domingo, 18 de octubre de 2020

I HAD A DREAM

 



Estas tumbada sobre la cama, mirando el techo porque no te apetece leer nada y hace años decidiste que en el dormitorio no entraría jamás un televisor. Así que ahí estás, intentando descifrar si lo que asoma por la diagonal es polvo o es el inicio de una mancha de humedad.  Por lo demás no hay nada. Apagas la luz, pero por la ventana se cuela la de la farola con la que el alcalde te felicitó el cumpleaños. Un punto de luz más en la calle y, de paso, en la habitación. Tienes que llamar a alguien para arregle la persiana. Se rompió con la llegada de la epidemia y está condenada a seguir así hasta que desaparezca. Cierras los ojos, pero no puedes dormir.  Empiezas a inspirar y a expirar poco a poco, alargando la expulsión del aire hasta que vacías el vientre del todo y vuelves a comenzar. Intentas meditar como leíste en aquella revista, pero no es lo tuyo. La cabeza se te va a la lista de películas que marcaste como favoritas y haces un leve amago de levantarte, pero el cuerpo te pesa y la pereza más todavía. Oyes el ruido de agua correr y abres los ojos. La cisterna del vecino se va llenando poco a poco, como una vejiga enferma y tú, derrotada, te sientas en la cama y miras hacia la ventana esperando un festival de sombras chinescas, que tiene que salir de la nada, te devuelva el sueño. Pasa el camión de la basura. Son las cuatro y, ahora ya, cada minuto que pasas despierta es un dolor.



miércoles, 14 de octubre de 2020

PARFAVAR

 



Una de las cosas más espantosas y de mal gusto con la que nos ha regalo la nueva normalidad es el disfraz que la pareja Montero-Iglesias se calzaron para asistir, como miembros del Gobierno, a la celebración del Día de la Hispanidad. El binomio, grandes adoratrices del chavismo, se revuelcan como marranitos disfrutones entre las bondades del capitalismo y el de poder concedido la designación de una vicepresidencia y un ministerio que les ha caído en la tómbola del reparto de asientos gubernamentales gracias a las siempre odiosas bisagras. Pero ni una cartera bien forrada, ni grandes dosis de ordeno y mando confieren ni clase, ni buen gusto, ni tan siquiera un mínimo de buena educación. A estos dos personajes todo eso les pilló haciendo bolillos mientras leían el Pravda.

El acto en la esplanada del Palacio Real tenía muchos motivos para genera expectación. Pero llevamos mucho desastre encima para escatimar los pocos momentos en que no es tan malo echarse unas risas aunque reírse de otros, como decía mi abuela, no está bien. Sin embargo, creo que si hubiera visto a los de Galapagar, alguna cosa también habría dicho porque el porte de una y otro, el outfit, como ahora se le llama, con el que tuvieron a bien engalanarse, fue para echarse a llorar, las cosas son las que son. Muchas cosas se pueden comentar al respecto, pero los zapatos, ¡Ay, los zapatos!

Los zapatos sucios acostumbran a señalar al que los lleva como una persona descuidada. Llevarlos hechos un Cristo en una ceremonia protocolaria a la que se asiste como miembro del Gobierno de un país, denota la mala educación del que va de un sobrado chabacano que no la arregla ni la bonanza en la cartera, ni el poder en la recámara.  Uno y otra llevaban el calzado que solo dos personajes de su ralea pueden llevar. Y no es cuestión de que sean caros o no, que a buen seguro lo eran, sino de cómo se cuidan y cómo se muestran. Dejo para otros, más crueles que yo, el análisis de las mangas largas de la chaqueta de Iglesias, los pantalones caídos de tergal del que pica,  y la fea y desaliñada presencia que siempre gasta. Tampoco el moño se salvaba, no lo he olvidado. Lo importante de una melena, para lucirla bien, es por lo menos llevarla limpia. Tampoco hablaré del traje de chaqueta morado de la Ministra de Igualdad, que igual da que sea de marca que no, porque era horroroso con ganas y parecía, ser una miembra destacada de la cofradía del Padre Jesús que cada año sale durante la Semana Santa.  

Me consta que a todos estos políticos de medio pelo, aunque pongan el mohín de aburrimiento, les encanta participar en cualquier guateque o celebración y más si, como es el caso, creen que juegan a hacer la revolución al negar el saludo y la educación al Jefe del Estado. Ojalá en la próxima legislatura, si tienen que repetir (los hados no lo quieran), alguien les de unas pocas clases de Protocolo y un cursillo acelerado de sencillez y buen gusto. No aspiro a que parezcan salidos de una fiesta en el Waldorf Astoria de Nueva York, como tampoco a que no monten su circo particular, pero sí, al menos, que parezca que han tomado una buena ducha matutina y que la ropa ha salido del armario correcto. 




lunes, 12 de octubre de 2020

CASTILLOS DE ARENA

 


«La vida era igual en las tinieblas y a la luz. Era igual para la solterona y para la desaliñada madre de familia. Siempre eras tú misma, independientemente de donde fueras o lo que hicieras. No cambiabas».

En un café. Mary Lavin



Reconocer que pienso mucho en ti, es reconocerme a mí misma que la vida, desde que no estás, es un poco más corta, mucho mas limitada y vacía. Al principio me desconcertaba darme cuenta que cualquier cosa, casi todo, estaba relacionado contigo y me dolía como debe doler un miembro amputado, una parte de ti que ya no existe pero que la sientes, aunque ya no la toques, aunque ya no la veas. Que aparezcas sin aparecer ahora ya no es extraño. Te has convertido en la presencia invisible que me acompaña siempre, aunque algunos días olvide que exististe y  parezca que todo sigue funcionando hasta que algo, a veces insignificante, te coloca de frente reclamando tu sitio. Algunos días, las horas se llenan de momentos prescindibles, huecos y tan espesos que intento apartarlos de un manotazo, pero es un gesto estúpido con el que solo consigo la feroz consecuencia de traerte de nuevo. El discurso, mil veces repetido, de nuestra propia accidentalidad, se desmorona como un montículo de arena al contacto con el agua. Todo es una gran mentira. Y tu contingencia no fue tal. Recurrir a ti, a veces de una manera un tanto inconsciente, es el anclaje a lo que quiero ser, aunque todo cambie por fuera. Puede que sea cosa de chalados melancólicos pegados a un pasado que se convierte en presente, que nos asimos a un brazo invisible como si, de esa manera, caminar por la vida, que cada vez es fea y obtusa, fuera un viaje que, pese a todo, siguiera valiendo mucho la pena. Solo por eso, por tu presente ausencia, es posible que lo siga valiendo.




domingo, 4 de octubre de 2020

RESPIRAR

 



La única vez que coincidimos fue en una reunión de conocidos. Me habían invitado por puro compromiso y aun hoy no sé muy bien por qué acepté. Puede que fuera porque me acababa de separar y los amigos comunes, que hasta entonces se habían mantenido en una aparente neutralidad, fueron desapareciendo del tablero de juego. Supongo que por eso acepté y por convencerme de que cerrando una puerta se abren otras y que tras ellas siempre hay cosas interesantes. No lo sé. Llegué un poco justa, casi la hora de cenar. No hubo presentaciones solo nombres lanzados al aire aunque la anfitriona acompañó el suyo de una sonrisa y una inclinación de cabeza un tanto exagerada. Sabía quién era, le había escuchado en alguna ocasión, pero su cara, la verdad, me era desconocida. Tenía la piel cetrina, marcada por lo que supuse un acné juvenil bastante maltratado. Nos sentamos en los extremos más alejados de la mesa y, desde ahí, aburrida por la insulsa conversación de mis vecinos, pude observarle y encajar las piezas del puzle. Al hablar, arrastraba las erres esforzándose en pronunciarlas y movía las manos con extremada lentitud, como si le pesaran mucho. Eran unas manos pequeñas, casi diminutas, pese a su envergadura. Alguien puso música y hasta la terraza llegó la voz empalagosa de una cantante francesa. Cayó un chiste malo sobre el éxito, la cama y la erótica del poder y ese fue el único momento, en toda la noche, que le escuche reírse con ganas. Empezó a canturrear en voz baja, alejado ya de todo. Al instante sonaron doce campanadas como en fin de año. Septiembre queda un tanto extraño para celebrar la llegada del año nuevo pero, con el tiempo, las rarezas de los demás se vuelven tolerables si las de uno son toleradas por los otros. Y no iba a ser yo quien hiciera ascos al confeti, al espumillón, y a las copas de champan. Esa medianoche me colocaba, a mí también, en el inicio del otoño de mi vida. Corrió la voz que también yo cumplía años y alzó la copa en un brindis generoso y me guiño el ojo. Me deseó una feliz eternidad y un futuro aventurero y yo, a su vez, le deseé un adelante creativo y bajo en colesterol. Una simpleza que se me ocurrió en aquel momento en el que la velada se me empezaba a quedar larga aunque después se alargó muchísimo más. Ayer leí que había fallecido. Me acordé de su cara desajustada, de sus buenos deseos y del futuro aventurero que ha dejado paso a un futuro raro. He tenido la tentación de buscar aquella canción dulce y simplona con la que nos terminamos emborrachando, aunque solo un poco, un septiembre en el que, inocentemente, creímos que la normalidad consistía en salir a una ventana a respirar.



domingo, 27 de septiembre de 2020

NERÓN Y UN BIDÓN DE GASOLINA

 



Andrés Trapiello tiene un artículo que comienza diciendo “Por suerte, la mayor parte de las cosas que oímos o decimos durante las campañas electorales las olvidamos luego”.  Las últimas elecciones en España se celebraron en el mes de noviembre de 2019 y si bien es verdad que durante las campañas se dicen auténticas barbaridades, esta vez, lo peor no es lo que se dijo entonces, cuando unos y otros intentaban arañar votos, sino lo que se ha venido diciendo y haciendo después. El actual Gobierno es un auténtico despropósito que parece estar en campaña permanente para el hundimiento de las instituciones con la inestimable ayuda de los partidos políticos de los que salen sus miembros. Todos juntos, con la coreografía propia de unos chalados, hacen palanca para mandarlo todo al carajo. ¿Es posible atacar sistemáticamente las instituciones del Estado desde el centro mismo del Gobierno? Es posible ¿Es posible olvidar que nos encontramos ante uno de los mayores desastres sanitarios y económicos de los últimos tiempos y centrarse en las disputas por mantenerse en los sillones sin atender a las urgencias que ahora reclaman intervenciones técnicas y cabales? Se puede. 

Dicen que la clase política de un país suele ser el reflejo de la sociedad a la que representan. Si es así, podemos colgarnos la medalla de ser la sociedad más imbécil, infantilizada, inculta y con menos memoria, de los últimos tiempos.  Merecemos el tan denostado meteorito que cada cierto tiempo amenaza con reventar el globo. Hace un par de días, escuché a Adriana Lastra (capitoste del PSOE) hablar de que hay que modificar el Código Penal porque tiene más de 200 años. Ignora la señora que el mencionado Código es del año 1995, una ley socialista de la que se enorgullecían denominándola el Código de la Democracia. Una Ministra de Igualdad, Irene Montero, preocupada por lo sexistas que son las señales de tráfico. Un Ministro de Consumo, Alberto Garzón, atacando a la Jefatura del Estado.  Un Gobierno que no tramita las ayudas europeas al turismo porque dice tenerlo controlado con los Eres. Un gobierno, autonómico, el catalán en este caso, que aprueba una reforma del Impuesto de sucesiones, en plena cadena de muertes por el coronavirus, para convertirlo en un  impuesto impagable para las clases más desfavorecidas  Y todo eso sucede en un país donde la gente se contagia, se muere, se rifan las estadísticas, se camuflan los números, se olvida de los más vulnerables y la economía se hunde. Vivimos en unos tiempos tremendos con los peores gobernantes que podíamos escoger. Es posible que los de otros color o signo contrario tampoco fueran mucho mejores, a fin de cuenta, según dicen, son una muestra de lo que somos. Pero ahora están los que están y ellos son los responsables de lo que sucede con el país.

Falta autocritica, humildad, proyectos y falta, sobre todo, voluntad de dejar de lado la ideología y trabajar desde el conocimiento y la técnica. Nos sobran políticos, cargos públicos, asesores a dedo y el derroche en todo aquello que no sirva para sacarnos de esta crisis global. En Italia acaban de votar mandar a casa a un tercio de sus parlamentarios y senadores. Una medida impensable en este país en el que cada día que pasa se multiplican, no solo los Ministerios, sino también las secretarias, los órganos consultivos y todo aquello que sirve para que unos cuantos se llenen el buche a costa de los presupuestos generales del Estado. El amiguismo, para todo ello, es el mejor currículum.

En esta crisis en la que nos encontramos inmersos, se necesitan de respuestas rápidas, eficaces y eficientes.  Falta concentración, aunar esfuerzos sin pensar en el ventajismo político y pensar en el bien común. Pero España, que es como es, agoniza manteniendo en cabeza a un bronceado Nerón que se limita a tocar la lira, negociando con el diablo para mantenerse en pie, mientras espera que le sigan sacando brillo al capó de su berlina de lujo.