sábado, 26 de febrero de 2011

PUEDO CONTARTE



Puedo contarte que tengo un gato azul, que tengo dos días y una noche por llenar. Puedo contarte que me esforcé por olvidar la maleta junto a la puerta; que me gusta ver la luna sobre el Mar del Norte aunque sea en un trozo de papel impreso. Puedo contarte que tengo una carta a medio escribir y que no quiero terminarla. Puedo contarte que los pies me duelen, pero menos que los dedos de las manos; que dejé de mirar el marcador cuando comprendí que, al final, será el destino quien gane el partido. 
Puedo contarte que algunas cosas me sobran más que nunca y otras me faltan por igual. Puedo contarte que las penas sólo tienen un nombre, el del que las lleva sobre su espalda y que las alegrías tienen el nombre que tú quieras darles.
Puedo contarte que me perdí hilvanando dos-coma-tres palabras y me encontré media hora más tarde cuando las colgué de su fantasmagórica figura. Puedo contarte de su rostro intermitente, cristalizado en una ecografía en 3D que se quemó, y puedo contarte que, cuando cierro  los ojos, está y que, cuando los  abro, desaparece. 
Puedo contarte que ayer supe lo que es el miedo de verdad y no temblé; de filamentos venosos imposibles y agujas que retumban al ritmo de un diapasón. Puedo contarte que tengo una canica de cristal y que te veo en alta definición. Puedo contarte que los números se conjugan  y los verbos se derivan. Que escondí dos paraísos perdidos entre Finlandia y Región. 
Y puedo contarte que mañana, mientras tú lees esto, yo caminaré pisando la nieve que la noche nos ha dejado, mientras sostengo entre mis manos un vaso de vino caliente y pienso que ojalá todo te vaya bien.