jueves, 3 de febrero de 2011

SOBREEXPOSICIÓN EMOCIONAL


Me preguntó, como si yo tuviera respuesta para todo, como había podido sobreexponerse de esa manera. No supe que contestarle. Sólo sabía que en ocasiones ocurren esas cosas.
Habíamos comenzado a caminar por debajo de los soportales con las primeras gotas. No llevábamos ningún rumbo fijo, sólo caminabamos. Al llegar a las esquinas, se detenía y desolado me invitaba a cruzar Le ofrecí el brazo. No era un gran consuelo pero era lo único que podía darle en ese momento. 
Intentaba colocar las piezas olvidando que la mitad se las habían hurtado sin que se diera cuenta.
Siguió lloviendo. Fue el paseo más triste de los últimos días. Pero así son las cosas. Mojarse por alquien a quien quieres es lo de menos, lo que importa es mojarte con él, ofrecerle el brazo para que camine y busque, aunque sea un espejismo, las razones que jamás encontrará. No las tendrá nunca porque esas, las que de verdad quiere, no existen. Pero yo sí que sé que cuando busque su brazo, cuando necesite que me escuche, aunque llueva, aunque tenga que cruzar medio mundo, estará aquí.



© Fotografia naq