miércoles, 22 de abril de 2015

GOMINOLAS


¿Qué tal? -Me pregunta en el ascensor.- Bien, nada especial
Iñaki Uriarte


Hace unos días fui a la farmacia, me subí a la báscula y tras comprobar el éxito de la dieta llevada a cabo durante las últimas semanas, me acerqué al mostrador, pedí un frasco de valerianas y una bolsa de gominolas. Antes de llegar a la esquina de casa, a unas dos manzanas, ya no quedaba ni uno solo de los dulces. Empecé con las píldoras, dos de golpe y la paz celestial en camino, aunque el olor a mierda, porque así huele la valeriana, me acompañó hasta llegar al portal. El gato salió a recibirme, como siempre. Al acariciarle me soltó mordisco rabioso como si la mano que fuera del mismo diablo, cosas de la valeriana también, o de que hay días que son así: de sonrisas y lágrimas, de dulce y boñiga.




lunes, 20 de abril de 2015

RESPIRAR


No te llamo para nada, solo para charlar
Anita Noire


Vuelve a sentir el pinchazo y automáticamente se lleva la mano a la cabeza.  Como sabe cómo pincha lo que no debería de pinchar, respira y piensa que debe poner orden en los armarios. Éste no es el mejor momento para que nada picotee por arriba. Por fin tiene una cita y hora con la Notaría. Lo primero es primario y lo segundo principal. Cambiar la penúltima voluntad no es cualquier cosa aunque al final resulte que tu última voluntad (esa que creíste penúltima en lo esencial) se la acaben pasando por el arco de triunfo todos los que vienen detrás.  Ha encargado que pinten su casa y, aunque lo mantiene en secreto, se quiere ir de viaje antes de que termine esta tibia primavera. Así que se rasca la cabeza, arriba y abajo, mientras coloca bajo la lengua un analgésico que no va a hacer nada pero que amagará momentáneamente el pantano que crece, a su aire, sin ningún respeto, por algún lugar de su cabeza. 




domingo, 19 de abril de 2015

EUROPA-EUROPA


Nosotros no coligamos Estados, nosotros unimos personas.
Jean Monnet


Algunos pudieran considerarme una europeísta convencida y ciertamente lo soy. Algo de culpa tiene Jean Monnet y los años rondando una Cátedra recién creada que concentraba a unos cuantos raros, entre ellos, la que suscribe. La idea de una Europa global y unida, bajo el gobierno de todos y para todos, fue algo que siempre consideré esencial. Algo que en estos momentos de desconcierto político es absolutamente fundamental sobre todo cuando algunos nacionalismos trasnochados pretenden la imposición de su carácter excluyente. Pero algo le falla a aquella Europa que los románticos imaginábamos. Mi primera decepción vino con la tibia intervención europea en la guerra de la antigua Yugoslavia. Y aunque a día de hoy las cosas se siguen haciendo regular, la unión y cooperación entre Estados es más necesaria que nunca. Es una cuestión de seguridad, de supervivencia económica, de la posibilidad de intervenir en todas aquellas cuestiones que van a influir en la vida de las personas con las que convivimos para mejorar su calidad, de garantizar los derechos no solo humanos sino también fundamentales de sus ciudadanos, y de trabajar por la extensión internacional de esas garantías. Cuanto más grande sea la participación de Estados en las instituciones comunes más cerca estaremos de conseguir no solo la paz para sus gentes sino también su bienestar, aunque a veces no lo parezca.


viernes, 17 de abril de 2015

ALIVE AND KICKING O ACUMULARÁS COMO ESTÁ ESCRITO




Acumular riquezas proporciona gran zozobra.
 Horacio


En la sociedad del consumo multiplicamos por mil las cosas que estamos dispuestos a comprar, intercambiar, a hacerlas nuestras por el simple placer de tenerlas, aun sabiendo que no las necesitamos, no nos sirven para nada o simplemente no sabremos apreciarlas ni sacarles todo el jugo que puede ofrecer. Somos capaces de perseguirlas de un modo casi obsesivo hasta que las conseguimos, o cuando la disponibilidad puede ser inmediata podemos dejarnos llevar por el afán acumulativo y sumarla a nuestro patrimonio en menos que chista una tarjeta de crédito. Todo se compra y todo se vende y no hay mayor frustración que no alcanzar lo que se pretende, aunque se sepa que una vez conseguido, aquel objeto preciado, puede perder todo interés y pasar a formar parte de los trastos que uno va acumulando a lo largo de su vida.

A principios de semana, los periódicos gratuitos abrían portada con la noticia “Tiene 65 años, 13 hijos y 7 nietos …y espera cuatrillizos”la información en las páginas interiores seguía con “Se sometió a varios tratamientos de fertilidad para dar un hermanito a su último retoño que ahora tiene 9 años”. Sin palabras.

Vivimos en la sociedad del consumo, de personas también, no nos engañemos. Es absolutamente inquietante la frivolidad con la que nos manejamos con algunas cosas,  la anterior noticia no deja de ser una muestra más. La satisfacción del capricho, en este caso, es mucho más cerril por lo insensato del acto, no solo por la mujer que (perdido el juicio, no de otra manera se puede entender que alguien pretenda ser madre a los 65 años para dejarlos huérfanos en menos de 15 años –si la cosa va bien-, por no entrar en muchas otras cuestiones sobre la educación, la salud, el cuidado, etc.), decide someterse a un tratamiento de fertilidad en un momento de su vida en la que el cuerpo y la cabeza ya no acompaña, sino la absoluta necedad e irresponsabilidad de los profesionales (por llamarlos algo),  por dinero, no por otra cosa, utilizan a la ciencia  para satisfacer las extravagancias de quien puede pagarlas. En este caso, más de uno y más de dos olvidan que, de llegar al final la superficial gestación, darán lugar al nacimiento de una, dos o incluso hasta cuatro personas.

El tener hijos ha entrado en el mercado y ya pueden comprase sin ningún rubor y con todo el amparo de una legalidad que no estuvo pensada en ningún caso para satisfacer delirios y mercantilizaciones como la que ahora vemos. Habrá que esperar que estos niños, si llegan a nacer, no acaben llenos de polvo, como un trofeo cualquiera.


martes, 14 de abril de 2015

TUS PASOS DESNUDOS


Nunca hay que dejarse dominar, incluso cuando crees que el otro sabe lo que más te conviene.
Paul Auster


La vida le había puesto en la tesitura de tener que escoger entre hacer lo que quería o hacer lo que debía, decía. Recuerdo la última vez que nos vimos. Era noviembre. Como en una mala película, nos despedimos bajo la luz escarchada de una farola con un leve beso y un “que tengas suerte”.

Caminé escuchando el sonido de mis pasos para acallar los gemidos de un juicio endiablado y aceleré para que resonaran con insistencia en una noche muda. Conté los tres mil quinientos sesenta y tres pasos que separaban aquella esquina del garaje en el que había dejado el coche, y memoricé cada uno de los gestos hechos desde que le dejé caminando en sentido contrario al mío. Así es la vida, elegir y apropiarse de las elecciones que otro hace por ti, inapelables, mil veces malditas.
Una película acuosa cubría el asfalto y las luces de los faros proyectaban frente a mí, sombríos espectros en una noche calma que había dejado de existir para convertirse en el principio de la nada.

Escoger entre el querer y el deber. Una disculpa para justificar el miedo a un mañana incierto. Al llegar a casa, borré cualquier vestigio de su existencia. Vacié el armario, su estante, tiré su almohada, y mientras llenaba una bolsa de plástico con las pocas cosas que conformaban su rutina conmigo, abracé por última vez su efímera existencia. El olor a almizcle llenó la estancia durante semanas.

***

"Podemos tomar un café o pasear si quiere. Esta es una ciudad impresionante", dijo sin demasiado convencimiento. Su pereza en el trato me permitió despedirla hasta la mañana siguiente. Daría una vuelta por la ciudad, intentaría descubrir algo para contar cuando volviera a casa. Su cara de alivio, de casi agradecimiento, me divirtió. La despedí encajando su mano menuda y sentí el peso de los años.

Caminé dejando que fueran los pies quienes escogieran el camino. Cuando se pierde la prisa, cuando nadie espera, cualquier lugar es bueno. El Stare Mesto, con su infinita nostalgia, me entregó unas calles de bruma serena, de recuerdos lejanos.  Escribir sobre el fracaso, sobre la nada, como si la nada fuera algo excepcional y no el resultado del común de nuestras vidas. ¿Para qué estaba allí? ¿Por qué allí?

Al llegar a Parizska, una tristeza desconocida cobró forma. Puede percibir una presencia invisible que me condujo al viejo cementerio judío. Caminé por el pasado, sobrecogido, evocando el recuerdo de un ayer que casi no fue. Pude percibir que la lluvia que empezaba a caer traía con ella un penetrante olor a almizcle que me recordó que mi vida era infinita, que todo silencio tiende a romperse y que yo debía volver, desandar los tres mil quinientos sesenta y tres pasos que dejamos atrás.

***

Tus pasos,
por el silencio creados,
avanzan santa, lentamente,
hacia el lecho de mi impaciente vigilar,
fríos, callados.

Queridos,
adorados pasos mudos,
que sin oír mis ansias adivinan,
¡Qué regalos celestes se encaminan
hacia mi lecho
en unos pies desnudos.

Si, para mi sueño obseso,
tu bocas haces avanzar
yo preparo el paladar
al alimento de un beso.

No lo apresures,
ten calma,
dulzura de ser no siendo,
que de esperar voy viviendo
y son tus pasos mi alma. 
-Paul Valéry-



domingo, 12 de abril de 2015

IMBORRABLE


La vitalidad se revela no solamente en la capacidad de persistir sino en la de volver a empezar.
Francis Scott Fitzgerald



Recibir la noticia del suicidio de alguien cercano es una de las más impactantes que se pueden recibir. Con la noticia, y el inicial desconcierto, se inician toda una serie de preguntas que pocas veces obtendrán respuestas. El vacío y el sentimiento de culpa campa a sus anchas y la sensación de que tal vez algo más se pudo hacer quedan suspendidos en el aire transformándolo en algo denso, pegajoso y casi irrespirable.  Un diagnóstico médico no consuela, sino todo lo contrario. Los problemas de los demás acostumbran a parecer manejables cuando es otro el que los sostiene, y es así porque el escenario en el que ese tercero se mueve casi siempre está trucado por la distancia. Por eso, aunque se le de mil vueltas a aquellas frases pronunciadas en los últimos tiempos;  aunque se intente desgranar cada segundo compartido buscando alguna señal secreta (que nunca aparece) que de algún sentido al desenlace, nada explica la tragedia que queda para aquel que sigue viviendo, estupefacto, a veces inconsciente, el derrumbe personal de otro. Porque la desventura no es para quien se quita la vida (a esa ya le puso un fin premeditado su propietario), sino para todos aquellos que quedan dando vueltas a un final que casi siempre se muestra incomprensible e imborrable.









sábado, 11 de abril de 2015

VOLTEAR


Los tentadores labios demasiado carnosos pueden crecer en las profundidades del cerebro 
como una vagina doble, trayendo aparejada la enfermedad más difícil de la carne: la melancolía.

Henry Miller



Con tu caminar, flojo, vas dejando un rastro de indiferencia que me arroja a una pesadumbre que me consume de impaciencia. Pero, a la vez, esa indolencia tuya me incapacita y me aleja cada vez más de ti. Ya no hay nada seguro. El suelo tiembla bajo los pies y cada mañana que llega es como el reestreno de una película vieja de la que ya conocemos el final. Perdí la prudencia mientras tú perdiste las ganas y me convertí en un ser inútil, torpe, que quedó al descubierto a cada paso que daba. Y aunque te empujé con cierta brusquedad intencionada, para provocar aunque fuera una queja, un reproche, tu mirada seguía pérdida y solo te escuchaba respirar. Me avergüenzo y busco entre compañías poco adecuadas un poco de la vida que me robaste. Me pregunto en qué momento dejamos de entendernos, de buscarnos, de querernos. Quisiera poder alquilar un poco del pasado, defender la frivolidad del afecto de dos locos enredados entre existencias complicadas, pero la codicia y el pánico se mezclan y me paralizan. No hay salida. Son tus gemidos sordos, disciplinados, los que me aparatan cada vez mas, y de lejos, sin verte, te imagino volteando un café que hace horas se enfrió sin encontrar la señal que esperas.




miércoles, 8 de abril de 2015

EJEMPLARIDAD O COMO TIRAR DE LA CADENA DEL WC SIN HACER RUIDO


A menudo los grandes son desconocidos o peor, mal conocidos.
Thomas Carlyle


Cada uno se busca las habichuelas como puede. Cada uno merece o desmerece lo que hace en función de la profesionalidad, el oficio, las ganas y la maestría que tiene. Y es evidente que algunos, en esa voluntad por destacar o simplemente por sobrevivir, son capaces de cualquier cosa, arrasen con lo que arrasen. No les duelen prendas en asumir las rienda de una concejalía municipal, adentrarse en una casa vigilada por el ojo de los telespectadores que todo lo ve o, incluso, escribir un libro.




Está claro que el hambre puede con todo, y cuando me refiero al hambre no me refiero a esa que se genera en el hipotálamo. Esa, mal que peor, suele aplacarse incluso con un vaso de agua o un trozo de pan, si queremos ponernos melodramáticos.  Lo más triste de todo esto, no es que una señora o un señor se dediquen  a hacer de su capa un sayo, sino que esta clase de personajes que la única bondad demostrada es que igual son capaces de planchar un huevo que de freír una corbata, se erijan en referentes de alguna cosa y se les continúe dando coba mientras soportamos su chabacanería, su estupidez, su ignorancia sin límites y, en muchos casos, su falta de catadura moral. Así lo pienso, pete a quien le pete.

lunes, 6 de abril de 2015

INTIMIDAD


"Esta es la noche más triste, porque me marcho y no volveré. Mañana por la mañana, cuando la mujer con la que he convivido durante seis años se haya ido a trabajar en su bicicleta y nuestros hijos estén en el parque jugando con su pelota, meteré unas cuantas cosas en la maleta, saldré discretamente de casa, esperando que nadie me vea, y tomaré el metro para irme al apartamento de Víctor"

Hanif Kurishi


Cuando creías que ya estaba todo hecho, mirando desde el balcón que la vida puso a tu disposición, empezaste a ver que aquel “familia, sindicato y municipio” que tanto cuestionaste en el pasado se había convertido en la pesada cruz con la que te movías por la vida. Tú, tan de izquierdas, tan rotundo y ahora tan corriente. Empezaste a dormir en el sofá porque decías que el insomnio que sufrías se expandía por las sábanas y, sin querer, se acabaría convirtiendo en un virus que no solo te mataría a ti sino también a ella. Pero la verdad era que, en los últimos meses, las noches se habían poblado de su mano sujetando un cigarrillo, de sus mano acariciándose la sien, de fantasmas que competían por colocarse uno por delante del otro, convirtiéndolas en una batalla campal de alucinaciones que sólo se adormecían con las primeras luces del día. Empezaste a amanecer un poco más callado, hasta que ya no tuviste nada que decir y el pasado con el que venías sobreviviendo se derrumbó entre aplausos silenciosos. Ahora, pasado el tiempo, con nuevas reglas pero idénticos sacrificios, andas perplejo y pasas las noches fumando, consumido por el run-run de la nada, esperando que el sol salga otra vez y que alguien te ponga al descubierto una vida entera.


domingo, 5 de abril de 2015

EL JUEGO DE OTROS



Me alegro de que te alegres de que me alegre de que te alegres.


Docenas de manos coincidimos en la Terminal 2, frente al control de seguridad, manos que se agitan despidiéndose de los viajeros que se desprende de las botas, los cinturones y de cualquier atisbo de dignidad, todo por esas medidas de seguridad que deben garantizar un vuelo sin sobresaltos. La seguridad da risa, la verdad. 
Pero aquí unos y otros se dicen adiós y algunas de esas despedidas son maravillosas. Un tipo sobre los cincuenta, de prominente barriga y alopecia contumaz, estrecha entre sus brazos una cabellera rubia como la paja, de cintura joven y estrecha y, aunque él es un carcamal oxidado y ella una jovencísima ninfa venida del frío, no deja de ser conmovedor. El final del comunismo llevó a Rusia los bolsos de Chanel y a los españoles la posibilidad de fundir por las partes húmedas la frialdad de las tierras del norte.

Un cocker spaniel empieza a refregarse por mi pierna. Llamo la atención de su dueña que sostiene la correa floja y, después de mirarme con cara de asco, me ignora para seguir aleccionando a dos adolescentes que con la cabeza hacen gestos de asentimiento, aunque estoy segura que no la oyen porque, desde donde estoy, puedo escuchar a la perfección las canciones que suenan en sus Ipods. Las madres siempre han sido muy pesadas y siempre lo serán, es su naturaleza. Y el chucho, empeñado en sacarme brillo a las medias, sigue frotándose y de nada sirve que lo azuce, que le llame la atención a la madre pesada, ni que me cague en el perro, en su estampa y en el ayayay.  

Docenas de personas se amontonan para dar el último adiós. Mientras me bato en retirada, lo más rápido que me dejan los tacones (hoy solo estoy aquí por hacer un favor que ni me va ni me viene), concluyo que los aeropuertos son un mundo del que a mí sólo me gusta partir y rapidito.