viernes, 20 de febrero de 2026

MARTES

 



Martes. Ni te cases ni embarques. No pensaba hacerlo. Vomito a primera hora como si fuera la Fontana di Trevi. Vuelvo a lavarme los dientes y me rocío con agua de colonia. Salgo de casa con el estómago revuelto, pero el aire me hará bien, seguro. Vuelvo a vomitar antes de llegar al metro. Ahora no hay dentífrico que me rescate y de inmediato me viene otra arcada colosal. El hueco del árbol queda hecho un Cristo de baba y bilis. El estómago anda vacío desde ayer así que no sé qué pretendo que salga. Quizá la mala leche. El maltrato institucional me sienta fatal. Pero no debe de ser eso porque de ser así habría empezado a vomitar en 1993 y no hoy. Entro en un colmado, compro un botellín de agua y un paquete de caramelos mentolados. Me llevo de balde dos servilletas de papel porque voy a atacar el asunto de la limpieza dental a base de frote de celulosa. Al salir, una mujer desgreñada  me grita y me desea algo que no termino de escuchar, pero que no parece que sea nada bueno y no salgo de mi asombro. La peineta que recibo es espectacular. No la conozco, creo. Pero la mujer está poseída como una hidra y cualquiera, si observa la pasión con la que se empeña en llamarme pedazo de mierda, pensará que me he acostado con su marido, con su hijo o con el perro que pasea. No vamos bien, vamos fatal.Mientras intento esquivarla, me entra un arcada feroz y acabó potándole entre las piernas.



domingo, 8 de febrero de 2026

POMPAS DE JABÓN

 


La sujeto por el brazo mientras levanta el pie y se agarra a la barra. Lo hace con fuerza, como si temiera que, a medio camino, mientras levanta el otro pie, fuera a desaparecer y todo el peso de su cuerpo la empujara a besar al suelo. Pero estoy aquí, como ella estuvo antes, y no me moveré. Pero no se fía, ni de mí, ni de ella misma. Su mano se pone blanca y sobre su cuerpo empieza a caer el agua tibia como la lluvia que llega como una bendición. Mamá, ¡qué mala eres! No lo digo yo, lo dice ella, porque el jabón le entra en los ojos y yo, que no soy su madre, no me doy ni cuenta. Y no sé si soy mala, o buena, pero odio los domingos en los que el viaje al pasado es una inversión que ya no cabe. Odio el olor a desinfectante y a crema hidratante. Y pienso que tal vez la maldad está en esas pompas de jabón que dejaron de ser preciosas y divertidas, que se transformaron en una condena chica. Pero después sonríe, con su olor a limpio recién importado, y su mano me acaricia la cara mientras le coloco los pendientes de aguamarinas que le regaló mi padre. Por un instante vuelve a ser ella y en mi cara guardo el calor de madre.



jueves, 22 de enero de 2026

CHARCOS

 


Sucumbir al desánimo es fácil. Acabado el año, tocamos madera esperando que el gesto nos libre de disgustos en el siguiente. Pero la madera debe ser de mala calidad, una madera fake a la que el ritual con el que se pretende exorcizar la mala suerte y el desastre, deja tan pancha que, si pudiera, se reiría en nuestra cara. Y cuando aún estamos deseando un feliz año nuevo a los que no hemos visto en las últimas semanas, el subconsciente toma el pensamiento al asalto y nos pone en alerta porque el nuevo año, de momento, no está trayendo nada bueno. El panorama es desolador y los charcos cada vez más grandes.
Mirar atrás intentando coger perspectiva y relativizar el presente nefasto y el futuro incierto, es un juego de malabares en el que alguien lleva las cartas marcadas y te la va a meter doblada. La situación asusta, agobia y cabrea. El panorama político y social dan ganas de salir corriendo. Pero estamos aquí y ahora. Borrar de un plumazo las desgracias, la mala suerte, la enfermedad y la muerte es imposible. Borrar a los que nos complican la existencia no es nada fácil, como tampoco lo es acabar con los corruptos que nos arrastran por el lodo que nos arruinan la vida y el futuro. Plantarse no es una opción, es una obligación, incluso moral. Pero mientras el momento llega, mientras nos carcome la impotencia del trato desigual, de la coacción, de la ruina económica y moral a la que lo nos están llevando, hay que respirar y desear que el maldito año 2026 se esté quietecito.


lunes, 12 de enero de 2026

IRÁN




Dicen que la foto no está hecha en Teherán, sino en Canadá. Y quienes lo dicen deben creerse ungidos de un poder sobrenatural que les protege de que los demás creamos que son unos imbéciles redomados. La cuestión es otra muy distinta. En Irán, las protestas y el grito, ahora ya no sordo, de las mujeres que reclaman su libertad, sus derechos, ya no hay quien lo pare. Hay que ser muy valiente, muchísimo, para salir a la calle a reclamar lo que por tu condición de ser humano te corresponde. El derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad. Las protestas de las mujeres iraníes descubriendo su pelo, desafiando a la policía de la moral, es de una contundencia aplastante, por las que vienen jugándose la vida desde hace mucho tiempo. Son mujeres fuertes, valientes y vivas, puntales de una sociedad que ha dicho basta a la represión, y que busca de nuevo su camino. Algunos dicen que las protestas las motivan la penuria económica y la galopante inflación, consecuencia de las sanciones y embargos internacionales. Se equivocan, la revolución iraní nace del hartazgo de sus mujeres a una sumisión violenta en la que no quieren seguir viviendo, no hoy, sino desde hace ya muchos años. Por el camino han quedado un buen número de jóvenes que han perdido la vida a manos de un régimen cruel, de ideología asesina. Jóvenes que se han visto obligadas a abandonar su país, sus casas, sus vidas, por la mortal persecución de los radicales que les gobiernan. Pero todos esos cimientos de terror y violencia han empezado a tambalearse. Vienen nuevos tiempos para Irán. La famosa fotografía de una joven preciosa quemando el retrato de un ayatolá, es un símbolo de un valor incalculable. Da igual que la fotografía esté hecha en Teherán, Isfahan, Shiraz o en Toronto, Montreal o en Winnipeg. Un nuevo aire de libertad empieza a recorrer Irán de norte a sur, de este a oeste. Las mujeres de Irán se merecen nuestro respeto y admiración, aunque en nuestro país, algunas políticas que abanderan un feminismo enfermizo, guarden un silencio que apesta.





lunes, 5 de enero de 2026

QUERIDOS REYES MAJOS

 


Queridos Reyes:
Este año la petición va a ser corta y con tendencia al realismo. El panorama daría para escribir una carta digna de una Miss por aquello de la paz en el mundo, el cuidado del planeta, el cambio climático, y todo eso que para la mayor parte de nuestra sociedad se limita a eslóganes que colgar en cualquier red social.
Este año 2025 ha sido, por calificarlo suave, un terremoto en muchos sentidos. Pero ahí estamos, intentando que los analistas de políticas internacionales nacidos por generación espontánea y al socaire de un mundo que ya no conocemos, dejen de darnos la brasa con sus interpretaciones dignas de una pitonisa en horas bajas. Intentando que los defensores de causas nauseabundas y de ideologías repulsivas se mantengan lo suficientemente lejos como para que corra el aire y procurando pasarme al café descafeinado.
Por eso, queridos reyes, esta vez, la carta va a ser un tanto desganada, como los tiempos que corren y sin necesidad de destacar lo buenísima que he sido; ni la santa paciencia de la que he hecho uso en el último año; ni la espartana disciplina que me he impuesto cada día a las seis de la mañana para desecharla, también a diario, un par de horas después. Así que, queridos reyes, haced lo que os de la gana y, si puede ser, sed un poco majos.
Con cariño, o casi.
Anita Noire