, esta es mi crónica del premio Planeta 2010. El año que viene, si la jefa lo consiente, igual nos tomamos hasta unos canapeses y nos iremos de copas (ella y yo), sin argentinos, ni tipos encorbatados, ni sosas semifinalistas, ni finalistas cantaos. 



MINIMALISMOS (XII)

No podemos controlarlo todo. No podemos dedicarle tiempo a lo que nos hace perderlo. Un mal dia. Sólo quiero encontrar el punto final perfecto. 
Black

domingo, 17 de octubre de 2010

IMPRONTA


 "Amar es sufrir. Para evitar el sufrimiento no se debe amar, pero entonces se sufre por no amar, de modo que amar es sufrir y no amar es sufrir, y sufrir es sufrir. Si para ser feliz hay que amar, para ser feliz hay que sufrir, pero sufrir hace a uno infeliz, por lo tanto para ser infeliz uno debe amar o amar para sufrir o sufrir de tanta felicidad, y dejémoslo que es un lío."
Woody Allen


Subí al tren sin más equipaje que yo misma, en un último intento por recobrar el control sobre lo que había sido mi vida hasta hacía apenas unos meses. Monté en el vagón cuando faltaban unos minutos para que comenzara un viaje del que ya no podría apearme, pasara lo que pasara, si decidía seguir sentada. Me empezaron a sudar las manos aunque sentí frío. Había hecho una apuesta al vacío que sabía tenía perdida de antemano. Lo sabía, desde el inicio. Quizá, porque lo sabía y lo comprendí desde el primer momento, pese a la locura que me arrastraba, guardé, por una prudencia que desconocía hasta entonces, dos gramos de cordura. Buscando un último salvavidas, antes de que el pozo lo engullera todo, sólo me quedaba tirar de aquellos escasos gramos de sensatez. Miré por la ventana, al fondo aparecían los primeros edificios. Iba a diluirme en la ciudad. Miré el reloj y lo paré en el minuto preciso que alcazaba la estación. Bajé sabiendo que iba a recorrer el andén para sentir la soledad más absoluta. Un viaje que buscaba recobrar una vida que se escapó como arena entre los dedos abiertos, y devolverle la ficción que me entregó. Una quimera con envoltorio de caída al abismo. Un error de bulto tan enorme como las pesadas consecuencias que había dejado su impronta.




viernes, 15 de octubre de 2010

CONSEJOS DE UNA TAITANTA-TARADA PARA NO MARCHITARSE



Hace días que mi amiga Berta dice haber llegado a la aplastante conclusión que los seres humanos, en especial, las féminas llegadas a los “taintatos”, cuando estamos de buen ver y mejor palpar (es de agradecer la generosidad de Berta cuando no está mosca), necesitamos de sal y pimienta en la vida. Mi cara de asombro no tiene límite y los píxiles de la videoconferencia confunden mi incrédulo levantamiento de ceja con un “adelante bonita, sigue”. Así que, como mi amiga Berta, es mucha Berta, me relata con todo lujo de pormenores cuales son los incentivos que una mujer situada en los “taitantos” debe proporcionarse para no marchitarse o morir de asco. Voy a relatar la lista tal cual y luego que cada uno opine lo que quiera:
- Dejarse crecer el pelo como si una tuviera 20 años y olvidarse de los cortes “carrinclones” que usaban nuestras madres.
- Olvidarse de los fondos de pensiones e invertir en   bonos-botox, son una inversión a largo plazo.
- Adoptar la costumbre del personal doméstico (ella es de origen pudiente). Librar una vez a la semana y dejar la paz del hogar. Olvidarse de las obligaciones familiares y salir al mundo aunque haya que volver como la Cenicienta antes que den las 0:00 h. (la hora la ha fijado, creo yo, porqué es la hora de la toma de su hijo y su compañero que yo sepa carece de capacidad mamaria)
- Realizarse auto regalos de cumpleaños que cuesten un riñón y medio y vanagloriarse de que tienes el mejor gusto del mundo aunque el producto adquirido sea una castaña y te arrepientas a los diez minutos de su compra.
- No bajarse de los 8 centímetros de tacón ni para ir al supermercado.
- Seguir  pestañeando, pese a la miopía, hasta generar tsumamis tormentosos en tu interolocutor (masculino o femenino según el caso).

Como mi cara de sorpresa no tiene límites, pues ella sabe del estado de mi cutis, del dolor de pies que tengo, de lo apretado de mi agenda, de lo rojos que tengo mis números bancarios, me propone una solución alternativa:

 - Buscarse un amante con pasta y que te romancee los jueves de 20:00 a 0:00. Según refiere, los efectos son los mismos.

Acabo de colgar a Berta, su hijo berrea como si no hubiera comido en la vida. Algo me dice que la prolactina la tiene afectada y que ha perdido la cabeza. Sin embargo…......

jueves, 14 de octubre de 2010

CONFIESO: LO DESCONOZCO TODO


No ser una persona religiosa me ha llevado a observar con curiosidad aquellos hechos, circunstancias y personas que los son. Siento un auténtico espanto por aquellos que sistemáticamente, por una postura estética, atacan todo lo que huele a hecho religioso. La observación de este mundo  me ha descubierto posiciones que no comparto en absoluto (no sólo en el catolicismo sino también en otras religiones que tienen mejor prensa entre la modernidad mal entendida). Sin embargo, debo reconocer que en ocasiones he descubierto auténticas maravillas del pensamiento. Ayer, con motivo de una conversación  sobre  lo intrascendente de algunas cosas y sobre la vital trascendencia de la formación de la mente, recordé que en mi casa, en algún cajón, guardaba un folleto que alguien, tan poco religioso como yo, me entregó cuando inicié mis estudios universitarios. Me faltó tiempo para buscarlo y lo encontré.

"Puesto que me preguntas sobre el método y la forma para adquirir el tesoro de la ciencia, estos son mis consejos que espero te sean muy útiles:
- No pretendas entrar súbitamente al mar, sino llega a él lentamente a través de los riachuelos, porque conviene llegar a lo difícil por lo fácil.
- Procura pensar lo que dices y no te entregues fácilmente a las conversaciones inútiles.
- Que en tu conciencia no haya dobleces.
- No abandones nunca la oración.
- Ama el recogimiento si quieres entrar en la bodega mística de la sabiduría.
- Sé afable con todo el mundo y no condenes a nadie.
- No mantengas excesiva familiaridad con nadie, puesto que ello le quita mucho tiempo al estudio.
- No te ocupes demasiado de cuanto se rumora o hacen las demás personas.
- Trázate objetivos claros, evitando toda dispersión.
- Procura imitar el ejemplo de las personas buenas y honestas.
- Conserva en tu memoria todo lo bueno que escuches, sin importar quien lo dijo.
- Esfuérzate por comprender bien cuanto leas o escuches, y aclara siempre tus dudas.
- Procura almacenar en tu memoria todos los conocimientos que te sean posibles.
En fin, mide tus fuerzas y no pretendas alcanzar lo que esté por encima de tu capacidad. Si sigues estos consejos, encontrarás y producirás frutos útiles para tu vida. Además, alcanzarás lo que te propongas."

Para los que no lo sepan es la "Carta de Santo Tomás a un estudiante." A mi me la entregó un profesor de la facultad que militaba en el partido comunista. Cosas de la vida.

miércoles, 13 de octubre de 2010

YO, MI, ME, CONMIGO (o de cómo los demás me importan un comino de 14h a 15 h.)


Hace un par de horas me fui a comer. Tenía que hacer algunos recados de esos que nunca hay tiempo y se van relegando al final de la lista de las cosas pendientes. Me perdí. Los recados siguen anotados en un bloc de papel que a fuerza de renglones torcidos tiene más anotaciones de cosas por hacer que de cuestiones resueltas. Que más da. Nadie se gana el cielo, si existe, por solventar todo lo que tiene irresuelto, inacabado cuando todo eso le importa más bien poco.
Por eso, supongo, me senté en un banco en medio de la Diagonal y me dediqué a no hacer otra cosa que mirar la punta de mis zapatos y a escuchar la última recopilación de música con la que rellené mi viejo Ipod.
Vuelvo a estar sentada en mi mesa frente a mi agenda de papel. Miro la lista de mis cosas y anoto “introspección 14:00 Diagonal”. Cojo mi rotulador fucsia fluorescente y marco un hueco para lo único que hoy por hoy me interesa: mañana a las 14:00, tengo otra sesión conmigo misma.

lunes, 11 de octubre de 2010

AZUL (Fragmento) -Rosa Regás-


“A veces una sola imagen en el recuerdo abarca un periodo completo y acaba definiéndolo de forma distinta a lo que fue en realidad. A veces basta evocar una tormenta de verano con el cielo oscuro, movido y amenazador, con indicios de rayos que apenas estallaron en truenos y dejaron en el aire un fragor sordo y lejano, para que desaparezcan de ese verano los días soleados, los plácidos crepúsculos, las noches con grillos y cigarras y nosotros mismos buscando en la calma del cielo de agosto las estrellas que cayeron en la oscuridad.”
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Nos pasamos la vida creando y creyendo en fragmentos de nuestra vida que no han existido jamás. El recuerdo distorsionado por el sentimiento vivido en el momento concreto, rellenará huecos que hemos creado a base de ficciones inconscientes. Anita Noire



©Fotografía: naq

domingo, 10 de octubre de 2010

BIENVENIDA TRISTEZA


Me invadió la tristeza mientras contemplaba el fondo de un vaso de leche. En ese momento lo supe. Se lo conté al único que tipo que había en la barra. Me miró con gesto huraño mientas bebía a tragos cortos de un vaso oscuro que iba pasando de mano en mano. Me pareció que la leche se iba aguando a medida que pasaban los minutos y que el tipo, que sorbía ruidosamente, me miraba, sin verme, con cara de bobo permanente. Me entraron ganas de abofetear ese rostro estúpido. La leche no se aguachina porque sí, ni se sorbe el vino por malo que sea. Mi tristeza seguía indemne e iba creciendo a medida que empezaba a vislumbrar el culo acuoso del recipiente que tenía entre mis manos y que la evidencia de la verdad se me hacía más evidente. Estaba muriéndome en vida. El tipo de cara de bobo eructó. Siguió bebiendo sin inmutarse. No veía a nadie. Ahora miraba hacia un punto infinito que debía esconderse en algún lugar del espejo que teníamos enfrente y que yo no acertaba a ver. Era hora de volver a casa. Me sequé las manos en las perneras del pantalón y el roce del tejido vulgar me devolvió a la realidad de una vida más ramplona y corriente que el tergal que tocaba. Recogí la bolsa que descansaba junto a la barra, pagué. Me llevé para siempre el regalo envenado que encontré en un vaso de leche.

viernes, 8 de octubre de 2010

BEDS



Me descoloqué mientras ponía los pies sobre la alfombra. Me había revuelto toda la noche, la cama me quedaba grande. Al amanecer, la luz que se coló por el resquicio de la persiana no era como siempre. Me pareció más mortecina, menos real. El día no iba a traer nada nuevo. Quizá fuera que todo se había empezado a desvanecer en el mismo momento que me acosté en aquella cama. No era la mía, no era la suya. Una cama intermedia que mañana será ocupada por otro que tal vez también se perderá, en solitario, buscando con su mano el cuerpo del que está ausente.

miércoles, 6 de octubre de 2010

DE LA ABDUCCIÓN POR VILA-MATAS Y LOCUS SOLUS


Enrique Vila-Matas ejerce sobre mi persona una especie de abducción que no deja de sorprenderme. Hace unos meses leí un artículo que había escrito sobre la novela "Locus Solus" de Raymond Roussel. Una vez más, consiguió dejarme con la boca abierta y  me arrastró a recorrer las librerías que frecuento en busca de un ejemplar. Ayer, intentado aparcar la cabeza en un lugar menos oscuro y tedioso del que lo hace durante las horas diurnas, me embarqué en la lectura de "Locus Solus". No he dormido, la novela me atrapó. Me la he "comido" de un tirón, apenas me queda nada. Me gustaría poder decir alguna cosa sobre ella, pero Vila-Matas lo hace infinitamente superior, así que les cuelgo el texto que escribió sobre esta novela, sobre su regreso a ella, y que yo guardé impreso entre las páginas de mi moleskine. Hoy creo que Vila-Matas debería invitarme a tomar café, él es el artífice del sueño que arrastro


REGRESO A LOCUS SOLUS (Enrique Vila-Matas)




Recuerdo la primera vez que terminé Locus Solus. Al cerrar el libro, tuve la impresión de que cerraba la losa que caía sobre mi propia tumba. Supe que a partir de entonces  iban a quedarme obsesivamente grabados, en una atmósfera de descanso eterno, todos los secretos de aquella finca singular, sin similitud alguna con otras que pudiera uno encontrarse por aquí o por allá, por los senderos de la vida o de la literatura. Y también supe que no tardaría en variar notablemente el rumbo de mis lecturas. Porque Locus Solus de Roussel (1877-1933) no sólo me pareció una propuesta literaria que se tomaba insólitas libertades sino que, además, estaba muy alejada de lo que hasta entonces en mi tierra me habían dicho que era una novela.

 Decía  Leopardi que la vista del cielo es quizá menos agradable que la de la tierra y de los campos, porque es menos variada, y también menos semejante a nosotros, no nos es tan propia, pertenece menos a lo nuestro… Y sin embargo, si la lectura de Locus Solus me pareció tan agradable y me conmocionó con fuerza fue precisamente porque el libro no lo sentí nada cercano y propio, sino lo contrario: seductoramente extraño y extranjero, profundamente glacial y ajeno.

La novela es una tarde interminable. Así la recuerdo, en un primer momento, siempre que me decido a recordarla. Luego, si me acerco más al libro, voy viendo que Locus Solus es también un paseo por ese Lugar Solitario que es la propiedad monumental de Martial Canterel, un itinerario iniciático a lo largo de una tarde en la que este científico va mostrando a sus invitados los inventos y máquinas solteras que pueblan la villa de Montmorency, rarezas e invenciones que a medida que avanza la narración van haciéndose cada vez más geniales. Y así, por ejemplo, tras un martinete formado por un mosaico de dientes y un enorme diamante de cristal relleno de agua en la que flota una chica que baila, un gato sin pelo y la cabeza conservada de Danton, llegamos al pasaje central, el más inolvidable, el que nos persigue muchos años después de haber leído este libro: la descripción de ocho escenas que tiene lugar en una enorme galería acristalada. Descubrimos que los actores son en realidad gente muerta que Canterel ha reanimado con resurrectina, un fluido de su invención que si se inyecta a un cadáver reciente hace que represente el incidente más importante de su vida.

“Cubierto de pieles, un ayudante de Canterel ponía o quitaba a los ocho muertos su autoritario tapón de vitalium, y si era preciso hacía sucederse sin interrupción las escenas, cuidándose regularmente de animar a un sujeto poco antes de hacer dormir a otro”.

Anoche soñé que volvía a Locus Solus, aquella gran finca y lugar solitario que en los días del pasado tanto me fascinó. Y esta mañana, ya perfectamente despierto, me he dedicado a revisar la novela. Más allá del deslumbramiento inicial irrepetible, he visto que lo que más pervive hoy en mí de este libro es el procedimiento que inventara su autor para crearlo; un método basado en retruécanos y combinaciones fonéticas y juegos de palabras, tal como lo testimonia el conmovedor y alucinante texto póstumo del propio Roussel, Cómo escribí algunos libros míos: “Escogía dos palabras casi iguales (al modo de los metagramas). Por ejemplo billard (billar) y pillard (saqueador, bandido). A continuación, añadía palabras idénticas, pero tomadas en sentidos diferentes…”

 Ni una sola línea de las historias que Roussel cuenta en Locus Solus y en algunos otros libros suyos surgió de su imaginación, sino del artificial procedimiento, de sus infinitas combinaciones fonéticas. A veces, pienso que si en mi literatura he exasperado y llevado al límite el uso de las citas literarias distorsionadas, es decir, si en ocasiones mi falsa erudición ha funcionado casi como una sintaxis o modo de darle forma a los textos, todo eso es deudor de la distorsión de los ecos de aquel procedimiento rousseliano  descubierto a una edad en la que aún sabía canalizar mis hallazgos de lector.

Me pareció asombroso ayer volver a observar cómo en Roussel las combinaciones fonéticas funcionan perfectamente como una sintaxis incesante y un modo arbitrario y a la vez riguroso de darle forma a los textos, de darle sentido a todas esas historias que no salen de la vida, sino de la cibernética particular que inventó en su laboratorio de las persianas bajadas. Nada de lo que contaba procedía de su imaginación, a pesar de que era muy imaginativo. Y es que en realidad Roussel jamás viajó. Aun habiendo dado dos veces la vuelta al mundo, jamás le llegó algo desde fuera, jamás el exterior hizo mella en el paisaje interior de su cráneo. En todos los países visitados veía tan sólo lo que había previamente escrito de antemano en su –avanzado para su tiempo- revolucionario laboratorio cibernético.

Fue un hombre que vivió siempre en un lugar solitario, tan aislado como incomprendido, o sólo comprendido por los surrealistas, a los que él no comprendía. Su forma de ser parecía triste, pero él pensaba que llevaba una vida de frecuentes alegrías, ya  que escribía sin parar, hasta la extenuación cada día. Navegando por los mares del Sur, recibió una carta de un amigo en la que le decía que le envidiaba por las puestas de sol que estaría viendo. Le respondió inmediatamente que no había visto ninguna, ya que trabajaba en su camarote y no había salido de él desde hacía semanas.

 Ayer, tras soñar que volvía a la finca de Canterel y pasar después a leer Locus Solus por enésima vez, me pareció ver que en el camino de la vida, y ya desde la primera lectura de ese libro,  me viene acompañando la confortable sospecha o gran revelación de que puede uno crearse un procedimiento propio, perfectamente artificial, para construir una obra inmensamente verdadera.

 
 


martes, 5 de octubre de 2010

MINIMALISMOS (XI)


Se prometieron una vida entera frente a dos tazas de café.  La pasión les duró lo que tarda un azucarillo en deshacerse. De todo aquello sólo queda el reverso de una servilleta con dos notas mal trazadas.

domingo, 3 de octubre de 2010

OTKYUAJA -LATIDOS-


Se levantó del banco mientras se tocaba las rodillas. Hacía frio. No había vuelto desde que lo evacuaron en un triste autobús. Comenzó a caminar, poco a poco, recorrió las calles de lo que algún día fue su ciudad. No reconocía nada. Ni siquiera quedaba en pie la colina que la resguardaba de los vientos del norte. Los edificios modernos, acristalados, la habían convertido en una réplica común de cualquier  lugar del mundo. Quizá la globalización sea eso mismo. Destruimos y nos volvemos todos iguales.
Sólo la alameda continuaba intacta. El camino al infierno, el mismo de siempre, gris, húmedo y escondido. Lo que no se ve, no existe. Nadie piensa que su último recorrido será éste, su último lugar en la tierra. Deslizó la mano por la cabeza y arrugó contra su pecho el gorro con el que intentaba cubrirse del frio. Un gesto a la nada o al todo, no lo sabría. Se acercó caminando despacio al único sitio en el que estaba seguro que no les encontraría jamás. La carne no es nada.
Pasó los dedos por encima de las letras grabadas, hundiendolos con fuerza en las dolorosas incisiones.  Pronunció en voz baja los nombres que el índice leía. Goran Bosanski. Sanelia Stojanovic.
Volvió sobre sus pasos. Dejó de reconocer las avenidas de nuevo. Apoyó la mano nudosa sobre el pecho. El latido de su corazón marcaba la cadencia de la vejez que empezaba poseerle. Un latido a destiempo confirmó lo que desde hacía años pensaba, al final, los que se han ido se quedan  viviendo ahí dentro. La guerra no puede con todo. 

sábado, 2 de octubre de 2010

NOCTURNO DE Windows 98 -Carlos Salem-


Mientras la noche es empujada por un viento irregular
(y mi hijita duerme al fin en su cuna
-esa tos diminuta-
y ella fuma escaleras abajo
el primer cigarrillo con sabor a domingo perdido
y el tiempo me permite que lo amase
entre índice y pulgar):
decido arriesgarme en un poema
del que mañana lunes no reniegue
que se coma las comas si apetece
que salte las mayúsculas si puede
que sea más que un baile de palabras.

Y esa el momento
ahora o nunca
con el décimo ducado de más
ahumado el cenicero
(si se entera mi médico)
y la cuarta copa de ino
blanco frio semi-dulce
(mi hígado me quiere)
está todo en las teclas
que se ordenan y cantan
que llaman a mis dedos
que las hurgan
propiciando el nacimiento en la pantalla.

Pero no.
El señor ordenador toma las riendas
y decreta el retorno de las comas
ordena inapelable –que es lo suyo-
una mayúscula en cada línea que comienza
y la incorrección de la palabra “culo”
Y me salta de página
y me aplana los párrafos
y me cambia lo que cree inconveniente.

Evoco a la puta madre de mister gates
Y me rebelo contra la mecanización
idiotizada
y recuerdo con ternura a esas maestras
que tanto me insistían en la infancia
sobre la caligrafía bien cuidada
la libertad de dibujar con las palabras
que es lo que nos diferencia de las máquinas.
En eso tenían razón
En todo lo demás nos engañaron.

Hoy están muertas mis maestras
yo sigo vivo
o eso creo
y tengo una pésima letra.

La niña tose y no me queda vino.
Ella pensará que no la amo.
El tiempo es una bola pegajosa
que disparo
por la ventana al viento irregular
que empuja la noche
hacia otro lunes

Apago y bajo.


Del poemario: "Memorias circulares del hombre peonza"

Nick Cave and the Bad Seeds - Are you the one (that I´ve been waiting for?)



© Fotografía: AN

viernes, 1 de octubre de 2010

SIN NINFOMANIAS ERRANTES


Hace algún tiempo que ronda por mi cabeza la necesidad de encontrar un hueco para todas las vidas que quiero vivir. No es una cuestión de querer vivir mil años, eso no lo quiero. Quiero mil vidas, mil caras, mil tipos en ella. Las quiero porque sé que son mías. Soy una y soy mil.
He dejado de hacer estas reflexiones en voz alta desde que percibo que, cuando digo estas cosas, a los que las escuchan se les alarga el pabellón auditivo al creer que están frente a una especie de ninfómana insaciable. En realidad, nada de todo lo que estoy diciendo tiene que ver con el bullir de la entrepierna. Yo sé lo que quiero decir, pero no se decirlo. Así que mejor deje de intentarlo y siga reflexionando en voz baja, como muy flojito y hacia adentro, esperando que esas mil vidas, algunas enanitas, otras gigantescas que lo ocupan casi todo, vayan encontrando su espacio, su sitio, su tiempo, aunque sea mientras cierro los ojos.