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viernes, 11 de febrero de 2011

DISFRACES


 

Barcelona, 7:15 de la mañana. Un taxi me recoge en la puerta de mi casa. Está lo suficientemente oscuro para no saber si el día nos coronará, de nuevo, con la pertinaz nube tóxica bajo la que vivimos desde hace unos días. Miro por la ventana esperando ver la cola del anticiclón que tiene que llevarse el veneno que nos está matando poco a poco.
El coche está limpio, el taxista va escuchando a Chopin. Me pregunta si quiero que baje el volumen. Le digo que no, que al contrario, casi prefiero que lo suba un poco. 
El recorrido es largo. Mientras voy escuchando viene a mi cabeza un libro que leí, hace ya algún tiempo, sobre George Sand, sobre su vida, su relación con Alfred de Musset y con el mismo Chopin.
Cruzamos la ciudad, circunvalándola por sus entrañas.
Pienso en los disfraces, en la necesidad de vestirse de lo que uno no es, como George Sand, para sobrevivir en ambientes hostiles. Yo misma y mi disfraz. 
Visto un sobrio traje chaqueta, unos zapatos altos y un portadocumentos que transporta los secretos mejor guardados de alguien que me interesa más bien poco. Me disfrazo y juego al despiste. Me caracterizo y me creerá más fuerte, implacable.
Pero como George Sand, mi interior hoy es de vaquero viejo, zapato bajo, cola de caballo y me interesa poco lo que llevo bajo mi mano.
Llego a destino, me despido del taxista agradeciéndole el silencio y el concierto de Chopin. Encontramos la mirada en el retrovisor, me desea un buen día y  me recuerda que por fin es viernes.

miércoles, 17 de febrero de 2010

CARTA DE ALFRED DE MUSSET A AMANDINE AURORE LUCILE DUPIN (GEORGE SAND)


1833

Mi querida George,
…Tengo que decirte algo absolutamente estúpido y ridículo. Estoy escribiéndolo como un idiota en lugar de habértelo dicho, no sé por qué, cuando regresamos de ese paseo. Esta noche debería estar enojado por haberlo hecho. Te reirás en mi cara, me tomarás por el constructor de frases en mi relación contigo a partir de este momento, me mostrarás el camino de la puerta y pensarás que estoy mintiendo.

Estoy enamorado de ti. Lo estoy desde el primer día que nos conocimos. Pensé que me curaría si te veía como a una amiga. Existen muchos aspectos en tu carácter que me podrían curar, he intentado convencerme de esto todo lo que he podido. Pero pagaría gustoso por los momentos que paso contigo. Prefiero decírtelo y actuar correctamente, porque sufriré mucho menos si me curo al mostrarme tu la puerta. Esta noche en la que ….(nota de George Sand, que editó las cartas de Musset para su publicación tachó las dos últimas palabras y con unas tijeras cortó la línea siguiente) Decidí hacerte saber que estaba fuera de la ciudad, pero no quiero que eso se convierta en un misterio ni que tenga la apariencia de una pelea sin razón. Ahora, George, dirás: “otro tipo que está apunto de convertirse en una molestia”, como sueles decir. Como no soy el primero, dime, como me lo habrías dicho ayer hablando de cualquier otro, que debo hacer. Pero te pido que, si pretendes decir que dudas de la sinceridad de lo que estoy escribiendo, entonces no contestes en absoluto. Sé lo que piensas de mí, y no tengo nada que esperar si te explico esto.
 Sólo puedo prever la perdida de una amiga y las únicas horas agradables que he pasado durante un mes. Pero sé que eres amable, que has amado, y confío en ti no como una amante, sino como una compañera franca y leal. George, soy un idiota al privarme del placer de verte durante el poco tiempo que vas a seguir en París, antes de tu partida hacia Italia, donde habríamos pasado juntos tantas noche maravillosas, si hubiera tenido la fuerza para ello. Pero la verdad es que sufro y que mi fuerza está desapareciendo.

Alfred de Musset
_______
                       
Alguien puede preguntarse que ocurrió después de la carta y con el viaje a Italia que se menciona. George Sand y Alfred de Musset se convirtieron en amantes, fueron juntos a Italia, lo que fue un desastre absoluto. Su relación no duró mucho más.