lunes, 22 de abril de 2019

RESPIRAR



...La tarde se moría y en el viento 
la seda de tu voz era un piano,
y la condescendencia de tu mano 
era apenas un suave desaliento...


Horacio Quiroga





Necesidad de salir a respirar y de que nadie te mire la solapa sabiendo que en su penitencia llevan la tuya. Necesidad de no escuchar a nadie, de que el aire recorra el río y no tenga que llevarse nada de nadie. Necesidad de caminar dejando que la mirada se pierda en cualquier cosa, olvidando recorridos tozudos, cabezas obtusas y pensamientos reiterados. Necesidad de sonreír, de reír en voz alta sin mirar a nadie. Necesidad de volver al punto en que zurciste parte de tu vida, dejando la costura al aire al entregar lo que no tenías, lo que no podías. Necesidad de reconocer que la vida tiene un sentido, sin rubor, sin ambages, como el mismo Guadalquivir.






martes, 16 de abril de 2019

NOTRE DAME Y LA ESTUPIDEZ SOBREVENIDA


 Hay algo más terrible que un infierno de sufrimiento,
 un infierno de ocio.

Víctor Hugo





Ver arder la catedral de Notre Dame conmueve a cualquiera, con independencia de su concepción religiosa de la vida. Ayer, para no variar, el odio se destilaba por las redes. Unos cuantos, con la ignorancia y el sectarismo por bandera, se alegraban del hecho que las llamas destruyera un templo católico. Hay que ser muy necio y muy estúpido para alegrarse una perdida así. Es evidente que hay desgracias en el mundo de un calibre mayúsculo, pero las desgracias no se miden con una regla y la existencia de unas no elimina las otras, aunque colocadas en fila cada uno las sitúe donde tenga por conveniente. Ayer, mientras caía la aguja de Notre Dame no pude por menos que pensar que esa caída no era más que la representación simbólica de un mundo que poco a poco desaparece. La Europa más fea, el mundo más grotesco se nos coloca en los primeros puestos de la vida pública. Puede que exista mucho ignorante que sea capaz de olvidar que los monumentos, consagrados o no, ya sea el Taj Mahal,  la catedral de Burgos, o la Mezquita de los Omeya, nos pertenecen a todos. Son la muestra viva de que el mundo existe en toda su diversidad. Pero el sectarismo y la ponzoña lo pudre todo. Hay gente a la que le falta mucho por viajar, mucho por conocer, mucho por leer y tiempo para quitarse de la cabeza todas las telarañas que la enmarañan y le quitan aire. La caída de Notre Dame no puede dejarnos indiferentes, como tampoco puede hacerlo que hayan personas por ahí que puedan alegrarse de un hecho como éste. El mundo, desde que es mundo, encierra una gran dosis de maldad que se mueve en andanadas casi siempre insoportables. La catedral será reconstruida pero la cabeza de algunos, dispuestos a la eliminación y muerte civil de los que no piensan no piensan como ellos, esa, esa sí que no tiene recuperación posible, es la necedad sobrevenida que emburrece y empobrece. Una gran pena, también.




domingo, 7 de abril de 2019

DE LOS ESTÁNDARES DEMOCRÁTICOS Y ESAS COSAS


"Cuando un pueblo está decidido a ser esclavo y se halla degradado, es una locura tratar de animar de nuevo en él el espíritu de orgullo y honor, de libertad y amor a las leyes, pues abraza con entusiasmo sus cadenas con tal que lo alimenten sin ningún esfuerzo por su parte“.

Marco Tulio Cicerón





En este país estamos viviendo momentos muy trascendentes para su salud democrática. No es un contrasentido que, precisamente, hayan sido los brutales ataques que ha sufrido el Estado de Derecho así como el aprovechamiento indecente de algunos miembros de la clase política que han intentando sacar rendimiento del desaguisado que venimos sufriendo en Cataluña y el resto del Estado, los que nos estén poniendo frente al espejo que nos devuelve una imagen de firmeza y buen hacer  democrático. Los Tribunales que estos días juzgan el abuso y el mal hacer del poder que detentaban unos cuantos, están ayudando a que muchos descubran la salud democrática de la justicia. Podría enumerar uno a uno a los que  han intentado colocarse en posiciones de salida ventajistas y poco honrosas para sacar tajada a uno de los peores golpes que ha sufrido la democracia desde el 23F. 
No dejar que se politice un procedimiento en el que no se discute sobre ideología, sino sobre actos y hechos concretos, está siendo uno de los grandes logros de este procedimiento, por mucho que las defensa de los políticos acusados lo intenten de una manera desaforada, a veces, incluso, pintoresca.  
En estos momentos, existen dos escenarios que deben ser observados con atención. El judicial, que trabaja en silencio, sin estridencias, para desenmarañar la trama de uno de los mayores atentados a las bases mismas del sistema democrático, a la igualdad de Derechos entre los ciudadanos de un mismo país; y por otro, el político, en el que apenas queda nada que sea salvable, como lo demuestra el hecho de que los  propios partidos estén confeccionando sus listas con personas ajenas ellos, dejando sentados en el banquillo, a la espera de tiempos menos tremendos, a todos aquellos inútiles que los conforman y que nada saben hacer si no es bajo el cobijo de la cosa pública, del presupuesto del Estado y del rendimiento al culto al líder.
Pero volviendo a la trascendencia del momento en que vivimos, el llamado “Juicio del Procés”, con el mismo se está haciendo verdadera de pedagogía procesal para lo que sin tener ni idea de cómo funciona un procedimiento judicial, ni cómo desde todos los estamentos debe de defenderse el imperio de la Ley como uno de los pilares del Estado de Derecho. No hacen falta observadores internacionales, este Juicio puede seguirlo cualquiera, siempre que esté dispuesto a escuchar lo que unos y otros tengan que decir, sentados en el sofá de su casa. El desarrollo de las sesiones del juicio está poniendo en evidencia la gran mentira, la gran estafa, el gran destrozo social que unos cuantos, creyéndose mejores que otros, han estado a punto de llevarnos a un abismo del que, una vez se entra, es difícil salir sin que se produzca el fallecimiento de la sociedad civil.
Podemos estar seguro que, pese a todo (sobre todo a la clase política que tenemos en danza), estamos en uno de los países del con los mayores estándares democráticos del mundo. Pese a quien le pese y pase lo que pase.





miércoles, 3 de abril de 2019

A SERIOUS GAME





Inspira, expira, no dejes de respirar. Cierra los ojos, despacio, y estira tus brazos. Busca con tus manos y allí, entre el vacío y la nada, una vida entera.





domingo, 24 de marzo de 2019

LIMPIANDO CULOS







Ayer por la tarde reapareció Pablo Iglesias ante los fieles a su partido político. Apareció y lo hizo con el aspecto desaliñado que le caracteriza y las polémicas frases de las que a menudo hace gala cuando quiere llamar la atención. Hace mucho tiempo que la política de este país deja mucho que desear y que los que se sientan en los sillones del Congreso de los Diputados dejaron de ser estadistas para convertirse en filibusteros de la vida de los otros, de los ciudadanos de a pie que esperan que aquellos que ostentan el poder legislativo y ejecutivo, se dediquen a regular de una manera eficaz y eficiente la vida pública, la vida de todos. Pero eso ya no es así. Y el día a día del panorama político se llena de frases grandilocuentes, de frases estúpidas y de ideas delirantes de manera que, aquellos a los que les pagamos el sueldo con nuestros impuestos, nos ponen en la picota del desconcierto. Ayer, en un gesto de absoluta megalomanía, de exacerbada estupidez, Pablo Iglesias dijo sentirse capaz de ser Presidente del Gobierno después de llevar tres meses limpiando los culos de sus hijos. Pero olvida Iglesias que esa actividad, que se supone que a él le ha preparado para ser presidente, no es más que la corriente de las actividades, que llevan a cabo no solo los que cuidan a sus hijos, sino también de aquellos que se ven en la obligación de cuidar de sus padres ancianos, de sus familiares ya adultos, o incluso de sus parejas. Hacer de lo corriente lo excepcional en este caso no demuestra absolutamente nada trascendente, sólo pone en evidencia a quien se cree más importante que los demás por el mero hecho de existir y hacer algo que el común de los mortales hace sin tantas alharacas.
Pero este es el panorama que tenemos y una parte importante de gente, entusiasmada por un movimiento, el del 15-M, que les llevó a seguir a un personaje a mi entender tan siniestro como Iglesias, parece querer tragar discursos que se encuentran absolutamente disociados de la vida de quien los realiza. Resulta incomprensible. 
Algo tiene que pasar porque nuestra sociedad no puede seguir en la inopia de quienes se ponen al frente pensando, no en el bien común, sino en el propio y en la alimentación de ambiciones desmedidas. En materia de egos, algunos se llevan la palma. Y muchos culos le quedan por limpiar a todos, no de bebés que a todos enternecen, sino los de nuestros mayores. Esos culos, esos pañales que nos revuelven las tripas y nos ponen frente a la dureza de la vida y la necesidad de dejar de hacer el gilipollas. Conste que Iglesias solo sirve de ejemplo porque como él, aunque de distinto color, tenemos muchos.




sábado, 16 de marzo de 2019

MARÍA MAGDALENA






Cometí el error fatal de escribirte, no porque yo lo necesitara, que lo necesitaba como el aire que me costaba respirar, sino porque esperaba que después de leer las cuatro ideas deslavazadas con las que intentaba romper tu mutismo, volvieras. Pero no volviste nunca, ni contestaste jamás. Mis letras, que habían salido a borbotones de aquel rincón en el que se guarda la esperanza, no sirvieron para nada. O sí, sirvieron para que al cabo de unos minutos, después de hacértela llegar y saber que ya no había manera de recuperarla, empezara a sentirme mal hasta la náusea, mal hasta la pérdida del entendimiento que me llevó al paso siguiente, encerrarme en casa, intentando seguir el mismo patrón que habíamos seguido hasta hacía apenas una semana, esperar a que sonara el teléfono y poder lanzarte todo el discurso que llevaba preparándome durante  los últimos siete días con todas sus noches. Volvía morderme las uñas, mientras las horas pasaban y mi desconcierto iba en aumento. Y envié la carta, escrita en una noche de fiebre y fantasmas. Un error con el que empecé una escalada hacia lo absurdo del que solo pude empezar a salir cuando supe que me estaba muriendo de pena, y que esa pena solo la tenía yo. Había dejado de importarle a casi todo el mundo. Nadie soporta el desamor de otro durante demasiado tiempo. Y la culpa era mía, redonda y gorda porque la había alimentado hasta convertirla en un monstruo que iba y venía de mi cabeza, pasando por el corazón y quedándose escondida en el recodo más pequeño de mi cuerpo. Pero llegó la primavera y no me reconocí en el espejo, aquella mujer que me miraba desde el otro lado no era yo, era la sombra imprecisa de alguien a quien yo conocía pero no podía ser yo. Empecé a preguntarme en qué me había convertido. Una máquina que respira y poco más. Había seguido trabajando, haciendo ver que hacia algo sin que ni un solo proyecto se confirmara en seis meses.  Vivía sin vivir, sin saber nada de nadie, en la rueda del espanto, en una parálisis de la que no siquiera era consciente. Lo agoté todo: mi dinero, la paciencia de los demás y me agoté a mí misma. Quizá fue ese agotamiento el que me salvó. El reflejo de una mujer que no reconocía y que solo me recordaba, ligeramente, a mí. Los huesos de la cadera, la nariz perfilada, el pecho ya caído y unos ojos que, aún adormecidos por el desengaño, era capaces de desnudarme por dentro. Me vestí. La ropa eran pingos que colgaban por todas partes sin forma ninguna. Era la misma que llevaba vistiendo durante todos esos meses y, sin embargo, no fue hasta que colé el puño entero entre el cuello y la camisa que me di cuenta que ese espacio es el que marca la distancia entre la locura y la cordura. Me senté en el borde de la bañera, me miré las uñas.  Apenas quedaba rastro de nada, ni siquiera de mí. Había llegado la hora de abrir las ventanas y pedir hora para hacerme las manos, los pies y rescatar los cinturones.



miércoles, 6 de marzo de 2019

SALUD DEMOCRÁTICA






Que la sociedad se ha vuelto infantil e irresponsable es una afirmación que es difícil ser refutada. Estos días, mientras se celebra uno de los juicios más importantes que se ha dado a lo largo de la historia de España, esta idea va calando cada vez más hondo. Unos cuantos, muchos si se quiere, pensaron que sus actos obtusos y antidemocráticos, jaleados por otros que se creían por encima de la Ley, engañaron y medraron hasta causar, no solo la parálisis de toda una comunidad, sino la quiebra de las relaciones personales y profesionales de gran parte de los habitantes de esa parte del país. Ha quedado en evidencia que aquellos políticos, hoy sentados en el banquillo, actuaron sin escrúpulo alguno aunque aun hoy llenan sus discursos y declaraciones de “voluntad del pueblo”, “democracia”, cuando en realidad se encuentran a  años luz de una concepción democrática de la sociedad y de la política. Escucharles declarar estos días, escuchar a los testigos, que van compareciendo para explicar cómo se desarrollaron los hechos que mantuvieron en vilo a la sociedad catalana durante los últimos meses del año 2017, resulta estremecedor. Aquellos que tenían que velar por la convivencia, trabajar por el bienestar de todos sus conciudadanos se abonaron a un actuar totalitario que pretendía, y a un hoy pretende, anular a más de la otra mitad de ciudadanos de Cataluña y al resto de gente de este país, mediante la imposición de una voluntad política que no se sostiene en mayoría alguna. Se pueden tener ideas profundamente nacionalistas, separatistas incluso, aunque a muchos no nos gusten por el componente excluyente, xenófobo,totalitario y poco solidario que tiene la ideología nacionalista. Uno, incluso conociendo el desastre que para Europa conllevó la aplicación de postulados nacionalistas, se puede un colocar al lado de esa concepción social tan retrograda. Pero lo que no se puede es intentar imponerla a nadie fuera de las vías legalmente establecidas. Toda actuación conlleva una responsabilidad y, de momento, una de ellas, es sentarse ante un Tribunal para que se depuren las responsabilidades y, en su caso y si pertoca, se castiguen los comportamientos que quebraron el Estado de Derecho y han abocado al abismo a toda una sociedad. No es plato de gusto para nadie, ni siquiera para los que no compartimos en absoluto la ideología nacionalista, pero es necesario por salud democrática. La historia no será benevolente con aquellos que actúan con verdadero desprecio a la libertad, a la igualdad y contra el Estado de Derecho.

viernes, 1 de marzo de 2019

FEBRERO



"En el amor romántico siempre estás perdiendo".
Vivian Gornick





Llevamos demasiadas cosas entre manos, tantas que se nos caen por los costados, por entre los dedos, dejándolas caer si tener la habilidad suficiente para alcanzarlas al vuelo. Ayer intentaba poner un poco de orden al desorden con el que empiezo cada mañana e intenté hacer una lista de cosas pendientes que tenían que salir antes de que acabara el día, antes de que acabara el mes. Porque ayer, veintiocho de febrero, fin de mes, se nos ponía de nuevo en la casilla final, robándonos la posibilidad de aplazar las cosas un poco más. Y esta mañana, ya marzo, mientras me tomaba un café antes de entrar a trabajar, con las calles a medio poner y la sensación de una primavera demasiado anticipada, he vuelto a empezar la lista, anotando lo que ayer quedó pendiente, lo que debía de haber sido y no fue, sabiendo que entre febrero y marzo el tiempo se pierde en un agujero negro y que solo cada cuatro años remonta un poco. Hoy vuelvo a tener las manos llenas, menos hojas en el cuaderno de las listas interminables y la total seguridad de que el mundo no va a parar de girar aunque intentemos frenarlo con las dos manos. Pero empieza un nuevo mes y quizá con él llegue un poco de tregua aunque casi con toda seguridad no será así, pero al menos podemos contar hasta treinta y uno.



viernes, 22 de febrero de 2019

DE LOS BIENES Y OTRAS COSAS



Era un gran animador de reuniones, pero se estaba volviendo loco.

Saul Bellow, El legado de Humboldt





Para conocer el estado en que están las cosas a veces hace falta muy poco. Un simple “¿Qué tal, cómo va?” seguido de un “bien, como siempre”, puede ser la muestra de la total indiferencia frente al otro que no deja lugar a confesiones más o menos íntimas, o la confirmación del desastre y del caos que rodea al que contesta, o la contestación banal a una pregunta que en realidad no quiere respuesta. Porque un “bien” acompañado de un sonrisa, de un gesto neutro, de un ligero temblor, o de una mirada acuosa, son “bienes” distintos, aunque suenen de la misma manera, que pocas veces esperan nada.




domingo, 17 de febrero de 2019

CUATRO MANERAS ESTÚPIDAS DE HACER EL ESTÚPIDO



"De la tragedia griega el hombre puede aprenderlo todo, porque son fuentes de conocimiento y fundamentación; las tragedias rusas son siempre desconcertantes y le dejan a uno mucho más confuso de lo que estaba".
Andrés Trapiello, Santa Rusia






En los tiempos que corren es fundamental no dejarse ganar por el ruido. Puede que precisamente por eso y, también, porque los más cercanos me pidieron casi a gritos que dejara de significarme durante unos días,  es por los que, en las últimas semanas, me he reservado la opinión de muchas de las cosas que estamos viviendo. Pero es difícil, supongo que por eso, aunque no lo quiera, acabo hablando del ruido como ejemplo claro de lo que llena las redes sociales, las cabezas y la mayoría de lugares que piso. En estos días de retiro, necesario y autoimpuesto, he pensado mucho en lo que es la libertad, la igualdad, la legalidad y la fraternidad. Cuando lo conté, alguien me dijo ¡Coño, Noire, pensando ahora en la revolución francesa! Y puede que algo sí, pero casi todo no, porque lo único que la que suscribe tiene de afrancesada es la tez blanquecina y el gusto por quesos normandos y un buen vino de burdeos. Pero aun así, mientras me debatía entre ese silencio rogado y las ganas de salir corriendo, el runrún de decir unas cuantas cosas iba llenando parte de mis días y algunas de las noches. El insomnio es mal compañero, cualquiera que duerma poco lo sabe, y acaba creando monstruos que terminan siendo grandes como armarios roperos. Pero no pienso contribuir al ruido. Otros lo hacen mejor que yo. Cada día tengo más claro que quisiera poder dedicar mi tiempo a hacer más bien poquito, a recuperar a alguna gente que dejé por el camino, a perder peso, a repartir ganas de hacer cosas que en estos momentos me sobran. Quisiera poder escribir cartas, muchas cartas. Pero vivimos tiempos raros, deglutidos por la tiranía del trabajo, de la vida urbanita y de una política que nos desgasta tanto como nos atrae. Pero mañana es domingo, o puede que solo sea lunes, pero yo tenga unas ganas inmensas de que sea domingo otra vez, de recuperar algo de tiempo perdido entre las sendas del desconcierto y volar, volar entre los renglones de las cosas que me apetecen mientras aparco las que me obligan. Y quisiera que algunos dejaran de marearnos, que nos permitieran ser verdaderamente auténticos, y que la clase política de este país se fundiera en negro y una nave espacial nos trajera algo mucho mejor que lo que ahora tenemos. Pero para que eso pasara, nosotros mismos tendríamos que desaparecer, porque ellos, los que se sientan en el Parlamento, son el reflejo fiel de la sociedad perdida y escabrosa que somos. El tiempo de las cosas estúpidas está aquí, nos rodea y nos disparan directas a la cabeza para dejarla absolutamente muerta. Mientras tanto sueño con islas pequeñas, libros pendientes, cartas que aplazo sin día, y en la tan necesaria libertad, legalidad e igualdad, que alguien puede pensar que es algo muy francés pero no, porque son más internacionales que el concurso de Eurovisión y tan necesarias como el aire que respiramos.