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lunes, 11 de marzo de 2013

HALLAZGO



 "No te busco
porque sé que es imposible
encontrarte así, buscándote"

La química de la piedra, el olor que desprende el asfalto mojado, el azul del cielo que se esconde tras la espesa bruma que lo envuelve y que roba al forastero la posibilidad de disfrutar de una de las mejores luces urbanas. Sin embargo, todo ese attrezzo no es más que eso, el decorado que disimula algo que va más allá de la admiración por una ciudad cualquiera. 


Llego más libre que en otras ocasiones. Atravesar la ciudad, un viernes de lluvia intermitente, puede convertirse en un infierno y, sin embargo, aún sabiendo que llego extremadamente tarde, agradezco el atasco y el riesgo de quedarme colgada de la idea delirante de un posible traslado. Los cambios empiezan a ser bienvenidos. 


Cruzo Colón y sé que me equivoqué. En los dos últimos días, he pensado mucho en el motivo por el que nos aferramos a la idea imaginada que de otro nos hacemos, de cómo intentamos asirnos a cuatro palabras dichas e interpretadas ajustándola a la propia necesidad, a planes trazados sobre un mantel de papel; y de lo absurdo que es sujetarse a la idea de lo imperecedero de algunas relaciones. Nada sobrevive a las contingencias  de la rutina.

Algunas urgencias vitales son la antesala del desastre, de la desazón, de alguna clase de ruina personal que te deja a la deriva en un figurado Mar de los Sargazos en el que los botes salvavidas no existen.


Pero todo eso ya queda lejos y frente a mí, sin apenas sentir que la lluvia lleva calándome hasta los huesos desde que me baje del taxi, recojo este momento perfecto en el que pasado y futuro se entrecruzan, y que desaparecerá, arrastrado por el aguacero que empieza a caer, en cuanto cruce el portal.


 

martes, 12 de julio de 2011

FILIAS QUE REPUNTAN


Entiendo de muy pocas cosas. Cada vez de menos. He cruzado la frontera de la vanidad juvenil que me empujaba a poner de manifiesto mi conocimiento sobre algunas cosas. Por eso, ahora campo a mis anchas sabiendo que cada vez sé menos, que nunca comprenderé algunas cosas y que otros son infinitamente más sabios que yo. No es modestia, no lo soy. Simplemente sé que es así. 

A estas alturas sólo puedo decir lo que me gusta, me apasiona, lo que me disgusta o incluso lo que detesto. En ocasiones, ni siquiera puedo precisar cuáles son las razones, los motivos por los que algo me agrada o me desagrada. Sólo sé que es así, precisamente así, de esa manera sin necesidad de convencer a nadie.
Lo mismo me ocurre con las charlas. Con el tiempo me gusta más escuchar que hablar. Disfruto escuchando a los que sin altanería ni petulancia comparten conmigo aquellas cosas de las que saben. Con eso me basta. 

Hace muchos años, un encuentro absolutamente casual, sin trascendencia para otros, pero sí para mí, hizo que cayera en el embrujo de la pintura de Antonio López. El romance dura ya muchos años. Sin embargo, no puedo precisar donde reside la excelencia del pintor. Y sé, porque he leído mucho sobre él, lo que los demás opinan, y podría hacerme la interesante y calcar, plagiar, la opinión de otros y hacer que pareciera mía, pero no me interesa. 
Así, que me resigno a no poder explicar el porqué de esta incondicional adhesión. Simplemente es.

En los próximos días tengo una cita con Antonio López, él no lo sabe, pero yo sí. Así, sin más. Es lo que tienen los años, le permiten a una hacer lo que se la envaine, sin más motivo que el gusto de darse un gusto y sin necesidad de explicaciones pretenciosas; admirando a los que saben, porque no puede ser de otra manera; aunque para ello haya que recorrer cientos de kilómetros.


No dejen de ver "El sol del membrillo", un documental rodado por Victor Erice sobre el proceso creativo de Antonio López García. No les defraudará. Disfrútenlo.