Me apetece mucho tomarme un café. Tengo cafetera, tengo cápsulas,
pero no es ese el café que quiero. Desde hace semanas, la vida ha dado un
traspiés y todo ha saltado por los aires. Echo de menos el regusto amargo del café ajeno que
se apaga después un vaso de agua. Agua y café, café y periódicos, café y conversaciones
que se prolongan más allá del efecto inmediato de la cafeína. Cuento los días
que hace que la vida se ha parado y los que hace que soy incapaz de mantener la
atención en nada. Echo de menos muchas cosas y me lo guardo procurando no
parecer una llorica que lamenta tener que quedarse en casa esperando a que todo
pase mientras suspira por volver a pisar una cafetería. Me parece demasiado superficial con la
que está cayendo, así que me limito a encender la cafetera, esperar a que se
caliente el agua y dejar que la capsula se transforme en la simulación que consuela
de todo lo que estos días estamos dejando por el camino. Me comentan por whattsapp que dos conocidos
han enfermado. Uno está bien, síntomas leves y en casa; el otro, en peor
situación, va dejando escapar la vida lejos de todos, de todo. Y mi café, ese
que busco a todas horas con el olfato un tanto atrofiado, me parece una frivolidad absurda, casi
imbécil, tan acomodaticia como ridícula. Pero le doy una vuelta y sé que lo que
me aflige, no es la falta de aroma, ni el sabor rancio de algunos cafés improvisados. Es la incertidumbre en la propia vida y la sensación de completa torpeza la que
termina por doblegar el ánimo. Creemos manejar los hilos de nuestra existencia,
escogiendo y descartando las opciones que se van presentado, pero la realidad es bien distinta. Nos
encontramos a merced de lo desconocido, de lo ingobernable, de lo que un día, de
la manera más inesperada, llama a la puerta y descompone el espejismo en el que
te refugiabas y al que llamabas vida. Y así, casi sin tiempo para nada, desaparece la bola de cristal en el que vivías y el espejo te devuelve
tu imagen descompuesta. Y ahí, perdido en la perplejidad, parpadeas esperando
que todo vuelva a una normalidad que se ha convertido en humo. No existe refugio para el
desconsuelo, ni tacitas en las que esconder el desasosiego.
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domingo, 5 de abril de 2020
martes, 1 de julio de 2014
HACIENDA SOMOS TODOS, PERO UNOS MÁS QUE OTROS
La primera pequeña mentira que se contó en nombre de la
verdad,
la primera pequeña injusticia que se cometió en nombre de la justicia,
la primera minúscula inmoralidad en nombre de la moral,
siempre significarán el
seguro camino del fin.
Ayer terminó el
periodo voluntario para presentar la declaración del impuesto sobre la renta. Millones de
declaraciones presentadas al socaire de una publicidad muy malintencionada,
aunque parezca lo contrario, que
pretende generar un sentimiento de culpa colectivo basado en el discurso “si tú defraudas, estás acabando con todo”.
Y si no fuera porque estamos en un país en la
que los principales partidos políticos y parte de sus dirigentes están procesados, entre
otras cosas, por financiación ilegal, malversación de caudales públicos, tráfico
de influencias; y que nos desayunamos, día sí y día también, con las fabulosas SICAV de algunos políticos
que se llenan la boca de izquierdismos trasnochados que ya no casan con el
mundo que nos ha tocado vivir, por decir algo, o con los coches de lujo que
aparecen por arte de magia en los garajes de imponentes chalets unifamiliares, pues puede que la campaña incluso tuviera algún sentido, y hasta podría servir para remover la
conciencia de aquel que pretende ahorrarse unos cuantos euros al evitar el pago
del IVA.
Pero es que resulta que en
este país las grandes defraudaciones no provienen del señor o de la señora que le
pide al mecánico que no le cargue el IVA en el importe a pagar, o de cosas similares.
Porque esa “defraudación” (que lo es), en realidad y en la mayoría de casos,
solo sirve para que los bolsillos del contribuyente que vive de una nómina, de
una pensión o de una prestación por
desempleo, el mes que le llega el palo del gasto extraordinario, no queden limpios como una patena y pueda, aunque sea malamente, hacer frente al resto de gastos y necesidades diarias hasta que llegue el siguiente el cobro, si éste llega.
No estoy
justificando de ninguna manera que la gente no haga frente a los impuestos que
le corresponden, que nadie se lleve a engaño, De hecho soy de las que
piensa que es necesario la contribución de todos los ciudadanos al
sostenimiento del gasto que todos generamos en común y que esta participación
debe ser proporcional y progresiva a la capacidad de cada uno. Es cuestión de solidaridad social, al menos así lo
entiendo yo, por eso he pagado mis impuestos religiosamente. Me han dejado la cuenta
temblando y antes de que acabe el mes en casa sufriremos otro buen mazazo
impositivo. La cosa está así.
Pero aunque está
así, y pago porque lo debo, lo que me parece de escándalo y me provoca verdadera nausea es que encima sean "ellos" quienes quieran
dar lecciones de moral a tutiplén. Porque son precisamente quienes mueven los hilos del
sistema quienes intentan darnos sopas con hondas con sus triquiñuelas de
salón y sus intrigas palaciegas, quienes nos sacan hasta el tuétano sin
pestañear mientras se lo
llevan crudo de manera continuada. Con todo lo que llevamos soportando, solo nos faltaba la publicidad
moralizante entre telediario y telediario, mientras te cenas un nuevo escándalo
financiero o político, envuelto en el anuncio de una rebaja de impuestos que
es absolutamente falsa.
Así que si alguien
habla con alguno de los de la “casta”, la que sea, (por lo visto la “casta” es
mucho más amplia que lo que se decía inicialmente), que les haga saber que sus
anuncios nos la chuflan y sólo nos dan ganas de plantear la objeción fiscal. Que les diga, también, que dejen de vacilarnos de una
vez, y que les pida que si entre ellos queda alguno honrado que no se apiaden de sus corruptos compañeros de siglas, que los lleven ante los Tribunales para que esta panda de malvados no siga robándonos a espuertas, no solo el dinero, sino también las ganas y la propia democracia.
miércoles, 29 de mayo de 2013
HOMESICK
"Los amores son historia más o menos accidentadas que acontencen entre hombres y mujeres"
Encadeno dos ideas y lo hago mal. Te echo de menos más que otros días y barajo pensamientos ridículos que no pasan de borrón. Mientras espero que se desvanezcan, fuerzo el parpadeo para que desaparezca, también, el desesperante titileo de una candela que se encendió con el malestar que llegó sin llamarle y que sé que no desaparecerá en los próximos días.
Bostezo escondiéndome tras la mano, en un gesto
mecánico que no puedo controlar; y sumo, y resto, y divido por dos y vuelvo a
sumar para que nada cambie, para que todo siga así, en un silencio que todo lo adormece.
domingo, 3 de marzo de 2013
LA PARTICULARIDAD
Sam Shepard en mitad de
la pantalla y yo, que ya no necesito excusas, ni cuestionarme nada porque ya
nada tengo, recuerdo un futuro
aventurado que sabía que no llegaría nunca aunque a ratos jugásemos a ser como
Willem Schouten, a aventurar que llegado el momento de las tormentas nos
sujetaríamos al palo mayor y sortearíamos el Cabo de Hornos sin que la silueta
de la isla Hoste nos engañara y nos mantuviera a la deriva. Nos entretuvimos
imaginando que al cruzar Kaap Hoorn, casi desfallecidos, prenderíamos de
nuestros lóbulos dos aros bien dorados que nos recordarían para siempre que,
pese a todo, a los avatares que pretendían destruirnos, conseguimos atravesarlo
y que el dolor en los músculos de uno siempre sería el bálsamo del otro.
Nos cruzamos de nuevo, lejos de
archipiélagos imaginados. Llevo dos diminutos pendientes, escondidos por el
cabello, que poco tienen que ver con aquella quincalla imaginada.
No veo al dramaturgo de Illinois,
veo lo que un día quise. Una cabaña, un proyecto entre manos, una cámara
fotográfica, tiempo y una manta gigante tejida de lana. Pero ese futuro, que se amarraba con cabos más
que frágiles, se hundió en las frías
aguas atlánticas sin que la tensa línea de vida con la que nos habíamos amarrado, con aparente fuerza, sirviera para nada.
Así son las cosas. Y ahora, después
del tiempo, sé que me lucen mejor los pendientes sujetos a la carne, la misma que un día tuvo jugando entre sus dedos.
Puede que empiece a pensar que los mejores ojos siempre han sido los que se pierden por los recovecos de los recuerdos inexistentes, aunque, pensándolo bien, en este caso, ésta es una buena fotografía de Sam Shepard y quizá vale la pena entretenerse solo en lo que el ojo físico ve, aunque al final se despiste y vea un futuro inexistente, caduco y abocado al olvido.
Puede que empiece a pensar que los mejores ojos siempre han sido los que se pierden por los recovecos de los recuerdos inexistentes, aunque, pensándolo bien, en este caso, ésta es una buena fotografía de Sam Shepard y quizá vale la pena entretenerse solo en lo que el ojo físico ve, aunque al final se despiste y vea un futuro inexistente, caduco y abocado al olvido.
Vemos lo que queremos ver. Es el ojo despistado,
imaginativo, adulterado y hambriento.
lunes, 10 de diciembre de 2012
ASÍ TE QUIERO YO
Hace apenas unas semanas estuve en una exposición del pintor Wojciech Fangor. Coincidir con ella fue cosa del destino y que a mi acompañante accidental se le ocurriera que podría apetecerme pasar mis horas muertas en Varsovia en una retrospectiva de este pintor aún lo fue mucho más.
Pasamos un día estupendo. Hablamos poco pero abrimos mucho los ojos. No entiendo nada de arte, sólo sé decir lo que me gusta y lo que no me gusta. Lo mismo me ocurre con la música, con los libros, con la cocina, incluso con los hombres de mi vida.
Para llegar hasta el recinto tuvimos que atravesar un parque bajo el agua nieve que no dejó de caer apenas un minuto en todo el tiempo que estuve allí. El rumor de las pisadas sobre las hojas muertas, la humedad que velaba el camino y la languidez de una mañana exigua, nos mantenía en un breve silencio. Sobraban palabras y faltaba aire. Junto a la verja, una fotografía extraordinaria de Fangor, la misma que pueden ver ahora (la fotografía de una fotografía, como un mal calco de un estupendo original que no puedo identificar).
Me quedé junto a ella, disparé tres veces en una ráfaga que buscaba la inmortalidad de un momento perfecto y después, como si el alivio me invadiera, con el objetivo apuntando al suelo, lo supe. Quiero una vejez así, ajena a ruidos extraños, a males que envenenen. Sentarme en una silla y esperar lo que tenga que venir, lo que sea, sin más escandalera que la de mis propios huesos buscando los suyos mientras me acomodo a su vera y esperamos lo que tenga que ser, en un silencio complice que pesa mil veces más que las palabras gruesas que se perdieron por recodos vagos.
Kings of Convenience -
martes, 10 de abril de 2012
LO QUE ES
Sé lo que es plantar un árbol; tener un hijo; vivir un amor explosivo, incluso dos y hasta tres. Me quedan pocas cosas nuevas que hacer, intento pensar en ellas por si alguna se me hubiera escapado pero no. Ni siquiera queda el manido montar en globo, cruzar el Amazonas, o “tostarse” con el Sol de Medianoche, todo eso lo he hecho ya.
Puedo cambiar el escenario, el sujeto de los amores, el paisanaje y no dejará de ser más de lo mismo. La repetición continuada de hechos debe tener un fin.
Y es ese final lo que es. Buscar el momento, escoger la tramoya y desaparecer.
lunes, 3 de octubre de 2011
LLUVIA Y ASFALTO
Hay muchas maneras de hacer el bobo. Casi todas pasan por estar incómodamente en el lugar en el que no nos gusta estar, casi siempre uno que no escogemos. Y lo peor de hacer el bobo es ser consciente de que uno lo está haciendo. No hay peor tortura que quedarse atrapado donde uno no quiere estar, donde cree que no debe estar.
Mientras volvía a casa he recordado aquel pasaje de la película de Coixet, en el que Ann (Sarah Polley), por primera vez, tiene claro quien es:
"Esta eres tú. Los ojos cerrados, bajo la lluvia. Nunca imaginaste que harías algo así. Nunca te habías visto como... no sé cómo describirlo... como una de esas personas a las que les gusta la Luna, o que pasan horas contemplando el mar, o una puesta de Sol. Seguro que sabes de qué gente estoy hablando. O tal vez no. Da igual, a ti te gusta estar así. Desafiando el frío, sintiendo cómo el agua empapa tu camiseta y te moja la piel, y notar cómo la tierra se vuelve mullida bajo tus pies, y el olor, y el sonido de la lluvia al golpear las hojas... Todas esas cosas que dicen los libros que no has leído. Esta eres tú. ¿Quién lo iba a decir? Tú..."
Y aún no se por qué, hubiera deseado que lloviera, que el asfalto se convirtiera en mi casilla de “salvada”, que mi pulso se calmara y saber, sobre todo, que estoy en el lugar en el que debo estar, en el que quiero estar, aunque, a veces, me duela.
miércoles, 28 de septiembre de 2011
PASIONES
Me pregunta por qué sigo insistiendo. Encojo los hombros en un gesto indolente, no tengo voluntad, se la llevaron las aguas de marzo. Me extiende la mano y la retengo entre las mías. Siento el peso de su abandono. Apoyo la cabeza en su hombro y bostezo para provocar que el sueño prolongue, inútilmente, el momento.
Y es que: "Todas las grandes pasiones son desesperadas, no tienen ninguna esperanza, porque en ese caso no serían pasiones, sino acuerdos, negocios razonables, comercio de insignificancias".
No acaba de irse nunca, no acabo de irme nunca.
No acaba de irse nunca, no acabo de irme nunca.
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