lunes, 3 de agosto de 2026

HAZLO FÁCIL

 


¡Qué ganas de complicarte la vida! Es la frase favorita de los que no tienen ganas de poner el huevo. Es agosto, no tengo ganas ni de respirar, pero parece que tengo una tendencia natural a convertir el maldito huevo, que otros no ponen ni por casualidad, en el centro de mi atención. Y ahí, entre sofocos y estertores laborales, como el que no quiere la cosa, desde el pasado jueves se me ha llenado la cesta de huevos, huevitos, huevotes y huevazos con los que entretenerme durante un buen rato. Por un momento, mientras intento que la batería del portátil soporte tanto calcio, albumina y vitelus, siento un terrible envidia de los que son capaces de dar carpetazo, pasar la llave y despedirse con un "Eso es todo amigos, nos vemos en septiembre". Así que sí, me he complicado la vida. Pero la complicación ha durado poco, aunque eso lo sé ahora. Hasta hace un par de horas andaba conjugando calendarios, billetes de avión y querencias varias para cuidar de los huevos que han crecido estos días. Con reservas modificadas y el calendario hecho un cisco ,alguien ha entrado en el gallinero y ha zanjado el tema de las gallinas y los huevos.  Ni uno ha quedado en pie. Adiós gallinas, adiós huevos, bienvenido ibuprofeno. Dicen que los huevos son un alimento muy preciado por los zorros y zorras, que los engullen con enorme placer. No seré yo quien diga lo contrario. Con la perspectiva de otro par de horas más y una cervecita bien fría, no sé si, en realidad, no debo de agradecer a la zorra el destrozo de agenda y gallinero que me deja en un barbecho que, en verdad, necesito como agua de mayo. Lo dicho, igual hay que hacerlo más fácil y agradecer y disfrutar de que no hay huevo que dure cien años.