sábado, 27 de mayo de 2017

CURVAS



Sartre dijo que la libertad no vale nada 
a no ser que se haga uso de ella.
Richard Ford




A veces, cuando cae la noche y el sueño no llega, recuerdo aquellos días de hace ya tantos años. Tu imagen, imposible de ver con claridad, se convierte en un anhelo que intento fijar con un gesto de la mano. Pero las horas pasan y aunque puedo sentir el calor de aquellas tardes de julio, tu rostro sigue escapándose entre el desespero de las horas vacías. Miro el reloj y espero que corra un poco de aire, que la cortina se arremoline junto a la contraventana entornada, pero la noche está calma, vacía de todo. 




domingo, 21 de mayo de 2017

COLADORES Y RECUERDOS MÍNIMOS


Supongo que es capaz de caminar sobre las aguas 
pero no de evitar que se le empape la cabeza.

Kent Haruf



Mientras espero sentada en el banco del parque que hay frente a la estación de autobuses, apurando los rayos de sol de las últimas horas de la tarde, un crío que apenas levanta un palmo del suelo se precipita desde el sillín de un balancín al suelo. Creo que aún no se han escuchado los primeros lloros cuando la madre lo levanta, le sacude la arena de las rodillas y le besa dándole consuelo. El niño se abraza y acoplado en el hombro, bajo el influjo del aroma materno, alcanza el alivio y la tranquilidad más pronto que tarde. Siempre he sido tremendamente mala para adivinar los años que tiene o deja de tener alguien, da igual los muchos o pocos años que tenga. Por eso puede que la criatura, que ya ha dejado de llorar, tenga tres o tal vez cuatro años, tan pocos que es posible que en su cabeza aun no se forje el recuerdo de este momento de amor incondicional al que podría volver cuando la vida le dé coces.
En el otro extremo, frente al tobogán, un grupo de adolescentes se revuelve entre risas hasta que el teléfono de uno de ellos suena. Se marcha corriendo entre exclamaciones brutales contra la tiranía materna. El pequeño vuelve a estar sobre el balancín, su madre no le pierde de vista y desde mi asiento le oigo reírse.

El juego de la memoria, la elaboración de los recuerdos, siempre me ha parecido algo extraordinario. El ser humano es una máquina casi perfecta. Por eso me parece una mala faena que la capacidad de recordar, aunque solo sean las cosas buenas, no exista desde el mismo momento de ver la luz y tengamos que esperar que transcurra el tiempo (dicen que tres años), para poder hacerlo. Sería fantástico poder recordar la sensación de amor incondicional y sin medida que recibimos apenas recién nacidos. Por eso en la hoja de reclamaciones, y por si alguien se la lee algún día, deberíamos anotar que queremos un cerebro sin agujero tempranos, que pudiera tener la capacidad de almacenar, desde el minuto cero, todo aquello que produce un bienestar infinito sin necesidad de contrapartida. Sería fantástico que pudiéramos almacenar estas cosas. Sería realmente fantástico.





domingo, 14 de mayo de 2017

LECHE DE SOJA


 I don't belong here. I don't care if it hurts. I want to have control. I want a perfect body. I want a perfect soul. I want you to notice, when I'm not around.

                                                               Radiohead 




Cuando se sentaron uno frente al otro, ella ya sabía que la tarde no iba a acabar bien. En realidad, sabía que no lo haría ni esa tarde, ni ninguna otra tarde de las que tendrían que venir. Las cosas siempre son así, hay gestos que delatan que la mala suerte está entrando en tu parcela y que, aunque te empeñes, se va a quedar ahí. Por eso cuando le dijo que tenían que hablar, ella solo pensó en que quizá habría sido mejor quedarse en casa preparando la comida para toda la semana, amontonando en el frigorífico una fiambrera sobre otra para no tener que correr, para no tener que escuchar lo que estaba segura que ya sabía. Miró el café con leche y le dio asco. La leche ya no era leche, era agua tintada de blanco de a saber qué cosa. Por eso, cuando él insistió en que tenían que hablar, ella solo pudo decir qué asco mientras con la cucharilla apartaba algo indefinido que flotaba en mitad de la taza. Algo tan indefinido como el miedo; como los atardeceres del mes de mayo.  Se levantó para ir a la barra y pedir que le cambiaran aquel mejunje que no tenía valor de tomar. A medio camino le oyó suspirar y ella esperó que a su vuelta, con la taza aun entre las manos, le mintiera un poco. Solo un poco, lo suficiente para que le diera tiempo a hervir todas las verduras que tenía en la nevera, a arrancarse todas las derrotas que acumulaba desde que él se acostaba con otras.  Un poco más de tiempo para mandarlo definitivamente a la mierda.








                          
           

lunes, 8 de mayo de 2017

CAIRELES


“La profundidad del tiempo es una reciente conquista mía. En el silencio de la casa, cuando durante la mañana me quedo sola, reencuentro la felicidad de pensar, de recorrer el pasado adelante y atrás, de escuchar el fluir del presente".
Marisa Madieri




Llámala melancolía, nostalgia tal vez. Llama como quieras a esa sensación indefinida que se estrella contra todo, que atenúa la luz de las mañanas y que convierte en agua el primer café del día. Das cien vueltas con la cucharilla para ahogar el agujero que se expande entre la taza y el poso de las horas que engullen sin tener nunca bastante. Guardo en los labios el sabor de las tardes de otoño con la esperanza de que nada lo borre, de que quede ahí como una pintura invisible que me guarde en el invierno. Fuera, entre las ruinas que nadie escombra, pululan sombras que vagan sin rumbo. Entre ellas, busco a tientas, sin encontrar, las palabras que se perdieron mientras todo agonizaba. El vértigo del pasado queda anclado para siempre en un presente permanente. No nos queda nada, ni siquiera tabaco malo para confortarnos. Pienso en fumar. Fumar para quemar algo que ya no sé lo que es.









domingo, 7 de mayo de 2017

GALAXIAS


¿Podría decirme qué camino debo tomar para irme de aquí? preguntó Alicia; "eso depende, en mucho, del lugar al cual quieras ir" contestó el gato. "No importa mayormente el lugar"; "en tal caso, poco importa el camino" "...en tal de que lleve a alguna parte..." "puedes estar segura de que todos los caminos conducen a alguna parte, en tal de que andes un trecho lo suficientemente largo".

Alicia en el País de las Maravillas -Lewis Carroll-






Hubo un tiempo en el que había tiempo. Tiempo para todo. Tiempo para perderlo con la inconsciencia del que desconoce que ese final, que se imprime al nacer, puede llegar cuando le plazca, sin pedir permiso, ni más autorización que el golpe que deja sobre aquel al que sorprende, sobre aquellos, que arrimados a la vera de uno, le acompañan por el camino. Perdido el paso,  es difícil volver al ritmo que se marcó en el inicio. Nada vuelve a ser lo mismo. Esta semana se fue la inteligencia y el señorío, dejando a medio camino de Levante cuarenta cosas por decir. Vendrán días nuevos y desde esta orilla miraremos más allá para intentar ver si de verdad se ha sentado, al otro lado de la galaxia, para esperarnos. Ahora nos toca seguir. Seguir sin dejar que la mediocridad que tanto despreciaba se acabe instalando por todas partes. Desde aquí, desde este lado de la Galaxia, hasta siempre.







jueves, 4 de mayo de 2017

TODO BIEN


Aprendí que las personas olvidarán qué dijiste, olvidarán lo que hiciste pero las personas nunca olvidarán cómo las hiciste sentir 

Maya Angelou






Suena el teléfono. Miro el reloj de la mesilla y son casi las tres de la madrugada. Si no quiero que se despierte medio edificio tengo que saltar de la cama y correr. Llego a trompicones hasta la mesa del comedor, creo que ahí dejé el teléfono cuando llegué a casa. Me golpeo la punta del pie y un dolor sordo me recorre la pierna; tiro los periódicos al suelo y al final, antes de que salte el buzón, lo alcanzo. No me da tiempo más que a descolgar e intentar contener que el corazón no me salga por la boca. A estas horas solo se llama cuando se tiene el ánimo consternado y hay que dar la noticia de una desgracia, o cuando uno tiene un índice etílico suficiente como para que lo permita todo, hasta el bochorno retardado para cuando la sangre se vaya destilando. Este es, y no otro, el motivo por el que a estas horas estoy sentada en una silla masajeándome los dedos de los pies. Y es que no pasa nada, poca cosa, un estado de crisis y de necesidad, en el que se mezclan los sollozos de un desamor que estaba más que anunciado con los quejidos ante la escalada de la corrupción nacional y las flores, que, maldita sea, adornan ahora los gin-tónics. Aguanto pacientemente, bostezo un poco, y miro el reloj. En menos de tres horas tengo que levantarme para calzarme los setecientos kilómetros que me separan de Madrid y un día que se anuncia, desde ayer, más que horroroso. Pero esto es la vida también.  Hasta colgar solo he dicho un “diga” un “ya, te entiendo” y un casi lastimero “mañana lo hablamos”, poca cosa, pero a veces basta. Vuelvo a la cama esperando que no se haya enfriado demasiado. Pero me he desvelado y empiezo a pensar que el que no haya hecho una llamada del estilo, a unas horas tan poco adecuadas, que tire la primera piedra. Miro el despertador una vez más mientras con los pies, uno de ellos un tanto magullado, busco el hueco caliente que dejé antes de saltar del colchón. 








domingo, 30 de abril de 2017

PLUSCUAMPERFECTO


                   

                     
Donde habite el olvido, 
En los vastos jardines sin aurora; 
Donde yo sólo sea 
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas 
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.
                                   
                                  Luis Cernuda





Quiero contarte algo que nunca has oído. No es nada nuevo. Una historia pasada que vuelve hoy, un día trufado de rutinas y de palabras mudas. Solo es una historia de amor, de amor casi pluscuamperfecto que recorrió centímetro a centímetro mi piel, mis venas y mis neuronas hasta convertirlas en parte de lo que soy. Había aplazado durante años la decisión de tu existencia. Me envenené para frenar cualquier posibilidad que significara que a partir de cualquier momento íbamos a ser multitud. Pero un día te descubrí en blanco y negro, confundido entre dolores corrientes. Una imagen tan difusa, y tan significativa a la vez, que daba miedo.  Tus ojos podrían ser los míos o tal vez los de otro, o tal vez los de nadie más que los de tuyos mismos. Por eso el día que llegaste, mientras saludabas a la vida sobre mi vientre aun hinchado, busqué tus ojos. Asomarme en ti para descubrirme a mí, que hasta entonces no habías sido más que el porcentaje fallido de una química absoluta, excedía de una simple aventura. Pero ahí estabas, sin parecerte a nadie, desprendiendo vida a golpe de inspiraciones diminutas que crecieron hasta convertirse en el sonido imprescindible de la mía. ¿Puede algo, nacido de un traspié, transformarse en perfecto? La ciencia no entiende de filosofías. Nunca supe qué pudo pasar para que la vida decidiera apearte cuando aún no sabía atarte los cordones de las zapatillas. Pero debes saber que lo mío, contigo, fue una verdadera historia de amor. Un amor casi perfecto, un amor de ojos negros y profundos que aun hoy, tanto tiempo después, vagabundea mansamente  entre  mis venas sin perderse nunca.


miércoles, 26 de abril de 2017

UNA DE HETEROPATRIARCADO Y UN CAFÉ.



Gracias al trabajo la mujer ha superado la distancia que la separaba del hombre. El trabajo no es lo único que pueda garantizarle una libertad completa.
Simone de Beauvier






Corren tiempos extraños, tan extraños como para que muchos de los valores y principios que hasta ayer considerábamos humanos y fundamentales no sean considerados más que cuatro tonterías que no merecen respeto alguno. Es quizá por eso, porque andamos en tiempos revueltos, en los que se confunde el culo con las témporas, que aquellos que, frente a determinadas posturas radicales, defendemos la igualdad absoluta entre hombres y mujeres, sufrimos virulentos ataques. Muchas de estas feroces acometidas son llevadas a cabo por otras mujeres que, autoproclamadas adalides del feminismo y de la verdad, propugnan otro tipo de posicionamientos sobre la realidad hombres/mujeres. Estas personas suelen considerarnos menos que cero. Se nos acusa de ser las principales enemigas de los derechos de las mujeres, pero en cuanto les preguntas a qué derechos se refieren, acaban diciendo que: a la vida; a no ser maltratadas; a vivir sin miedo; a no ser apartadas de sus hijos; a decidir su orientación sexual; a trabajar con iguales retribuciones que los hombres; a no ser discriminadas por razón de su sexo; a alcanzar cimas de poder en el trabajo; a desarrollarse personalmente sin interferencias perniciosas; a gobernarse como quieran; a su independencia; a conciliar su vida laboral con su vida familiar; a tener hijos; a no tener hijos; a no estar sometidas al dictado de la moda; a poder, en definitiva, hacer con libertad lo que todo ser humano quiere. Y no deja de ser interesante, porque precisamente todo eso es lo que yo quiero, y lo quiero sin levantar banderas de nada y sin machacar a todas esas mujeres que, queriendo lo mismo que ellas, no aceptan ni sus formas ni consignas totalitarias y castradoras, de unas y de otros. 

Defender todas esas cosas que todos queremos, nosotras y ellos, parece ser que no puede hacerse esgrimiendo que lo que debe primar para todo ello es la igualdad. Ni sosteniendo que no se quiere ser parte de nada si no es por la propia valía personal y profesional, porque no necesitamos cuotas que pongan a personas que quizá no lo valen solo porque hay que cubrir un cupo. Ni se puede sostener que lo que queremos, dentro de nuestras diferencias, es que nuestros derechos, y su ejercicio efectivo, no dependan jamás del sexo de quien los esgrime. Necesitamos leyes que establezcan no solo la igualdad formal entre las personas (sin distinción de su sexo), sino un sistema que lo garantice con un exquisito rigor (incluso con reconocimiento retroactivo) y que sancione, de un modo ejemplar, las vulneraciones que contra este derecho fundamental se produzcan. 
Sin embargo, en estos días de polémicas encendidas, pensar de esta manera es una mala cosa, sobre todo si eres mujer. Pues terminar vilipendiada y señalada por el dedo de otra fémina que sostenga (porque cree que su postura es mejor que la tuya) que eres consecuencia del maldito heteropatriarcado y que tiene la sesera medio seca, aunque lleves media vida partiéndote la espalda para que ella pueda sostener lo que le de la gana en absoluta libertad.



domingo, 23 de abril de 2017

DOMINGO




Era como si mientras el engaño sucedía en silencio y monótonamente, todos nosotros hubiéramos aceptado ser engañados, favoreciéndolo con nuestra inconsciencia o puede que cobardía, pues toda la gente es cobarde y prefiere de un modo natural cometer una traición, ya que ésta tiene un aspecto cómodo.
William Faulkner






Tengo que cerrar el balcón para que no se cuele el ruido de fuera. Los domingos siempre ocurre lo mismo, la calle, silenciosa a diario, se convierte en un continuo disloque de cánticos religiosos de la iglesia evangelista que hay la esquina y de críos correteando, gritando, por las aceras mientras esperan a unos padres que andan encomendándose a Dios o a quien sea. Una anticipación de la vida eterna acostumbraba a decir, con cierta guasa, en cuanto las primeras voces se colaban en casa.  Ahora ya nadie dice nada y todos esos sonidos son sólo un ruido insoportable que arruina la mañana del domingo. Abro al cabo de un rato cuando sé, por la costumbre, que la intensidad habrá ido de baja y los “Aleluya” solo serán un rumor que escampa entre los plataneros medio muertos del callejón y la ronquera de algunos tubos de escape. 
Busco en la nevera algo con lo que engañar el hambre antes de tirarme al sofá y recorrer toda la geografía de este festivo entre bostezos y lecturas a medio gas. Quedan unas galletas de chocolate, un poco de queso y una botella de cola sin gas. En el congelador, los restos de un guiso de sepia que trajo mamá antes de que le prohibiera la entrada. Aquí ya no entra nadie, nadie que venga con ganas de evangelizar por una vida que dicen que continúa pese a todo. Me pregunto ¿Qué sabrán? Cojo un vaso y lo lleno de agua del grifo. Por la ventana de la cocina se cuela una voz lastimera y unos cuantos rayos de sol que acabarán con la maceta de hierbabuena que sobrevive en el alféizar.  
Suena el teléfono y no descolgaré, esta vez tampoco, ¿Para qué? No tengo que contratar ningún seguro, ni cambiar de compañía de telefonía móvil. Ya nadie llama a las líneas fijas si no es para vender algo que no quieres. Tanta basura, tanta ruina, y nada que colocar en el horno, nada que cocinar ya. El polvo cubre la leja en la que aún reposan sus gafas. 
Solo son las dos. No hay nada que hacer. Solo queda esperar a que llegue otro domingo para abrir las ventanas y tener la posibilidad, una vez más, de despreciar la vida que se cuela en forma de salmos, de voces que murmuran sin que las veas, y el polvo que seguirá acumulándose sobre unos cristales ciegos.










martes, 18 de abril de 2017

PARAÍSO



El tabaco del narguile estaba demasiado apretado, como sucedía con frecuencia en casa de su amigo, y el agua burbujeaba malhumorada. Aziz estuvo persuadiéndolo pacientemente hasta que por fin cedió y el aroma del tabaco se extendió a chorros por su nariz y sus pulmones, expulsando el humo de las hogueras de estiércol que los había invadido mientras el joven médico cruzaba el bazar. 

Edward Morgan Forster






Llevamos sin dormir, cambiando de trenes, más de veinticuatro horas. Empieza a dolerme la espalda, pero no importa. La novedad y el entusiasmo que me genera todas y cada una de las cosas con las que me voy tropezando superan con creces el agotamiento que empiezo a arrastrar. Viajar por el gusto de no quedarse quieto es una de las inmensas maravillas de las que goza el ser humano. Por el camino, entre los campos de un cereal que no reconozco, los niños caminan volviendo de la escuela en la que han pasado todo el día. El contraste entre sus uniformes azules y la tierra severa es una de las mayores contradicciones de esta tierra tan rica y tan pobre a la vez. Al cruzar la última aldea, antes de entrar en la nada, el tren reduce la velocidad y un grupo de mujeres sube para vender cocos; bolsitas de leche de unas vacas famélica, que sobreviven con las cuatro hierbas que crecen junto a las vías del ferrocarril; y flores de franchipán para vestir la melena. Compro un coco que parto contra la agarradera de la banqueta y me encomiendo a la naturaleza para que esta temeridad no me lleve a tener que correr, en las próximas horas, a un baño que no existe. 
Dejamos atrás una hilera de chozas que corren en paralelo a la vía por la que marchamos y que marca la frontera entre lo fugaz (nosotros) y lo que siempre permanece (ellos). Vamos tan despacio que se puede contemplar la vida sin que nuestra presencia, escondida tras el casco de un tren, llame la más mínima atención. 
La vista de lo escaso devuelve la idea de lo imprescindible, de lo que en verdad es esencial. 
Nos adentramos en páramos casi desiertos, salpicados por algunas pozas de agua verdosa en las que los bueyes de agua campan a sus anchas. 
Me asomo a la ventanilla una vez más. Está atascada desde que salimos, pero el aire, aunque caliente, alegra un poco el bochorno de este vagón ruinoso. El aire huele a bosta y a tabaco viejo. Una bandada de pájaros recorre la línea del horizonte. Pronto anochecerá y el viaje seguirá alumbrado con apenas la luz de lo que parecen unas linternas colgadas del techo del vagón. Aprovecho los últimos rayos de sol para escribirte esta nota.




viernes, 14 de abril de 2017

KILOMETRO 43


"Sí algún día llegas a ser bueno en este juego
 ¿Qué va a cambiar para tí?" Me dijo al marcharse.

Richard Ford




Las manos tiemblan. Coges el volante con fuerza, pero el temblor sigue ahí. Respiras hondo. Intentas concentrarte en la carretera aunque sea una recta infinita por la que no pasa nadie, por la que no pasa nada. El parabrisas se tapiza de mosquitos que el sol seca al minuto. Escuchas el silencio roto por el motor del coche y el zumbido de una abeja que se cuela por la ventana. El corazón se te aturulla, late un poco más rápido que hace unos minutos pero la cabeza, despejada, sigue ordenando cualquier cosa que por ella va pasando. Tu ganancia será mi perdida, pero nadie notará la diferencia. En apariencia nada habrá cambiado. En tu mundo invertido, las sombras son tenaces y las conversaciones pendientes anulan el sentido. Te escuchas el corazón y te alegras de seguir vivo. Quizá deberías parar a repostar antes de que sea tarde. En el arcén se pudren los restos de un zorro. 


martes, 11 de abril de 2017

MIS CUATRO CHAVOS

                               
                               La estudié y ella nada me enseñó.
                               Pronto olvidé todo lo aprendido; después,
                               fui agobiado por el conocimiento— 
                               el insoportable conocimiento de la nada.
Thomas Merton




Dices que ya estás listo, que cuando quiera podemos salir. Pero no, necesito un poco más de tiempo y que ese tiempo lo acompañe un café sin prisas, sin el tintineo de las llaves en la mano, sin el peso que moveremos de un lado a otro de la ciudad porque eso es lo que nos tocara hoy. Correr y volver a correr para demostrarles a todos que no estamos muertos. Miro por el balcón, en el edificio de enfrente, una reunión de trabajo parece irse de madre. Los brazos alzados, algunas cabezas bajas y aquí, sobre la mesa, el café esperando que le disuelva el azúcar mientras leo por encima los titulares del periódico de ayer que alguien dejó sobre mi mesa.  Una muerte inesperada que parece más muerte que cualquier otra, ser famoso es lo que tiene; unas cuantas bombas que reparten vísceras que a pocos importan porque no los conocía ni Dios; y, como colofón, el relumbrón de unos cuantos que juegan al fútbol por cuarenta mil chavos a la hora, al minuto, tal vez al segundo. Migajas de un mundo raro que ya ha quedado antiguo. El ayer no existe aunque sobre la mesa aun quede el papel. Descuelgo el teléfono porque quiero dar los buenos días. El café se enfría. Veo que te impacientas, tenemos que salir si no queremos llegar tarde. Un gesto con la cabeza para decirte que sí, que ya salimos, pero es un sí que es un casi no, porque confío en los diez minutos de cortesía y porque a estas alturas la vida ya no permite dejarse nada en el tintero. Pero eso tú, a tus pocos años, quizás aun no lo sepas. Tampoco ahora importa demasiado.






domingo, 9 de abril de 2017

VIERNES



“Todo lo que crecía requería mucho tiempo para crecer.Y todo 
lo que desaparecía necesitaba mucho tiempo para ser olvidado”.

Joseph Roth



Me la encuentro sentada frente al televisor. Tiene las manos sobre la falda, jugueteando con los restos de un ovillo de lana. Son las cinco y media de la tarde y dice que en cuanto me vaya se prepara algo para cenar, un poco de leche y un par de magdalenas, y se irá a la cama. De nada vale que le diga que eso no es cenar, o que nadie puede acostarse cuando el sol todavía ilumina las calles salvo que quiera morirse, porque sé que en cuanto cruce el portal, pasará el cerrojo, irá a la cocina, y lo de fuera dejará de existir.
Quiero explicarle que la historia se repite una vez más; que la realidad siempre ha superado a la ficción y que la historia, aunque los años la enquisten, nunca sirvió para evitar lo que no se puede evitar. Enamorarse de quien no se debe es la marca de la casa. Ella lo sabe bien. Decirle eso es una obviedad. Ha vuelto, una vida después, el amor encorsetado, limitado por estrecheces y obligaciones, que sólo revive los viernes al anochecer. 
La vida es un galimatías con reparto de migajas en el que, a poco que te empeñes, te tocan las duras. Se lo digo, sin decirle ni una sola palabra, mientras en la telenovela dos venezolanos se enzarzan en un discurso propio de dos marcianos. Me pregunto si este tipo de series pasan algún filtro antes de lanzarlas a bocajarro. Seguro que no, así se adormece el sentido común y los recibos de la luz, durante la media hora que dura el capítulo, no parecen un problema. Me acaricia la mano. 
Miro el reloj. Por la ventana, la luz empieza a decaer pero aún faltan un par de horas para que la noche caiga del todo. Es viernes. Me pide que le acerque gafas ante de irme y que me cuide. Se las pongo con cuidado, le doy un beso en el cabello y me voy. Le prometo que volveré la próxima semana.




lunes, 3 de abril de 2017

HALF BELIEVE


And I am sick for want of sleep;
so sick, that I can half-believe
the soundless river pouring from the cave
is neither strong, nor deep;
only an image fancied in conceit.
Philip Larkin




He intentado no imitarte, hacer como si todos estos años, tus idas y venidas, no hubieran conseguido que parte de lo que eras quedara pegado por todas partes. Pero es difícil. Pongo un disco, uno que me recomendaste hace ya muchos años, cuando te miraba sabiendo que el amanecer no era más que el paso intermedio entre tus horas y las mías. Vuelvo a mirar por la ventana mientras escucho la melodía que el tiempo también ha hecho mía. Amanece de forma lenta, de manera un tanto excesiva. Es belleza de las primeras horas de día y de la naturalidad en el saber que cada día que despierta es para morir un poco.
Empieza a llover. Como entonces. Puede que, precisamente por eso, porque mañana entraré en esa fase de terror incontrolado que durará unas semanas hasta que, si hay suerte, me despidan por algún tiempo, que me decido a buscar entre los libros aquel del que siempre hablabas y nunca leí. Era una manera, quizá muy tonta, de guardar algo por descubrir y que me sorprendiera. Pero esta mañana, porque quizá es la primera de las muchas o de las pocas que marcaré en el calendario, necesito que no me quede nada por saber. 
Pienso en el sufrimiento, en el tuyo, y paso los dedos por la cicatriz que convirtió mi cuerpo en un zombie malencarado. Vuelve a llover, como aquel día que, sin paraguas, caminabas sujetándome del brazo que soportaba el peso de un mal que nunca quise. Y luego, ya en casa, tuve miedo. Contar hasta diez no sirvió de nada. Ahora vuelvo a contar, a escuchar aquel disco como si de esa manera las cicatrices que aun guardo ayudaran a no perder tu recuerdo.







viernes, 31 de marzo de 2017

DE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN



Si no creemos en la libertad de expresión para 
la gente que despreciamos, no creemos en ella para nada.

Noam Chomsky





La irrupción de las redes sociales como medios para divulgar ideas, opinión e incluso ideología ha dado lugar a que en muy poco tiempo estemos discutiendo sobre el alcance de la libertad de expresión.
La libertad de expresión está configurado en nuestro ordenamiento jurídico como uno de los derechos fundamentales de especial protección. El art. 20.a de la Constitución española de 1978  lo consagra como el derecho a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción. Pero este derecho, aun cuando goza de una especial protección, no es ilimitado en tanto que debe ser ponderado y mesurado cuando concurre, o entra en conflicto, con otros derechos tan fundamentales como puede ser el derecho al honor, a la intimidad y a la propia imagen; lo mismo cuando las conductas que pretenden ampararse tras la fundamental libertad de expresión son constitutivas de verdaderas infracciones penales reguladas en el Código penal que, no olvidemos, emana de un Parlamento democráticamente escogido por los ciudadanos del estado.
El derecho a la libertad de expresión garantiza la autodeterminación del individuo y tiene una dimensión trascendente u objetiva, pues con su ejercicio, como derecho fundamental, se construye el espacio abierto de libre comunicación entre ciudadanos, posibilitando con ello la formación de una opinión pública de la que puedan participar todos los ciudadanos. La crítica no solo es posible, sino absolutamente necesaria.
Pero como se ha dicho, la libertad de expresión tiene sus propios límites que encuentran su fundamentación en la propia Constitución y que han sido desarrollados por la Jurisprudencia del Tribunal Constitucional, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, entre otros, y ello sin perjuicio de que nuestro ordenamiento cubre la más amplia manifestación de opiniones e ideas.
Dentro de estos límites a la libertad de expresión se encuentra el necesario respeto al honor que, por otro lado, también goza de la condición de derecho fundamental, en el sentido de que  nadie puede ser escarnecido ni humillado ante uno mimo ni ante los demás. La reputación de las personas debe de recibir amparo y protección frente a expresiones o manifestaciones que la desmerezcan, desacreditándola o menospreciándola de una manera afrentosa o ultrajante, frente a terceros. La crítica, por sí misma, no es un atentado al honor y por tanto puede, y debe de ser  ejercida como parte integrante de la propia libertad de expresión, aun en los supuestos más encarnizados y duros.  

Las sociedades respetuosas con los derechos fundamentales reconocidos, tanto en los ordenamientos internos como en los internacionales, precisan de una libertad de expresión que permita la construcción de una colectividad libre y democrática, alejada de censuras, en la que se posibilite el intercambio de ideas y opiniones sin temor a que su expresión pueda ser coartada en modo alguno. Pero la libertad de expresión no es en modo alguno un derecho absoluto, sino que encuentra sus límites, como se ha dicho, de manera que no puedan obtener protección constitucional las expresiones injuriosas o sin relación con las ideas u opiniones que se puedan exponer en tanto que esas expresiones resulten innecesarias para la exposición del tema en cuestión. Aun así, los límites a la libertad de expresión deben ser ponderados para que no quede desnaturalizada, de ahí que el Derecho penal no deba convertirse en un elemento disuasorio en el ejercicio de la libertad de expresión.
La tolerancia y el respeto a la dignidad que tiene todos los seres humanos es el pilar fundamental de las sociedades plurales. Es por eso que preciso que prevengan y, cuando no se consiga, que se sancionen, todas aquellas formas de expresión (escritas, verbales, por imágenes, etc.) que propaguen, promuevan, inciten o justifiquen el odio basado en la intolerancia. La libre exposición de ideas, opiniones y pensamientos no autoriza el uso de la violencia para imponer lo que son criterios propios.
Solo con una visión y un ejercicio responsable de la libertad de expresión se configuran sociedades sanas y plurales.





domingo, 26 de marzo de 2017

ROYAL MILE


                              Dime que sí, que sí, como me dices
                              que no con la tristeza arrinconada
                              cuando ya el beso se convierte en nada
                              en los mártires labios aprendices.

Luis Rosales



Después de repetir en infinidad de ocasiones que lo que mejor había hecho en la vida había sido marcharme de allí, acabé volviendo. Era enero, tal vez febrero. Llegué de noche. Hacía un frío intenso y tuve la impresión, como entonces, que la vida discurría a escondidas del sol. Me debatía entre las diferentes maneras de enfrentarme a un regreso que no había planeado y por el que, sin embargo,  había terminado subiendo a un avión, atravesado medio país y plantado la maleta frente aquella puerta. Quizá fuera la noticia de tu muerte inminente, quizá fuera la necesidad de encontrar, pasados los años, una explicación a aquella huida hacia delante que no sirvió de nada.
Busqué la llave bajo el felpudo y abrí, despacio.El mal recibir de las casas cerradas me dio la bienvenida con un intenso olor a viejo. Sobre la mesa encontré el listado de indicaciones para encender la calefacción, las horas de recogida de la basura y el teléfono de la persona a la que debía llamar si surgía algún problema con el apartamento durante mi estancia. No iba a necesitar nada de todo aquello. Aquellas cuatro paredes habían sido mi casa hacía ya muchos años. Reconocí los cuatro muebles que llenaban la sala, adecentada con cuatro detalles impersonales, y me senté en el sofá. Todo seguía exactamente igual. Necesitaba fumar. Los últimos diez años habían transcurrido sin un solo cigarrillo en el bolsillo y en cambio, ahora, la necesidad era tan intensa que me puse el abrigo y salí a la calle.
Empezó a nevar. Los pies resbalaban y temí terminar escalabrado y maltrecho en mitad de la calle. No sería la primera vez. Recordé aquella ocasión que volviendo de trabajar, corriendo por verte, terminé en el suelo, con una brecha en la cabeza y la dignidad en el bolsillo. Fue tu cara de espanto la que me dio la medida de aquel tropiezo tan estúpido. Y entonces sonreí, como los locos, como los tontos, como los hombres solos que hablan con los fantasmas de sus vidas pasadas.
Caminé por la avenida, junto al canal. La nieve empezaba a acumularse por los rincones. A lo lejos, solo se veía la inmensa mole blanca de los montes nevados. Di la vuelta para volver casa, con las manos vacías.  Me dije que mañana, con las primeras luces del alba, subiría la ladera. Ahí arriba, donde el viento aturde los abedules, debes de sentir muy sola.





miércoles, 22 de marzo de 2017

DESCANSA


O salgo a la calle, en el día quieto, 
y el presente es una hoja nueva de árbol, 
con sol frío, y el día resplandece, 
pero el dolor arde en su centro, duele en su entraña.
Francisco Umbral







Dices que ya no te llamo, ni te escribo. Se lo dices a la nada aunque a veces aun puedo escucharte. Y es verdad, ni te llamo, ni te escribo. Todo es tan absolutamente caótico que cuando cae la tarde solo quiero que todo se cubra de silencio, de pensamientos en botellas medio vacías o medio llenas, pero botellas que a fin de cuentas terminarán en el contenedor del reciclado, como mi vida como la tuya. Porque la vida es eso, algo medio lleno y medio vacío que hay que reciclar para no morirse de asco, o de pena, o de puro tedio, en mitad del camino que va hacia ninguna parte. Dices que no te escribo, ni te llamo, y es verdad. Solo busco la manera de que el desconcierto no me tumbe. Ando en esa guerra, por eso ni te llamo ni te escribo. Y qué más da, te contesto cuando insistes en saber el motivo del silencio. Y dices que no sabes si da o no da, que solo sabes que ya no llamo, ni te escribo. 
Que más da, vuelvo a repetir un poco más bajo. Ya se fue la primavera, se fue media vida, y ahora ya no quedan fresas salvajes, ni niños poco muertos que nos salven de la quema del ruido continuo. Ahora ya solo te puedo decir, aunque ya no me oigas, que descanses. Nada más.