domingo, 1 de noviembre de 2026

AMNIÓTICA


En mi pequeña burbuja todo anda bien. El movimiento es pequeño, suave como si estuviera dentro de una matriz invisible, protegida y caliente. Fuera de aquí, la situación es siniestra. Al ver las noticias me preocupo y siento de inmediato un pellizco por dentro. El colmo de la mala suerte existe y ojalá lo haya esquivado. Salgo de mi inventada envoltura amniótica para buscarle. Ahora ya sé que está bien. Vuelvo a lo mío, a escuchar la música que abandoné, pero tengo frío. Un frío que se agrava cuando escucho a los imbéciles que nos gobiernan y a los que son incapaces de tener el más mínimo sentido crítico. No va de los tuyos o los míos, es otra cosa. La cosa de todos. Pero qué más da. Intento moverme despacio, detenerme en los detalles que me pierdo de lunes a viernes. Bebo el café en la última taza que me queda de un juego que compré en el Rastro pocos días antes de que la pandemia nos redujera a casi nada. Y en casi nada nos quedamos. Los días se acortan y se llevan parte de la vida, de mi vida. Solo queda esperar que en esa pérdida infinita, el futuro sobreviva al algoritmo que nos trastorna.


miércoles, 7 de octubre de 2026

PROFILAXIS

 




Esta mañana, sin luz aún, he sacado a pasear al perro. Él se alivia grandemente y yo, que no levanto la patita, ni me pongo en cuclillas en el hueco del árbol, me alivio un poco menos, pero está bien. El personal que anda despierto a esa horas cambia mucho cuando llega el fin de semana. Pero hoy es miércoles y, en días así, entre  semana, pasear solo paseamos algunos, el resto va con el paso acelerado, la legaña a medio quitar y el termo cafetero en la mano. Llevo los auriculares puestos. ¡Qué maravilla! Dejé de escuchar las noticias de primera hora de la mañana hace ya algunos meses. Es parte de la profilaxis mental que necesito. Prefiero vivir en una ignorancia relativa hasta por lo menos las diez. Y a veces, pasada esa hora, la prolongo también por necesidad. Las mentiras tienen las piernas cortas y el acceso a la información. muchas veces estúpida, deja en evidencia la continua manipulación a la que nos someten. Somos rehenes de la mediocridad, del azucar y de las tormentas invisibles.




jueves, 24 de septiembre de 2026

SWEET HOME ALABAMA

 


Hace un par de semanas murió Dolly Parton. Leo por ahí que era buena gente, que se preocupaba por los demás. Cuando alguien muere, las alabanzas siempre pesan más en la balanza del bien y del mal. Parece una suerte de cortesía que se regala cuando el que ya está muerto, bien muerto, no puede ni rechistar. Desconozco si era un encanto de mujer o una zorra indomable y la verdad es que no tiene importancia. Y no la tiene, al menos en mi vida, pero nos ha regalado buenas canciones durante años y eso es de agradecer.

Alabama no era Dolly Parton ni de lejos. Pero supongo que puede decir lo mismo de él, solo que no compuso, ni cantó nunca. Alabama nació en un pueblo de Soria, rodeado de sabinas y salió de allí sin olvidar que allí estaba su casa. Nunca destacó por mucho ni tampoco por poco. Gente normal. Nada que ver con Dolly Parton. En los últimos tiempos, sobre todo el último verano, coincidimos en la biblioteca. Él retiraba libros sobre música, yo leía el “Hola” en la sala común, el chascaba la lengua con cierta condescendencia y yo le hacía la sorda . Mi vida a veces es así de anacrónica. Ayer supe que murió este mes de agosto mientras yo perdía en norte por las Tierras Altas. Volví este sábado a enajenarse con el papel couché y allí me enteré. En el tablón de la sección de música de la segunda planta, junto al nano, alguien ha clavado una nota: “El suicidio no es una salida. Todos tenemos demonios internos y la vida se trata de vencerlos”. Reconozco la frase, es de los Ramones. Lo que ya no sé es de quién es la postdata: “Alabama. Eres un cabrón”. Alabama, posiblemente fuera un cabrón, pero lucía la camiseta de “Sweet home Alabama” como nadie.  La vida que viene y va. Una pena.

miércoles, 9 de septiembre de 2026

LA TORMENTA

 


La tormenta se acerca. El Tibidabo ha desaparecido. El fin de mundo pasado por agua. Septiembre está siendo la continuación de un desastre al que soy incapaz de poner fecha ¿Cuándo empezó? No lo recuerdo. Quizá siempre ha sido así y solo los años acaban con el borrón que enmascara la cara fea de la luna. La maldad repta, se cuela por todas partes y el pestazo se vuelve insoportable. Hay necesidades que no lo son; carencias que reclaman atenciones inaceptables; existencias que por si mismas aterrorizan. Mirar afuera da vértigo y un hartazgo casi insoportable. Las distancias son abismales. Entre las miradas, buscar las más cercanas mientras nos desvalijan. Repetirse ¡Espabila, coño!



viernes, 21 de agosto de 2026

DING DONG

 



Reconozco haber entrado en pánico cuando he entrado a mi correo electrónico en busca del enlace para imprimir unas tarjetas de embarque y con verdadero terror he visto que tenía pendiente de abrir 976 correos electrónicos. Pasado el susto y teniendo en cuenta que solo es mi cuenta personal, intento averiguar el motivo del despelote del buzón. Trasteo un poco, pero ahí sigue, correos del año de la Tana que ahí siguen. Google me mata; Google me desconcierta, Google me da más trabajo del que quiero. Algunos de los correos tienen más años que el mundial de fútbol del Waka Waka. Ahí es nada. Empiezo a seleccionar para borrar. La historia no se escribe por e-mail, o tal vez sí, sino que se lo pregunten a Meg Ryan y a Tom Hanks; o mejor a Nora Ephron que a finales de los 90 nos regaló “You’ve got a mail”. He releído algunos por curiosidad. Un par de ellos me han arrancado la carcajada y con otro par he arrugado el morrete. Algunos correos, como algunas películas, envejecen mal. Nosotros envejecemos regular.

Vivo envejeciendo a una velocidad supersónica que es en la que se pone la vida cuando pasas la frontera de lo que es la vida-media. Releer correos o mensajes descontextualizados puede hacernos sentir un poco ridículos. Reconocerlo es de justicia, pero sería injusto, puesto a mentar a la justicia, no reconocer que a veces es divertido, tierno e incluso ciertamente desconcertante. Hablo de los correos personales, no de los de la compañía de la luz, ni de la aseguradora que te recomienda la revisión de tu póliza de decesos. El tiempo no pasa en balde, ya lo decía mi abuela y ahora ya lo digo yo. Me lo he pasado bien, pero 976 correos son demasiados correos para una mañana de agosto, así que lo mejor es marcarlos todos como leídos y a otra cosa mariposa, de momento.