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martes, 8 de julio de 2025

SAUDADE

 




Si hubiera que repetir algo, repetiría aquel verano en el que de una manera casual la vida dio un brinco y, en lo que fue una pirueta un tanto absurda, el corazón empezó a bombear con una fuerza extraña que con el tiempo se transformó en una pasmosa calma que sorprendía. Los días amanecían más claros de lo habitual y el bochorno, tan sofocante entonces como ahora, se diluía como un cubito de hielo en un café caliente. Los sofocos eran lo normal, pero no importaba, algo había cambiado y todos lo sabíamos. Un sol cegador y la ceguera de la dopamina. Por un instante todo aquello fue otra vida. Un respiro que el invierno convirtió en hielo y que nos dejó a todos la sensación de que los mundos paralelos existen, aunque temamos admitirlos. No pasa nada, fue lo más repetido durante semanas, aunque sí que pasó. Una esquirla de nostalgia se quedó clavada y desde entonces al sacudir la cabeza un ligero tintineo se escapa por el oído.


Morena, ¿Quieres un Aquarius? La pregunta me la lanza el camarero desde la barra. Confirmo con un gesto de la cabeza y al segundo lo tengo en la mesa. Le pido un par de cubitos y que me guarde un trozo de empanada para la cena. La melancolía también tiene hambre.







domingo, 17 de octubre de 2010

IMPRONTA


 "Amar es sufrir. Para evitar el sufrimiento no se debe amar, pero entonces se sufre por no amar, de modo que amar es sufrir y no amar es sufrir, y sufrir es sufrir. Si para ser feliz hay que amar, para ser feliz hay que sufrir, pero sufrir hace a uno infeliz, por lo tanto para ser infeliz uno debe amar o amar para sufrir o sufrir de tanta felicidad, y dejémoslo que es un lío."
Woody Allen


Subí al tren sin más equipaje que yo misma, en un último intento por recobrar el control sobre lo que había sido mi vida hasta hacía apenas unos meses. Monté en el vagón cuando faltaban unos minutos para que comenzara un viaje del que ya no podría apearme, pasara lo que pasara, si decidía seguir sentada. Me empezaron a sudar las manos aunque sentí frío. Había hecho una apuesta al vacío que sabía tenía perdida de antemano. Lo sabía, desde el inicio. Quizá, porque lo sabía y lo comprendí desde el primer momento, pese a la locura que me arrastraba, guardé, por una prudencia que desconocía hasta entonces, dos gramos de cordura. Buscando un último salvavidas, antes de que el pozo lo engullera todo, sólo me quedaba tirar de aquellos escasos gramos de sensatez. Miré por la ventana, al fondo aparecían los primeros edificios. Iba a diluirme en la ciudad. Miré el reloj y lo paré en el minuto preciso que alcazaba la estación. Bajé sabiendo que iba a recorrer el andén para sentir la soledad más absoluta. Un viaje que buscaba recobrar una vida que se escapó como arena entre los dedos abiertos, y devolverle la ficción que me entregó. Una quimera con envoltorio de caída al abismo. Un error de bulto tan enorme como las pesadas consecuencias que había dejado su impronta.




viernes, 21 de mayo de 2010

VÓMITO


Se siente extraña. Lo sostiene entre los brazos, sin ganas, como el que sostiene un muñeco. Llegó con la desgracia y ahí estaba, perpetuándola. Pronto se dió cuenta que no le quería. No podía soportar verlo dormir placidamente después de destrozarle los pezones a base de succiones que parecían querer arrancarle la vida.
Colocaba su mano en el pecho para intentar calmar el dolor, pero éste venía de un lugar más profundo que el que la mano cubría.
Atenuaba el desasosiego mirándolo durante horas. Pensó que así conseguiría despertar “eso” que debía estar escondido en algún recodo y que necesariamente tenía que salir. No le ponía nombre a un sentimiento que no tenía. Sólo necesitaba que surgiera, nada más. Pero la visión de ese cuerpecillo no le decía nada, absolutamente nada.
Aquel ser nunca lloraba. Se pasaba las horas inmóvil. La mirada acuosa siempre al frente. Más que mirarla sentía que le clavaba su presencia como un reproche continuo, recordándole permanentemente su falta. Un ser diminuto que lo ocupaba todo, todo el tiempo.
Empezó a odiarlo. No recuerda cuando fue, tal vez el día que el olor a leche agria le provocó una arcada de asco que no pudo contener. Asco de todo.
Se sienta en la esquina de la cama. Lo tapa con un arrullo. Agua estancada por ojos. Se inclina y limpia con cuidado el rastro del vómito que salpicó su zapatilla, con la otra mano, arruga una bolsa de plástico, inerte, oscura, vulgar. Cierra los ojos y sólo piensa “por fin”.

cesarea evora - sodade

jueves, 29 de abril de 2010

LA SOLEDAD DE LOS NUMEROS PRIMOS (Fragmento) -Paolo Giordano


"Cuando estaba con ella sentía que valía la pena hacer todas esas cosas normales que hacen las personas normales.

Mattia pensó que nada bueno había en tener una cabeza como la suya, que con ganas se la habría arrancado y sustituido por otra, incluso por una caja de galletas siempre que estuviera vacía y fuera ligera. Quiso contestar que sentirse especial era una jaula, lo peor que podía pasarle a uno, pero se abstuvo.

Estaban unidos por un hilo invisible, oculto entre mil cosas de poca importancia, que sólo podía existir entre dos personas como ellos: dos soledades que se reconocían.

No lo había elegido entre nadie; no había pensado en nadie más."