lunes, 29 de junio de 2015

HIMALAYA


«Sartre dijo que la libertad no vale nada a no ser que se haga uso de ella».
Richard Ford


En la teoría del caos doméstico, el comedero del gato está frente al televisor, el portátil (que amenaza con dejar de estar operativo en breve) sobre la encimera de la cocina y mis libros, con los que preparo el ascenso al Himalaya de la esclavitud, sobre el mármol del baño. Un par de zapatillas aparecen bajo la mesa del comedor y maldigo el lujo de poder esparcir las cosas sin orden ni concierto. Mantener el orden es una muestra de equilibrio, una medida de protección que he abandonado porque puedo.

El ordenador me avisa de que acabo de abrir una sesión desde no sé qué sistema operativo que al parecer no le gusta. Sobre la mesa el teléfono, vacío de programas perturbadores que me desquician a ratos sí y a ratos también, y las gafas sucias. Una revista vieja, un botellín de agua rellenado de té en polvo y una pinza para el pelo. Empiezo de cero, aunque el cero dejó de existir con la primera letra que pulsé intentando encontrar algo detrás de ella.
Buscas y busco. Y mientras, sin demasiado convencimiento, intento limpiar la desazón que me produce que las cosas no sean un poco más sencillas. Encuentro la carta que Grace debía enviar a John y que quedó enterrada bajo el peso de un montón de facturas impagadas. Una bandada de gansos se abre en una uve extraordinaria y el cielo, turbio como el día, parece abrirse como una baya seca. 


domingo, 28 de junio de 2015

REPITA: TREINTA Y TRES



<<Había cesado el ruido de las excavadoras y se oían las voces de los obreros despidiéndose entre sí. Desde hacía mucho rato el sol caliente se colaba entre las rendijas de las persianas; eran listones de luz horizontales que encendían el polvo, cada vez más, hasta que de pronto, como por efecto de una chispa, toda la habitación fue un gran incendio rosado y fosforescente.>> 
Juan Marsé



Existen personas que ilusionan lo mismo que hay proyectos que entusiasman. Pero todo eso, la ilusión, el entusiasmo, tiene un recorrido muy corto si después de las primeras andanadas no hay novedad que lo mantenga y nos haga venirnos arriba. Estos días confusos en lo general y, porque no reconocerlo, también en lo particular, intento observar las cosas desde la distancia y no pronunciarme demasiado sobre nada. La información se contamina de manera continuada generando un gran desconcierto. La contradicción entre lo dicho y lo hecho, entre lo prometido y lo ejecutado, entre los hemiciclos y los baños solitarios, no deja de ser muy sorprendente para algunos. Quiero creer que existen ideas y proyectos maravillosos y que algún día, cuando alguien se decida llevarlos a cabo de verdad, lo hará contra viento y marea. Que los valientes ganarán la partida; que lo pusilánimes quedarán arrinconados; y que los que ofrecieron la tierra prometida, entregando estiércol envenenado, quedarán relegados a la nada.

La vida es intensa y febril. Llena de aventuras que se libran, muchas veces, en la duermevela de gente que espera que mañana sea mejor que ayer, aunque al levantarse, al día siguiente, se encuentren que nada fue como esperaban. Aun así, hay cosas, proyectos, personas, por las que cualquiera, sin estar demasiado loco, puede plantearse que si le dicen ven, se vaya dejándolo todo sin guardarse ningún comodín.






viernes, 26 de junio de 2015

PERPLEJA



Ciencia sin seso, locura doble.
Baltasar Gracian


En algunas ocasiones me deja perpleja la cantidad de conocimientos de algunos. Una reunión cualquiera y cientos de comentarios traídos al pelo sobre lo que sea. Da igual que la tertulia verse sobre la capacitad de flotación de un submarino de la segunda guerra mundial, que del maridaje de algunas uvas para la elaboración de excelentes caldos, que de la últimas novedades en la física cuántica. Todos sabemos de todo, y el que no pues se lo inventa y no pasa nada. El rigor es algo que ya no se estila. Y no seré yo quien diga que no he pecado de meter la pata por un exceso de laxitud de lengua, incluso de mano. Las pruebas existen, no reniego de ellas, por eso mismo a veces me dejo perpleja.



domingo, 21 de junio de 2015

VERANO




<<Tornarem a la perduda intimitat
i als vells llibres de sempre,
com qui torna de nou a la casa del pare,
una mica menys purs
però qui sap si una mica més dòcils al missatge>>

Miquel Martí i Pol



Ya es oficial, ha empezado al verano. Los fines de semana, antes de que el asfalto se convierta en algo pastoso, la ciudad se desplaza hacia el sur para sobrellevar el calor acuoso que trae consigo el final del mes de junio y la calima mediterránea. Nos disfrazamos con chanclas de goma, bermudas y con caftanes de algo que simula ser seda de Madrás, nos vamos a la playa. Atravesamos la ciudad de norte a sur, de oeste a este y al final desembocamos entre la marea humana que transita entre el Port Vell y la urbanita Mar bella. Más bella que nunca y más mar que otras veces. La Barceloneta se convierte en el punto de encuentro entre los que acaban de levantarse y los que están a punto de acostarse porque la arena se convierte en tumbona para muchos y en cama improvisada para otros tantos; en el punto de encuentro de lenguas diversas y en la mezcla sabrosona de mojitos y sangrías de garrafón que parecen llegados de Agra o de Jaipur. Barcelona, en verano, es como un encuentro de las Naciones Unidas y su mar, un jacuzzi venerado y venerable en el que lo mismo cabe una anciana relumbrona de la calle Almirall Aixada, que un ingeniero despistado de Letonia, que un estudiante casi albino de Liverpool, que una señora de Berga en plena explosión de silicona.

Y aunque el sol calienta a rabiar, corre una brisa deliciosa. Hoy más de uno, más de dos y más de tres, se llevará en la piel las huellas de un domingo abrasador y el recuerdo de un mar, por suerte, limpio, más que agradable, como si los encargados de los chiringuitos fueran aderezándolo con unos cuantos hielos para que se mantenga fresco mientras vamos llegando los rezagados del día.
Sestear a la orilla del mar, cada uno en lo suyo o en la bendita comandita de la buena compañía, en una  playa que a veces es nuestra y otras veces no. Porque Barcelona es así, todo te lo da y todo te lo quita.






jueves, 18 de junio de 2015

DIARIO 2.0




La derrota tiene algo positivo: nunca es definitiva. 
En cambio, la victoria tiene algo negativo: jamás es definitiva.
José Saramago


Queremos ser escrupulosos, exquisitos, en el trazado de las líneas que separan lo bueno de lo malo, lo correcto de lo incorrecto, pero la vida cotidiana nos puede y nos convierte en fieras ciegas que arremeten a tientas para que la cabeza sobresalga y se nos permita respirar. Ahí se pierde casi todo, en la necesidad.



martes, 16 de junio de 2015

DIARIO 2.0


«Are you back in my life to stay
or is it just for today
oh that you're gonna need me?
if it's a thrill you're looking for
honey, i'm flexible. oh, yeah.
just be for real won't you, baby
be for real oh, baby»



En la época de la tecnología universal, cada vez que muere un personaje conocido, la red se llena de lamentos profundos y sentidos que la convierten en una plañidera digital, tan falsa y efímera como aquellas matronas que se disfrazaban para verter unas cuantas lágrimas ante el féretro de un difunto que no les importaba nada. La catarsis del lamento colectivo es algo propio de estos tiempos en los que somos capaces de olvidar al que tenemos a nuestro lado y mostrar una gran conmoción por asuntos que no dejan de ser anécdotas de un día cualquiera. Es la poesía de la red, tan breve, tan liviana, tan absurda. 





miércoles, 10 de junio de 2015

DIARIO 2.0



«¿Parecemos el tipo de individuos que entrarían en un campamento en la noche, 
a hurtadillas, a anestesiar a alguien, amputarle una pierna y llevársela?»
Monty Phyton



Un pequeño accidente doméstico acaba con una sangría en la pica de la cocina. Y aunque la sangre es mía y no llegará al río, se me va la cabeza pensando que no hay dolor en la lesión sino la inquietud de lo que llega de un modo inesperado y rompe con la normalidad. Un vaso menos y casi dos dedos también, meñique y anular. Nadie dijo que el despiste y la fragilidad del cristal “Made in China” no fuera un buen modo de acabar con lo superfluo. Recojo como puedo, envuelvo la mano en una toalla y me voy al ambulatorio. Por el camino pienso que necesito, no dos vida, como decía aquel, sino tres: una para vivirla como pueda, otra para perderla como quiera y otra para sortearla entre quien me dé la gana. Unas tiras de puntos de sutura y a correr. Es la imposibilidad de la pausa.



domingo, 7 de junio de 2015

QUERIDA GRACE



«La mayor parte de la gente, una vez que alcanza determinada edad, se enfrenta día tras día 
con la idea de plenitud y se aferra a todas las cosas que una vez formaron parte de ellos,
 como un modo de mantener la ilusión de que están plenamente presentes en la vida.»
Richard Ford


Querida Grace:

He recibido tu carta, y aunque me dices que estás en Marte, sé que en realidad estás en el centro de Venus. Que estás a punto de arrancarte los cabellos, de devorarte las uñas y de hacer un ofrecimiento a los dioses para que el irremediable dolor que te produjo su marcha ceda un poco. Pero como te empeñas en hablar de Gaza, sin entrar en los pormenores de la última estampida de John, te diré que los peores muros no son siempre los de piedra, aunque esos te conviertan la vida en recorrido de muy pocos kilómetros. Piénsalo bien, Grace ¿Cuántas veces vas más allá de Bakery Place? ¿Cuántas veces en tu vida has cruzado al otro lado del Hudson? Puedes hacerlo, nada te lo impide y en eso consiste tu libertad, en saber que en cualquier momento puedes coger el ferry y sentarte en el Café de Emma, tomarte un chocolate hirviendo y escuchar las sirenas de los barcos que van y vienen. Esa es la verdadera diferencia en lo fundamental.
Me preguntas sobre la posibilidad de que apartemos el papel y continuemos esta relación epistolar por medios más modernos. A estas alturas, la pregunta no me sorprende, como tampoco debería sorprenderte a ti la respuesta.  Cada una de las palabras que trazo sobre el papel ha sido escogida para ti y me gusta pensar que cuando camino buscando un buzón, a veces el más lejano que soy capaz de encontrar en este barrio, es un esfuerzo que personaliza más, si cabe, las cosas que te cuento. ¿Acaso no te parece maravillosa la dedicación que cada uno de nosotros pone para mantenernos en contacto? ¿Qué gracia tendría sentarme ante el ordenador, improvisar dos frases y lanzarlas sin ninguna energía más que la de pulsar un frío botón? No es la primera vez que, a medio camino, giro sobre mis pies para añadir cualquier cosa que creo que te puede interesar. Ahí está la gracia, podemos madurar lo que guardamos en el bolsillo antes de mandarlo a miles de kilómetros. Me aterra la inmediatez, la banalización de las relaciones y que el tiempo pase demasiado deprisa.

Me hago viejo y tú eres demasiado joven aún. Mañana salgo de viaje. Puede que sea divertido aunque nadie lo diría por lo mucho que refunfuña mi amada Helen mientras prepara las maletas. Sí, soy un anciano acomodaticio que se emplea poco en lo doméstico y demasiado en buscar las frases hechas que satisfagan a unos y a otros. El mundo se va a la mierda desde el inicio de los tiempos, Grace, pero mientras existan personas como tú, a salvo de locos como yo, dispuestas a levantarse cada día y a continuar viviendo, aunque nunca crucen el Atlántico en busca de falsas promesas que corren por el aire como una fuerte tensión nerviosa, aun habrá esperanza.

Querida Grace. Mañana yo salgo de viaje y tú deberías pensar en plantar aquellos bulbos de los que me hablaste en febrero. El buen tiempo llegará pronto y todo reverdecerá de nuevo, porque la vida siempre es así, aunque ahora sólo tengas tiempo para morderte las uñas y cuidar de los niños. El buen tiempo llega siempre, aunque a veces se retrase un poco. Eso es lo que debes recordar. No guardes otra cosa en la memoria, no sirve para nada.

Un abrazo.

John 



miércoles, 3 de junio de 2015

MI PATRIA



«¿Qué puede haber imprevisto para el que nada ha previsto?»
Paul Valéry



Durante más de veinte años ocupé la habitación que daba al salón, posiblemente la más pequeña, pero la que más luz tenía. El privilegio de encontrarse en mitad de unos y de otros, a merced de la soledad del que a veces se sabe excluido por arriba y por abajo, por ser demasiado pequeña o por ser demasiado mayor, concedía algunas prebendas. Millones de pasos dados en el escaso distribuidor que ordenaba las habitaciones que quedaban al otro lado de la cristalera del comedor. Colas en el baño a primera hora de la mañana que acababan en un revoltillo del que una no siempre salía airosa, litros de cola-cao en una cocina en la que, en dos mesas abatibles, nos distribuíamos legañoso por las mañanas y en plena euforia infantil por las tardes, bajo la batuta de una madre que a veces se desbordaba.
Los fines de semana, daba igual el tiempo que hiciera, los mayores ganaban espacio a costa de un patio que se convertía en una pista de circo que ofrecía a los vecinos de la manzana un espectáculo de críos que imagino que, en más de una ocasión, debió dejarles sin siesta. Las casas más próximas fueron murallas que nos protegían de una ciudad que escondía cien mil peligros a la vuelta cada equina. A fin de cuentas, en nuestro castillo habitaban tantas princesas como dedos hay en una mano. Allí pasé mi infancia, parte de mi juventud y aun hoy, cuando poco queda de todo aquello, voy con frecuencia porque mi madre sigue haciéndose fuerte en el castillo. 
Sin embargo, ahora, en mi propia medianía, la vida me devuelve a casa de unos padres de los que ya sólo quedan la mitad, y todo me resulta extraño. Las habitaciones, el patio, la cocina y el salón son solo las rémoras de un tiempo que existió y que a veces, sin quererlo, se va difuminando y solo deja el recuerdo de sensaciones que llegas a tocar con las puntas de unos dedos que andan ya encallecidos. Lo común y cercano se vuelve distante. Es extraño.

Decía Rilke que la verdadera patria del hombre es la infancia. A buen seguro que sí. Debe ser por eso que mientras voy de habitación en habitación, reconociendo algunos olores de antes, siento una cierta nostalgia que tal vez se parece a la del emigrante que un día salió de casa en busca de su propio futuro, ennobleciéndola en su memoria, y que al volver a su tierra chica apenas reconoce nada.



martes, 26 de mayo de 2015

MINNESOTA



Por supuesto que es posible amar a un ser humano si no lo conoces demasiado.
Charles Bukowski



Jimmy chascó la lengua y la viruta de tabaco que se le paseaba entre los dientes negruzcos acabó en su barriga. Al desperezarse le dolieron todos los huesos. No es que tuviera intención de hacer absolutamente nada, ni tan siquiera de salir de casa, hacía semanas que no pisaba la calle, pero de vez en cuando necesitaba desentumecerse en aquel caluroso mes de julio, estirar las piernas para que perdieran la forma del sillón en el que pasaba los días.
Sobre la mesa quedaban los restos de una cena, una cena que no era del día anterior, ni del otro. Por el hedor que pululaba por la habitación, bien pudieran ser los restos de la navidad pasada o tal vez de la anterior. Jimmy se rascó la entrepierna y maldijo aquel picor que no le había dejado dormir. Encendió el televisor y, sin darle tiempo a que las imágenes aparecieran nítidas, eructó intentando competir con la ferocidad del tornado que describía un presentador relamido y lechón. Tornado en Minnesota y en su panza también. Se rió entre los pocos dientes que le quedaban, volvió a rascarse, está vez con mayor fuerza, y pasó sus dedos a lo largo de la nariz como un perfumista experimentado. 
La próxima vez que Winona apareciera por allí, le haría fregar la cocina, le escupiría en la entrepierna en cuanto se la ofreciera y no le daría ni un solo centavo. Era una puta, vieja y sucia, aunque casi siempre estaba lo suficientemente borracha como para dejarse hacer cualquier cosa sin protestar. Pero no la volvería a meter en su cama, ahora se arrepentía de haberla dejado hacer. El picor le estaba matando. Se removió en la butaca para aliviarse un poco. Algo quedó atrapado entre los pliegues de sus muslos rollizos, algo que le producía un ligero cosquilleo y que no paró hasta que se dio un restregón que acabó con aquello que fuera que andaba vivo por ahí. Se tiró un pedo alargando la gresca como si se tratara de algún juego intestinal. El ruido amortiguó la voz del locutor que anunciaba el nuevo recuento de víctimas. Desde el sillón, recuerdo roñoso de algún anterior inquilino, Jimmy se desternillaba de risa y aventaba con la mano los restos de su maraña interior.