viernes, 17 de octubre de 2014

MEMENTO MORI


"Este año de 1963 oí el primer canto del ruiseñor en la noche del domingo día 21 de abril, 
pocos minutos antes de las doce, exactamente. 
En estas cosas tan importantes, hay que precisar, y el Times de Londres, 
que es un diario especializado, entre muchas otras cosas, 
en dar la primera noticia de haberse oído por primera vez el canto del ruiseñor 
en una u otra parte de Inglaterra, da siempre la hora del maravilloso acontecimiento".



La puerta principal daba al callejón y al fondo, los días que la niebla lo permitía, aun se podía ver un trozo de mar. El barrio ya no era lo que fue, los turistas lo habían invadido convirtiendo a los vecinos de siempre en una minoría que quedó relegada los cuatro comercios y los pocos bares que subsistían a la modernidad. El ruido de los vasos que golpean las barras de aluminio, que perdieron el brillo a fuerza de bayeta con lejía, y el olor del salitre mezclado con el aroma rancio del vino que ahoga las penas de las faenas que agrietan las manos, se perdían calle arriba, adoptando una forma de vida incorpórea que se resiste a morir.  
En ocasiones, como si la nostalgia del Atlántico se asomara entre el empedrado, algunos decían escuchar las notas de un acordeón. Pero ya no quedaba nada de aquello, era solo la melancolía de la lonja y de las redes secas, un momento de fisura, una especie felicidad desesperada que imaginan, aún hoy, los viejos del lugar.





martes, 14 de octubre de 2014

REFLEXIONES POR CONEXIÓN MENTAL


El revolucionario más radical se convertirá en un conservador el día después de la revolución.



Al abrir el navegador encuentro que el "doodle" de hoy es un dibujito la mar de simpático de Hanna Arendt. No deja de ser curioso que precisamente en estos días en los que la sociedad se quiebra ante la estafa, el engaño y la manipulación de sus dirigentes que parecen teledirigidos hacía un fin incomprensible para muchos de nosotros, aparezca la figurita de quien en su momento acuñó la idea de ”la banalidad del mal”. Y aunque sea porque se conmemore su nacimiento, como digo, que aparezca precisamente estos días, no deja de ser curioso, al menos para mí.

Durante meses se ha venido azuzando a la población con exacerbados sentimientos que han terminado por fracturar a la sociedad, basta iniciar una conversación en relación al estado del Estado, y del Estado que algunos pretenden, para darse cuenta de cómo está el tema de caliente. Ahora, cuando el sentimiento está en la calle, totalmente desbocado, los políticos reculan y dejan a aquellos que confiaron en ellos a los pies de los caballos, con unos propósitos irrealizables y con la sensación de que se les ha tomado el pelo en provecho de vaya a saberse quién y qué. Esta situación nos coloca en una posición complicada a la propia ciudadanía, a toda.

Y por esa misma sensación, ver el dibujito de Arendt me ha hecho pensar en lo que decía al respecto de las actuaciones que llevó a cabo Adolf Eichmann (Teniente Coronel de las SS) con motivo del genocidio nazi. Decía que éste actuó como un simple burócrata que cumplía las órdenes que recibía  sin reflexionar sobre las consecuencias de los actos que llevaba a cabo. Arendt, con este argumento, no disculpaba, ni justificaba, ni uno solo de los actos que aquel militar llevó a cabo durante la “Solución Final” ni, por supuesto, con esta idea, pretendía proclamar ni una sola brizna de inocencia en Eichmann. Bien al contrario, manteniendo su evidente culpabilidad en el exterminio de cientos de miles de personas, lo que Arendt sostenía era que su actuación respondía a la única voluntad de cumplir las órdenes que recibía, fueran morales o inmorales, legales o ilegales. No era más que un peón en la maquinaria del exterminio judío, una persona que no adolecía de ninguna patología que de alguna manera pudiera explicar la gran crueldad de sus actuaciones. Obedecía por encima de todo, banalizaba el mal.

Sé que nada de lo que está pasando en estos momentos, en este país, nada tiene que ver con el régimen nazi, faltaría más. Pero lo que ocurrió en Alemanía en la primera mitad del siglo XX (hace cuatro días como diría aquel),  no deja de ser un ejemplo cualquiera de cómo la masa, y los integrantes de la misma, se dejaron arrastrar por posicionamientos asesinos y radicales sin plantearse el alcance moral de los hechos que se estaban llevando a cabo. Algo que no solo es imputable a Eichmann sino a toda una sociedad que se volvió ciega, sorda y muda y apoyó, incluso activamente (porque lo hizo), sin plantearse grandes cosas, el mar de muerte que a su alrededor se producía. 

Es por eso que en estos momentos de posicionamientos extremos debemos ser cuidadosos hasta el milímetro, enarbolar los valores humanos más que nunca, el espíritu de convivencia y de trabajo en común para evitar derivas raras que terminen por banalizar cualquier tipo de actuación y acabemos en un drama social que suponga una quiebra definitiva de la convivencia pacífica entre ciudadanos.

En cualquier caso, y haciendo caso de la nota al pie del "doodle", esperemos que, tal y como dice, tengamos suerte. Y por favor, que nadie se haga ideas raras de que esté comparando lo que pasó en Alemania con lo que está pasando en este país, que lo de las redes sociales da para mucho mal rollo y no era la intención. Esto es solo una reflexión cualquiera sobre la trascendencia de los actos de cada uno. Solo eso.





domingo, 12 de octubre de 2014

APUNTES (I)


Sin duda para los demás ella pervive en otra parte, 
una figura que se mueve en el museo de cera de la memoria.



No estaba preparado para aquel estropicio, sabía que era cuestión de tiempo, pero también que no podría soportarlo, no mientras cupiera la posibilidad volver a tropezarse y no pudiera cruzar ni una sola palabra con ella. Lo había hecho peor que mal y ya no había marcha atrás.  Pero creía que prolongar lo que se estaba convirtiendo en un final agónico, quizá le daría la oportunidad de borrar algunas cosas. Y en eso andaba, maquinando absurdos artificios que prolongaran la llegada de un final catastrófico como el que ya se veía venir. ¿Quién puede resistirse al deseo, o a la propia necesidad, aunque este conduzca directo al desastre? Desollarse por dentro, pero mantenerse tirando de una cuerda invisible. A veces,  por la noche, mientras daba vueltas en la cama, sosteniendo el sueño de los demás, pensaba que la única manera de volver a vivir pasaba por cortar aquel sedal que ahora ya solo sostenía una roca enorme, negra y pesada como el ala de un cuervo. En el último año se había acostado con distintas mujeres, de las que ni tan solo recordaba el nombre, en un burdo intento de perder el miedo a la soledad y de desdramatizar la realidad. Pero, como en los cuentos, un día llegó el viento y sin que hiciera falta que nadie soplara, se lo llevó todo: las letras, las risas, el sexo, la amargura de los últimos tiempo y dejó sobre la mesa, como un mal presagio, un sobre vacío. Nada volvió a ser lo mismo. El miedo se convirtió en un gigantesco desencanto que le cubrió de los pies a la cabeza, y aquella risa que un día fue extraordinaria se convirtió en una nota muda.


miércoles, 8 de octubre de 2014

LARVATUS PRODEO


Ahora leo; pero es como si escuchara.
 Porque podría leer todo esto con los ojos cerrados y la boca abierta. 
Leer con los dientes masticando la arena que se mete por la boca abierta
 y tragando el recuerdo exacto de las palabras que es tanto más preciso.



Quisiera poder decir que la mayor parte de las cosas que nos pasan por el camino son la constatación de nuestra propia trascendencia, pero la verdad es que no es así. La mayoría de las que nos ocurren sirven para más bien poco y son absolutamente insignificantes. Vivimos rápido y digerimos sin masticar la mayor parte de los acontecimientos de nuestra vida. Alguien me dijo que la intrascendencia es una de las mejores cualidades de los hechos que  nos pasan, “no de otra manera podríamos vivir”, apuntó. Y puede que no le faltara razón aunque, para una descreída en filosofías de salón, esa razón se convierta en una media razón, o en un cuarto de razón. Me falta determinación para custodiar la idea de la intrascendencia  absoluta, y aunque la mayoría de nuestras vicisitudes son prescindibles, me cuesta desecharlas aunque no sirvan para nada. Y debe ser por eso que acumulo un buen número de ideas peregrinas que no sirven más que para hacer bulto en mi cabeza y entre mis papeles. Suelo anotarlas con un trazo rápido porque con frecuencia las olvido a la misma velocidad con la que me llegan. Reflexiones en renglones torpes que con el tiempo se convierten en un auténtico galimatías imposible de descifrar, una especie de cementerio imaginativo que se encumbra con alguna cita robada de aquí y de allá. Decía Platón que la vida es un olvido de la idea.  En mi caso, la idea desmadejada, disfrazada, e intrascendente, perdura en una agenda cualquiera y a veces incluso se convierte en la curiosidad de mi vida.





domingo, 5 de octubre de 2014

VLADIVOSTOK


Lo podía haber hecho cualquiera, y también podía no haber tenido lugar nunca, 
en esta única y concreta forma y en esta concentración 
de los acontecimientos aparentemente fútiles.



El único sentido que tenía tanto misterio era preservar lo poco que teníamos. Vivíamos inmersos en una tormenta extraña. Cualquier camino parecía una encrucijada que nos obligaba a apostarlo todo al “uno”. Perdimos por el camino algo más que inocencia. Perdimos el entusiasmo del que no ha recibido golpes extremos porque las heridas no eran más que grietas que había que volver a saltar una y otra vez. Pero aun así, cualquier ruina era una excusa, una manera de acercarse y refugiarse del deshecho que nos espiaba sin darnos tregua, una manera de sabernos, de protegernos sin más. Leías en voz alta a Kuśniewicz mientras la lluvia se batía contra los cristales de aquella casa que nunca fue nuestra. Pero aquella calma aislada, mínima, apenas encerraba un amable mañana y el aire terminaba frío, casi muerto, imposible de respirar.
Las calles están desiertas y el aire huele a brea. Ya no queda ningún misterio, solo el agua que encharca las aceras mientras tus secretos duermen a mi vera, para siempre.


jueves, 2 de octubre de 2014

HOLD ON


No se puede ir por ahí construyendo un mundo mejor para la gente.
 Sólo la gente puede construir un mundo mejor para la gente. 
Si no, es solamente una jaula.



Una de las cualidades de las que disponen los mejores amigos es esa que hace que, como si de un milagro se tratara, cuando los necesitas aparezcan y se te arrimen a la vera para arrancarte el mal rollo y contagiarte, de nuevo, las risas que siempre habéis tenido en común. Los grandes amigos se convierten en esa esponja maravillosa que absorbe las penas y las tribulaciones para escurrirlas sobre el agujero de la pica hasta que desaparezcan o, si el agujero es demasiado estrecho y la cosa muy grande, para diluirla y desacralizarla de tu mundo enano. Son amigos a los que miras de frente sin tener que disfrazar lo que tus ojos por sí solos delatan. Amigos que te saben, que tiene un radar que detecta cuando te pasas de frenada o vas tan al ralentí que necesitas una buena dosis de cualquier cosa que te haga virar el rumbo. Vale un café, una llamada, incluso una sesión de limpieza de baños. Amigos que a veces se pierden en tus discursos atolondrados, en tus alegrías magnificadas o en tus tristezas desbordadas y, pese a eso, son capaces de cerrar el interruptor de la luz y esperar a que se te pase la borrachera vital.

Esos mejores amigos son los que son, y ellos lo saben.


lunes, 29 de septiembre de 2014

LA CÚPULA DE BRUNELLESCHI



Quizá el último acierto
sea -abrazado a ti-
dejar pasar los trenes en la noche.




La trascendencia personal de los sitios, de las calles, de las plazas de cualquier pueblo, de cualquier ciudad, no la proporciona su enigmática belleza, ni su catastrófica presencia. Son las cosas que nos ocurren mientras estamos en ellos lo que los hace especiales, distintos; y son esas cosas que nos pasan mientras transitamos por ellos, empujando esquirlas con los pies, las alegrías o las miserias de nuestra vida, las que los maquillan y los hacen nuestros para casi siempre. Es por eso que la calle más mísera de una localidad cualquiera puede encerrar el misterio de la satisfacción sin que de su apariencia triste y hosca se desprenda absolutamente nada. Pero los lugares por los que nos movemos se convierten en reclamos para las emociones, reflejos condicionados que sacuden por dentro. Un poco como le ocurría al perro de Pávlov que empezaba a salivar en cuanto escuchaba el metrónomo que precedía a su comida.  
Fue por eso por lo que, al dejar a mi espalda la estación del tren y el mar que en calma chica le acompañó a lo largo de toda la línea férrea, un hormigueo me recorrió la espalda. Fue algo físico que tan solo duró un instante, pero que llevó a que mis dedos buscaran el contacto de mis labios mudos y, como a aquel perro condicionado, recordé al instante que fue bajo aquellos soportales que supe de su salud quebrada, de sus antológicos mareos y de su tremenda soledad acompañada. La desasistencia suele ser un mal compañero de viaje cuando uno no se encuentra bien. 
Puede que aquella fuera una de las últimas conversaciones que de verdad valió la pena, porque el afecto aun era mutuo. Porque sus preocupaciones me preocupaban, y las mías, abocadas a trompicones, se convertían en un maremagno de palabras desordenadas que se acompasaban al verbalizarlas y le provocaban la risa. Siempre nos entendimos bien. Pero el tiempo juega a repartir escobazos y la distancia, como dice el bolero, casi siempre es el olvido. Y sólo casi, porque, ¡Maldita sea!, Pávlov no nos dijo como debíamos eliminar los condicionamientos.






viernes, 26 de septiembre de 2014

A CUMPLIR Y QUE NO FALTE


"Lo más importante que aprendí a hacer después
 de los cuarenta años fue a decir no cuando es no".


Comparto muchas cosas en este espacio. Escritos que caen en el ciberespacio como lágrimas en la lluvia. No sé si son muchos o pocos los que lo leen, pero eso, en realidad, no tiene mayor importancia. Sin embargo, para los que lo leen, sean muchos o sean pocos, hoy guardo un trozo de tarta, por la paciencia, la fidelidad y el buen rollo que siempre recibo de sus comentarios.

Sin lectores este blog seguiría existiendo porque nunca pretendió ser otra cosa que la que es, una de mis múltiples prolongaciones vitales que esconden mucho de irreal entre mis realidades. Un modo de ordenarme la vida. Pero, todo y con eso, agradezco a todo el que dedica parte de su tiempo a pasarse por esta casa. Por eso, aunque sea de un modo virtual, aquí tienen su trozo de tarta y una copa de buen champán.






miércoles, 24 de septiembre de 2014

PASO A PASO


"Todas las sociedades son muy complejas, no existen los paraísos".


En la sociedad de la opulencia en la que vivimos la existencia de cientos de miles de estímulos te abocan inevitablemente a los excesos. Los que somos de naturaleza inconstante somos presa fácil, por eso no es extraño encontrarnos con duplicados incluso triplicados de las cosas más variopintas, desde libros hasta quemadores para el azúcar, blísters de antiinflamatorios, pasando por la acumulación de algún kilo indeseado que nos trincha las articulaciones. Pero en estos momentos, en que lo excesivo y lo adictivo se llevan de la mano, nos llega la afición a correr.
Una que es de naturaleza laxa y floja de remos, no ha podido sustraerse a la búsqueda de algo que sustituya el vicio de correr, en el que no creo por pura vagancia, y lo he conseguido. Camino como si no hubiera un mañana con la finalidad de prevenir las consecuencias del exceso vital en el que vivo. Gracias a eso, al hecho de calzarme las deportivas cada día y recorrer los kilómetros que circunvalan mi casa, he descubierto lugares espléndidos, estampas humanas que no me dejan indiferente. No son pocas las ocasiones en las que pienso que deberíamos tener una pequeña tarjeta de memoria insertada en el lóbulo parietal en el que grabar todo lo que vemos, incluso lo que creemos ver, mientras andamos dando vueltas por el mundo. Ese sería un modo delicioso para que después, con la tranquilidad del que sabe la mirada a salvo, poder recrearse en lo presenciado tiempo antes.
Estas peregrinaciones, que se cuentan ya en cientos de kilómetros, no solo han conseguido recuperar mi salud cardiovascular, sino equilibrar el pensamiento difuso que en ocasiones me acosa con toda su exuberancia y reconciliarme, casi siempre, con el género humano en general y con algunos seres humanos en particular.
Hace unos días, pensaba que en breve empezará a oscurecer demasiado pronto y que esas andanzas, que aderezo al ritmo de la música que se cuela por los auriculares, deberán quedar aparcadas y deberé sustituirlas por alguna cinta o aparato diabólico que permita a mi pequeño corazón mantenerse en la rebotica hasta que el buen tiempo regrese. Puede que por eso precisamente hoy, en una especie de despedida excesiva que acompaña el inicio del otoño, mi caminar me haya llevado hasta la escollera desde la que se podía contemplar un cielo pálido y un mar más pálido aún. Un mar que desfallece junto al verano y que me devuelve unas salpicaduras blancas, descomunales, rotundas.
Vuelvo a casa convencida de la necesidad de no perder la costumbre que durante estos meses he convertido en un hábito esencial, no sólo por la importancia que en lo físico ha adquirido, sino porque mediante ese simple ejercicio, que tiene mucho de contemplación personal, me ha sentado bien. He construido y deconstruido gracias a unas zapatillas. Puede que el secreto de mantenerse sano frente a las contradicciones vitales, frente a la necesidad de estar con uno mismo y de depurarse por dentro y por fuera, esté en unas suelas de goma. Puede que sea una manera de acercarse a momentos de solitaria felicidad.





lunes, 22 de septiembre de 2014

SEPTEMBER



Why am I smiling
And why do I sing?
Why does September 
Seem sunny as spring?
  


Acaba septiembre y el tiempo me pesa, pero no me importa. Por el camino miles de gotas de lluvia que calman la sed y aligeran el tedio. Vivo pensando que el ayer estuvo bien y que el mañana será mejor. Me faltas pero no importa. Mañana saldrá el sol y aunque me duela el cuerpo, la mochila se llene de la gravilla que tus pies espolvoreaban mientras te alejas, volveré a bailar bajo la lluvia en cuanto caigan las primeras gotas. 



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