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domingo, 7 de mayo de 2017

GALAXIAS


¿Podría decirme qué camino debo tomar para irme de aquí? preguntó Alicia; "eso depende, en mucho, del lugar al cual quieras ir" contestó el gato. "No importa mayormente el lugar"; "en tal caso, poco importa el camino" "...en tal de que lleve a alguna parte..." "puedes estar segura de que todos los caminos conducen a alguna parte, en tal de que andes un trecho lo suficientemente largo".

Alicia en el País de las Maravillas -Lewis Carroll-






Hubo un tiempo en el que había tiempo. Tiempo para todo. Tiempo para perderlo con la inconsciencia del que desconoce que ese final, que se imprime al nacer, puede llegar cuando le plazca, sin pedir permiso, ni más autorización que el golpe que deja sobre aquel al que sorprende, sobre aquellos, que arrimados a la vera de uno, le acompañan por el camino. Perdido el paso,  es difícil volver al ritmo que se marcó en el inicio. Nada vuelve a ser lo mismo. Esta semana se fue la inteligencia y el señorío, dejando a medio camino de Levante cuarenta cosas por decir. Vendrán días nuevos y desde esta orilla miraremos más allá para intentar ver si de verdad se ha sentado, al otro lado de la galaxia, para esperarnos. Ahora nos toca seguir. Seguir sin dejar que la mediocridad que tanto despreciaba se acabe instalando por todas partes. Desde aquí, desde este lado de la Galaxia, hasta siempre.







domingo, 24 de febrero de 2013

¿Y CÓMO TE LO PODRÍA DECIR?


Le escuchaba pero no me gustaba, sólo porque a él le gustaba muchísimo. Y a mí me gustaba él, mucho; como yo le gustaba a él, mucho también. Pero nunca coincidimos en el amor, cuando yo amaba de un modo excesivo, él amaba exiguamente, y cuando mi amor se encogía, el suyo se expandía.

Reposo mi cabeza sobre su vientre, de una manera impróvida, sabiendo que el afecto de hoy nada tiene que ver con el de ayer, ni mucho menos con el de mañana. 

Sus dedos se enredan entre mi pelo y, sin comprender aun cómo, vuelve a sonar aquella canción que entonces me parecía perversa pero que hoy, mientras siento el intermitente roce de su mano, me parece extraña, inmensa.

“Com t’ho podria dir
per a que em fos senzill, i et fos veritat,
que sovint em sé tan a prop teu, si canto,
que sovint et sé tan a prop meu, si escoltes,
i penso que no he gosat mai ni dir-t’ho,
que em caldria agrair-te tant temps que fa que t’estimo”. *

* Como te lo podría decir
para que me fuera sencillo, y te fuera verdad,
que a menudo me sé tan cerca tuyo, si canto,
que a menudo te sé tan cerca mío, si escuchas,
y pienso que no he osado nunca ni decírtelo,
que necesitaría agradecerte tanto tiempo que hace que te amo.

martes, 12 de febrero de 2013

I WISH...


El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. 
Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad.
Victor Hugo



Acostumbramos a desear lo que no tenemos,  lo que se nos escapa porque no hemos sabido como conservarlo, cuidarlo como merecía. A mí se me escapa el tiempo. 
Se me escapa la vida. No es un lamento, es la constatación de un hecho que se me atasca en la garganta cuando lo pienso, cuando me doy cuenta de que ayer ya no es ayer, sino que fue hace semanas; cuando tomo consciencia de que mañana no será mañana y que posiblemente antes de que me de cuenta se transformará en anteayer.
Sólo tengo un deseo, tiempo. Tiempo para perderlo donde quiera, como quiera, con quien quiera.



martes, 30 de octubre de 2012

ESCONDER


Igual que llegué, me iré, sin hacer ruido. No sonarán sirenas, ni tañerán campanas de muerte. Nadie llorará. Simplemente me iré. Dejaré de ser, de estar, sólo eso. Llenarás tus días de nuevo. Otros olores, otros pensamientos que te traerán de nuevo la risa y olvidarás que, por algún tiempo, lo que ahora te parece infinito estuvo ahí, formando parte de tí. Por eso me iré, sin hacer ruido, tal y como llegué.  Por mí, porque sé lo que escondes y no dices.




 

lunes, 30 de julio de 2012

COSAS ABSURDAS (I)

 

En las últimas semanas, día sí y día también, revuelvo los armarios buscando unas gafas que perdí hace ya algún tiempo. Unas gafas estupendas que me sentaban tremendamente bien y que un día, de la noche a la mañana, desaparecieron dejándome colgada de la desazón que me produce saber que en casa existe un agujero negro por el que se cuelan las cosas más inverosímiles, desde las más intrascendente, a las más valiosas. De todas ellas son dos las que me obsesionan. Una, las gafas; la otra, innombrable, espero que sólo ande escondida, jugando al ratón y al gato para cuando menos lo espere aparecer de nuevo y que mi vanidad crezca unos cuantos enteros antes de que me muera.

Las noches se han transformado en un trasiego de objetos inanimados que parecen burlarse silenciosamente de esta obsesión por encontrar un par de gafas trasnochadas. Pero no puedo evitarlo, o no quiero hacerlo.

Vacío el cajón de la ropa interior y entre el ingente algodón, el tacto de la seda me consuela pensando que el otoño volverá. Miro entre las bufandas, en los bolsillos de las chaquetas de invierno y las manos, acaloradas por un julio estúpido, alcanzan la temperatura de la fusión del plomo. Y sigo buscando en la bolsa de las medias, bajo el canapé, en los bolsos que cuelgan detrás de la puerta, en el carrito del baño, entre los esmaltes de las uñas, sin suerte.

Y en este peregrinar entre objetos cotidianos al final lo que menos importa es si las gafas, que sustituí la misma semana que aquellas otras desaparecieron, aparecen o no porque lo que busco en realidad es ese momento que yo perdí creyendo estar donde debía y que otro utilizó para desvanecerse y convertirse en humo.

No pierdo la esperanza, seguro que andan por aquí, es cuestión de paciencia, seguir buscando y sé que cuando las encuentre lo veré todo más claro, hasta lo de ese tiempo perdido.


Angus & Julia Stone - All of me

viernes, 29 de junio de 2012

PINTAMONAS


He pintado una pared de rojo y el resto ha quedado de un blanco impoluto. Recojo los papeles, los plásticos y dejo abierta la ventana para que esta pequeña revolución doméstica se seque y no me asfixie esta noche mientras duermo rendida, después de pasar la noche en vela y haber consumido la tarde rodillo en mano mientras Antonio Machín le ponía la banda sonora a esta chifladura.
Así que, a golpe de cadera, grandes dosis de sudor y agua mineral, redecoro mi vida y, con mi poco dotada voz, una tras otra, canto toda la discografía de Machín. 

Al final será cierto que cuando uno anda enfrascado en lo manual, esquiva lo mental. Ya pienso en si debo alicatar el baño, cambiar el suelo del salón o dedicarme a desmontar los radiadores de la calefacción.

Ahora, después de la ducha reparadora, con el silencio de la noche del viernes, roto únicamente por la pegadiza voz de Machín, que sigue sonando de fondo y el de este teclado que escupe sandeces, voy a por una copa con la que brindaré a mi salud, por mis dificultades para comprender algunas cosas, por mi innegable adicción  a ensimismarme, a escribir cartas que corrijo una y otra vez que terminan en una caja de galletas donde finalmente se mueren.

Pero una es así, y estas alturas de su vida, con lo que lleva llovido, no parece que esa una vaya a convertirse, por arte de birlibirloque, en un ser racional.

*****************
"Cuando Boris se marchó  de repente, llevándose su cuerpo y su voz, yo empecé a flotar". "Mi drama era que mi interior había llegado a tocar el exterior" "La indiferencia era el remedio, pero no sabía encontrarla en mí."




jueves, 10 de noviembre de 2011

CADENAS


En la esquina de mi casa hay un supermercado. Desde hacía algún tiempo no era extraño que, sobre las 21:30 horas, justo al cerrar, grupos de personas se avalanzaran sobre los cubos de basura, que los trabajadores dejaban en la acera, en busca de cualquier cosa que se pudiera aprovechar. Aquellos cubos, que he visto cientos de veces, estaban llenos de productos próximos a caducar o con los envoltorios deteriorados. Los humanos cuando todo nos sobra somos así de estúpidos, no nos gusta el tetra-brik "abollado" aunque lo que contenga esté en perfecto estado.

Sin embargo, desde hace algún tiempo el panorama es bien distinto. Los trabajadores del supermercado, a la hora de cierre, dejan dentro del local los cubos de basura y, por la puerta de entrada de mercancías, reparten sobre las 21:30, a los que lo necesitan, unas bolsas que contienen algunos productos básicos. Me consta que las bolsas siempre llevan: un cartón de leche, un paquete de pasta, un pack de embutido, pan, alguna otra cosa (fruta, algo de carne) y una vez cada quince días incluyen una botella de aceite y algo de limpieza. Sé, además, que esas bolsas las estaban pagando ellos de su propio bolsillo.

Un día, mientras pagaba en caja, con la persiana medio bajada, ví como sacaban las bolsas y las entregaban ordenadamente a los que pacientemente habían aguardado al cierre de la tienda. Pregunté por lo que veía. Marisa, la encargada, me lo explicó de una manera muy sencilla: Solidaridad. Me explicó que era una cuestión de dignidad y comprensión, que nadie va por gusto a un cubo de basura para abastecer su casa, por muy aprovechable que esté lo que haya en su interior. Y es cierto.
Para ser consciente de algunas cosas basta con estar al pie de la calle. Marisa cobra 1.050 Euros con sus pagas extraordinarias prorrateadas, hace más hora que un reloj, tiene dos hijos adolescentes a su cargo en exclusiva, y un padre nonagenario en casa. Pero, como dice, hoy estamos a un lado de la cristalera y mañana, por una patada del destino, estamos en el otro. Sólo hay que asomarse a última hora de la tarde y ver como otros que son igual que cualquiera de nosotros, que hasta ayer trabajaban o esperaban tener una vejez tranquila, necesitan acudir a un cubo de basura. Esto no es cosa del lumpen, ni de marginados.

Así que sin quererlo, en mi barrio, un barrio corriente de una gran ciudad, se ha creado una cadena solidaridad entre los habituales del supermercado para atender a aquellos a los que no les llega la cartera. No entregamos dinero, entregamos alimentos y productos de limpieza. Colaboramos con las bolsas sin preguntar. Es una cuestión de necesidad. Puede que algunos crean que alguien se aprovecha, pero da igual, por uno que lo haga hay muchos otros que se benefician. Puede que otros crean que el beneficio es para el comercio, pues es allí donde lo compramos y dejamos en caja para el posterior reparto, creo que eso a todos los que nos hemos sumado a los eslabones de la cadena nos da igual, de algún sitio tienen que salir las cosas y al menos comprando en éste mantenemos los puestos de trabajo de los que tan brillante idea tuvieron.

En mi barrio los coches pasan muy rápido, las luces a veces nos deslumbran, algunos ni nos conocemos, pero tenemos gente que vale la pena.

Esto es una cadena y así funciona.



Dire Straits - Lady Writer



domingo, 24 de julio de 2011

KEITH JARRETT, AMY WINEHOUSE Y UN DESASTRE PERSONAL


Tenía en la cabeza dejar cuatro notas sobre el concierto de ayer noche. Sobre lo estupendo que es escuchar buen jazz, del mejor, en el incomparable marco de Anfiteatro del Teatre Grec de Montjuic. De lo estupendamente bien que estuvieron  Keith Jarrett, Gary Peacock y Jack DeJohnette y de la velocidad cósmica que alcanzan los momentos más deliciosos de nuestra vida, de lo geniales que son las noches de verano y de lo lejos que están algunas cosas. Pero, después, mientras pensaba en todo ello, cruzó por mi cabeza la idea recurrente de que, por lo general, el mundo se ha vuelto un estercolero, que la muerte de Amy Winehouse nos muestra la locura en la que vivimos, y que lo malo no es que una persona decida autodestruirse,  sino que los que están a su lado, vivan a costa de eso, de la exhibición de esa destrucción.
Pero he sufrido un percance feroz. El disco duro donde guardaba más de 3.200 fotografías, sin que aún comprenda cómo ha podido pasar, se ha precipitado desde la estantería en la que reposaba hasta el suelo. Metro y medio de distancia que ha puesto fin a una infinidad de recuerdos.  Así que no tengo el cuerpo para nada. Se me ha quedado temblón después de que la mala fortuna me haya arrancado, con un golpe seco, la mitad de las geografías de mi vida.
Por eso, ni Keith Jarrett, ni las noches de verano, ni la muerte de Amy Winehouse, nada de todo eso, va a conseguir borrarme la cara de aturdimiento con la que me paseo por casa desde hace casi tres horas.
Ahora, tras el desastre, sólo me queda acudir a la memoria para reconstruir las miles de imágenes perdidas y esperar, si algo que hay que esperar, que mi memoria sea fiel, que no deforme más allá de lo imprescindible y que Amy Winehouse encontrara lo que buscara, si algo buscó.
Un auténtico disloque.
© Fotografía naq

miércoles, 13 de julio de 2011

COSAS VEREDES


A finales de la semana pasada recibí una llamada del que durante años consideré el "hombre de mi vida". Y he dicho “consideré” porque, al cabo de otros tantos, me di cuenta que “el hombre de tu vida” no es uno, sino que, como la Santísima Trinidad, puede ser uno, dos, tres, casi siempre todos ellos a la vez.

El hombre en cuestión, al que llamaré Alfa, me llamaba para invitarme a comer, charlar de algunas cosas y que, de paso, le pusiera al día de las novedades de mi vida que, según dijo, le constaban a través de otro.

Debo confesar que, como el que tuvo retuvo, Alfa provocó en mí una alegría que excedía lo discreto, retrocedí en el discurso y me dije que tal vez sí que existía el "único hombre de tu vida". Hacía algún tiempo había visto un reportaje en el que aparecía con el mismo porte de antaño, con un poco menos de pelo, pero igual de “cañón” que entonces.  

Acepté la invitación, no de inmediato, tarde dos minutos y medio, no fuera a ser que se me notara el ansia. Así que el día X, a la hora H, con más nervios que un chuleton de Minessota me presenté en la dirección que Alfa me había indicado.

Una villa en las afueras de la ciudad, un lugar discreto, delicioso. Ideal. Eso sólo podía ser una señal. El retorno de Alfa a mi vida no podría ser una casualidad. Finalmente, los años me daban la razón y aquel que consideré “El hombre de mi vida”, volvía al redil con la calma, la serenidad y el buen gusto que una segunda parte demanda.

Mientras esperaba sentada en unos confortables silloncitos de cuero, repasé el rouge de mis labios. No pasaron más de un par de minutos cuando un camarero, vestido con librea, me acompañó al comedor. Unos metros de tensa alegría, de mariposas en caída libre en mi delicado estómago (no en vano llevaba tres días sin comer para poder embutirme en el maravilloso vestido que había llevado en nuestra última cita. Lo vintage no muere nunca). Crucé el comedor con un ligero contoneo de caderas, haciendo bailar la melena cuando, sin anestesia, descubrí que junto a Alfa, cogido de la mano, como un perfecto enamorado, se encontraba el que en su día fue el segundo “hombre de mi vida”. 

Debo decir que sobrellevé la comida con mucha dignidad. Sólo en los postres flaqueé, pero es que a ver quien tiene tino parar beber sin atragantarse que los “dos hombres de tu vida” te pidan, como dos dulces princesas, que les amadrines pues, a fin de cuentas, sin tí nunca se habrían conocido.

miércoles, 2 de febrero de 2011

MENSAJES NADA SUBLIMINALES


Me gustaría saber cual es el motivo por el que algunas personas se creen que los demás estamos obligados a aguantar sus impertinencias, sus neuras y demás cositas.

Alguien se preguntará el porqué de una entrada tan bestial. Pues bien, acabo de leer en el periódico un artículo que habla sobre el impacto social del Libro II del Codi Civil de Catalunya, ese que habla del Derecho de Familia; de leer mi correo electrónico con las últimas barrabasadas profesionales; de leer las notas que ayer me dejaron sobre la mesa de trabajo con los mensajes telefónicos del día; y los mensajes que algunas personas tienen a bien dejarme en el blog (estos últimos para que me entere de sus "avances" en la gestión de su estado sentimental para con otros) y, por último, leo las nuevas condiciones que mi entidad aseguradora pretende imponerme atendido a que para ellos, según parece, me he vuelto una persona de riesgo.

Válgame Dios. ¡Que lío! Voy a contestar paso a paso a cada uno de ellos en su correspondiente lugar:
- Al articulista del periódico acabo de enviarle un correo electrónico tachándole de demagogo y proselitista e invitándole a que me rebata los argumentos si tiene bemoles y se olvida de quien le paga.
- A mi aseguradora, le he remitido correo electrónico comunicándole, con la anticipación que las condiciones particulares de mi póliza imponen, la no renovación de la misma y que "ciao-ciao". ¡Ah! y que por favor, no contesten al correo, ni me hagan contra-oferta pues la labor comercial  se hace antes.
- A las llamadas telefónicas ya les daré salida como pueda. Sigo sin poder oir el ruido de una apisonadora con lo que devolver llamadas es un imposible.
- A la persona que en anónimo me deja cada cierto tiempo unos comentarios en mi blog explicándome no sé que historia de vencedores y vencidos, de que al final el amor siempre triunfa, pues mi más enérgica enhorabuena y felicitación por su "logro". Que de verdad que me alegro mucho que al final triunfe el amor y esas cosas, pero que creo que sería más adecuado que eso se lo dijera (que imagino se lo dice) al destintario de su "verdadero" amor, que a mí, como que me interesa más bien poco y este blog no es su consultorio sentimental.

En fin, que parece que hoy el día amenaza lluvia y yo tengo muchas cosas que hacer y el texto de hoy va a ser más bien cortito, como un vómito o un exabrupto, pero es que hay días que son así.

¡Ah! y a ser felices que vivimos cuatro días y tres, como están viendo, amanece nublado.


David Bowie - Modern Love

viernes, 21 de enero de 2011

BUSCANDO ITACA

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La cancion más hermosa del mundo - Joaquin Sabina

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viernes, 17 de diciembre de 2010

LUCHA DE GIGANTES

Cuando alguien me pide que me defina, que me caracterice, siempre contesto lo mismo: “tremenda y acusadamente bipolar”. No sé si es motivo para enorgullecerse, pero es así. Posiblemente sería mejor ser lineal, no tener esos dos polos tan acusados que forman parte de mí y que se dan de bofetadas uno contra otro, hoy sí y mañana también. Pero, no puedo cambiarlo, es demasiado tarde y, por otro lado, tampoco quiero.
Vivir entre dos extremos acusados convierte la vida en una permanente batalla: razón-corazón; risa desbordada-mutismo absoluto; intensidad-desidia; apego-desapego; fuego-hielo y así hasta el infinito y un poco más allá. Siempre ha sido así. Estados, carenciales si se quiere, pero estados por los que oscilo con la naturalidad que da una existencia así, no impostada.
Sin embargo, con los años he aprendido a hacer trampas. Ato a uno con camisa de fuerza y doy carrete al otro, a veces creyendo que perdía y sufriendo lo indecible por ello, a veces creyendo que ganaba y decepcionándome a continuación. Pero sólo así consigo mantenerme en la forzada tranquilidad que me conviene. Los bipolares somos así. No es sencillo. Los dos polos viven convertidos en dos enanos martillos pilones que taladran los  hemisferios cerebrales provocando, en ocasiones, una caos exagerado.
Por eso, a veces, me desboco porque son ellos, los polos, quienes, descontrolados, suben y bajan los platos de la balanza a su antojo. Entonces me rindo y dejo que sean ellos quienes decidan, resistirse sirve de poco. Ya lo dijo el autor “El corazón tiene razones, que la razón misma no entiende”, supongo que por eso, en ocasiones, sin quererlo, me deshago, me muero y revivo en un solo instante. Pero no pasa nada, nunca pasa nada. Las tormentas siempre llegan para desaparecer. Todo, tarde o temprano, vuelve a su sitio. Sólo son mis cosas y eso.


Nacha Pop - Lucha de Gigantes





martes, 19 de octubre de 2010

EL PREMIO PLANETA 2010 (crónica posterior)


Quienes me conocen saben de mi don para ubicarme en distintos lugares a la misma hora. No, no es porque sea Divina, que lo soy, sino porque me muevo con una scooter por la ciudad Planetaria que es Barcelona. Planetaria porque es donde se celebra cada año la entrega del Premio Planeta, el laureado y buscado (por la pasta que reparte) galardón literario. Así que estuve en una fiesta Under-Planeta y en el Premio Planeta
Este año, como viene siendo habitual, la cosa fue así como de mucho lujo. Yo andaba todo el día nerviosa, había comprado unas medias estupendas, me había alisado el pelo para conjuntarlo con un vestidito muy fashion comprado para la ocasión y tenía la cámara fotográfica preparada para inmortalizar los fastos para los que “The big boss”, me había acreditado convenientemente. Al llegar, primer asalto, aparcar la moto y bajar el caballete con los tacones, fue  todo un espectáculo. Por suerte pude hacerlo frente a las dos entradas señaladas: invitados y medios de comunicación (yo iba tan estupenda que bien podía haber pasado por invitada si no fuera por el tranco que colgaba de mi cuello), así que un azafato de lo más amable me dirigió a la entrada de “medios”. Al llegar te daban la acreditación en el mostrador con una tarjeta para la quiniela que se hace cuando sólo quedan 5 finalistas y los números de mesas destinados a la prensa. Te podías sentar en la que quisieras (debo decir que busqué donde estaba los compañeros más guapos pero esos andaban copados). Había photocoll, pero cuando lo descubrí, ya estaban allí todos los periodistas así que las fotos que salieron, son un desastre. Es lo que tiene ser más baja que la media y calzar unos taconazos de 10 centímetros, la cosa no está para hacer equilibrios.


Todo muy espectacular, era algo así como muy de Hollywood, con presentadora e imágenes en las pantallas gigantes, besos y abrazos por doquier.
Pasamos a cenar y yo me senté en la mesa 48. La que más cerca vi del escenario. En ella, tres señores con corbata, muy serios. Mientras esperamos a que nos sirvieran la cena, yo me di un paseo por entre las mesas para hacer fotos a los importantes y lucir el estilo y garbo que mis buenos euros me costó. En esto que me cruzo con el Molt Honorable ex President Sr. Jordi Pujol. Le digo que si le importa que le haga una foto, me dice que “faltaría más”. Disparo mi Canon y el buen señor me pregunta si yo sé donde se tiene que sentar. Levanté mi ceja y porque soy muy educada le dije que no, pero que enseguida le avisaba a una azafata porque YO, soy de los MEDIA. Pero,  esto es Cataluña, y como la pela es la pela, le digo que no se preocupe, que se lo averiguo. Rauda y veloz, con ese porte que tengo, levanté la mano con una autoridad espectacular para llamar a una de las azafatas. Mientras ésta se acerca, el buen hombre me pregunta que si soy periodista, le digo que sí y me pregunta que para que periódico trabajo. Ahí veo el cielo abierto, ya que yo iba acreditada por una televisión local y no por “Más que palabras”. Le digo que trabajo en la televisión local con un presentador muy conocido (no voy a dar su nombre puesto que no me paga como es debido y la propaganda no me da la gana hacérsela), a lo cual el hombre exclama; “hombre, el meu amic XXXX. Doni-li vosté records de part meva” (XXXX y Jordi Pujol son grandes amigos). En ese momento llega la azafata. Yo le digo que el “President” necesita encontrar su mesa (básicamente porque no está para muchos meneos. El President tiene una edad). La joven se dispone a acompañarlo pero antes el “Molt Honorable” me da la mano, ha sido un placer y me repite que le de recuerdos a XXXXX. Esto fue lo más interesante de la cena. Eso y el guapo gacetillero que me encontré en el guardarropía y con el que terminé compartiendo codazos  y dándonos los teléfonos en el momento de las fotos.
Ya en la mesa, aparece un tipo super alto que se sienta a mi lado y resulta ser el fotógrafo de "Qué Sopor", un argentino lapa y plasta como él solo. Aparecen dos señores más que compartieron la velada con el plasta y conmigo. Como soy la única mujer en la mesa, pues lo tengo fácil, todos quieren hablar conmigo (a veces los hombres son simples como el mecanismo de un chupete). Uno de los presentes resultó ser el director de “Estroney Digital” me da su tarjeta, le doy la mía y a los cinco minutos me enseña su BlackBerry (la desenfunda como si fuera un revolver. Uy! que miedo). Introduce la dirección de la web, masquepalabras.info (por la que yo acudía camuflada). Introducir, sólo introdujo la dirección web, pese a que sus ojitos dijeran que el hombre lo que quería era introducir otra cosa… (Olvidemos esto). El otro de los presentes, e director de “El Misterios”, me entrega su tarjeta y ambos dos se interesan por mi iniciativa, mi valentía, mi dedicación desinteresada… amos, que me parece que, a la vista que no se iban a llevar el premio, buscaban llevarse “la pedrea”. A todo esto el argentino seguía dando el coñazo con que si la organización trataba mal a los periodistas y bla, bla, bla. Debo reconocer que en esos momentos tenía ganas de arrearles a todos con el bolso y con el photoshop.
Quedan dos finalistas y la prensa nos dirigimos al escenario. Empujones, codazos, pero como una ya lleva dos o tres de estas, saqué pecho (en sentido figurado, claro), estiré y metí cuello y de aquí no me mueve ni Dios. Que se quejan, pues que les den. El resultado fueron tres o cuatro fotos bastante buenas.
A continuación, rueda de prensa. Miembros del jurado y ganador y finalista. Por cierto, que la finalista, más sosa no podía ser (Hija de mi vida, que estamos en el Planeta, daban ganas de decirle). Al menos Mendoza hizo algún que otro chiste, pero ella... En fin, esperemos que escriba mejor que festeja sus premios. 


Finalizada la cosa, teníamos una invitación a tomar una copa en la sala Ribelinos, la más pija de Barcelona por excelencia. Pero como no quería encontrarme con el argentino y que siguiera con la vara que me estaba dando, ni con los dos trajeados, fuera a ser que me echasen una aspirina en la coca cola, servidora se puso las bambas, se subió a su scooter que dormía el sueño de los justos frente al Palau de Congresos de Barcelona y se fue a casa, que ya eran más de las 2 y la moto se me vuelve calabaza.
Queridos, esta es mi crónica del premio Planeta 2010. El año que viene, si la jefa lo consiente, igual nos tomamos hasta unos canapeses y nos iremos de copas (ella y yo), sin argentinos, ni tipos encorbatados, ni sosas semifinalistas, ni finalistas cantaos. 



martes, 10 de agosto de 2010

MINIMALISMOS (I)



LLega. Te mola. La cagas.

NO SOMOS LADY GAGA


Estamos sentadas en una terraza. Hace un calor de morirse, insoportable, tenemos dos paypáis y un aplatane que no lo levanta ni seis cajas de “pharmaton complex” en vena. La anfitriona del encuentro, la que convoca la reunión, no llega. Alguien comienza a nombrar a Judas, empieza a escucharse algún que otro juramento en arameo y un “¿Cómo se le ocurre a estas alturas de julio quedar antes de las siete de la tarde? En la mesa se agolpan botellines de agua, copas de café con hielo y cuatro mojitos a medio consumir. Llevamos esperándola desde hace una hora. Pero es delicada, ha ido mandando mensajes a los móviles cada 10 minutos diciendo que ya llegaba, que sólo se retrasa un poquito.
Por la esquina aparece Ra. Se acerca tranquila, caminando como la que no quiere la cosa. Viene con un bonito vestido vaporoso, cuñas de altura y el pelo recogido en una coleta baja. Nos miramos mientras la vemos acercarse. Un murmullo y un: ““uyyyyyyyyyy, aquí pasa algo" resuena en el ambiente. Los domingos por la tarde Ra acostumbra a aparecer en abarcas, camisetas que le dejan los brazos al aire, vaqueros pitillo y un gigantesco bolso cruzado en bandolera. Nada que ver con las galas que hoy luce.
Se sienta delicadamente, coloca su falda de manera que el aluminio de la silla no le roce los muslos. Cruza las piernas. Con la mano, como si fuera la Reina Sofía, llama al camarero y pide un “té helado”. A estas alturas, el resto parecemos la congregación de las recogidas de la calle. Tenemos una Reina entre nosotras y no nos habíamos dado cuenta. Pero la envidia es muy mala, así que empieza un interrogatorio a lo KGB para desvelar tanto misterio. La chica está entrenada y no nos cuenta que es lo que está pasando. Se hace la misteriosa.
Pero somos infalibles, años de entrenamiento nos avalan. Dos horas más tardes, seiscientas veces escuchada la canción de Lady Gaga, cinco infusiones para ella, doscientas copas para el resto, confiesa: Está embarazada. Ella sonríe, es la única que está sobria, el resto alucinamos y rompemos a reir. Algo nos hemos perdido por el camino, pero qué más da, ya no lo explicará mañana, ahora sólo toca brindar porque ella está contenta, porque se siente como una reina, porque seremos una más y porque donde no llegue ella llegaremos el resto, como en los últimos veinte años. Así que como hoy las demás no podemos ni conducir (la culpa es del gintonic, los mojitos y el cava con el que hemos brindado), lo hará ella, nos llevará a casa y nos dejará a buen recaudo que ahora es una futura mamá responsable y ya empieza a ejercer de ello.
Felicidades Ra.

(*) Escrito una madrugada de julio. Publicado a mediados de agosto, cuando la confirmación es total (ya saben, nunca antes de los tres meses).

Lady GaGa - Just Dance

martes, 3 de agosto de 2010

GIN WITHOUT TONIC


Sentada en la esquina de la cama, espera que las horas pasen. No quiere pensar en lo que acaba de hacer. Aún retumba en su cabeza el sonido de la puerta que cerró de un golpe seco. Tiró su bolsa a la escalera, no quiere que quede nada. No se siente mejor, todo lo contrario. Todos le dicen que es lo que tiene que hacer, que es cuestión de tiempo. Todo se pasa, todo se cura. Que sencillo parece cuando no es uno el que se muere cada vez que respira. Ha desconectado el timbre de la puerta, el teléfono, se ha colocado tapones en los oídos y Mahler resuena por toda la casa.
Nadie le dijo que dejar de querer fuera así de complicado. Nadie le explicó que eso que sentía cotizaba por debajo de cero cuando el otro no siente lo mismo. 
Ahora intenta olvidar, sentada en la esquina de la cama. El tiempo es eterno y sabe a ginebra.

viernes, 4 de junio de 2010

DOMESTICIDADES (III) como convivir con un minino


Siento especial predilección por los cepillos para el pelo. Pero no cualquier cepillo sino esos que tienen gordos mangos de madera y gruesas cerdas naturales. Esta filia me ha llevado a tener "el cesto de los cepillos,"  y rellenarlo no  con uno, ni con dos; sino con varios más. Nunca menos de tres, nunca más de seis. 

Este capricho no hace daño a nadie o eso creía yo, pero, al parecer, al gato (que es el amo de esta casa), no le gusta. Por lo general, no discuto con mi gato, no por falta de ganas, sino porque tiene bastante mala leche y, en los últimos tiempos, cuando se le lleva la contraria o no se le satisfacen sus gustos (latas de lomitos de atún, arena de sílice y collar de terciopelo azul cielo con perlas drapeadas), se pone de muy mal café y se venga dejando trazas de su ADN donde menos te lo esperas, lo cual es bastante molesto pues sales a la calle y todas las gatitas del barrio maúllan a tu paso. Así que evito las hostilidades con el minino que, además, ya tiene una edad y empieza a chochear.

Pero hoy, el tema ha pasado de castaño oscuro.

Mientras voy camino de casa, muerta de cansancio, con sueño y hambre, después de un día duro, pienso que me merezco un regalo. Algo sencillo, un té moruno, musiquita relajante, un baño con burbujitas, cremitas por doquier y una pedicura en condiciones. Eso puede ayudar a que mi desastroso día mejore sustancialmente. ¿Frivolidad? Sí, y ¿Qué?

Llego a casa y lanzo un ¡Holaaaaaaaaaa!. Un eco resuena: hola, hola, hola….. Del minino ni rastro. Es extraño, normalmente tiene comportamientos perrunos y en cuanto pongo la llave en la cerradura ya está sentado frente a la alfombra de la puerta esperando cucamonas. Hoy, no está. 

Cuelgo mi abrigo en la percha, dejo el bolso sobre la mesa y mientras camino por el pasillo de casa, empiezo a ver unas extrañas y oscuras trazas en el suelo. ¿Césped artificial importado de la Selva Negra? ¿Cientos de filas de hormigas procesionando por la casa?

Empiezo a tener una cierta sospecha. Doblo el espinazo y recojo del suelo un puñado de cerdas naturales. Me están entrando instintos asesinos. Entro en el salón. Sobre el sofá está el mishino en cuestión rodeado de media docena de palos de madera más pelados que la cabeza de Kojak. 

Siento la sangre que asciende a mis mejillas, que una furia interior empieza a poseerme. Mis cepillos convertidos en un manojo de estacas. El felino, que me mira como si yo no estuviera, sostiene un mango entre sus dientes. Me acerco con cara de mal café dispuesta a arrancarle el resto de mí adorado cepillo, pero el gato de marras, pese a gordo y viejo, se da media vuelta, levanta el rabo con dignidad y, cuando ya juro en arameo y prometo que lo voy a despellejar para hacerme una bufanda, serenamente  lanza una ventosidad al viento mientras se encamina a su nuevo reino, el cesto de los cepillos.

Esto va a acabar mal, pero que muy mal.

Rosario flores - Mi gato