domingo, 22 de mayo de 2016

AU REVOIR


La ausencia del deseo de vivir no basta para tener deseos de morir.
Michel Houellebecq


Volvieron a despedirse, pero esta vez no se miraron a la cara. Utilizaron el sencillo sistema de la asepsia, de la corrección fingida, de la contención del reproche. Un agradecido hasta siempre. Subió al coche, aún conservaba el golpe en la puerta de atrás. Fingió sentirse feliz, levantó la mano mirando por el retrovisor y sonrió, pero no engañaba a nadie. Los ternos lucidos, el color alrededor y la maraña de sentimientos contradictorios frente a la tranquilidad.  La tarde pasó así, oscilando entre la calma de la despedida y el jaleo contenido en la víscera. Puede que nos veamos en Nápoles, o en Estambul, nunca se sabe, le había dicho. Se suponía que de esa manera todos quedaban contentos, tranquilos. Pero faltaba la substancia y, con toda seguridad, un paseo bajo la llovizna de una primavera indefinida.






miércoles, 18 de mayo de 2016

AD NAUSEAM


El hombre no tiene naturaleza, sólo tiene historia.
José Ortega y Gasset




El amanecer es más lánguido de lo normal, como si el día supiera que va fajarse con la ignominia que suponen las decisiones de otros. Recibir en las instituciones parlamentarias, democráticas, a quien ha sembrado durante años el terror y ha defendido la muerte como medio para la imposición de sus posturas es, cuanto menos, una muy mala noticia. Para disfrazar el hecho de que se está legitimando el uso de la fuerza y del miedo como un modo legítimo de actuación, nos hablan de tiempos de paz, de nuevos momentos de libertad. Pero no hay mayor mentira, ni perversión, que la utilización de esos argumentos que faltan a la verdad. En España existe un sistema democrático desde el año 1978, con la promulgación de la Constitución, y eso no hizo retroceder ni un milímetro las garras de los que decidieron matarnos reventándonos por las esquinas o descerrajándonos un tiro en la nuca. Y el tiempo ha pasado, es cierto, pero nada ha cambiado, porque los que hemos sufrido el terrorismo en este país seguimos siendo los mismos, bajo el mismo sistema.  Creímos haberles derrotado pero no es cierto. La única verdad es que ETA no mata pero, aunque no nos guste, el tiempo y los hechos demuestran que ellos han ganado. Lo de hoy, con Otegui dando lecciones por el mundo, es una buena prueba. Pero no debemos olvidar que no puede haber paz sin arrepentimiento, sin que quienes nos agredieron durante años, nos coartaron la libertad y aplicaron el régimen del terror, pidan perdón. La sociedad, y las víctimas en particular, decidirá si quiere o no perdonar. Otegui se paseará hoy por el Parlamento catalán sin haber pedido jamás perdón por sus muertos. Muertos que son suyos aunque la pistola, la bomba o lo que sea, la pusiera o la disparara otro. Todos fuimos víctimas del terror. No puede ensalzarse, sin que la sociedad democrática muera un poco más, a los que han atentado contra la vida y la integridad  física de sus conciudadanos y no han mostrado un ápice de arrepentimiento. La legitimación de la violencia en detrimento de la vida, de la libertad, es lo que hoy se presenta ante lo que debería ser el puntal de una sociedad que antepone los derechos humanos a cualquier ideología. Corren malos tiempos para la decencia, la legalidad y el sistema democrático. A las victimas de Hipercor, de la casa cuartel de Vic, al propio Ernest LLuch, entre otros muchos, los estamos matando otra vez. Eso no lo deberíamos olvidar.






domingo, 15 de mayo de 2016

MUJERES QUE ABRAZAN POR DETRÁS


No me arrepiento en absoluto de haber corrido todos
 los riesgos por aquello que me importaba.
Arthur Miller




Mis desaparecidos viajan de un lado al otro del globo, dejando cartas en los buzones que andará viendo mundo, perdidas por ahí, sin ningún destino. Decía Jünger que a sus muertos siempre los pensaba como si estuvieran vivos.  Mis desaparecidos viajan a su aire mientras en mi pensamiento van recreando una biografía futura que nunca será la suya. Una vida en un universo paralelo a la que no podrán reprochar nada, porque nunca volverán para desenmascarar ese juego que permite dulcificar sus ausencias.  







miércoles, 11 de mayo de 2016

LLÁMELE SORPASSO, GRACIAS



De querer ser a creer que se es ya, 
va la distancia de lo trágico a lo cómico.

José Ortega y Gasset




Cada cierto tiempo nos sorprenden con algo que se pone de moda. Ahora le toca a la palabra sorpasso. Salvo para los aficionados al cine, el "palabro", importado de la bota italiana, ni Blas la había oído nunca. Pero los tiempos avanzan que es una barbaridad cuando se trata de ponernos en modo ridículo, por eso la escuchamos en cualquier tertulia de los medios, e incluso en la barra de la cafetería entre cortado y ración de churros o porras. De aquí a la repetición de las elecciones, vamos a tener tiempo para interiorizarla como si fuera el catecismo de la modernidad ideológica. En las próximas semanas, sorpasso por aquí, sorpasso por allá, tendremos que aguantarnos las ganas de mandar al guano a cada uno de aquellos que, por colocar el “palabro”, hacen tirabuzones con el lenguaje para no decir nada. Y es que en este país, nos las comemos todas dobladas. Espero que Dino Risi(*)junto a Vittorio Gassman y a Jean Louis Trintignant, allá por donde anden, se están dando unas buenas risas a costa de estos españoles, tan tontos, que son incapaces de utilizar su propio idioma con tal de parecer una panda de modernos muy puestos en política. Política que, dicho sea de paso, mientras nos entretiene, nos airea el pozo intestinal.





(*) Il sorpasso, película dirigida por Dino Risi y protagonizada por Vittorio Gassman y a Jean Louis Trintignant. El que quiera verla, que pulse el enlace.

domingo, 8 de mayo de 2016

ANDA Y CALLA


Si no sabes qué decir al entregar el ticket, habla del tiempo.
Paul Auster




Me dirigí hacía la Gran Vía, un rodeo excesivo para volver a casa. Si me cansaba pronto, siempre me quedaba la opción de coger un autobús. Pero cuando caminas pensando no son los pies quienes te llevan, suele ser otra cosa distinta, por eso no sabes bien si el paso es calmo o si vas más deprisa de lo habitual. Te cruzas con personas a las que no ves, porque tus ojos solo sirven para no terminar bajo las ruedas de un camión, pero para poco más. Lo que ves, a lo que pones palabras, está dentro de ti. Al llegar a Universidad giré.  Miré el reloj, había tardado menos de quince minutos en llegar hasta allí, demasiado poco para tanto trecho. Una prisa patética, si lo pensaba bien, porque no había necesidad alguna. Busqué en el bolsillo, encontré un caramelo de regaliz que debía llevar ahí desde principios del invierno, me lo puse en la boca y chupé. No ha muerto y esa es una gran noticia. El paso se volvió lento por sí solo, como la respiración que nos mantienen vivos. Nada ha cambiado, al menos entre Gran Vía y Viladomat.  Anda y calla.




miércoles, 4 de mayo de 2016

DE HÍGADOS Y ENTRAÑAS

Jamás le he vuelto a ver. Oh, sí, claro que lo he visto
en la televisión y en las fotos de los periódicos.
Raymond Carver



En el complejo funcionamiento del cerebro, al que adobamos con años de actitudes aprehendidas, de revoluciones que remueven las entrañas, de gestos que repetimos hasta la saciedad, se producen choques que lo dejan hecho fosfatina. Y de ahí, bajando en una pendiente sin final, hasta el hígado que acaba terriblemente perjudicado. Dicen algunos, creo que los chinos, que es ahí, en el hígado, donde se sitúan las emociones. Es entre ese tejemaneje que se llevan los órganos vitales en el que nacen las preguntas sobre la lealtad, la  confianza, y su voluntario quebranto. El saber provoca dudas y confusión, e incluso la nefasta necesidad de airearlo. Pero algunas revelaciones necesitan mantenerse alejadas de lo público, de lo mundano, sobre todo cuando la necesidad de reserva no encierra mala fe, si así se evitan efectos perversos. El ser humano puede sentirse incómodo conociendo, y frente a esa situación se bambolea la pregunta sobre el alcance del mal que pueden provocar algunas indiscreciones. Guardar silencio no siempre es fácil, distraer el pensamiento para hacer lo que se debe, no lo que se quiere, provoca dolor de cabeza y deja el hígado hecho trizas, salvo que uno sea un verdadero hijo del demonio.



sábado, 30 de abril de 2016

VERMUTH


"Aprecio la ironía, pero cuando viene cargada
 de veneno, trae aparejada algo más, frustración"
La juventud



No sabía como empezar y he buscado una frase cualquiera, al azar, en el libro que estoy leyendo y doy con:“a mí...si dijeran que me queda un año de vida, apuesto a que me tiraría al mar, zanjaría el asunto en un mes”. ¡Pues vaya!, pienso, y como hace apenas un par de hora que he estado en el cine, me digo que antes de tirarme al mar y morir de una forma terrible y angustíosa, sacaría una entrada, buscaría una buena butaca, me tragaría una caja o dos de algún potingue que me adormeciera y lo pasaría ensimismándome con la pantalla y en compañía de una botella de algo rico, tal vez un buen vermuth, que me ayudara a poner el punto final sin hacer demasiado ruido.

Este fin de semana dispongo de todas y cada una de las horas del día, y pese a que la mañana se ha levantado fría, las calles, son mías. Sin tiempos, sin prisas, sin obligaciones de intendencias que aparco hasta el lunes a la hora que sea posible, aunque sé que me pesará. Leo en la cafetería de siempre y un café, dos, e incluso un tercero después, decido que esta tarde, aunque me pueda la pereza insana de los sábados, iré al cine. Aunque llueva, aunque truene, y aunque juré que le esperaría para hacer una nueva visita a Sorrentino. Son las ocho, empieza a oscurecer y el corazón me bombea raro. Le escribo un mensaje para recordarle que nosotros, como dice uno de los protagonistas de la película, tampoco estamos preparados para todo, pero que, precisamente porque nadie lo está, no debemos preocuparnos, ni siquiera del vermuth. Me devuelve una cara sonriente y una flor que parece un churro, pero que es mía, hoy y desde hace mil. Que será mía mientras dure la batería, la nuestra.








domingo, 24 de abril de 2016

LA LLUVIA

A veces me pregunto si los suicidios no son de hecho
 guardianes tristes del sentido de la vida.
Vaclav Havel



Había estado lloviendo toda la noche. Al amanecer los separaron, los hombres a un lado y las mujeres al otro. Los niños quedaron dentro del edificio. Desde fuera, se podía oír el llanto de los más pequeños. Nada podían hacer. En el patio la actividad era feroz y el ruido amartillado de la reconstrucción del puente que unía las dos orillas del pueblo, ocultaba las respiraciones entrecortadas que se escapaban de las dos filas que miraban cada una de ellas a una pared distinta. Les entregaron unas palas y caminaron despacio. Les azuzaron con golpes para que no dejaran cavaran. Un viejo cayó de rodillas y ya no se levantó, una culata se encargó de abrirle la cabeza en dos. Cavar sin parar. Dos horas después, a sus pies, quedó una fosa tan larga como la fila que habían formado. Fue el miedo, y no la voluntad, la que consiguió no desarmarla. El tiempo aguantaría poco y nadie quería más agua. A mediodía, el sol seguía oculto. Por la cara de ellos corría el sudor y el barro, por la de ellas las lágrimas, y por las de ambos un miedo tan antiguo como la humanidad. Los colocaron, uno a uno, frente al agujero y, uno a uno, sin ninguna conmiseración, fueron recibiendo un disparo en la nuca. Aquel agujero se fue llenando de cuerpos desmadejados, siguiendo el orden mortal de una fila que se había formado horas antes. La precisión de la muerte no dejó ni un solo cuerpo a la vista. Entre el terror y la arcada aquellas mujeres, siguiendo el orden de su propia fila y con las palas que la aguardaban clavadas en el montículo fangoso, enterraron a sus hombres, sin saber que el más grande de los horrores les esperaba tras las puertas del edificio en el que, ahora ya, reinaba un silencio absoluto.






martes, 19 de abril de 2016

CORRER TRAS EL AIRE


La idea de felicidad es inseparable de la de jardín.
E. Cioran



Algunos afirman que la primera despedida es siempre la más dolorosa, pero no estoy de acuerdo. Es posible que la primera sea la que más desconcierta, la que más descoloca. Solo eso. La aparente magnificencia del drama la marca la falta de experiencia, lo enorme que parece todo cuando no se tienen, porque aún no hay edad para ello, nada con lo que comparar lo que sucede. Pero son las venideras, las perdidas que van llegando con los años, las que nos van labrando el lado más gris, las aristas que cubrimos con la cotidianidad para que no se noten en exceso. Es el menoscabo que llega, como una visita molesta, sentándose en el sillón de tu casa sin que consigas que se marche. Y al final todo se acaba convirtiendo en una suerte de nostalgia que, a veces, impide respirar. Nada frena el ir y venir de los sucesos, de la gente que llega y se va. Y en medio de ese movimiento que no cesa nunca, miles de efectos que golpean la razón y el ánimo porque, contrariamente a lo que pueda parecer, los años no engendra un callo lo suficientemente duro que amortigüe los envites de la vida. Las perdidas jamás dejan de serlo, ni de ser sentidas, solo se van disfrazando. 
Recorremos la vida escondiendo debajo de nuestra propia alfombra sus sinsabores, las desapariciones, las perdidas que nos duelen, y así vamos pasando los días, poniendo la mejor cara que la vida, mal que bien, nos va dejando. 


sábado, 16 de abril de 2016

OJO MÁS OJO


Lo maravilloso de la infancia es que cualquier cosa es en ella una maravilla. 
Gilbert Keith Chesterton



Empecé a llevar gafas a los seis años. Cuando pude escapar al control de unos padres obsesionados con la cuestión de la vista, me las quitaba, las olvidaba en cualquier sitio y finalmente aparecían en los lugares más variopintos. Opte por las lentes de contacto. Un solo ojo parapetado tras ella y, de golpe, una visión más nítida, aunque solo fuera por fuera. Solo una, no necesitaba la otra, para completar las imperfecciones de este cuerpo asimétrico. Un ojo ciego y el otro más avispado, y la solución solo para uno de ellos, como los antiguos nobles de monóculo aunque sin sangre azul. Pero el tiempo no pasa en balde y aquella extravagancia del parche en el ojo con un dibujo que mi hermana imprimía con fuerza apretando sus “Carioca” contra aquel pegadizo transpirable, ha traído a mi vida las lentes progresivas como un salvavidas al trasiego de visión con el que me entretengo en los últimos tiempos.  Ahora ya solo me falta que la próxima semana me confirmen que los dolores de cabeza solo eran cosa de cristales y giros de cabeza. Cruzo los dedos. He perdido en vista y he ganado en perspectiva, con ello me consuelo.