jueves, 24 de septiembre de 2026

SWEET HOME ALABAMA

 


Hace un par de semanas murió Dolly Parton. Leo por ahí que era buena gente, que se preocupaba por los demás. Cuando alguien muere, las alabanzas siempre pesan más en la balanza del bien y del mal. Parece una suerte de cortesía que se regala cuando el que ya está muerto, bien muerto, no puede ni rechistar. Desconozco si era un encanto de mujer o una zorra indomable y la verdad es que no tiene importancia. Y no la tiene, al menos en mi vida, pero nos ha regalado buenas canciones durante años y eso es de agradecer.

Alabama no era Dolly Parton ni de lejos. Pero supongo que puede decir lo mismo de él, solo que no compuso, ni cantó nunca. Alabama nació en un pueblo de Soria, rodeado de sabinas y salió de allí sin olvidar que allí estaba su casa. Nunca destacó por mucho ni tampoco por poco. Gente normal. Nada que ver con Dolly Parton. En los últimos tiempos, sobre todo el último verano, coincidimos en la biblioteca. Él retiraba libros sobre música, yo leía el “Hola” en la sala común, el chascaba la lengua con cierta condescendencia y yo le hacía la sorda . Mi vida a veces es así de anacrónica. Ayer supe que murió este mes de agosto mientras yo perdía en norte por las Tierras Altas. Volví este sábado a enajenarse con el papel couché y allí me enteré. En el tablón de la sección de música de la segunda planta, junto al nano, alguien ha clavado una nota: “El suicidio no es una salida. Todos tenemos demonios internos y la vida se trata de vencerlos”. Reconozco la frase, es de los Ramones. Lo que ya no sé es de quién es la postdata: “Alabama. Eres un cabrón”. Alabama, posiblemente fuera un cabrón, pero lucía la camiseta de “Sweet home Alabama” como nadie.  La vida que viene y va. Una pena.

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