jueves, 18 de septiembre de 2014

HOLI



"Siempre es mejor que la gente hable cara a cara, con el corazón en la mano. 
De lo contrario acaban surgiendo malentendidos.
 Y los malentendidos, ¿Sabe?, son una fuente de infelicidad...” 




Cuando me preguntó si me vestí de amarillo, como el oro; o si lo había hecho de rojo, como la pasión, según apuntó; envueltos en un vendaval que hacía ondear la ropa tendida al sol, le contesté que mis pesares pocas veces se visten. No tengo espacio para banderas de colorín, no me interesan. La única batalla de colores que me pido es la de Holi.




martes, 16 de septiembre de 2014

SIN HACHE


Cuando alguien te da su confianza, siempre te quedas en deuda con él



El cambio de escenarios, en todos los ámbitos de la vida, supone un cierto desconcierto. Esta mañana, por motivos de organización familiar, el trabajo, el que me da de comer, se traslada a casa, a mi habitación propia. Y no es la primera vez y supongo que tampoco será la última aunque sea lo que menos me apetezca, porque por norma general, desde mi dulce hogar, salvo que necesidad apremie, el tiempo se reparte en algo más que lo que pone el plato en la mesa. Pero a veces las cosas se presentan así.
Hasta que he recolocado las montañitas de papel, he encendido el portátil, accedido al correo corporativo, repasado las llamadas del día, etc., creo que no han sido menos de veinte veces las que me he despistado mirando por la ventana, no menos de tres que me he acercado a la cocina y no menos de dos las que he ido a ver el estado del convaleciente Dalhman.

La vida rutinaria tiene  sus cosas y un cierto deje animoso que es difícil de despistar, un ritmo que cuando no lo tienes se echa de menos.  Esta mañana no ha habido café donde siempre, ni paseo en autobús, ni conversación previa sobre el psicodrama nacionalista en el que vivimos. Pero mi mesa, esa que utilizo para aquellas otras actividades que me llenan la vida, se disfraza de negro y acoge el pantanoso terreno laboral en el que me muevo en los últimos tiempos.


Ella Fizgerald de fondo y entre párrafo y párrafo, el bostezo perezoso de Dalham. El mundo que sigue y sin buscarla encuentro, entre papeles turbios y notas un tanto caducas,  la melancólica y desconcertante reflexión sobre el verbo “Echar”,  en el que lo primero que se echa es la “hache” y lo último, como casi siempre, “ el de menos”. 


jueves, 11 de septiembre de 2014

HUMO


“Estamos obligados a luchar enérgicamente contra todos
 los eventuales gérmenes de odio colectivo.”



Bajo un sol de campeonato, la gente espera pacientemente, en una cola que dobla la esquina, para comprar la mejor horchata en diez kilómetros a la redonda en uno de los poco establecimientos fabriles que ha rehuido la tentación de colocar veladores, pero en el que es posible llevarse una lecherita de plástico de oro blanco, como le llama mi padre. Los días de fiesta, cuando el calor aprieta y las terrazas de los bares languidecen bajo el influjo del sol naciente, en la  “Montserratina” siguen elaborando horchata.

Hoy es fiesta en Barcelona. La Diada. Un día especial sin duda. Estamos en un momento francamente extraño. Vivimos bajo la incertidumbre de qué va a pasar de aquí al 9N, fecha fijada para el referéndum en el que habrá que votar sobre la independencia de Cataluña y, sobre todo, qué es lo qué va a pasar después. En estos días las conversaciones acaban convergiendo en esta cuestión. Es un tema complicado, sobre todo porque los partidarios, no ya del referéndum, sino de la propia independencia (al menos con los que hablo yo, y no son pocos), ofrecen planteamientos desde la víscera. En estos casos, la discusión es complicada porque cuando el órgano  que se emplea para ello es el corazón o el hígado no hay razonamiento que lo pueda rebatir. 
Ahí es donde se ampara la esencia del nacionalismo, en la víscera pura. No he conseguido que ninguna de las personas que me hablan de la necesidad, de la voluntad, y de las ventajas de establecerse como Estado independiente me explique cómo, cuándo, por y para qué. Y eso es precisamente lo que los ciudadanos deberíamos poder escuchar de los que ahora nos ofrecen un mundo nuevo con luces de neón. Puede que si conociera las respuestas a estas preguntas, que quedan en el aire siempre que sale el tema a relucir, incluso me planteara la cuestión de una posible independencia de mi comunidad. Pero sólo encuentro argumentos históricos (que no son ciertos en la mayoría de casos), argumentos de expolio (evitando hablar de los de casa) y privación de derechos (que yo no he sufrido jamás). Fanfarria que enaltece la diferencia de unos frente a sus vecinos para sostener un planteamiento independentista vacío de contenido y de proyección al mañana.

Me cuesta pensar en una Cataluña independiente de España, pero el futuro será el que sea y a él nos haremos, porque no nos queda otra. Por eso esta tarde, mientras hacía cola frente a la mejor fábrica de horchata a este lado de la ciudad, viendo las camisetas amarillas y rojas que recorrían las aceras volviendo a casa desde la concentración nacionalista que se ha dado hoy en esta ciudad, he sentido algo parecido a la tristeza, y es así porque el humo ha conseguido dejarnos a unos cuantos, a unos muchos, fuera de juego y sin voz en nuestra propia casa.



lunes, 8 de septiembre de 2014

CORMORANES



Eramos yo y el mar. 
Y el mar estaba solo y solo yo.
Uno de los dos faltaba.


El último domingo de agosto disfrazó el atardecer de un rojo desmayado. La tarde, agotada, empezó a decaer mientras un velero desaparecía por la línea del horizonte buscando prolongar el final de un tiempo que se agotó en sí mismo.  Nada detiene el tiempo, ni el volar de los cormoranes que sobrevuelan el acantilado desde el que la vida se exhibe frente a los mortales. Conté con los dedos de la mano y se me nubló la cordura.

El tiempo transcurre de un modo fulminante y el recuerdo se transforma en algo tan difuso que el miedo al olvido enfría el sudor en una tarde de un bochorno atroz. Todo se agota. Y mañana, quizá mañana, mientras intentamos descubrir  quién es el anciano sorprendido que nos devuelve el espejo, el rojo de ese atardecer que un día vivimos nos consuele de todo lo que desapareció sin apenas dejar rastro. Evocar el pasado como una manera de volver a vivir. El ayer convertido en un momento intimo y personal donde todo se confunde y no existe más realidad que la construyes bajo la luz de un atardecer que solo ha desaparecido en el calendario.


domingo, 7 de septiembre de 2014

REFRANERO A TUTIPLÉN


Las olvidé porque todo se olvida; pero al acordarme de ellas, 
hallo más profunda la impresión que me causaron



Las historias de cuernos siempre han sido algo que ha interesado mucho. No es preciso que sean los de nadie famoso para que el personal se entusiasme al conocer que fulano o zutana, en un ardor guerrero de bajo vientre, un apasionamiento desmedido, o cualquier otra cosa que remueve las entrañas, ha coronado cual reno de Papa Noël a su, llamemos, pareja oficial. Sin embargo, un morbo extraño se genera cuando es una pareja de famosos los que se encuentran en esa embarazosa situación de infidelidades y una de las partes, despechada hasta decir basta, opta por ventilarlo todo a los cuatro vientos, como una especie de cruel venganza y desahogo, colocándose en la momentánea situación de víctima desgraciada y a la otra, en la de verdugo desalmado. En el caso de los famosos, si el tristemente cornamentado obtiene unos buenos réditos por ello, pues miel sobre hojuelas, que diría aquel.
Esta pasada semana, la ex primera Dama de Francia, Sra. Valerié Trierwieler, ha sacado al mercado un libro en el que pone a caer de un burro, personal y políticamente hablando, a su ex compañero sentimental François Hollande después de una ruptura bruñida al socaire de los romances del Presidente con una guapa y joven actriz de cine. Nada nuevo bajo el sol, el despecho, en ocasiones provoca estas cosas, odios y venganzas que con el tiempo se olvidan pero que momentáneamente colocan a ambas partes en la picota del cotilleo y la maledicencia.

El caso de Trierwieler, mujer ofendida y enfurecida, donde las haya, es de los más típicos. Poder llama a poder, ambición llama a ambición, y en este caso, el desplazamiento de quien se ha sentido irreemplazable provoca reacciones desmesuradas y a que nos cuestionemos incluso la inteligencia de quien se creyó especial por pescar lo que pescó, aun sabiendo lo que pescaba. La misma periodista, ahora tremendamente crítica con su ex amor, ocupó el corazón de Hollande (emparejado por entonces con Ségonolè Royal) del mismo modo por el que ahora, años más tarde, ha sido desplazada.  “Quien a hierro mata, a hierro muere”, los refranes existen por algo, y el bagaje personal de cada uno, su propio pasado, es ya una avanzacilla de cómo puede ser el futuro próximo.

No deja de ser curioso el nombre con el que la cariacontecida y enardecida Trierwieler, con el olor de la carne expuesta al gran público, ha bautizado a su criatura “Merci pour ce moment” ("Gracias por ese momento"), porque una, después de conocer el contenido del libro (gracias a las cientos de notas que aparecen en la prensa), no puede menos que pensar que el momento que agradece al Presidente no es el que con él vivió en el pasado, sino el momento de gloria que con esta venganza feota le va a proporcionar ahora durante semanas. Pero estas glorias son tan efímeras como los romances que antaño colocaron a sus protagonistas en las cotas del populismo de bragueta. Y es que mañana, cuando vuelva la calma y las braguetas se consuelen en nuevos ribazos, la gente sólo recordará lo en evidencia que se puso una mujer que no supo poner fin, con dignidad y señorío, a una relación que estaba tocada por sus partes más húmedas.

Se equivoca Trierwieler si cree que con ello va a perjudicar a Hollade. Francia es Francia, y los cuernos no son más que una anécdota, incluso graciosa para aquellos que son ajenos a la relación. Y en este momento, y mañana también, lo que va a quedar en el recuerdo, por un lado, es el retrato de la ahora denostada, como una mujer histérica, descontrolada, vengativa e incluso infantil que, como en la fábula de las uvas y la zorra, cuando no llega dice que están verdes (como si no lo supiera cuando se dedicó a intentar comérselas).  Y por otro lado, la de un tipo feo como un cazo, aparentemente soso, insustancial y variable (como aquella “donna” de la que decían era “mobile”), al que las mujeres se rifan pese a todo lo burdo y despreciable que algunas de las que pasaron a su vera dicen que es, y por el que, pese a ello, acaban poniéndose en evidencia como unas chonis cualquieras, por muy de Chanel que se vistan.


La infidelidad es tan antigua como la existencia del ser humano y eso, hoy en día, no tiene más trascendencia que la que tiene entre la propia pareja y su círculo más cercano.  Lo demás, letras para entretener. Y es que la ropa sucia, se lava en casa. Alguien debería regalarle a un refranero a Trierwieler y advertirla que la ambición mal llevada es muy chunga.



jueves, 4 de septiembre de 2014

MAXIMQUIET


Cada nueva esperanza que sentimos nos hace ver de manera distinta el pasado.


Tus historias convertidas en teorías y tu beso encendido son las pocas cosas que se encierran en el recuerdo que quedó sellado bajo el conocimiento de que no hay más mañana que el que ayer cerramos. Solo quedan bocas ordinarias que bostezan y tú, que rebuscas entre la hojarasca seca para poder prologar tu silencio, porque la garganta se te quedo seca mientras buscabas tristes excusas. 
Mañana es hoy, hoy ya es ayer y, entre tanto, tu respiración cansada.







martes, 2 de septiembre de 2014

DE INTERESES DIFUSOS


A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar,
pero el mar sería menos si le faltara una gota.


En la práctica totalidad de los ordenamientos jurídicos de lo que llamamos el "Primer Mundo" se contempla como uno de los principios generales del Derecho el del “interés del menor”. Y dicho principio, que todo el mundo menta pero nadie llena de contenido, es tan general que las discusiones que se suscitan sobre el mismo y sobre su alcance llenan kilos de papel que, casi siempre, acaban en pronunciamientos difusos que nada aclaran.

En todos los países de nuestro entorno, cualquier persona civilizada tiene claro que un niño tiene derecho a crecer y educarse en un ambiente sano, adecuado, respetuoso, con afecto, y a poder desarrollarse sin influencias perniciosas. Cualquier decisión que deba tomarse en relación a los niños debe de adoptarse teniendo en cuenta su interés, y no el de los adultos que les rodean. Es su interés, el de estar personitas en pleno desarrollo y de configuración de su personalidad, el que debe estar por encima de cualquier otra cosa, y la responsabilidad de que eso sea así recae, en primera instancia, en su familia, en concreto en sus padres. Ellos deben tomar las decisiones en nombre de su hijo menor, y deben hacerlo porque por capacidad, madurez, o incluso por imposibilidad legal, el niño no puede hacerlo por sí solo. Eso y no otra cosa es la responsabilidad parental.

Nadie dijo que tomar decisiones por y para otro fuera sencillo, y en el caso de los padres tampoco lo es. Como tampoco dijo nadie que los progenitores fueran seres perfectos, como tampoco lo son los ordenamientos jurídicos que se llenan la boca de principios generales de contenido difuso. Pero aun así, pese a la dificultad que pueda entrañar el ordenar la vida de otro ser que está en desarrollo y que depende de un tercero con el que puede tener intereses incluso opuestos, hay algo que está por encima de muchas cosas, y ese algo es el derecho a que los niños vivan en paz, tranquilos, sin desasosiegos que no les corresponden. Tienen su propio derecho a vivir de un modo digno, en un entorno en el que se les quiera, se les proteja, se preserve su vida, su integridad física y psíquica y, desde luego, su libertad.

No son pocas las ocasiones en las que los adultos escamoteamos mil razones e inventamos mil argumentos para adoptar, para ellos y para nosotros mismos, las decisiones, las soluciones, que nos compliquen menos la vida; las que nos satisfagan más nuestro propio interés aunque al niño que nos acompaña lo hagamos trizas con ello. Nadie examina a quien un día decide concebir un hijo. Nadie le somete a una valoración de sus capacidades, de su moralidad, ni sobre su adaptación al medio social en el que viven. Y así nos encontramos con personas que agreden directa o indirectamente a sus hijos o a los de los demás; que atentan contra la libertad e integridad sexual de nuestros niños; que les infunden el odio desde que no levantan más de un palmo del suelo; que les arman o los utilizan como escudos para sus barbaridades; que les imponen concepciones religiosas que ponen en peligro su vida, su salud y su futuro. 
Nadie dijo que tener hijos fuera fácil, como tampoco lo es mantener una sociedad sana. Pero eso nos toca a todos, a cada uno de nosotros, el intentar que así sea.
Debemos alejar a los niños de aquello que no les pertoca vivir, debemos concienciarnos que tienen su propia vida y que nosotros no somos más que un instrumento que debe ayudarles a convertirse en adultos que en el futuro tomarán sus propias decisiones, y debemos ser conscientes de que cualquiera de las que nosotros tomemos por ellos formará parte ya de su mañana. Esa es nuestra labor fundamental. 



domingo, 31 de agosto de 2014

SACANDO EL POLVO


Uno quisiera simplemente vivir y envejecer, 
pero al final termina buscando razones. 


Acabo de descolgar el cartel mental de “Cerrado por vacaciones” de las vacaciones más cortas de mi vida. Rehago la lista de propósitos, como si se tratara del año nuevo, pero solo tengo uno:

Sacar el polvo a algunas cosas, y otras meterlas, definitivamente, en el contenedor del reciclaje.

Que empiece el baile y el que quiera bailar, sin prisa pero sin pausa, que se suba al carro.



jueves, 21 de agosto de 2014

PAROLE


Como siempre: lo urgente no deja tiempo para lo Importante


La mayoría de veces nos quedan tantas cosas por decir, por hacer, que podríamos llenar una saca con todo lo que se nos queda en el tintero, pendientes para mañana. Y aun así, con la bolsa bien repleta y fecha en el calendario, las ganas se quedan en la punta de la lengua, veladas por la obligación del adiós. Despedirse de los niños siempre es extraño, entre otras cosas porque se supone que como adulto puedes manejarte cómodamente ante ellos y, en realidad, casi nunca es así. Por eso esta vez, nuevamente, la cosa ha sido extraña e incluso un poco más triste que otras veces. Al menos para mí. Puede que sean los años que me ablandan aunque, a decir verdad, la edad no ha hecho más que apuntalar lo que de fábrica ya me venía dado. Y es que en cuestiones de afectos, las cosas son como son, y aunque uno quiera intentar ponerse el traje impermeable, cuando la cosa es como es, no hay gabardina que valga. Las cosas son así y no de otro modo. No aprenderé nunca, aunque creo que tampoco lo quiero.




miércoles, 20 de agosto de 2014

TALUD


Cuando todo parezca estar en tu contra, recuerda que
los aviones despegan con el aire en contra, no a favor.


Empezamos a correr demasiado. Nada nos esperaba. Solo tú, solo yo, y tu mirada ausente, perezosa, insinuación de lo finito. Sobre la arena, dos lagartijas buscan la sombra de tus piernas. Los músculos aprietan y te sabes vivo. Creo en ti, sin fisuras. Sé quién eres, sólo, inmutable. Y al final, un poco tú y un poco yo, dos sombras que apenas se cruzan. Nada más.