Vaciando cajones en busca de un cable con clavija antigua he encontrado un MP3 más viejo de la pasión de Jesucristo. No tiene batería. Normal. Creo que fue durante las últimas lluvias que anegaron los campos, y llevaron al Arca de Noé a constituirse en transatlántico de pavos reales y demás especies animales, que el aparato fue sustituido por uno con mayor capacidad de almacenamiento. Desde entonces, y hasta ahora, ha tenido tiempo más que suficiente para descargarse del todo. Busco y encuentro su cargador adecuado gracias al ligero síndrome de Diógenes emocional que padezco. Dos horas de recarga sirven para viajar en el tiempo. Ya lo creo. Cae el sol a plomo y los 42 grados de este mediodía no los alivia ni el aire acondicionado de la oficina que no repara en gastos. Pero me pongo los auriculares de clavija convencional y al darle al “On", el corazón me da un brinco que no sé cómo calmar. No es calor, es la emoción. Dicen que los cinco sentidos son mágicos y es verdad. Ojalá den las nueve y pueda salir a caminar con mi viejo MP3.

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