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viernes, 26 de septiembre de 2014

A CUMPLIR Y QUE NO FALTE


"Lo más importante que aprendí a hacer después
 de los cuarenta años fue a decir no cuando es no".


Comparto muchas cosas en este espacio. Escritos que caen en el ciberespacio como lágrimas en la lluvia. No sé si son muchos o pocos los que lo leen, pero eso, en realidad, no tiene mayor importancia. Sin embargo, para los que lo leen, sean muchos o sean pocos, hoy guardo un trozo de tarta, por la paciencia, la fidelidad y el buen rollo que siempre recibo de sus comentarios.

Sin lectores este blog seguiría existiendo porque nunca pretendió ser otra cosa que la que es, una de mis múltiples prolongaciones vitales que esconden mucho de irreal entre mis realidades. Un modo de ordenarme la vida. Pero, todo y con eso, agradezco a todo el que dedica parte de su tiempo a pasarse por esta casa. Por eso, aunque sea de un modo virtual, aquí tienen su trozo de tarta y una copa de buen champán.






miércoles, 7 de noviembre de 2012

LA GRAN BLUFF o ADIOS MI AMOR, ESTO ES UNA PRUEBA DE AMOR (Versión 2.0)


Llevo una temporada leyendo por distintos sitios que no hay prueba más grande de amor, que dejar que ese “amor” se marche. Cada vez que leo esa frase, levanto las cejas y me pregunto si quienes lo dicen realmente lo dice en serio, o si de verdad, en algún momento en su vida, han dejado que la persona amada marchara y han considerado que estaban dando una gran prueba de amor. Creo que en ambos casos la respuesta sería no


Nadie deja marchar libremente a la persona amada, y hablo de libremente con uno mismo. Creer lo contrario, a mí me parece una manera suave de intentar consolarse cuando nuestro amado desaparece, por no decir una estupidez. Y es que el amor, en algunas ocasiones, se nos escapa, se va, desaparece (con otro, con otra, o simplemente solo),  pero, dudo que nadie le abra la puerta diciéndole que se puede marchar, que tranquilo, que no pasa nada, que nos quedamos fenomenalmente bien, porque somos tan geniales y generosos que, con ese abrirle la puerta, le estamos demostrando nuestro profundo amor. Una demostración absurda que no lleva a nada, salvo a quedar como unos auténticos bobos con nosotros mismos y con el que recibe esa despedida.


Una demostración, una prueba ¿para qué? Para nada. ¿La secreta esperanza de un reconocimiento que nunca llegará? Pues eso creo.


Y es que en realidad no dejamos que se marche, sino que no nos queda otra que resignarnos con la marcha, sobrellevarla y aprender a vivir con ella.

El amor es un sentimiento que tiende a buscar la reciprocidad. El que ama espera que el sujeto amado le ame. Porque lo que uno quiere cuando ama es unirse al otro, fundirse en él, porque sólo así se siente completo. Porque el amor, el correspondido, da energía para vivir, para comunicar, para crear (esto último no sólo lo digo yo, sino también mi eterno comodín en los últimos tiempos, el diccionario de la RAE) y cuando eso no ocurre uno queda hecho fosfatina y en lo que menos piensa es en la generosidad para con el otro.


Quizás es que soy rarita pero, si en mi mano estuviera, yo a “mi amor” no le dejaría marchar nunca. Querría estar siempre con él (mientras le ame), fundirme en uno y perderme en cada uno de sus recodos y darle mil pruebas de ese amor. No le abriría la puerta para decirle que le amo tanto que se puede marchar. Pero, si llegado el momento, mi amor decidiera que quiere irse, por el motivo que fuera, lo que tengo claro es que tendría que ser él quien debería abrirse la puerta mientras encajo esa plantada. Yo me vería incapacitada para acompañarle hasta el umbral, darle un golpecito al hombro y darle las gracias por haberme dejado amarle tanto.


Lo siento, no debo andar en la onda, porque a mí, un amor no correspondido, que decide alejarse dejándote con cara de tontito y el corazón hecho trizas, me parece algo tremendo.

El adiós a un amor, cuando uno continua amando, es una gran faena, una terrible frustración, que dudo mucho que permita la generosidad de franquearle la salida como prueba de afecto. Otra cosa es que no quede otra que aceptarlo o incluso que nos toque cerrar la puerta cuando tenemos consciencia que el ser amado ya no nos ama, cuando esa situación sólo produce desconcierto y dolor, y sabemos que el otro nada va a hacer.


Pero claro, cada uno somos un mundo.
   

 


(Version 1.0 del 26/2/2010)

domingo, 14 de octubre de 2012

NATURALEZA DE ANGUILA




Cuanto más cerca estaba, más rápido marchaba. Iba y venía. Jamás decía el tiempo que se quedaría. El porqué de sus retornos escapaban a toda lógica. Al irse, dejaba huecos que rellenaba de momentos fugaces sin ningún fin. En el fondo, esperaba su vuelta. Una naturaleza escurridiza que sólo escondía una vida imposible de cerrar y el miedo a la perdida definitiva. ¿Sólo una vez le pregunté por qué volvía? No contestó. Durante semanas desapareció y sólo supe que seguía vivo por la lamentable sensación de abandono que su ausencia dibujaba en mí.

Un diciembre, con la escarcha cristalizada, le escuché llegar de nuevo. No lo hizo como en otras ocasiones, esta vez escogió el engañoso método de las letras y matices. Siempre escurridizo, supe que volvía para quedarse hasta zozobrar de nuevo. Sabía que  ese momento llegaría más pronto que tarde, que se diluiría convirtiéndose para mí, de nuevo, en un recuerdo fatigoso. Sabía que esa naturaleza inquieta buscaría lugares amables en los que nada tuviera que perder y sabía, también, que volvería porque no en vano se había impregnado de mi particularidad y eso, que le volvía vulnerable, le haría regresar.

Nunca comprendí la necesidad de ocultar lo que la evidencia había mostrado. La existencia de lo exquisito en lo particular es difícil de esconder, es difícil de encontrar. No volví a preguntarle jamás. Continuó yendo y viendo. Los interrogantes siguen viviendo suspendidos en el aire y diciembre, sigue siendo diciembre, aunque el sol de junio nos abrase por dentro.




jueves, 20 de septiembre de 2012

LIMONCELLO -It-

 

Cercai il tuo pigiama di Superman e non lo trovai. Scoprii un biglietto del tram con il tuo nome e l’impronta digitale del tuo dito tatuata tra le pagine di Rimbaud. Ricercai tra i vecchi giornali la pubblicità di uno shampoo. Giocai alla lotteria di fine anno e comprai un biglietto immaginario per Singapore.

Caotico tu, caotica io.

Ballai sotto la doccia e ti vidi. Innaffia il cactus con il migliore limoncello mentre pettinavo il gatto con una forchetta di Siracusa. E alla fine, quasi alla fine, odorai il tuo maglione.
La fuori, da alcune ore, non è più azzurro. Qualcuno brucia fogli. Guardo le mie calze e le mie scarpe col tacco e muoio, perche veramente muoio, mentre ascolto un sassofono.
E tu? 

© Traducción Antonino Pingue
http://eltodaviamas.blogspot.com/


Versión en español: Limoncello

Branford Marsalis - I Thought About You








 

jueves, 13 de septiembre de 2012

"AMIGOS CLASE A" y "PLAN B"


Huyo de las personas que dicen tener muchos amigos, de los que dan exageradas muestras de afecto sin motivo y de los que creen que las relaciones son de plastilina y puede modelarla a su antojo sin contar con el que tienen enfrente.
Por eso puedo presumir de tener muchos conocidos (a algunos los conozco muy bien) y de tener pocos amigos. A estos últimos puedo contarlos con los dedos de las manos y me sobra algún que otro dedo.
Pero la tendencia natural a llamar amigo a cualquiera que se nos arrima hace que algunas personas se confundan. Sin embargo, en mi caso, yo lo tengo claro, si a todo aquel al que conocemos y mantenemos una cierta relación tenemos que llamarle “amigo”, yo les llamo “amigos clase B” y a los de verdad (que en realidad son los principales, los únicos), esos son los “amigos clase A”. Aquellos donde la reciprocidad lo preside todo, sobre todo  en el envite de la oferta y la demanda en aquello del tú y yo.
Esta clasificación entre “A” y “B” no es mía, se fraguó un invierno de 1986 en el bar de la facultad de medicina mientras diseccionábamos el mundo y a nosotros mismos. Han pasado más de veinte años.

11 de noviembre de 2010. Los “A” corremos arriba y abajo, dejamos niños en el colegio, a nuestros mayores asistidos y recogidos, quemamos suela y alma a cada minuto que trascurre pero hoy, como en otras ocasiones, después de todo eso, hemos aparcado nuestras carteras, los fonendoscopios, nuestros papeles, nuestros libros, y hemos dejado todo eso descansando  a los pies de una simple mesa de metal, tosca y fría, como en la que nos sentábamos en 1986. Nos sacamos las corbatas, los foulards y volvemos a los veinte años, cuando todo estaba por hacer. Miramos al mar mientras removemos los cafés que sustituyen las cervezas de entonces y nos reconocemos. Somos clase “A”. Hemos hecho pellas, tenemos un Plan B, tenemos que rescatar a uno de los nuestros que se hunde. Una hora, no es demasiado. Por eso el café esta mañana sabe mejor que nunca. Los problemas, las decepciones y el  mañana incierto han quedado aparcados en la puerta y todo nos parece más menudo, más soportable. Reconocernos, con todo lo que llevamos a cuesta, es un lujo. Sólo nos falta uno, lo perdimos hace ya muchos años pero hablamos de él. Nos sonreímos hasta que las risas nos encaminan a las lágrimas espesas, esas que asoman y no caen. Pero ahí estamos, nos cuidamos, en la distancia, pese a los años, por eso siempre tenemos a mano un “Plan B”.


Simple Minds - Don`t You Forget About Me

 

viernes, 27 de abril de 2012

27 DE ABRIL


Hoy hace exactamente nueve años que murió mi padre. En general, no ha sido un buen día. Los 27 de abril no acostumbran a serlo nunca. 

Inevitablemente, una vez más, el aire huele a nueces.

martes, 17 de abril de 2012

CORTEZAS

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Me senté a la sombra de un inmenso alcornoque, sintiendo en los muslos la aspereza de la pinaza que cubre el suelo como un manto desolado. Se me avivó el recuerdo y le eché de menos. 

Acaricié la corteza y me entretuve con los nudos rugosos que esconden los años vividos. Los reseguí con fuerza para no olvidar que el mundo existe más allá de los pensamientos inciertos. Me dolieron las yemas de los dedos.

Nos separan veinte años. Fue entonces cuando, sin sabernos, nos colgamos de los hilos con el que hemos tejido, a la par, dos telas de araña distintas, lejanas, invisibles, densas y falsamente cálidas que nos atrapan con el acogedor engaño del hoy. 
Sentí el olor del romero aún húmedo y retrocedí a ese momento en el que todo era posible. Por eso, imagine de nuevo su presencia infinita y no pude por menos que abrazarme a ella para mantenerme y no caer ante el endeble equilibrio que todo lo sostiene. 

Convertí el silencio en un sentimiento incierto. Cerré los ojos y retorné con el roce tosco de la corteza centenaria que me recordó que ya no necesito nada, sólo saberle.

  

lunes, 5 de marzo de 2012

YO QUIERO PAGAR IMPUESTOS, MUCHOS IMPUESTOS


He comenzado a hacer mi declaración del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas correspondiente al año 2009. Lo llevo mal. Tan mal como cuando me anuncian los recortes municipales y, en consecuencia, la revisión de mis contratos, tan mal como cuando me confirman la suspensión de todo tipo de colaboraciones externas, tan mal como cuando veo que el kilo de tomates ha pasado de 0,95 Euros a 2,50 Euros en menos de una semana, tan mal como cuando leo en la prensa que los chorizos más monumentales que el “oasis” ha gestado en los últimos tiempos, ya pasean en sus coches de varias decenas de miles de euros y que, en breve, surcarán las aguas del Mediterráneo con esos barcos que YO he pagado, que TÚ has pagado y que ELLOS NO han pagado, sólo los han robado. Sí, lo llevo mal, fatal.

Por lo general y, en realidad, también por lo particular, creo en una sociedad en la que todos, absolutamente todos, paguemos nuestros impuestos sin defraudar ni una sola peseta, mejor dicho ni un sólo euro. Pero como aún soy un poco boba, también creo que deberíamos vivir en una sociedad donde los salarios permitieran a la gente vivir y que, el tan manido Salario Mínimo Interprofesional de verdad sirviera para que las necesidades más elementales estuvieran cubiertas.

Y digo que lo creo, y así lo quiero, porque necesitamos una sanidad en condiciones que, no sólo tenga remedio a nuestros males sino que además éste nos llegue a tiempo; que tengamos unos transportes públicos que nos permitan ir de una punta a otra de nuestra ciudad, transbordando de unos medios de transporte a otros, por algo tan módico como es 1,40 Euros en mi ciudad (bastante menos en otras); porque necesitamos guarderías que atiendan a los más pequeños, en horarios compatibles con los laborales y sin que los padre tengan que dejarse la hijuela pagando estos servicios; porqué me gusta ver limpias las aceras por las que camino y que los parterres de la ciudad luzcan frondosos cuando toca; para que al llegar a la vejez uno pueda vivir con dignidad con las prestaciones públicas que le corresponden y no tenga que mendigar socialmente; porque quiero que los niños que acuden a las escuelas públicas tengan bibliotecas bien surtidas, equipos informáticos, profesores de idiomas, buenas escuelas deportivas, comedores en condiciones; porque quiero que existan Servicios Sociales que verdaderamente puedan atender con recursos a los ciudadanos. Por todo eso y por otras cosas, yo pago muy satisfecha mis impuestos y, puedo asegurarles que no son pocos.

Pero me pongo de mala leche, de muy mala leche, cuando llegan días como hoy, en los que me toca sentarme frente a mis papeles, con el gestor al lado, para preparar la declaración del impuesto sobre la renta, y pienso en que ese esfuerzo que algunos hacemos (porque Hacienda, aunque el eslogan diga lo contrario, no somos todos), servirá para que alguien se hinche a robar, para que otros se dediquen a dilapidar, mal gestionar y a dejar nuestro sistema fiscal y de pensiones hecho un Santo Cristo, entre otras cosas.

Por eso, yo que no soy nadie y mis peroratas a nadie interesa, pero pago religiosamente todos y cada uno de los impuestos con los que se me grava, puedo decir que YO QUIERO PAGAR IMPUESTOS, pero quiero pagarlos para que sirvan para lo que he dicho antes, no para que los  "listos" que nos manejan se pongan morados a robar y mal gestionar.

Este país cada vez huele peor y al final siempre pagamos, en todos los sentidos, los mismos.

P.D.(Que nadie se asuste, la mala leche se me irá pasando, poco a poco, sólo volverá cuando retome la lectura del expediente Caso Pretoria o la trama Gürtel, o vea el panorama que tiene por Palma de Mallorca)

Pink Floyd - Money (The Italian Job)

martes, 21 de febrero de 2012

VENDEDORES DE HUMO


Unos días dedicados a la preceptiva reposición de chapa y pintura me han tenido apartada, por voluntad propia, de algunas cosas que conforman mi cotidianeidad: el teléfono,  las redes sociales, mi blog. El día 31 de diciembre, podía haber sido cualquier otro día, decidí, aún no sé demasiado bien el porqué, apartarme de lo que, en ocasiones, me hace perder el poco tiempo que tengo.

Estos días de retiro he leído mucho, he escrito otro poco. He visitado webs, blogs, he contemplado fotografías extraordinarias y he viajado, sin moverme del sofá, a lugares tan lejanos como Hohhot (Mongolia), tan fríos como Oymyakon (Yakutia), tan espectaculares como Bagan (Myanmar). Unos días extraordinarios.

Creo que ha llegado el momento hacer algunos cambios, de dejar atrás algunas cosas y de dar el valor, en su justa medida, a lo que, por un embobamiento generalizado, coloqué donde no debía, priorizando el humo a lo que con la mano puedo tocar, agarrar y acariciar.

He estado dando vueltas al motivo por el que perdemos tanto tiempo enredados en las redes sociales. ¿Por qué si puedo estar leyendo a uno de los grandes, disfrutando con los párrafos que sólo tipos geniales pueden escribir, lo pierdo leyendo las simplezas que colgamos en estados que duran vivos apenas unos minutos? Puede que esta reflexión sólo sea el producto de un hartazgo que yo sola me he provocado. Las redes sociales son adictivas, sin duda alguna. ¿Cuál es el motivo por el que es mejor tener setecientos, ochocientos, novecientos amigos en una red social a no tener ninguno? ¿Es para que nos rían más la gracia, para que sean más los que nos consideren ingeniosos, virtuosos, o incluso escandalosos? No tengo respuesta para ello.

Formo parte de la red, lo sé y la existencia de Anita Noire es producto precisamente de ella. Puede que se esté acercando la hora de matar a este personaje que ha acaparado un espacio en el ciberespacio que no da más de sí.
Ahora dispongo de un tiempo que he rescatado de las garras de lo absurdo, puede que empiece a pensar en la manera de terminar con algunas cosas, entre ellas conmigo misma y vuelva  a Roig, a Calders, a Pla, a Vila-Matas, a Laforet, a Guillen, a todo eso que aparqué mientras absorbía humo.

Supongo que esto es una especie de propósito de principio de año, no lo tengo claro.


Este texto fue escrito durante los primeros días del mes de enero. No sé el motivo por el que quedó descansando, el sueño de los justos, en el escritorio de mi ordenador. Queda rescatado, sigo pensando lo mismo, un par de meses después.

domingo, 19 de febrero de 2012

*****


Y todo cae con un estrépito espantoso, sólo es domingo.

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"Entre tu verdad más honda
y yo
me pones siempre tus besos.
La presiento, cerca ya,
la deseo, no la alcanzo;
cuando estoy más cerca de ella
me cierras el paso tú,
te me ofreces en los labios.
Y ya no voy más allá.
Triunfas. Olvido, besando,
tu secreto encastillado.
Y me truecas el afán
de seguir más hacia ti,
en deseo
de que no me dejes ir
y me beses.
  Ten cuidado.
Te vas a vender, así.
Porque un día el beso tuyo,
de tan lejos, de tan hondo
te va a nacer,
que lo que estás escondiendo
detrás de él
te salte todo a los labios.
Y lo que tú me negabas
—alma delgada y esquiva—
se me entregue, me lo des
sin querer
donde querías negármelo".
-Entre tu verdad más honda-

jueves, 2 de febrero de 2012

NI TODOS ANGELES, NI TODOS DIABLOS


Mi padre, una figura de autoridad. Mientras fuimos pequeños obecedíamos sin chistar. Un hombre en apariencia tranquilo, firme, sin estridencias que había aparcado para otro momento (uno que no llegó nunca) su verdadera vocación, para que los que dependíamos de él salieramos adelante. Un hombre serio, un hombre callado. Jamás una voz por encima de la otra, ni un gesto de fuerza. Obedecíamos sin discusión. 
Al ir creciendo teníamos tres alternativas: seguir obedeciendo unas normas que el paso del tiempo había instaurado como usos de la familia, aparentar obedecer sin hacerlo, cuestionar y negociar. 

Empecé a cuestionarle muy pronto y desde entonces comencé a negociar. Las negociaciones duraron años. Con el tiempo he comprendido que era lo que le divertía. Negocié, en mi adolescencia, normas impuestas que, entonces no entendía, provenían del temor a que algo terrible nos pudiera ocurrir; negocié en mi primera edad adulta cuando mi sentido de la independencia me impedia sujetarme a algunas costumbres que se habían quedado caducas y  negocié para obtener mis propias parcelas de poder. Negociamos y negociamos, jugando al ratón y al gato. El enfrentamiento directo, sin negociación, sin puesta sobre la mesa de alternativas, sólo daba lugar a cerrarse en banda, por uno y otro lado.
Muy pronto dejé de obedecer. Negociamos mucho, de todo. Pasé a cumplir pactos y él también. Así fue durante años, incluso cuando ya no vivía en casa.
Los que me precedieron creen que esa manera de  tratarnos se sostenía bajo el parametro del hijo predilecto. No es cierto, no lo era (el que se llevaba ese galardón era el que más disgustos le dió toda su vida. Suele ser así). Creo que en realidad fue más sencillo. En lo externo, soy como mi madre. En lo interno, soy como mi padre.

Negociamos hasta poco antes de fallecer (tú arreglas tus papeles y yo haré que se cumplan sin problemas; tú sigues el tratamiento y yo me afeito la cabeza; yo te hago caso y no me afeito la cabeza y tú vuelves a reanudar el tratamiento; tú vuelves a dibujar y yo no se lo digo a nadie). Cuando apenas le quedaba aliento, dejé de negociar y volví a obedecerle. No sé si me equivoqué y debí negociar. No lo hice, le obedecí a ciegas, sin cuestionarle. Creo que él lo quiso así. Por eso hoy no tengo un lugar donde ir a discutirle nada y cuando quiero encontrarle o tener un punto de referencia sólo puedo mirar al Mediterráneo.

viernes, 27 de enero de 2012

ESPERANDO EL GRAZNAR DE DALHMAN



Acaba de marchar el veterinario. Dalhman no está bien. Llego a casa y lo encuentro tumbado en un rincón del estudio, junto a la pared. No es normal. Dalhman es un perro disfrazado de gato que sale en tu busca en cuando oye el tintinear de las llaves abriendo la puerta pero, hoy, soy yo quien tiene que buscarle.

Dejo el bolso en el suelo y le paso la mano por el lomo. Apenas gime mientras gira la cabeza y me mira con sus ojos felinos que anuncian que algo no va bien. Husmea el aire a trompicones en un gesto que repite para que le rasque el hocico.

Llegó a casa en la década de los noventa, dando pequeños brincos y graznando como una gaviota. Fue rescatado en un callejón cerca del puerto, supongo que por eso aprendió a imitar, pensando que le era propio, el ruido de las gaviotas; y aquí sigue, convertido en el rey del sofá, el amo de la prensa y en el mejor descabezador de cepillos para el pelo con mango de madera.

Vamos a tener que esperar unas horas, la noche va a ser larga. Dalhman se me ha hecho viejo y yo me muero de pena.





martes, 17 de enero de 2012

FILTROS

Un día alguien me preguntó por esa necesidad de viajar a lugares lejanos, a mundos extraños sin comodidades, con temperaturas y ambientes insalubres. Me preguntó qué buscaba, de qué escapaba. Contesté que no escapaba de nada porque, por lo general, aquello de lo que queremos huir, se encuentra dentro de nosotros y yo, al menos yo, no estoy dispuesta a cruzar océanos girando sobre mi misma para no ver mi propia sombra. Y ¿buscar? poca cosa.

Por eso,  cuando viajo a lugares recónditos, insanos, me llevo conmigo aquello que me pesa en exceso, lo cargo aunque duela y lo depuro sentándome en la orilla de algún meandro embarrado, observando a los niños que, sin complejos, sin nada más que agua y sus risas completan su círculo vital.

Y es entonces, frente a eso, con un filtro de por medio, cuando libero el lastre que arrastro. Las risas siempre son iguales, inmortales, eternas y yo, en pleno enero, estoy pensando en el próximo recodo en el que sentarme pronto, muy pronto.


Nick Cave & The Bad Seeds - (I'll Love You) Till the End of the World

domingo, 15 de enero de 2012

RECICLANDO SILENCIOS

Rescato unas líneas que había empezado a escribir a propósito de algo que nada tiene que ver con este blog. Un mal momento, un ataque de malentendida soberbia, hizo que lo mandara, con un solo toque, a la papelera de reciclaje virtual. Y allí ha permanecido durante unos días, reposando. Pero, por aquellas cosas que a veces pasan, hoy he recordado ese inicio de líneas y las he recuperado. Vuelvo sobre mis pasos y pese a ser unas líneas infumables, como muchas de las cosas que por aquí cuelgan, son mías y escritas pensando que lo que allí ponía es totalmente cierto. Voy a permitirme el lujo de colgarlas tal y como quedaron, sin incluir ni una sola letra más:

“Podemos construir la vida sobre una montaña de palabras grandilocuentes, gruesas, conmovedoras e inmensamente falsas, convirtiendo esa vida en algo totalmente hueco, sin sentido. Pero podemos construirla a partir de silencios cómplices, de miradas que se encuentran en medio de la nada, que dan aquello que ninguna otra cosa, por explícita que sea, nos puede entregar. Por eso a veces, sólo a veces, valemos mucho más por lo que hemos aprendido a callar, por lo que hemos aprendido a mirar, por lo que dejamos que fluya sin ponerle las ataduras ni los límites que el lenguaje nos impone. Con el tiempo he aprendido a apreciar los silencios, esos que entiendo e incluso hago míos y por eso me permito transitar por las calles de lo callado, sin temerle en absoluto.”

A veces las cosas son así. Ni más ni menos. Hoy es gris.




Charlie Parker - April In Paris



sábado, 31 de diciembre de 2011

GALLETAS Y TÚ


Cambio de planes obligado.  Los copos de nieve, la chimenea y las copas tendrán que esperar a otro año.
Holgazaneo por casa revolviendo los armarios, no busco nada en particular. Encuentro un jersey de lana, grueso, viejo y me lo pongo. Las mangas tienen esas bolas de roce que tanta grima dan, pero aún me viene bien, me  parece increíble con la de años que tiene.

Es un día extraño, de luz mortecina y horas largas. Me decido por ordenar mis cosas, mi mesa. Los papeles viejos, las notas absurdas, se acumulan unas sobre otras sin un destino cierto desde hace meses. Hago tres montones distintos y, según el interés que me despiertan, los coloco en uno u otro. Preparo una taza de café sólo por el gusto de olerlo. Subo el volumen de la música, suena Norah Jones, es navidad. Me siento en el mármol y, mientras la cafetera gotea sin prisa, leo una vieja receta que nunca me atreví a experimentar.

En el estante de los platos duerme mi vieja caja de lata. Está un poco roñosa, casi vetusta. Recuerdo haber devorado, en un ataque de melancolía y de una sola sentada, todas las galletas que contenía. De eso hace siglos. La inauguré, ese mismo día, llenándola de los restos del naufragio.  Hoy sirve para separar los platos hondos de los llanos. La abro sabiendo lo que hay dentro: una flor seca entre las hojas de un periódico de 1996, un año difícil; un par de postales; unos recortes de periódico; una barra de labios seca; algunas fotos; un billete de dólar;  un juego de llaves; un encendedor y una edición de bolsillo roñosa de “Desnudo” de Jorge Guillen. La cierro y la coloco en su sitio. 

Vuelvo a mi estudio con otra caja de metal, esta vez vacía, de galletas saboreadas sin prisa mientras mataba las horas de un invierno crudo. Coloco dentro mi agenda personal del año 2011; un recibo de la hipoteca de mi casa; unas fotos; unas cuantas notas que hice mientras me movía entre aeropuertos; un ejemplar manoseado de una edición de bolsillo de un cuento de Chejov; una tarjeta de visita que nunca más volveré a utilizar y una nota doblada. Coloco la caja sobre la estantería. Ahora sujeta algunos libros viejos.

Puedo decir que reposa en paz el año 2011. Un pasado al que podré volver, relativizándolo todo, cuando tenga un cambio de planes imprevisto e inesperado.

Debería empezar una nueva caja de galletas, los días pasan rápido y en nada querré volver a guardar aquello que, durante este próximo año, tenga alguna razón para ser guardado. Ha llegado el momento, así que voy a por la taza de café que dejé preparada en la cocina, llenaré la mesa de envoltorios de celofán, mientras sigo revisando papeles. 

Este año la caja de galletas escogida es exquisita, tiene que serlo porque quiero, pese a todo, que este año que ya llega sea especial, de categoría superior, no sólo para mí, sino también para todos aquellos a los que quiero y que con el tiempo así lo recuerde.

Feliz año nuevo 2012.

"Amigo: No querrás que te confíe
Todo mi pensamiento,
Porque te dolería inútilmente
Cruel veracidad.
Simple rasguño hiere al delicado.
Una sola palabra acabaría
Con la dulce costumbre 
De entendernos hablando entre fricciones
Evitables, silencios.
Ocurre a veces que alguna alma clara
Sin dolor no podría oscurecerse,
Y resiste y se opone a la tan íntima
Discordial entre vocablo y pensamiento:
Verdad a toda costa
¿Lujo quizá imposible?
El embrollo diario es más complejo
Que la verdad, acorde simplicísimo.
La sutil, la difícil vida impura
Va con el corazón. Vivamos. Hombres, 
Y aquí, ¿Drama fatal? 
                                                     Querido amigo..."

domingo, 25 de diciembre de 2011

NO PIENSO EN NADA (2.0)

Entro despacito, casi de puntillas,  es muy tarde y no quiero despertar a nadie. En casa se duerme. Apenas un filo de luz por debajo de la puerta, apunta que quizás hay vida detrás de ella. Asomo la cabeza y me acerco, poco a poco. Retiro el libro, coloco las gafas sobre la mesilla, y apago la luz que debe hacer horas que se consume sin alumbrar nada.
Es hora de dormir, al menos los que puedan.

Me quito los zapatos y me arrellano en el sofá. Presiento una noche larga. No recuerdo cuando dejé de dormir,  ni cuando empecé a necesitar un estado de vigilia nocturno que me sosiegue. Escojo la tranquilidad a solas. Ella Fitzgerald o Billie Holiday, cualquiera de las dos o, mejor las dos, primero una y después la otra, no tengo prisa. Empieza a sonar "Misty". Ha sido una velada agradable pero algo nos ha pasado. Las risas están dejando paso a silencios incómodos, a preguntas cuya contestación requirieren centrarse y no mentirse. Pero no quiero pensar, y no lo hago. Si no pienso, no siento.
Montoliu ya no toca y yo llego tarde. Todo parece un poco más triste, más frío. Quizás sea que ya no hay humo, quizás sean las ausencias. Cuevas y dragones que desaparecieron, escapadas que no existen. Piano, piano y más piano.

- ¿En qué piensas?
- En nada. No pienso.
- Eso no es posible, estarías muerta.

Repetir gestos, volver a los lugares en los que un día fuimos felices, recordarte y recordarle, no nos devuelve el ayer y tal vez el mañana no llegue.
Ahora, sentada en casa, sé que es verdad. Esta noche, mientras su barbilla mal afeitada recorría el dorso de mi mano, no pensaba en nada, sólo en las pequeñas cosas que me hacen ser quien soy y como soy. 

Al fondo, una fotografía oscura que alguien nos hizo hace mil años, cuando todo eran risas y aún no estábamos muertos.
 

viernes, 9 de diciembre de 2011

UNA DE ADULTOS


Nunca me ha gustado que me supervisen, que me controlen. He puesto mi independencia, en mayor o menor medida, como bandera y la he sacado a ondear cada vez que he visto que algún barco pirata se acercaba a babor e intentaba abordar aquello tanto me costó ganarme. 

He convivido y conviviré con mis cercanos lo más que pueda, pero, incluso a esos, les tengo puesta una frontera que no les permito traspasar jamás. Existen parcela que me pertenecen, nos pertenecen, y ni tan siquiera a los más queridos dejo pasar. Es mi caso. 

No tiene nada de singular descendiendo de quienes desciendo, un hombre y una mujer que, cada uno a su manera, intentaron preservar sus espacios. 
Por eso hoy me siento mal. Coartar la libertad, la independencia del que se tienen enfrente, incluso sabiendo que es por su bien, que, sin hacerlo de esa manera, está abocado a estrellarse contra el mundo, nunca ha sido plato de mi gusto. 
Y no lo es porque, como he dicho, yo defiendo la mía a capa y espada, contra todo y contra todos. Pero a menudo nos toca tomar decisiones incómodas, molestas, pero necesarias.

Hoy he acabado con una de las parcelas de libertad e independencia de mi madre. Un gesto necesario para salvaguardarla a ella. Explicárselo ha supuesto un disgusto, principalmente para mí. 

Ser adulto y asumir determinadas responsabilidades puede ser doloroso, mucho. La necesidad de colocarnos donde nunca quisimos llegar a estar, por pura exigencia de la vida, no exime del sentimiento de traición a otro o incluso a uno mismo, aún cuando en realidad no sea así.
Intento ponerme en su lugar y me molesto conmigo misma. Ella asume y calla, y eso, mal que lo parezca, lo convierte todo en mucho más difícil.

viernes, 25 de noviembre de 2011

EFÍMERO



-Es lo efimero de la existencia, la inminencia de la perdida, lo que siempre me aturde-


Empiezo a tener demasiadas despedidas a mis espaldas. Algunas pérdidas pesan como losas. Cada vez que un ser humano desaparece el universo se transforma. Y el mundo, el mío, esta misma mañana ha cambiado para convertirse en un lugar un poco más triste, un poco más solitario, un poco más inhumano.
Sé que el tiempo adormecerá el dolor que en estos momentos siento pero sé, también, que nada volverá a ser como fue.
Las desapariciones fulminantes, casi inesperadas, arrastran un desconsuelo que quema, que devora el sentido. Pero estamos condenados a seguir de pie, a no ceder un milímetro a la desesperación. 
Quiero mantener la mirada fija en la línea del horizonte. Sé que es el mismo punto al que Fernando miraba cuando pensaba en el futuro. El suyo y el de su hijo.





El Aleph


"La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía que no se rebajó un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo, noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita. Cambiará el universo pero yo no, pensé con melancólica vanidad; alguna vez, lo sé, mi vana devoción la había exasperado; muerta yo podía consagrarme a su memoria, sin esperanza, pero también sin humillación".
Jorge Luís Borges

A Fernando Estruch Polo in memoriam

lunes, 26 de septiembre de 2011

UN AÑO MÁS

Hoy es mi cumpleaños. Dicen que la edad no importa, que lo que cuenta es el espíritu, la actitud ante la vida y bla, bla, bla. Pero yo sí creo que cuenta, y cuenta muchísimo. Cumplir años es un regalo, aunque a veces parezca que está envenenado.

He alcanzado esa edad en la que, según algunos, determinadas tonterías están de más y pueden considerarse ridículas. Sin embargo, como en todo, las dos caras existen. Es por eso que esos mismos años, que para algunos son muchos y para otros no son nada, son los que me permiten no avergonzarme de muchas de las bobadas que hago cuando las hago poniendo todo el empeño.
Sé, porque lo sé, que continuaré haciendo estupideces toda mi vida, que continuaré cayendo en arrebatos personales, emocionales y pasionales del todo inverosímiles. En mi código genético viene así establecido y, a estas alturas, he aprendido a no tenérmelo en cuenta más de lo imprescindible.

Para los próximo 365 días tengo pocos deseos pero, por el contrario, tengo millones de ellos para los próximos años:

1.- Quiero poder doblar, por lo menos, la edad que hoy cumplo.
2.- Quiero que la salud me acompañe.
3.- Quiero acompañar a los que quieran que les acompañe.
4,. Quiero que me acompañen pocos. Esos pocos que sé que están aun cuando no están.
5.- Quiero, cuando todo empiece a fallarme, mantener la capacidad de reir, de pensar sin tener nunca bastante, de conservar algo de oido para que la música siga poniendo banda sonora a mi vida, un poco de vista para poder vivir ficciones de papel que yo no soy capaz de crear y, sobre todo, poder seguir queriendo a quienes quiero.

No sé si lo que pido es mucho, poco o nada. Son sólo mis deseos, pequeñas esperanzas que si vinieran en una caja de Tiffanys&Co y con un lazo de suerte me provocarían un buen desmayo.


Chet Baker & Art  Pepper - Younger than springtime

domingo, 25 de septiembre de 2011

LATOJUEGO-MENGAJUEGO 2.0


Floto dentro de una burbuja, ingrávida, incolora, jugando al juego que tú quieres que juegue. Y yo lo quiero. 
Juego, rejuego, latojuego, mengajuego. 
Me desplazo moviendo los brazos, agitándolos rápido, muy rápido, virando de un lado a otro, sin control. No estás. 

Me siento en el centro ingrávido del universo gaseoso de mi burbuja. Te espero. No vas a llegar. ¿Qué más da?
Mengojugué y latojugué. Mantengo, muy juntos, los dedos de la mano, los beso, te beso. Un tesoro encerrado entre el índice y el pulgar. Latojuego. 
Vueltas y más vuelta. Mengojuego. No estás. El mundo comprimido en una burbuja. Te expandes. Giro y giro. Un reflejo de la nada. 
¿Y tú? ¿Te doy? ¿Me das? 
Nada que no des a cualquiera.
Vueltas y más vueltas. Burbujas muertas que flotan ingrávidamente en la caliginosa nada.