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martes, 1 de octubre de 2013

APRENDIENDO A VOLAR


“Es el pintor de lo que pasa cuando parece que no pasa nada".


Decías que hay un millón de maneras de volar. Pero  sigues con los pies pegados al suelo. Ni un milímetro de aire entre los zapatos y la grava. Parece que fuera ayer cuando embutías  el filo de un cuchillo romo por debajo de la puerta para despegar un guijarro huérfano de vete a saber qué,  que la mantenía firme sin que se moviera un centímetro de esa posición forzada. ¿Lo recuerdas? Así te veo yo, en cuclillas, resoplando por lo incómodo de la postura, por la feroz resistencia de un trocito de piedra tonto. 
  
Vuelves a andar con los pies pegados a la tierra. Me lo cuentas y  me dan ganas de pasar por debajo de tus suelas el abrecartas con el que juego mientras te escucho. Puede que esas mil maneras de volar en las que tú creías no existan, y que ahora ya lo sepas y que sea eso precisamente lo que te tiene ahí clavado.   


En el fondo, en realidad, solo exista una manera de volar, y puede que esa única forma no consista en mover sin descanso las alas que no tienes, sino en asumir el riesgo de cerrar los ojos y dejarse ir.




                                    






lunes, 5 de marzo de 2012

YO QUIERO PAGAR IMPUESTOS, MUCHOS IMPUESTOS


He comenzado a hacer mi declaración del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas correspondiente al año 2009. Lo llevo mal. Tan mal como cuando me anuncian los recortes municipales y, en consecuencia, la revisión de mis contratos, tan mal como cuando me confirman la suspensión de todo tipo de colaboraciones externas, tan mal como cuando veo que el kilo de tomates ha pasado de 0,95 Euros a 2,50 Euros en menos de una semana, tan mal como cuando leo en la prensa que los chorizos más monumentales que el “oasis” ha gestado en los últimos tiempos, ya pasean en sus coches de varias decenas de miles de euros y que, en breve, surcarán las aguas del Mediterráneo con esos barcos que YO he pagado, que TÚ has pagado y que ELLOS NO han pagado, sólo los han robado. Sí, lo llevo mal, fatal.

Por lo general y, en realidad, también por lo particular, creo en una sociedad en la que todos, absolutamente todos, paguemos nuestros impuestos sin defraudar ni una sola peseta, mejor dicho ni un sólo euro. Pero como aún soy un poco boba, también creo que deberíamos vivir en una sociedad donde los salarios permitieran a la gente vivir y que, el tan manido Salario Mínimo Interprofesional de verdad sirviera para que las necesidades más elementales estuvieran cubiertas.

Y digo que lo creo, y así lo quiero, porque necesitamos una sanidad en condiciones que, no sólo tenga remedio a nuestros males sino que además éste nos llegue a tiempo; que tengamos unos transportes públicos que nos permitan ir de una punta a otra de nuestra ciudad, transbordando de unos medios de transporte a otros, por algo tan módico como es 1,40 Euros en mi ciudad (bastante menos en otras); porque necesitamos guarderías que atiendan a los más pequeños, en horarios compatibles con los laborales y sin que los padre tengan que dejarse la hijuela pagando estos servicios; porqué me gusta ver limpias las aceras por las que camino y que los parterres de la ciudad luzcan frondosos cuando toca; para que al llegar a la vejez uno pueda vivir con dignidad con las prestaciones públicas que le corresponden y no tenga que mendigar socialmente; porque quiero que los niños que acuden a las escuelas públicas tengan bibliotecas bien surtidas, equipos informáticos, profesores de idiomas, buenas escuelas deportivas, comedores en condiciones; porque quiero que existan Servicios Sociales que verdaderamente puedan atender con recursos a los ciudadanos. Por todo eso y por otras cosas, yo pago muy satisfecha mis impuestos y, puedo asegurarles que no son pocos.

Pero me pongo de mala leche, de muy mala leche, cuando llegan días como hoy, en los que me toca sentarme frente a mis papeles, con el gestor al lado, para preparar la declaración del impuesto sobre la renta, y pienso en que ese esfuerzo que algunos hacemos (porque Hacienda, aunque el eslogan diga lo contrario, no somos todos), servirá para que alguien se hinche a robar, para que otros se dediquen a dilapidar, mal gestionar y a dejar nuestro sistema fiscal y de pensiones hecho un Santo Cristo, entre otras cosas.

Por eso, yo que no soy nadie y mis peroratas a nadie interesa, pero pago religiosamente todos y cada uno de los impuestos con los que se me grava, puedo decir que YO QUIERO PAGAR IMPUESTOS, pero quiero pagarlos para que sirvan para lo que he dicho antes, no para que los  "listos" que nos manejan se pongan morados a robar y mal gestionar.

Este país cada vez huele peor y al final siempre pagamos, en todos los sentidos, los mismos.

P.D.(Que nadie se asuste, la mala leche se me irá pasando, poco a poco, sólo volverá cuando retome la lectura del expediente Caso Pretoria o la trama Gürtel, o vea el panorama que tiene por Palma de Mallorca)

Pink Floyd - Money (The Italian Job)

lunes, 14 de febrero de 2011

MALDITAS ENTIDADES BANCARIAS

 

Desde hace unas semanas nos sobrevuela la noticia de la “nacionalización” de las Cajas de Ahorro. Frente a ella, los medios de comunicación se rendían ante una resolución judicial dictada por la Audiencia Provincial de Navarra en la que, en un procedimiento hipotecario, denegaba la posibilidad a una entidad bancaria de seguir ejecutando (reclamando), el importe adeudado que no quedó cubierto pese a la adjudicación a la entidad bancaria del bien que servía de garantía para el préstamo impagado.

Por aclarar. Un hipotecario es un procedimiento judicial por el que quien presta una cantidad de dinero puede ejecutar (reclamar y cobrar) la totalidad de la cantidad prestada, antes de la finalización de los plazos fijados, con sus intereses y costas, cuando se deja de abonar alguna de las cuotas de devolución del préstamo. 
La hipoteca no es más que una garantía real, que recae sobre un bien inmueble. La persona que recibe el préstamo se compromete a abonarlo íntegramente garantizándolo con un bien, para que en caso de no devolver el dinero ese bien inmueble (casa o finca)  que sirve de garantía, pueda ser subastado para con lo obtenido en esa venta judicial, abonar la deuda. Eso es y no otra cosa.

Parecía que una bocanada de aire fresco entraba en los Juzgados y que podíamos empezar a respirar frente a la brutal presión que un procedimiento hipotecario supone sobre la economía y vida del ciudadano de a pie.  Parecía que empezaba a imponerse la sensatez, que a partir de ahora, una vez que la entidad bancaria se quedaba, por adjudicación, la vivienda hipotecada, no podría seguir reclamando ni uno duro más, contrariamente a lo que ocurre en este momento. Teníamos ya el antecedente.

Pero, las alegrías siempre duran poco y para disgusto de quienes hayan podido creer que  algo estaba empezando a cambiar, hace unos días, se notificó otra resolución dictada por la  misma Audiencia Provincial de Navarra en la que, con criterio totalmente distinto, establece que cuando la adjudicación del bien en la subasta, es por valor inferior a la deuda que el ciudadano sostiene con la entidad bancaria, pese a que éste pierda el inmueble, continuará debiendo la diferencia a su banco. Conclusión, se le podrán continuar persiguiendo bienes presentes y futuros hasta el completo pago.

He leído con suma atención ambas resoluciones. Y las leo con un cuidado extremo porque en menos de dos semanas he asistido a tres actuaciones de entidades bancarias (Cajas de Ahorro incluidas) que pese a actuar dentro de la más estricta legalidad, suponen un abuso, no de derecho puesto que la ley se lo permite, sino un abuso moral y una contravención de todo el sistema de valores que rige nuestro ordenamiento civil.

Estudiadas ambas resoluciones, llego a la conclusión, dejando de lado los términos estrictamente jurídicos, que aquí importan bastante poco, que este mundo da asco. Los negocios dan asco, los bancos dan asco, las Cajas de Ahorro dan más asco todavía y el sistema perverso en el que vivimos es el horror.

Intentaré centrarme en lo que más me repugna. Las actuaciones de las cajas de ahorro. En este momento de fusiones, absorciones y demás, me pregunto que sentido tienen las Cajas de Ahorro. En su día,  lo tenían. Eran entidades financieras destinadas al ahorro y a desarrollar actividades benéficas y sociales. De hecho, en su origen, eran utilizadas como instrumentos para mejorar las condiciones de vida las clases trabajadoras,  a través de la remuneración del ahorro. Gracias a esta labor social, las Cajas de Ahorro han gozado y gozan de enormes privilegios. Sin embargo, hoy su labor social, esa que las fundamentaba, no es más que una excusa para seguir mordiendo la mano de los que les damos de comer, que somos nosotros mismos, esos a quien imponen condiciones draconianas, esos que les pagamos exorbitados intereses, esos que con nuestros impuestos acudimos a su rescate mientras el resto nos vamos hundiendo.

Es evidente que el sistema hipotecario de este país necesita una reforma. Y es que no se entiende y no es ni lógico, ni moral el sistema existente en este momento el actual sistema. No se puede entender que a uno le  presten 8 y lo garantices con un bien que vale 10 y que, cuando debas 5, el que te prestó los 8, se quede el bien por 3  (ese que él mismo valoró en 10)  y que por tanto le sigas debiendo 2. Tampoco se entiende que la misma entidad, compareza a las subastas, a través de sus filiales inmobiliarias para ahondar en la gran estafa legal que son algunos procesos hipotecarios y se queden bienes por debajo del valor que tienen, creando el caos social. Y se entiende menos todavía
porque la entidad que te prestó, fue quien estudió (previo abono de la comisión de estudio pertinente) tu capacidad de pago y se supone que las posibilidades frente a las oscilaciones de los intereses, porque fue esa misma entidad quien valoró el bien que entregabas como garantía y porque fue esa misma entidad la que te impuso las condiciones de juego.
El sistema hipotecario huele a podrido. 
No sirve que se amparen en la actual legislación y en la inexistencia de un abuso de derecho. Hay algo que va más allá de todo ello. Es tan brutal la falta de moralidad, de honestidad, de valores y principios sólidos  que ya nadie se echa las manos a la cabeza cuando vemos algunas barbaridades, sobre todo cuando son de guante blanco. Aquí todo vale. Sólo cuenta lo aparente, mientras esa apariencia sea aséptica, parezca limpia, bien tramada y el que la ejecuta lo haga con una pluma en lugar de con metralleta.

Estamos en crisis. Una crisis mundial, interplanetaria, galáctica, espectacularmente global. La crisis es tan generalizada que afecta a todo: al sistema económico, al sistema de vida, a las aspiraciones personales del individuo, a la integridad personal, a la moral social y, desde luego, al colectivo humano como tal.

Sólo me entran ganas de gritar ¡Paren, que yo me bajo!


pink floyd - another brick in the wall part ii

martes, 14 de septiembre de 2010

UNA DE TONTOS DINÁMICOS


Que la clase política de este país deja mucho que desear es algo que pienso desde hace mucho tiempo. Llevamos muchos años a la deriva y aún no llego a comprender como nos sostenemos. Pero lo cierto es que tenemos el Ejecutivo que votamos, el que la mayoría de los ciudadanos libremente escoge y el resto, acata. Sin embargo, tal y como se están sucediendo las cosas, creo estar en mi derecho a decir BASTA, que no nos tomen más el pelo.
España está sufriendo una de las crisis económicas más graves de los últimos tiempos. El índice de parados asciende exponencialmente a cada día que pasa y puede ser, yo no lo sé, no soy analista financiero, que este desastre forme parte de la coyuntura internacional. Pero hay algunas cosas que nada tiene que ver con esta internacionalización de la crisis, la inoperancia, inutilidad y mala leche de los que nos gobiernan están haciendo un daño terrible a las estructuras económicas y sociales del país y, sobre todo en la confianza de la gente de la calle. No se puede mentir sistemáticamente para que la apabullante verdad (paro a gran escala, falta de recursos mínimos en muchas familias, educación hecha ciscos, asistencia social nula), quede maquillada y disfrazada bajo palabras altisonantes que esconden bajo el felpudo una realidad que produce escalofríos.
La realidad está en la calle y no se puede andar todo el día camuflando, dando golpes de pintura a la caótica situación económica en la que vivimos. Se nos miente y mucho, se modifican los parámetros para medir desde el paro hasta la capacidad económica de los ciudadanos para que las cifras que presentan en el telediario no los deje como los inútiles que han resultado ser. Esta mentira permanente, más preocupada en crear una falta imagen de progreso y bonanza, no es nada buena cuando lo que hay que hacer es reconocer la dramática situación por la que estamos pasando y arremangarse entre todos para sacar este país y su economía a flote.
A mí, particularmente, me tienen muy harta. Hace mucho tiempo que dejé de creer en una clase política que sólo se escucha a si misma y que ha hecho de la posesión de escaños y puestos de gobierno, el único medio de vida que conocen. No por vocación de servicio a su país, sino por vocación de llenar sus bolsillos, estómagos agradecidos y demás.
Y es que hoy me tienen indignada. Escuchar de la boca del Presidente del Gobierno de mi país, como en un foro internacional, dice que los que están estudiando, formándose después de perder sus empleos (esos que no pueden pagar ni las hipotecas, ni el alquiler de su casa, ni el comedor escolar de sus hijos, etc.), no están en el paro y por tanto no pueden contabilizarse como tales, no sólo me parece una sandez que nos convierte en el bufón de Europa sino que me evidencia, una vez más, que algunos políticos son verdaderamente peligrosos por inutilidad y gilipollsimo congénito.
(Reconozco que el insulto mentando a su madre lo he borrado a última hora).

domingo, 6 de junio de 2010

EL PASADO VUELVE EN FORMA DE CHOP-SUEY


Cuando me dijo que no le llamara más, pensé que sólo era parte del juego de siempre. Unos días de enfado medio fingido y todo volvería a la normalidad. Esperé los dos días de rigor (una costumbre forjada a base de desazones repetidas). Marqué su número sin recordar que fue lo que le llevó a decir “no me llames más”. Repetí la llamada durante varios días. Jamás obtuve respuesta. Me paseé frente a su puerta durante semanas, con el estómago encogido. Nunca más le volví a ver cruzar aquel umbral. Había desaparecido. Se esfumó, ni un rastro, nada. Al inicial desconcierto se le sumo una rabia fugaz que fue dejando paso a un estado desolado que durante meses me acompañó. Nadie sabía de él, en su trabajo había pedido la cuenta, los amigos comunes no sabían nada y yo empecé a menguar a medida lo que los días pasaban y los recuerdos empezaban a perder tersura. Me moría día sí y día también. Me encerré en casa, veía docenas de fotografías, escuchaba la misma canción una y otra vez, hasta que dejé de oírla cuando ya se había convertido en un eco vital. Dejé de comer. Perdí mi trabajo, mi familia me dejó por imposible. 

Hoy, bastantes años después, sentada en un restaurante, con mis dos hijos, mi marido y los amigos de siempre, leemos la carta y pedimos: rollitos de primavera, arroz tres delicias, wan-tun frito y pato laqueado. En una mesa al fondo, una pareja de mediana edad, lee la carta. La mujer lo hace en voz alta, repite el nombre de los platos exagerando el acento, esperando un gesto de aprobación. Él la cierra despacio. No puedo dejar de mirar hacia aquella mesa. Sé lo que va a pedir. Me cruzo con su mirada vacía mientras pide al camarero que le traiga chop suey de ternera.
He retrocedido mil años.

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