viernes, 21 de agosto de 2026

DING DONG

 



Reconozco haber entrado en pánico cuando he entrado a mi correo electrónico en busca del enlace para imprimir unas tarjetas de embarque y con verdadero terror he visto que tenía pendiente de abrir 976 correos electrónicos. Pasado el susto y teniendo en cuenta que solo es mi cuenta personal, intento averiguar el motivo del despelote del buzón. Trasteo un poco, pero ahí sigue, correos del año de la Tana que ahí siguen. Google me mata; Google me desconcierta, Google me da más trabajo del que quiero. Algunos de los correos tienen más años que el mundial de futbol del Waka Waka. Ahí es nada. Empiezo a seleccionar para borrar. La historia no se escribe por e-mail, o tal vez sí, sino que se lo pregunten a Meg Ryan y a Tom Hanks; o mejor a Nora Ephron que a finales de los 90 nos regaló “You’ve got a mail”. He releído algunos por curiosidad. Un par de ellos me han arrancado la carcajada y con otro par he arrugado el morrete. Algunos correos, como algunas películas, envejecen mal. Nosotros envejecemos regular.

Vivo envejeciendo a una velocidad supersónica que es en la que se pone la vida cuando pasas la frontera de lo que es la vida-media. Releer correos o mensajes descontextualizados puede hacernos sentir un poco ridículos. Reconocerlo es de justicia, pero sería injusto, puesto a mentar a la justicia, no reconocer que a veces es divertido, tierno e incluso ciertamente desconcertante. Hablo de los correos personales, no de los de la compañía de la luz, ni de la aseguradora que te recomienda la revisión de tu póliza de decesos. El tiempo no pasa en balde, ya lo decía mi abuela y ahora ya lo digo yo. Me lo he pasado bien, pero 976 correos son demasiados correos para una mañana de agosto, así que lo mejor es marcarlos todos como leídos y a otra cosa mariposa, de momento.






lunes, 3 de agosto de 2026

HAZLO FÁCIL

 


¡Qué ganas de complicarte la vida! Es la frase favorita de los que no tienen ganas de poner el huevo. Es agosto, no tengo ganas ni de respirar, pero parece que tengo una tendencia natural a convertir el maldito huevo, que otros no ponen ni por casualidad, en el centro de mi atención. Y ahí, entre sofocos y estertores laborales, como el que no quiere la cosa, desde el pasado jueves se me ha llenado la cesta de huevos, huevitos, huevotes y huevazos con los que entretenerme durante un buen rato. Por un momento, mientras intento que la batería del portátil soporte tanto calcio, albumina y vitelus, siento un terrible envidia de los que son capaces de dar carpetazo, pasar la llave y despedirse con un "Eso es todo amigos, nos vemos en septiembre". Así que sí, me he complicado la vida. Pero la complicación ha durado poco, aunque eso lo sé ahora. Hasta hace un par de horas andaba conjugando calendarios, billetes de avión y querencias varias para cuidar de los huevos que han crecido estos días. Con reservas modificadas y el calendario hecho un cisco ,alguien ha entrado en el gallinero y ha zanjado el tema de las gallinas y los huevos.  Ni uno ha quedado en pie. Adiós gallinas, adiós huevos, bienvenido ibuprofeno. Dicen que los huevos son un alimento muy preciado por los zorros y zorras, que los engullen con enorme placer. No seré yo quien diga lo contrario. Con la perspectiva de otro par de horas más y una cervecita bien fría, no sé si, en realidad, no debo de agradecer a la zorra el destrozo de agenda y gallinero que me deja en un barbecho que, en verdad, necesito como agua de mayo. Lo dicho, igual hay que hacerlo más fácil y agradecer y disfrutar de que no hay huevo que dure cien años.


miércoles, 8 de julio de 2026

MP3 O LO QUE SEA

 


Vaciando cajones en busca de un cable con clavija antigua he encontrado un MP3 más viejo de la pasión de Jesucristo. No tiene batería. Normal. Creo que fue durante las últimas lluvias que anegaron los campos, y llevaron al Arca de Noé a constituirse en transatlántico de pavos reales y demás especies animales, que el aparato fue sustituido por uno con mayor capacidad de almacenamiento. Desde entonces, y hasta ahora, ha tenido tiempo más que suficiente para descargarse del todo. Busco y encuentro su cargador adecuado gracias al ligero síndrome de Diógenes emocional que padezco. Dos horas de recarga sirven para viajar en el tiempo. Ya lo creo. Cae el sol a plomo y los 42 grados de este mediodía no los alivia ni el aire acondicionado de la oficina que no repara en gastos. Pero me pongo los auriculares de clavija convencional y al darle al “On", el corazón me da un brinco que no sé cómo calmar.  No es calor, es la emoción. Dicen que los cinco sentidos son mágicos y es verdad. Ojalá den las nueve y pueda salir a caminar con mi viejo MP3.



¡Oh! Sorpresa

miércoles, 17 de junio de 2026

BOB

 



Mientras espero la entrega de un paquete, mato el tiempo pasando la pantalla del móvil a toda velocidad. Me he parado en un par de artículos de titular llamativo y, como buena mujer de los tiempos que corren, he caído en la engañosa desinformación de la que, por casualidad de la vida, estoy bastante informada. El mundo es muy pequeño y muy estúpido. El repartidor sigue sin llegar y, aunque necesito con urgencia que lo haga, no pienso desesperarme. O sí. Respiro y espero. Respiro y miro el reloj. Respiro y vuelvo a respirar. Me queda la suficiente bateria como para comprobar a cada minuto a cuantas paradas de distancia anda mi repartidor. Respiro y, mientras lo hago, Google me recuerda que soy mortal, que el colágeno te abandona cuando menos te lo esperas y que oxigenarse es fenomenal. Respiro y dejo el teléfono bocabajo. Pero Google no se conforma con mi vida caduca, ni con los consejos de cosmética coreana con los que intenta seducirme, y activa su inteligencia artíficial para llamar mi atención y lo consigue. Su inteligencia, que es más inteligente que la de todos nosotros juntos, me recuerda que tiempo atrás perdí la gracia de Dios y que Dios, mientras bostezaba, aburrido de todo, me mandó a paseo. Una orden divina que yo obedecí, aunque creo que su extraordinaria intención era otra Y así llegaron los paseos.  El primero empezó entre rocalla y encinas. El siguiente, días mas tarde, acabó con el lorazepam dentro el bolso. 




lunes, 1 de junio de 2026

BLONDE

 


Día de trastos y, frente al portal, cuatro sillas blancas. Un poco más allá, cuatro sillas más, ahora de madera, desvencijadas y con ganas de morirse y del todo. La ciudad está patas arriba y el personal ha decidido cambiar la sillería. Camino con los auriculares puestos escuchando un podcast sobre cine. Hablan de Billy Wilder, de la magia del Hollywood de los años 50, y de la “Tentación vive arriba". Un suspiro se me atraviesa entre Gran Vía de Carlos III y Diagonal. El locutor nos recuerda que, de vivir, Norma Jean cumpliría cien años. Pero eso, como casi todo, es una certeza que no sirve para nada. Algo así como saber que, de vivir, Jesucristo tendría dos mil veintiséis años y no habría muerto en la cruz, como Marilyn no habría muerto a base de ansiolíticos, alcohol y desamor. Doblo la esquina y temo tropezar con otro par de sillas ruinosas, pero no. No hay sillas. No hay más que una acera infinita que se ensancha hacia el mar.