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jueves, 29 de enero de 2015

VUELVA USTED MAÑANA


"Gran persona debió de ser el primero que llamó pecado mortal a la pereza. Nosotros, que ya en uno de nuestros artículos anteriores estuvimos más serios de lo que nunca nos habíamos propuesto, no entraremos ahora en largas y profundas investigaciones acerca de la historia de este pecado, por más que conozcamos que hay pecados que pican en historia, y que la historia de los pecados sería un tanto cuanto divertida. Convengamos solamente en que esta institución ha cerrado y cerrará las puertas del cielo a más de un cristiano".




Una de las maneras más sencillas de terminar completamente loco en este país es acercarse a cualquier administración e intentar realizar algún trámite. Ya no digo nada si el acceso a la administración intenta realizarse por internet. Si en modo presencial, la cerrazón de algunos, asociadas a las pocas ganas de trabajar, pueden convertir la mañana, el día, la semana e incluso el mes de cualquiera en  un verdadero infierno, intentar realizar algún trámite, por sencillo que sea, con una firma digital entonces ya puedes ir preparando las maletas al loquero y despedirse de sus sedes queridos.

Nada tengo, en general, contra las personas que trabajan en la administración pública, la que sea, pero sí que tengo mucho en contra de aquellos que estando al servicio de los demás, ese servicio lo convierten en una tortura. Y no seré yo quien diga que ser funcionario es un bicoca, porque es cierto que ya no lo es, pero lo que sí que voy a decir es que esos señores que perciben sus ingresos porque entre todos se lo pagamos,  deberían ser más atentos, cuidadosos y responsables con su trabajo, porque casi siempre, aunque frente a ellos solo tengan expedientes y números, hay alguien de carne y grueso que padece los rigores de la administración, porque no nos engañemos, la administración siempre pide pero pocas veces regala nada.


Hay días que una se acuerda de aquel indignado ingeniero que encarnaba Ricardo Darín en la película “Relatos salvajes” que, harto del trato que le dispensa la administración al intentar recuperar el coche que se le ha llevado la grúa, acaba reventando las garitas de tráfico. También hay días que una se arrepiente de no haber estudiado ciencias puras para así poder comprender y dominar el manejo de algunas artes químicas, y haber perdido su tiempo, puestos en la tesitura, estudiando letras que  a una solo le desatan la lengua y una mala leche del quince.


domingo, 19 de junio de 2011

PASMANDO EN CHINO

Estoy pasando por una fase de “atropello mental”.  Cuando me encuentro a algún conocido y me pregunta qué tal estoy, la respuesta es simple “atropellada”, no hace falta más explicación, sabe a que me refiero.   
Las consecuencias del atropello no son letales, sólo que me dejan el cerebro en un estado absolutamente plano. No hay razonamiento alguno ni posibilidad de que lo haya mientras dure la situación. Ni un solo pensamiento que se salve, simplemente no hay. 
Alguien me dijo una vez que eso no era posible, cuando uno no piensa es que está muerto. Yo no lo creo. Sólo estamos en stand-by. 

¿Qué puede hacer uno con el encefalograma casi plano? Pues lo mejor, optar por la vía de las sensaciones. Así que en esas ando, sintiendo sin pensar. Disfrutando por la vía de la sentidos, de la emoción, del gusto o de lo que sea, de algunas cosas.
Por eso, este fin de semana ha sido una buena cosa. He transitado por este estado con un  placer excesivo. He terminado un par de novelas que tenía aparcadas desde hacía semanas, he releído algunos viejos escritos ajenos, disfrutado de la música que me gusta, reorganizado mis macetas y gozado de una de mis grandes filias, el cine de Darín.
Como no podía ser de otra manera, ha caído “Un cuento chino”, una película con la apariencia de comedia, que de comedia no tiene nada. Una buena película, de verdad, con una historia sobre realidades increíbles, sobre…bueno mejor la ven. Yo sólo le he encontrado un problema, por unos segundos, el atropello ha empezado a diluirse y, sinceramente, me apetecía seguir en plano durante unas horas más. 
Pero he tenido suerte, sólo ha sido un amago. Tras un café al fresco, he vuelto a pasmar, pero no sé lo que este estado puede durar, así que voy a aprovechar el tiempo que me queda, voy a colocarme el Ipod, escuchar a Billie Holiday, releer algunas de las preciosísimas historias que un día escribió un loco y mañana será otro día.