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domingo, 18 de julio de 2021

LA IRRESPONSABILIDAD COMO DESTINO

 


Estamos viviendo un momento muy oscuro en este país. El abuso de poder, el desprecio a la verdad, la falta de conocimiento y una inclinación desmedida por defender posturas contrarias no solo a la razón sino a los más elementales principios democráticos, empiezan a desgastar, incluso, a las propias instituciones. La separación de poderes funciona como contrapeso entre los tres poderes del Estado y el respeto a la independencia de cada uno de ellos es de primero de democracia. Pero estamos como estamos y no parece que a corto plazo vaya a solventarse nada, sino todo lo contrario. Se ha optado por premiar la necedad, el desconocimiento y el seguidismo ideológico sin cuestionar nada. El pensamiento crítico ha muerto y así lo llevamos mal. 

Una vez leí un artículo de Trapillo en el que explicaba que gran parte de las guerras se inician en verano. Las explicaciones no solo  obedecía a razones de orden táctico sino también psicológico. Como dice Trapiello, existe el condicionamiento psicológico y la complejidad del mismo. El buen tiempo favorece el optimismo y como recoge en su escrito: "¿Quién puede perder cuando el tiempo es tan bueno? En España no estamos en guerra y no me atrevería a decir que la posibilidad sea lejana, aunque yo no la desee. Pero lo cierto es que ahora, con el calor del verano, es más que probable que sigamos sufriendo el horror de unos Ministros y Ministras que han decidido que nuestro país merece pasar a engrosar la lista de los que van perdiendo su índice de democracia a medida que van quebrantando no solo las libertades civiles, sino el pluralismo y del control del poder ejecutivo por parte del Congreso de los Diputados y  de los propios Tribunales permanentemente cuestionados. Todo da a pensar que este verano seguirán calentado el ambiente, no solo desde los puestos de gobierno, sino desde los medios de comunicación afines y las propias redes sociales. Y llegaremos a un otoño que ya podemos prever insoportable.

El ser humano tiene tendencia a creer que las desgracias siempre caen lejos. Pero ignorar las tensiones que se generan en el seno de una sociedad cada vez más divida y confrontada; que es cada más pobre y despreciada en sus derechos y libertades, nunca sale gratis. Algunos olvidan que gobernar no es jugar y que sus errores los pagamos todos y nos salen carísimos.



jueves, 21 de julio de 2011

SALTOS



Una cosa lleva a otra, y esa a otra distinta y así, de salto en salto, llegué hace unos días hasta “Los tres mosqueteros” de Alejandro Dumas. 
El “culpable” de este salto mortal con doble tirabuzón fue Javier Marías y su novela “Los enamoramientos”. Durante unos días, me enganché a la vida de María Dolz y con ella a las reflexiones sobre la condición humana, sobre lo pernicioso de algunas relaciones y, sobre todo, a las referencias a la novela de Dumas, "Los tres mosqueteros". Me colgué de la historia del Conde de la Ferè y de su joven esposa Anne de Breuil (la historia de Athos y Milady), de las decisiones rencorosas, de una irracional cuestión de honor solventada con la horca y de una vida de tristeza y amargura.

Con la novela de Dumas en el macuto me perdí en un Trieste imaginario y me dejé arrastrar por la Bora hasta llegar al “Verde agua” de Marisa Madieri y desde allí, entre el viento contumaz que bate el norte de la bota, recorrí la misma playa que años antes recorrió Magrís. 

Y de salto en salto, como si la vida se construyera entre los dos extremos de una comba, me posé esperando un nuevo lugar al que llegar 
¿A cuál? ¿Quién sabe? Puede que a “El fondo del cielo”, pues siento que en estos momentos me ronda Rodrigo Fresán, pero nunca se sabe. Cabe la posibilidad que acabe entre los tebeos de Purita Campos y que por un momento retorne a mis quince años de la mano “Esther y su mundo” y me olvide, aunque sea por un momento, que tal y como Athos apuntó a Milady:  

 “El uno y el otro hemos vivido hasta ahora tan solo porque nos creíamos muertos, y porque un recuerdo molesta menos que una criatura, aunque a veces un recuerdo sea algo devorador”.