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Mostrando entradas de agosto, 2022

BOE PARA DESAYUNAR

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  Existen muchas maneras de vivir al borde del colapso, pero una de ellas puede ser repasando el BOE cada día, antes del primer café, para comprobar las nuevas alegrías legislativas que nos van a ordenar la vida. Por lo general, a la gente le importa poco la ley. Creen poder vivir al margen de ella, sin saber de qué va cada cosa que se va publicando en el boletín oficial, marca un camino del que salirse tiene consecuencias. Pero la gente, por lo general, no sienten que su vida diaria se vea influida por las normas que a marchas forzadas van dibujando nuestro escenario vital. Pero mantenerse en la inopia, como si todo aquello sobre lo que se legisla no tuviera que ver con la vida de cada uno, no hace que las normas, buenas o malas, desaparezcan y sus consecuencias se extienden aun desconociéndolas en absoluto. El sentido común, con el que a veces intentamos dirigir nuestro día a día no es suficiente, la existencia de la norma está ahí para desbarajustar lo que uno pensaba que era co...

LO SÉ Y TÚ TAMBIÉN

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  Digamos que no he cumplido ni uno solo de los planes de los que en febrero pensaba para estas vacaciones. Digamos que la responsabilidad la tuvo un segundo contagio de covid, un susto, la falta de previsión, las dudas y un simpar incremento de la vagancia. Durante días he dejado el piloto automático puesto. He dejado que las cosas fueran solas, que fluyeran y fueran como tuvieran que ser. El pensamiento ordenado quedó aparcado para que el desbarajuste campara a sus anchas, como de vez en cuando es preciso. Me he empachado de cosas buenas, entre ellas, de Charles Lloyd y de agua con gas. Ahora, a cuatro días de la vuelta al mogollón, la pereza se ha instalado dentro de mí y ni con un sacacorchos creo que pueda sacarla fuera. Pero aún así, he decidido comenzar la descompresión para disimular la debilidad en el empeño de la vuelta. La haré poco a poco, muy poco a poco. Mañana me pongo a lo mío, aunque sólo sea para que la indolencia empiece a plegarse a un lado y consiga aparcarla e...

CITAS

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  Esta semana he leído un par de veces sobre la maldición de comenzar un texto con una cita. Pero yo no sé nada. Nada de nada y dudo de casi todo, incluso de los que establecen maldiciones siguiendo cánones que alguien estableció y nos creímos sin rechistar. Llegados a ese punto, me tropiezo con un artículo que empieza con un «No hay dos sin tres» y de manera automática me digo: ¡Ah!, fatalidad. Cita al canto. Pero después caigo en que esta frase hecha no es una cita en sentido estricto, sino una frase detestable con motivo y con razón. Pocas cosas pasan una sola vez en la vida más allá del nacer y el morir. El resto de acontecimientos, tanto los buenos como los malos, pueden sucederse, o no, tantas veces como a la vida le dé la gana. Cero, dos, tres, incluso cincuenta y tres. La probabilidad de vivir un amor apabullante, replicar un cáncer, ganar la lotería, vivir una guerra, o parir un hijo muerto, es tan aleatoria que el «No hay dos sin tres», puede conv...