lunes, 1 de junio de 2026

BLONDE

 


Día de trastos y, frente al portal, cuatro sillas blancas. Un poco más allá, cuatro sillas más, ahora de madera, desvencijadas y con ganas de morirse y del todo. La ciudad está patas arriba y el personal ha decidido cambiar la sillería. Camino con los auriculares puestos escuchando un podcast sobre cine. Hablan de Billy Wilder, de la magia del Hollywood de los años 50, y de la “Tentación vive arriba". Un suspiro se me atraviesa entre Gran Vía de Carlos III y Diagonal. El locutor nos recuerda que, de vivir, Norma Jean cumpliría cien años. Pero eso, como casi todo, es una certeza que no sirve para nada. Algo así como saber que, de vivir, Jesucristo tendría dos mil veintiséis años y no habría muerto en la cruz, como Marilyn no habría muerto a base de ansiolíticos, alcohol y desamor. Doblo la esquina y temo tropezar con otro par de sillas ruinosas, pero no. No hay sillas. No hay más que una acera infinita que se ensancha hacia el mar.



lunes, 25 de mayo de 2026

SARAH

 


Suena el teléfono. Meto la cabeza debajo de la almohada y aprieto fuerte. Odio su timbre. Odio tener la sensación de que todo pende de la mala ventura, de un mal futuro que nos pisa los talones, aunque parezca un contrasentido absoluto. Un mañana que aprieta por detrás. Odio todo lo que tiene que ver con las llamadas a destiempo. Descuelgo sin mirar y una voz rijosa, tan desagradable como artificial, me hace participe de un sorteo. Me muerdo la lengua y tiro el teléfono dentro del cajón de la mesilla de noche. Aquí son las seis de la mañana, las once de la noche en Wisconsin. Pero ya me he desvelado y la cabeza se pone en marcha con pensamientos intrusivos, recurrentes y el martilleo constante de no saber que hacer ahora que su cabeza se va apagando y la mía parece gobernada por un hámster loco que la hace rodar a mil por hora. Me desfondo y por fin sé de qué se trata. A ratos me convierto en una especie de “Sarah”*, que se balancea entre un cuidado feroz, las ganas de desaparecer y un infinito sentimiento de culpa aplastante. Hago lo que puedo, pero, ni siquiera para mí misma, nunca es suficiente y estoy agotada. Me levanto a por un vaso de agua y vuelvo a la cama. Esperaré a que den las siete para ir a la ducha y recitaré para mí, una vez más, la carta a los Corintios. La demencia no descansa, ni siquiera en Pentecostés.





* Love Actually

lunes, 27 de abril de 2026

PARECIDOS RAZONABLES

 


Me pido un café con hielo. Me recolocó el pendiente mientras espero. Mañana hará tres semanas de su colocación. Apenas queda molestia, pero su brillo, de titanio farmacéutico, me hace feliz. Los veladores aún están vacíos y puedo escoger. No es lo normal. Puede que sea porque es domingo y es demasiado pronto. Puede que sea una trampa del destino, que escoja la mesa más aireada y que acabe con una cagada de gaviota presidiendo el primer café del día.
Pasa un tipo que pasea el perro como si lo estuviera preparando para la San Silvestre vallecana. Menudo personaje. Es un desalmado que ayer hizo llorar a la cajera del supermercado que andaba desbordada. Siempre hay un imbécil que te puede fastidiar el día. El de la cajera llegó ayer en forma de calvo orejudo, que hoy corre con un caniche al que le quedan dos cortes de pelo. Es domingo, pero podría ser cualquier otro día, o no porque, de ser así, no estaría sentada pasando la mañana y sorprendiéndome de los parecidos razonables que pueblan la faz de la tierra. Santi murió hace ya muchos meses y lejos de aquí. No le vi muerto, ni asistí a su entierro, sólo a una misa funeral presidida por un retrato que llegó dos semanas más tarde. Pensándolo bien, eso no es garantía de que el muerto esté muerto y puede que acabe de pasar con unos auriculares puestos detrás del imbécil del caniche. Pido un segundo café y me viene a la cabeza la idea loca de que fuera de aquí, en esa tierra que todos desean que sea leve cuando ya no respiras, ni suspiras, debe haber una plaza llena de conocidos en la que más adelante nos encontraremos todos. Allí empiezan a haber más conocidos que aquí. Y puede que entre todo el personal que allí se vaya reuniendo esté el imbécil del caniche, el tipo que se parece a Santi, y el mismo Santi ciscándose en el que escogió la foto el día de su funeral.



martes, 31 de marzo de 2026

VENCER

 



Dime que es lo que te remueve, que es lo que te impide aceptar que, aunque lo intentaste, no conseguiste que su sombra desapareciera. Dime, dime si puedes, que es lo que esperas. Que es lo que crees que ocurre cuando no ocurre absolutamente nada y su contorno se dibuja detrás de tus párpados cerrados. Dime, si puedes, que el paso del tiempo no ha sido más que la cosmética con la que has disfrazado su firme ausencia. Dime, si quieres, que es lo que guardas dentro de ti, lejos de los demás y que, cada vez que bajas la guardia, te vence.
 


domingo, 8 de marzo de 2026

SUPERMAN

 



Había bajado del tren antes de que saliera el sol. Podía coger un taxi o ir andando. No tenía prisa, había tiempo de sobra. En viento de la noche había llenado el paseo de hojas muertas que ahora, con la humedad de primera hora, transformaban el ambiente en algo un tanto pastoso. Le picó la nariz. Hizo un gesto liviano, casi imperceptible, y se rasco hasta que sintió un cierto alivio. La alergia le amargaba la vida y los viajes de trabajo también. Intentó respirar por la boca, sin parecer un perro medio asfixiado y siguió caminando. Al fondo, el día empezaba a clarear. Había ensayado su discurso varias veces y ahora, cuando apenas quedaban un par de horas para darlo, lo había olvidado todo. Tocaba improvisar. Empezó a tararear una canción de los años ochenta, cuando aun tenía pelo y el tabaco no estaba prohibido. Pronto se jubilaría y recuperaría el tiempo, su tiempo. Pero de repente le entró el miedo. Quizá nada de todo lo que antes le gustó, tuviera ahora demasiado sentido. El aire le jugó una mala pasada y mientras intentaba protegerse los ojos con la mano, le pareció verla cruzar. Apretó el paso, cambio de acera y alzó la mano para parar un taxi.