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miércoles, 15 de junio de 2016

DIARIO DE OTRO


“Hago por la familia lo que tengo que hacer, es mi deber. Lo único que me ha enseñado la vida es a soportarla, nunca a cuestionarla, y a quemar en la escritura los deseos generados”.
Karl Ove Knausgard




Vas a caminar sin muletas, en algún momento sentirás que estás a punto de caer, que las rodillas no van a poder soportar tu propio peso pero, al final, sabes que no será así, no te lo puedes permitir, de manera que esas piernas que flaquean te sostendrán aunque sea de mala manera Es cuestión de confianza y de pura necesidad.
Tu mirada sigue turbia, esquiva, aunque quede disfrazada por el desenfoque de una lente novata. No existen parihuelas para las heridas que no se ven. Tus piernas, que se aflojan por el peso de las circunstancias, se recuperan y la vida amable va zurciendo el vacío que sientes por dentro. Pero no son los ojos los que de verdad te delatan, es el gesto de la boca. No existen manos suficientes para ocultar unos labios entregados a lo acomodaticio, ni las decisiones que se toman para tranquilizar una conciencia exaltada. Se te nota, aunque no lo quieras.



miércoles, 1 de julio de 2015

DIARIO 2.0



«La vida es el tiempo que hace. Son las comidas. Los almuerzos en un mantel azul 
a cuadros sobre el cual hay sal vertida. El olor de tabaco. Queso brie, 
manzanas amarillas, cuchillos con mangos de madera.»

James Salter



Europa en boca de todo el mundo y aquel café del que habla Steiner tiembla por las apreturas de una civilización que de civilizada tiene poco. La esencia de la democracia, la esencia de los Derechos Fundamentales todo mezclado con un whisky on the rocks de garrafón con tendencia a generar una colosal resaca colectiva. Harta de la imbecilidad, puede que incluso de la mía propia, me aparto de seguir los debates abiertos en las redes sociales. Mi paciencia, desgastada, no da para más y cierro de portazo, hasta que me lo pida el cuerpo, para ponerme a pasmar por mi mundo menudo, a riesgo de que un cataclismo europeo me envíe a mí y a mis compañeros al guano.

Hoy, mañana. Momento histórico del que salgo corriendo. Sospecho que esta escapada hacía adelante, producto del hartazgo, solo ahondará más en la distancia adoptada respecto de muchas otras cosas. Huyo de la prensa, de la televisión y huyo de los bienaventurados que pontifican sin tener ni idea de nada y que, sin rubor, sientan cátedras tan huecas como el ojo de un tuerto.

Quizá este sea el momento ideal para plantar una sombrilla en mitad de las Islas Feroe (aunque el sol apenas aparezca por ahí), o en la misma Sala de juntas (por aquello del absentismo laboral) deslizarse en una hamaca mullida, rescatar un ejemplar de cualquier novela de Salter y olvidarse de necios y torreznos mientras el hombre o la mujer de tu vida te rasca la espalda, esperando que el mundo explote de pura estupidez.



viernes, 24 de agosto de 2012

EL ARTE DE PERDER



"Sabes que muchas veces he querido irme, he dicho firmemente que me iba y luego he tenido que desdecirme tantas otras tantas, porque volvías a mí y yo creía de cada vez que volvías era porque me echabas de menos y era tu forma -el estilo escurridizo que te caracteriza- de decirme que me querías...
Me has dicho que lo que te gusta de Isolde...el amor puro e infinito que siente por Tristán. Y me has dicho que Tristán la ama en total correspondencia. Eso es a lo que aspiro. A lo que he aspirado contigo desde que te conocí, te he amado como Isolde, te he dado hasta la camisa, y más que tuviera y tú que quisieras... Pero dedicarse a jugar, a veces, lleva a banalizar lo que de verdad importa. Y otras veces, es un desesperado gesto de intentar ocultar la seca y pavorosa aridez que sufre nuestro solitario corazón, desgarrado por la pena de no poder incardinarse en el corazón de otro. Es la sonrisa de Pierrot, congelada en una mueca que más que risa da terror. Amar...o jugar, ese es el dilema."


martes, 21 de febrero de 2012

VENDEDORES DE HUMO


Unos días dedicados a la preceptiva reposición de chapa y pintura me han tenido apartada, por voluntad propia, de algunas cosas que conforman mi cotidianeidad: el teléfono,  las redes sociales, mi blog. El día 31 de diciembre, podía haber sido cualquier otro día, decidí, aún no sé demasiado bien el porqué, apartarme de lo que, en ocasiones, me hace perder el poco tiempo que tengo.

Estos días de retiro he leído mucho, he escrito otro poco. He visitado webs, blogs, he contemplado fotografías extraordinarias y he viajado, sin moverme del sofá, a lugares tan lejanos como Hohhot (Mongolia), tan fríos como Oymyakon (Yakutia), tan espectaculares como Bagan (Myanmar). Unos días extraordinarios.

Creo que ha llegado el momento hacer algunos cambios, de dejar atrás algunas cosas y de dar el valor, en su justa medida, a lo que, por un embobamiento generalizado, coloqué donde no debía, priorizando el humo a lo que con la mano puedo tocar, agarrar y acariciar.

He estado dando vueltas al motivo por el que perdemos tanto tiempo enredados en las redes sociales. ¿Por qué si puedo estar leyendo a uno de los grandes, disfrutando con los párrafos que sólo tipos geniales pueden escribir, lo pierdo leyendo las simplezas que colgamos en estados que duran vivos apenas unos minutos? Puede que esta reflexión sólo sea el producto de un hartazgo que yo sola me he provocado. Las redes sociales son adictivas, sin duda alguna. ¿Cuál es el motivo por el que es mejor tener setecientos, ochocientos, novecientos amigos en una red social a no tener ninguno? ¿Es para que nos rían más la gracia, para que sean más los que nos consideren ingeniosos, virtuosos, o incluso escandalosos? No tengo respuesta para ello.

Formo parte de la red, lo sé y la existencia de Anita Noire es producto precisamente de ella. Puede que se esté acercando la hora de matar a este personaje que ha acaparado un espacio en el ciberespacio que no da más de sí.
Ahora dispongo de un tiempo que he rescatado de las garras de lo absurdo, puede que empiece a pensar en la manera de terminar con algunas cosas, entre ellas conmigo misma y vuelva  a Roig, a Calders, a Pla, a Vila-Matas, a Laforet, a Guillen, a todo eso que aparqué mientras absorbía humo.

Supongo que esto es una especie de propósito de principio de año, no lo tengo claro.


Este texto fue escrito durante los primeros días del mes de enero. No sé el motivo por el que quedó descansando, el sueño de los justos, en el escritorio de mi ordenador. Queda rescatado, sigo pensando lo mismo, un par de meses después.

martes, 20 de diciembre de 2011

MINIMALISMOS XXV


De cuando la casualidad te lleva hasta su puerta y ves. Parpadeas y, hablando sólo para ti, susurras: ¡Vaya, qué cosas! y te das la vuelta para no volver a ver, y decides que no volverás, que no te moverás de tu casa porque fuera hace frío, las mantas son escasas y acostumbran a pasar de mano en mano antes de que consigas entrar en calor.

Coldplay - The Scientist

jueves, 14 de abril de 2011

INDIGNADOS ESTAMOS YA

Desde hace algún tiempo corre por las librerías el libro de Stéphane Hessel "Indigne Vous" convertido en un best-seller. Confieso no haberlo leído y no creo que lo haga. No lo haré porque dada la situación actual, no hace falta que nadie me diga que me indigne, lo hayo yo solita y, no puedo evitarlo, con motivo del estado, no sólo económico, sino político y social, ya ando calentita. Por eso no creo que el libro del Sr. Hessel vaya a despertar mi indignación.

En mi comunidad, considerada una de las más prósperas del país, entre muchas de las bestialidades, incoherencias y burradas socioeconómicas que venimos sufriendo, la última que nos han anunciado, y ya están aplicando, son los recortes sobre las coberturas sanitarias. Una merma más en el estado del bienestar que venimos sufriendo en los últimos tiempos.

No voy a leer el libro porque ya estoy más que indignada.

Cuando la mayoría de los ciudadanos andamos apretándonos el cinturón, los que nos mandan continúan manteniendo sus innecesarios privilegios que se traducen en un incremento del gasto público, y adoptando las más estúpidas decisiones políticas, encaminadas única y exclusivamente a mantenerse en el pollete sin tener en cuenta a sus ciudadanos, generando gastos que no se dicen nada con la época de carestía que todos padecemos.

Por ejempo ¿Es necesario que existan tantos coches oficiales? ¿Es necesario el abono de dietas que en la mayoría de ocasiones no son necesarias y responden sólo a la comodidad del alto funcionario o autoridad en cuestión?¿Es necesario que se reparta la prensa escrita en todos los departamentos de la Generalitat, con el gasto que ellos comporta, cuando desde las dependencias de sus despachos tienen acceso a internet y tienen a su disposición la información correspondiente? ¿Es necesario el establecimiento de pensiones vitalicias cuando, en mor de un servicio público retribuido (no lo olvidemos), una persona accede a un determinado puesto de gobierno por un tiempo tan escaso como pueden ser dos legislaturas? ¿Es necesario cambiar el nombre de los Departamentos, Consellerías, etc, cada vez que cambia el partido político que nos gobierna, con el consiguiente cambio, por ejemplo de papel, sobres, carpetas, letreros, etc.? ¿Es necesario establecer legislación, como por ejemplo la de tráfico, en la que en un año se varíen los límites de velocidad para, transcurrido un tiempo, volverlo a cambiar, con el gasto en señalización, etc, que ello supone, porque se han dado cuenta que lo acordado por otros era inútil?
Podría añadir mil detalles y situaciones que pueden parecer anecdóticos pero que en realidad no lo son. Si empezamos a sumar menudencia con menudencia vamos a ver la cantidad de dinero público que malgastamos por la mala cabeza de quienes nos gobiernan.

Me indigna leer que en la sanidad pública catalana, entre otras cosas, se van a hacer recortes cerrando quirófanos, plantas de hospitales, etc. y quien dice sanidad, dice justicia, servicios sociales y otras muchas cuestiones que afectan a todos los Pérez o Mitjavilla, que viven por aquí.

Hasta hace muy poco tiempo en España podíamos presumir de un sistema sanitario de los más avanzados del mundo. En estos momentos, podemos empezar a temblar y a cruzar los dedos, ya veremos como salimos de ésta.

Y es que con la salud y el bienestar de los ciudadanos que, religiosamente pagan sus impuestos, no se juega.

Por eso no voy a leer el libro de Hessel, ya ando bastante indignada todos los días después de leer la prensa, de escuchar las noticias y de ver la que está cayendo a mi alrededor.


coldplay - cloks










domingo, 27 de marzo de 2011

LOS HIPNOTIZADORES, LOS HECHICEROS


Éste ha sido un fin de semana de lo más curioso, lleno de  encuentros inesperados, de papel tintado, momentos para recordar cuando llega el invierno. Un verdadero placer, unos días de esos que podemos llamar redondos. Me apena que llegue a su fin y que volvamos a la rutina. Pero me llevo el  cesto lleno de imágines, conversaciones, momentos estupendos. 
El tiempo hay que dedicarlo a lo que importa, a lo bueno y a lo positivo. 
Dejo aquí uno de los maravillosos hallazgos de este fin de semana tan productivo personalmente, un artículo escrito por Antonio Muñoz Molina que ha aparecido en el suplemento Babelia, en su número 1009. Cuelgo el enlace a la web, para el que quiera ver su original.  Léanlo con atención y gócenlo, vale la pena.
Aquí les dejo, voy a concluir lo poco que queda del fin de semana en la inmejorable compañía de mi familia.Cuídense y que les cuiden, eso es lo mejor.

LOS HIPNOTIZADORES, LOS HECHICEROS

-Antonio Muñoz Molina-

No es bueno amar demasiado la literatura, o el arte. Se corre el peligro de quedar hechizado y creer que son más ricos, más verdaderos, más variados que la vida. No es bueno amar demasiado la literatura o el arte y menos aún admirar en exceso a quienes se dedican a esos oficios. No quiero caer en la vulgaridad de que es preferible no encontrarse en persona a quienes uno conoce de lejos y admira por su obra, para no llevarse así la inevitable decepción. Depende. La mayor parte de los escritores, pintores, cineastas a los que hubiera preferido no conocer ya tampoco me habían gustado por su trabajo. Algún escritor cuyos libros me parecían detestables era todavía más detestable en persona. Pero casi todos los que he conocido después de admirarlos mucho me han resultado todavía más cercanos y más dignos de afecto y respeto. No olvidaré nunca la cordialidad amable de Adolfo Bioy Casares, la llaneza laboriosa de José Guerrero, de Antonio López García, de Antonio Saura, de mi querido y tan activo todavía Juan Genovés, que a los ochenta años vive intacta la alegría de pintar sin el agobio de la búsqueda de la perfección o el miedo a las críticas, o el desasosiego de no estar a la moda. Porque trabajan con las manos y pasan mucho tiempo solos en talleres llenos de materiales que se tocan y se huelen y pesan los pintores son una casta aparte. A Juan José Saer no lo había visto en mi vida y a los dos días de conocernos en un acto editorial en París me invitó a una comida memorable en un restaurante de barrio donde la dueña llevaba delantal y lo llamaba por su nombre, Monsieur Saer. Comimos cordero y no sé qué más delicias de cocina de pueblo. Nos bebimos una botella entera de vino y hablamos durante horas de los libros y las músicas que nos entusiasmaban, de Bill Evans y de Marcel Proust sobre todo. Yo miraba de soslayo el reloj porque mi vuelo para Madrid salía esa misma tarde. Nos despedimos con un abrazo y ya no volví a verlo nunca. Al poco tiempo recibí otro regalo suyo, el estuche con las grabaciones completas del trío de Bill Evans en el Village Vanguard en junio de 1961. Al poco tiempo Saer había muerto.

No he conocido a nadie que me pareciera grande de verdad que fuese un canalla, o un chulo, o un vanidoso enamorado de sí mismo. Hay artistas de un egocentrismo grotesco, algunos de ellos muy célebres. No se me ocurre ninguno que no esconda una parte de banalidad o de impostura en su obra, por mucho que la canonicen. Y tampoco suele haber proporción entre la escala del mérito o el reconocimiento público y el tamaño de la vanidad. Hay premios Nobel -y no solo de literatura, o no especialmente- mucho menos arrogantes que algún poeta de difusión comarcal o algún genio de la narrativa que a lo mejor no ha publicado más que algún relato, alguna novela, o algún artista de estos que no son pintores ni escultores ni fotógrafos sino artistas sin más, artistas porque sí, porque lo dicen ellos.
Cuánta tontería. Cada vez entiendo menos que a un literato o a un diseñador de moda o a un actor se les conceda un derecho a la arrogancia que sería inverosímil en un buen ingeniero o un buen médico, en un mecánico concienzudo, en un profesor que mejora para siempre la vida de un alumno al ayudarle a descubrir sus mejores capacidades. Aunque peor que la tontería es el envenenamiento, la manipulación que ejerce a veces quien se sabe brillante y no tiene ningún respeto por aquellos mismos que al admirarlo alimentan su egolatría y sin darse cuenta se hacen a sí mismos más vulnerables aún a su influencia tóxica. En su novela Volver al mundo José Ángel González Sainz hace el retrato escalofriante de ese intelectual maduro que utiliza sus lecturas y su palabrería para someter al discípulo a su voluntad y convertirlo en una especie de zombi al que lo mismo se le puede ordenar que machaque a un adversario en una discusión o que empuñe una pistola. Abimael Guzmán o Pol Pot no son los únicos terribles profesores de filosofía que acabaron alentando el asesinato. Y no hace falta empujar hacia el crimen o el fanatismo para dañar las vidas de personas cándidas que creen demasiado en el brillo de las ideas o en la nobleza del arte y de la literatura.
Hay gente demasiado ávida, demasiado dispuesta a ser deslumbrada. Hay desalmados que intuyen esa flaqueza y se apresuran a aprovecharse de ella. Es probable que sea una disposición sobre todo masculina, no sé si particularmente heterosexual. El espectáculo se repite siempre: la mujer joven hechizada, aspirante a actriz, aspirante a pintora, aspirante a escritora; el escritor, el profesor, el varón de cerebro poderoso y físico mediocre, el director teatral, el gurú de la secta, el entrañable aventurero cansado, el vividor legendario, el triunfador, el fracasado, el maldito, el autodestructivo. Cabe la posibilidad esperanzadora de que se trate de un esquema anacrónico; que las mujeres jóvenes y más despiertas de ahora no muerdan el cebo, o que las artes hayan perdido una parte de su lustre.
Si es así, el libro de recuerdos de Anne Roiphe, Art and Madness, será parte de la arqueología literaria del siglo pasado, de esa época en la que ella era muy joven y se sentía dispuesta a sacrificarlo todo por el heroísmo masculino y bohemio de la literatura, incluyendo su propia vocación de escribir. Anne Roiphe llegó al mundo literario de Nueva York al final de los cincuenta, en la gran época del alcohol y en las vísperas de la revolución sexual, cuando los escritores eran sobre todo varones que se emborrachaban, que daban clases y seducían alumnas o lectoras sin miedo a represalias, que reclamaban para sí mismos y tenían reconocida la potestad de sacrificar en nombre del genio cualquier responsabilidad hacia las personas que los rodeaban. A veces el genio, o al menos el talento, existía: muchas más veces era sobre todo una farsa sostenida sobre la soberbia y la credulidad. En casa de George Plimpton, en las fiestas alcohólicas de la Paris Review, cuenta Roiphe, secretarias y aspirantes a escritoras se rendían a los maestros beodos mientras las esposas miraban a otra parte y fumaban cigarrillos. Ella misma se casó con un dramaturgo convencido de su propia genialidad, en gran parte gracias al fervor de la mujer que lo aguantaba. Porque era un genio y estaba en lucha contra la indiferencia del público y la venalidad de los productores teatrales tenía derecho a pasarse borracheras de varios días fuera de casa y a frecuentar prostitutas.
En algún momento ella despertó de su reverencia excesiva por el arte. Tenía una hija pequeña y también tenía una necesidad honda de escribir, aunque por pudor, o por complejo de inferioridad hacia su marido o miedo a su sarcasmo, no se había atrevido a manifestarla. Al cabo de los años, en otro siglo, su mirada de lucidez y remordimiento hacia el propio pasado es un ejercicio excelente de literatura.

Art and Madness. A Memoir of Lust Without Reason. Anne Roiphe. Random House, 2011. 240 páginas. antoniomuñozmolina.es

http://www.elpais.com/articulo/portada/hipnotizadores/hechiceros/elpepuculbab/20110326elpbabpor_6/Tes


coldplay - cloks

jueves, 3 de febrero de 2011

SOBREEXPOSICIÓN EMOCIONAL


Me preguntó, como si yo tuviera respuesta para todo, como había podido sobreexponerse de esa manera. No supe que contestarle. Sólo sabía que en ocasiones ocurren esas cosas.
Habíamos comenzado a caminar por debajo de los soportales con las primeras gotas. No llevábamos ningún rumbo fijo, sólo caminabamos. Al llegar a las esquinas, se detenía y desolado me invitaba a cruzar Le ofrecí el brazo. No era un gran consuelo pero era lo único que podía darle en ese momento. 
Intentaba colocar las piezas olvidando que la mitad se las habían hurtado sin que se diera cuenta.
Siguió lloviendo. Fue el paseo más triste de los últimos días. Pero así son las cosas. Mojarse por alquien a quien quieres es lo de menos, lo que importa es mojarte con él, ofrecerle el brazo para que camine y busque, aunque sea un espejismo, las razones que jamás encontrará. No las tendrá nunca porque esas, las que de verdad quiere, no existen. Pero yo sí que sé que cuando busque su brazo, cuando necesite que me escuche, aunque llueva, aunque tenga que cruzar medio mundo, estará aquí.



© Fotografia naq


viernes, 7 de enero de 2011

NOS HABÍAMOS PELEADO TANTO


Hay una persona, una mujer, que me lee desde hace meses. Sé que me lee porque ella se encarga cada día de que lo sepa. Sé, porque yo también se leer, que lo está pasando mal. Una sucesión de perdidas y la incursión en su vida de cuestiones que creía haber cerrado hace tiempo, la tiene navegando en un mar de dudas y tristeza. Sé que ella sabe que yo lo sé. En estos días, estoy releyendo un libro que siempre me acompaña, vaya donde vaya. Una recopilación de artículos escritos por Montserrat Roig entre el año 1990 y 1991. Esta mañana de estado gripal llegué a uno, en concreto, el que la autora tituló "Nos habíamos peleado tanto" y me acordé de ella. Y me acordé de ella no porque nos hayamos peleado jamás, sino porqué sé que se siente como se sintió la autora y sé, porque lo sé, que tiene que seguir caminando. Por eso, le dejo esto aquí.
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"Me lo acaban de decir. Y no quisiera cometer la impudicia de hacerles partícipes de mi perplejidad. De mi dolor. Pero lo tienen que saber. Porque ella ya no está y, esta idea, la idea de que ya no hablaremos por teléfono, no nos pelearemos y, sobre todo, ya no nos reiremos juntas, duele. No les quiero transmitir la claridad de la ausencia, pero lo tienen que saber. No quiero remover ningún papel,  no quiero ir al archivador y buscar sus cartas ni tampoco, basarme en las entrevistas ni en los retratos que de ella hice. A fin de cuentas, esto último no era más que trabajo mercenario. Ella, Maria Aurelia, se avenía. Hablaba por los codos, me agujereaba con la mirada, me hacía sentir una inquietud imprecisa. Era demasiado para mí. La conocí a los quince años, yo aún llevaba trenzas, y salía de un mundo de leyendas y de Marias Goretti. La conocí a los quince años como discípula suya en la Escola d'Art Dramàtic Adrià Gual, y fuimos amigas toda la vida. Y nos reimos mucho. Ella me enseñó la alegría de vivir. ¿Cómo? No lo sé... Me encontré de golpe con un modelo de mujer diferente. En casa, estaba mi madre y mi abuela que susurraban el placer del mundo de las cosas. Pero no lo podían hacer público. Pagaban el precio de la derrota. La posguerra había helado sus corazones. Sólo dentro, en las casas, las mujeres reían. Pero ella, Maria Aurelia, lo hacía fuera.  Con sus collares de ivori, con sus puros en aquel piso tan pequeño de la Rambla Catalunya, rodeada como una diosa hindú de golfos sedientos de vivir, de aprender, de saber; de reir de otra manera.
Ella me habló de Simone de Beauvoir en un largo viaje que hicimos, sobre las incómodísimas literas, camino de París. No me interesaba la "francesa" educada a la Normale, con sus turbantes y sus mentiras de femme savante. Maria Aurelia Capmany era de los mios, hija de unos cesteros, de una  madre valiente y de un padre que conocía todos los cuentos del mundo. Y nieta del abuelo Farnés, que sabía tanto como Amades. Ella fue para mí la tierra y las ansias de volar, todo a la vez. Discutíamos, ella siempre quería tener la razón. Y a fe que la mayoría de veces la tenía. Maria Aurelia había venido al mundo para ser feliz. Y las tormentas no la privaron de ello. Escribió, hizo teatro, cantó, amó. De todo hizo mucho. No fue mezquina en nada. Ni en el amor por Jaume Vidal i Alcover, ni en la amistad, ni en su arraigo a los muros de esta ciudad a la que ella amó tanto y tanto ayudó para que se transformara. Por eso ha dado su cuerpo, ese cuerpo donde la carne era el alma que le latía. Nunca le faltó el aliento. Porque tenía memoria, no se deprimía. La tristeza la invadía con cuentagotas. Enseguida le daba la vuelta. Era como esta ciudad, acogedora, nada hipócrita.
¡Nos habíamos peleado tanto y con ella fui tan feliz! Por eso no sé si me entenderán; esta ausencia que siento no la puedo compartir". 
Montserrat Roig 4/10/1991
©Fotografía: La Muka

coldplay - yellow







jueves, 30 de septiembre de 2010

NUMEROS MAESTROS



1.1111.1.1.11.111.1.11111111111.1.1.11.1111111.1.0.1.1111.1.1.111.1.11.1.1.1.1.1.1.1.
1.1.1.111111111.11.1.1.1.0.1111111111111.11.1.111.0.0.0.1111.0.1.11.11111.111.111.1.
1.1111.1.1.11.111.1.11111111111.1.1.11.1111111.1.0.1.1111.1.1.111.1.11.1.1.1.1.1.1.1.
1.1.1.111111111.11.1.1.1.0.1111111111111.11.1.111.0.0.0.1111.0.1.11.11111.111.0.0.0.0.0.0.0..........

-Tú te has enamorado.
-¿Tú crees?

Coldplay - Yellow


jueves, 15 de julio de 2010

VENTANAS



Sentada en la esquina de la cama, coloca sus medias con cuidado. Dobla la punta del pie y la desliza delicadamente, subiéndola hasta el muslo. La sujeta y suspira. Repite los movimientos.
Por la ventana, apenas cubierta por una cortina inmóvil, se cuela el rumor de una calle sedienta.
La calima se extiende por la habitación devolviéndole un rastro de ausencia. Desierto entre paredes.
El silencio y el calor lo aplastan todo.

viernes, 25 de junio de 2010

INFORTUNIOS Y VERDADES


La madrugada del jueves me acostaba, tras una velada encantadora, con la noticia del mortal accidente en Castelldefels (un tren Alaris que traviesa el corredor del Mediterráneo se llevó por delante a las treinta personas que cruzaban las vías para alcanzar la fiesta de Sant Joan que se celebraba en la arena de la playa, a no más de 200 metros del lugar del accidente). Una desgracia. Lo primero que hice por la mañana fue telefonear a una persona amiga. Me temía que la verbena con sus hijos, amigos y familia, se hubiera transformado en una noche de muestreo e identificación de una nueva desgracia. Le tocó. No le localicé hasta muchísimas horas más tarde, las ocho de la tarde. Andaba chocado.
Esta mañana, por aquello de la compañía buscada, me he acercado a su lugar de trabajo. Luce unas ojeras espectaculares y la tristeza grabada, de nuevo, en una cara que, en los últimos veinticinco años, lleva visto demasiado. Pero es lo que nos toca, a cada uno lo nuestro. Veinte minutos para un café y vuelta a empezar. Nos despedimos con un abrazo. Mientras camino entre los altísimos edificios que me rodean, voy pensando en lo incomprensible del accidente de la noche del miércoles.
Hoy sólo podemos compartir la tristeza de aquellos que han perdido a sus familiares y amigos. Todos increíblemente jóvenes. Unos chicos y chicas que, con toda seguridad, sólo buscaban divertirse en la noche más corta del año. Una noche en la que los chicos fraguan historias de amor que duran lo que dura el verano, donde se jura amistad hasta la eternidad y donde todo parece posible a la luz de las hogueras. Los que fallecieron el miércoles, y los que probablemente lo harán antes de lo que les correspondía por naturaleza a consecuencia del accidente, seguramente, en esas andaban. La luz de las hogueras festivas se convirtió en la de un infierno improvisado. Un verdadero infortunio.
Pero, no debemos dejar que la conmoción del momento nos haga perder el norte. Las desgracias, por muy impactantes que sean, por mucho que nos dejen traspuestos por la crudeza de unos resultados brutales, no pueden llevarnos a pedir responsabilidades donde no las hay.
No hay consuelo para las familias, para los amigos que hoy intentan recomponerse el mundo desde las ausencias de vidas brutalmente arrancadas. Morir joven es una desventura, no debería ocurrir nunca, pero ocurre. En este caso, la responsabilidad de este resultado mortal no se puede imputar a nadie más que a los que, buscando encontrar la inmediatez de ese mundo vital que les esperaba a doscientos metros de las vías, encontraron la muerte.
Buscar errores, es sencillo, podemos encontrar mil. Sin embargo, asumir la responsabilidad de los que han perdido la vida puede atravesársenos en el estómago. Pero las cosas no son de otro modo, son así, por poco que nos guste.
Me consta que además de los familiares, amigos, etc. de los fallecidos y heridos, hay una persona y su familia, a la que la noche del miércoles también les ha cambiado la vida. Todavía piensa que lo sufrido es un mal sueño; que cuando cruzó el apeadero a 139 kilómetros por hora, las vías estaban como debían estar, esperando que él pasara sin más. Ojalá alguien se acuerde del que, en solitario y contestando mil preguntas, sufre por una responsabilidad que no tiene.
Y a mi amigo, ánimo.