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domingo, 13 de septiembre de 2020

ANTIBES



“Me miró con comprensión, mucho más que con comprensión. Era una de esas raras sonrisas capaces de tranquilizarnos para toda la eternidad, que sólo encontramos cuatro o cinco veces en la vida. Aquella sonrisa se ofrecía —o parecía ofrecerse— al mundo entero y eterno, para luego concentrarse en ti, exclusivamente en ti, con una irresistible predisposición a tu favor”.

El Gran Gatsby. Francis Scott Fitzgerald






Busco la hamaca más retirada. Apenas hay nadie en la piscina. Estos días, aunque raros, parecen pintados para bajar a la playa, aunque para llegar haya que hacerlo con mascarilla y la suerte de frente. Los aforos han abortado muchos planes estos días y caminar, aunque sea a buen paso y bajo el calor sofocante del sol mediterráneo, no garantiza una plaza en la que acomodar la toalla y reposar la pereza a la hora de la siesta. Pero yo, que he aprendido a improvisarlo todo, decido quedarme en la finca y busco la sombra de la buganvilla que se descuelga del muro que la divide en dos.  A un lado, la piscina. Al otro, un jardín en el que los pinos se mezclan con hibiscos, los romeros y lavandas que al anochecer regalan el perfume de un verano que se agota.  Sopla una brisa suave y las gotas del chapuzón del niño de la casa me refrescan por unos segundos. Desde la tumbona miro al horizonte como si desde aquí, tan lejos y tan cerca, pudiera ver la silueta del cabo y el color verdoso del agua que lo bordea. La imaginación es un motor poderoso que nos rescata sin necesidad de pagar ni un solo céntimo. Llega hasta aquí el bullicio de la alegría de los que saltan las olas que, de modo intermitente, van barriendo la orilla de la playa. A la sombra de las hojas que cobijan las flores más diminutas del mundo, dejo que la razón se pierda y fluya, como el agua que se extiende al llegar a la orilla del mar, la idea tan extraordinaria como estúpida de volver a verte.



sábado, 9 de enero de 2010

EL GRAN GATSBY (Fragmento) -Francis Scott Fitzgerald-


" En mi primera infancia mi padre me dio un consejo que, desde entonces, no ha cesado de darme vueltas. Cada vez que te sientas inclinado a criticar a alguien -me dijo- ten presente que no todo el mundo ha tenido tus ventajas. No añadió más, pero ambos no hemos sido nunca muy comunicativos dentro de nuestra habitual reserva, por lo cual comprendí que, con sus palabras, quería decir mucho más. (...) Su corazón se hallaba en constante y turbulenta agitación, temperamento creador, tenía un don para saber esperar y, sobre todo, una romántica presteza; era la suya una de esas raras sonrisas, con una calidad de eterna confianza, de esas que en toda la vida no se encuentran más que cuatro o cinco veces. (...) James Gatz era víctima de un mundo al que no pertenecía: ricos, seres descuidados e indiferentes, que aplastaban cosas y seres humanos, y luego se refugiaban en su dinero o en su amplia irreflexión. (...) Gatsby creía en el fastuoso futuro que año tras año retrocede ante nosotros. Aunque en este momento nos evite, no importa... Mañana correremos más rápido, estiraremos más los brazos... Y una hermosa mañana. Y así seguimos, luchando como barcos contra la corriente, atraidos incesantemente hacia el pasado."