“Cuando hay hambre no hay vergüenza, cuando hay sueño no hay vergüenza, cuando uno se enamora no tiene vergüenza”
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Y el sueño me vence ahora mientras, tumbada en un camastro de un hotel de quinta división, intento dejar por escrito que, en ocasiones, siento hambre, sueño y en otras, contra todo pronóstico, me enamoro. Será por eso que tengo poco espacio para la vergüenza.
Es hora de intentar recuperarnos. Es hora de dormir antes de seguir.
Myanmar. Agosto 2011.
©Fotografía naq