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domingo, 14 de diciembre de 2025

BUSCAR


 
Andamos en busca de significado en cada cosa con la que nos cruzamos. A veces, incluso sin saberlo, confiamos en una  suerte de magia reveladora que nos acerque a lo que esperamos, a lo que deseamos. Y mientras andamos por ahí, con una varita de zahorí un tanto maltrecha,  buscamos significados casi por necesidad de sobreviviremos, pero, la realidad nos aplasta sin piedad  y nos manda un recadito para que vayamos asumiendo que, por lo general, las cosas pocas veces significan lo que esperamos. 
Nadie está a salvo  de buscar buscar significados que nos parecen ocultos; de buscar interpretaciones subjetivas con lo que intentar amainar el ánimo. Caer en la tentación de sentirse señalado por lo que otros dicen o hacen suele funcionar de una manera parecida.Toda lectura de la vida, de lo que ocurre a nuestro alrededor, se baña de nosotros mismos.  Los otros, las cosas que nos llegan, casi nunca son un espejo, ni un mensaje. Solo son cosas que pasan, vidas que se viven y sentimientos que se escapan en busca de respuestas que pocas veces existen. Me visto de negro y pienso en lo triste y gris que está el día. No tiene nada de relevante, no hay bache existencial, solo que esta semana puse tarde la lavadora y la ropa clara está pendiente de doblar. Puede que hoy llueva.


lunes, 28 de diciembre de 2020

LIEBE

 


"Come over to the window, my little darling,
I'd like to try to read your palm.
I used to think I was some kind of Gypsy boy
Before I let you take me home".

So long Marianne. Leonard Cohen



Se creyó más listo que nadie, el más astuto y el más escurridizo. Subestimó el derecho a sobrevivir que llegó hasta él como una bota de metal y le aplastó. La consideración ajena le quedó chata como su propia realidad. Quiso atar con cuerdas invisibles y acabó estrangulado por su amor propio. Y ahí quedó, diminuto como el ojal de un botón camisero, perdido entre astucias revueltas y unas tremendas ganas de volver. Y aunque busca alivio en una lista de reproducción antigua, en su cabeza solo resuena la cantinela "El amor no es eso, chaval". 



martes, 9 de julio de 2019

TODO BIEN


I saw you this morning.
You were moving so fast.
Can't seem to loosen my grip
On the past.

Leonard Cohen




¿Cómo va eso?, me pregunta mientras va entrando por la puerta del edificio en el que nos cruzamos. Muy bien, muy bien, le contesto. Y duplico lo dicho mientras aprieto el paso para alcanzar la calle y no tener que pararme porque en realidad no quiero, y el otro tampoco. Este tipo de respuesta es como el piloto automático de la cortesía que ante un desconocido se substituiría por un correcto "buenos días" o "buenas tardes" tan vacío como la cuenca del ojo de un ciego.

Pero en ese cruce entre puertas, la respuesta siempre se atolondra, con un falso entusiasmo que se acentúa con una sonrisa exagerada, mientras uno se va retirando de una manera precipitada para evitar una parada que nada va a aportar a nadie y que tampoco nadie quiere. A veces un simple movimiento de cabeza a tiempo no solo es mejor, sino que es mucho más sincero con el poco interés que el otro nos genera.  
Vamos sobrados de banalidades e intereses difusos que nos desgastan y nos desdibujan.









Photo by Martin Grincevschi 

domingo, 7 de abril de 2019

DE LOS ESTÁNDARES DEMOCRÁTICOS Y ESAS COSAS


"Cuando un pueblo está decidido a ser esclavo y se halla degradado, es una locura tratar de animar de nuevo en él el espíritu de orgullo y honor, de libertad y amor a las leyes, pues abraza con entusiasmo sus cadenas con tal que lo alimenten sin ningún esfuerzo por su parte“.

Marco Tulio Cicerón





En este país estamos viviendo momentos muy trascendentes para su salud democrática. No es un contrasentido que, precisamente, hayan sido los brutales ataques que ha sufrido el Estado de Derecho así como el aprovechamiento indecente de algunos miembros de la clase política que han intentando sacar rendimiento del desaguisado que venimos sufriendo en Cataluña y el resto del Estado, los que nos estén poniendo frente al espejo que nos devuelve una imagen de firmeza y buen hacer  democrático. Los Tribunales que estos días juzgan el abuso y el mal hacer del poder que detentaban unos cuantos, están ayudando a que muchos descubran la salud democrática de la justicia. Podría enumerar uno a uno a los que  han intentado colocarse en posiciones de salida ventajistas y poco honrosas para sacar tajada a uno de los peores golpes que ha sufrido la democracia desde el 23F. 
No dejar que se politice un procedimiento en el que no se discute sobre ideología, sino sobre actos y hechos concretos, está siendo uno de los grandes logros de este procedimiento, por mucho que las defensa de los políticos acusados lo intenten de una manera desaforada, a veces, incluso, pintoresca.  
En estos momentos, existen dos escenarios que deben ser observados con atención. El judicial, que trabaja en silencio, sin estridencias, para desenmarañar la trama de uno de los mayores atentados a las bases mismas del sistema democrático, a la igualdad de Derechos entre los ciudadanos de un mismo país; y por otro, el político, en el que apenas queda nada que sea salvable, como lo demuestra el hecho de que los  propios partidos estén confeccionando sus listas con personas ajenas ellos, dejando sentados en el banquillo, a la espera de tiempos menos tremendos, a todos aquellos inútiles que los conforman y que nada saben hacer si no es bajo el cobijo de la cosa pública, del presupuesto del Estado y del rendimiento al culto al líder.
Pero volviendo a la trascendencia del momento en que vivimos, el llamado “Juicio del Procés”, con el mismo se está haciendo verdadera de pedagogía procesal para lo que sin tener ni idea de cómo funciona un procedimiento judicial, ni cómo desde todos los estamentos debe de defenderse el imperio de la Ley como uno de los pilares del Estado de Derecho. No hacen falta observadores internacionales, este Juicio puede seguirlo cualquiera, siempre que esté dispuesto a escuchar lo que unos y otros tengan que decir, sentados en el sofá de su casa. El desarrollo de las sesiones del juicio está poniendo en evidencia la gran mentira, la gran estafa, el gran destrozo social que unos cuantos, creyéndose mejores que otros, han estado a punto de llevarnos a un abismo del que, una vez se entra, es difícil salir sin que se produzca el fallecimiento de la sociedad civil.
Podemos estar seguro que, pese a todo (sobre todo a la clase política que tenemos en danza), estamos en uno de los países del con los mayores estándares democráticos del mundo. Pese a quien le pese y pase lo que pase.





domingo, 26 de noviembre de 2017

ENTRE EL ENSUEÑO Y LA NADA



Ella se está haciendo vieja.
Su cuerpo le dice todo.
Ha dejado a un lado los cosméticos.
Ella es una prisión de la verdad.

Leonard Cohen





Llegaste sin que nadie te esperara. Cruzaste el umbral sabiendo que a partir de ese momento ya no podrías volver a deshacer el camino sin dejar por ahí, entre el ensueño y la nada, la vida entera. Y ahí estabas, frente a la puerta, la  viva imagen de un viejo confinado entre corazones mansos. Llegaste cuando apenas quedaba nada que no fuera el resto de una existencia mediocre tocada por el gusto de la carne y la locura de la sabiduría entonces ya indolente. Pero llegaste para reconocerte entre la piel tibia, el aire espeso y la conciencia de que el fin del mundo se precipita entre las esquinas muertas cuando no estás aquí.


miércoles, 13 de septiembre de 2017

DE ORO Y SANGRE


Lo peor de los muertos es que dejan vivos.
Leonardo Padura




Equivocarse y que el silencio se transforme en un murmullo que se espesa y atrapa. Buscar la palabra adecuada que rescate de una situación imposible. Hablar de las piedras, de su relativa semblanza y del gris de los andares de los que se saben perdidos. Buscar entre las voces dormidas y dejar que el camino se allane, sin esperar nada, absolutamente nada.




domingo, 13 de noviembre de 2016

BAGATELAS SENTIMENTALES


El éxito es sobrevivir: ésa es una definición
suficientemente buena para mí.
Leonard Cohen




Esta semana falleció Leonard Cohen. El mundo clama el dolor por la muerte del artista que a los ochenta y dos años ha podido hacerlo en su casa, rodeado de su familia. Miles de sentimientos se derraman en cascada por las redes sociales, inundándolo todo. "Nunca te olvidaremos", "te echaremos de menos". En momentos así, ante esta hecatombe emotiva, una tiene la sensación que la muerte de un artista, de una persona mediática, es mucho más muerte que la de cualquier otro. Un punto y aparte de categoría superior que emborrona la realidad de que todos, absolutamente todos, tendremos el mismo final. Un sanseacabó que nada podrá cambiar.
Sentir es algo muy particular y lo que a uno le conmueve a otro le puede dejar indiferente, eso es absolutamente cierto. La muerte de unos y de otros puede que nunca sea igual, pero la muerte de un desconocido, del que solo se conoce su obra, no puede producir jamás los sentimientos que provocan la desaparición de una persona a la que se le profesa un cariño, un querer, que nace de la reciprocidad en el trato, en el afecto. La sensación de pérdida en una situación así es indescriptible. La vida se tiñe de un desasosiego vital que se incrementa por momentos cada vez que se piensa en esa persona, cada vez que recuerdas que no la volverás a ver, que nunca más la volverás a tocar, a oler, ni a sentir. A partir de ese momento infinitesimal en que alguien querido desaparece ya no queda la posibilidad de compartir absolutamente nada. 

Las pérdidas de las personas queridas son tremendas y el tiempo, que atempera la pena y el dolor, es poco menos que una necesidad. Cada rincón, cada canción, cada movimiento sencillo y común, aboca a un precipicio personal del que salir, a veces, requiere un esfuerzo titánico. La vida se convierte en un continuo echar de menos que con los días no desaparece, pero que se aprende a llevar. La pena es un peso que ahoga y sobrevivirla, en no pocas ocasiones, se convierte en una faena colosal.  Es quizá por eso que me causa una tremenda sorpresa esa manera infantil y bastante tonta de reaccionar a la muerte de un artista, de un persona mediática a la que jamás se conoció personalmente. Porque aunque con su muerte se pierde mucho, sobre todo para su familia, sus amigos, sus allegados, poco pierden todos esos millones de personas que jamás se acostaron o se levantaron pensando en esa persona, en sus cuitas, en sus cosas. 
Es difícil sufrir por un desconocido aunque sus obras ronden la vida de cada uno. Sobre todo porque esas obras, esas en las que no pocos anclan su impostado sentimiento momentáneo, perdurará en el tiempo y para siempre. 
No se puede echar de menos lo que nunca se tuvo; y lo que se tuvo, en el caso de Leonard Cohen: su música, su poesía, estarán eternamente para todos, también para aquellos que, en el instante de conocer su final, claman al mundo su padecimiento y pena mientras ponen una cafetera, contestan un mensaje de sus teléfonos móviles, o se olvidan de llamar a unos padres ancianos a los que se les pasa la vida en soledad. 
Pero, hoy, domingo, es hora de poner un disco, quizá sepan cual.






sábado, 26 de septiembre de 2015

CUMPLEYTANTOS



Quiero que tu cálido cuerpo desaparezca
educadamente y me deje solo en la bañera
porque quiero considerar mi destino...
 Leonard Cohen




Cumplo años en la jornada de reflexión. Podría ser peor porque podría cumplir en plenas elecciones y entonces sí que el día se convertiría en un auténtico sinvivir. Pero cumplo en plena jornada de reflexión, una suerte. De lo autonómico no tengo nada que reflexionar, y mucho menos de lo nacionalista, así que no pierdo un segundo de mi tiempo en la cuestión electoral. Pero cumplo años, y no unos pocos. Siguiendo el protocolo de los aniversarios se supone que debería reflexionar sobre lo que sea, algo trascendental o importante. Pero la cosa, la de la reflexión, me viene de fábrica, aunque a veces sea sobre completas estupideces. Una es así. Por eso la cosa tampoco va a cambiar demasiado de ayer a hoy, o a mañana, o a pasado. Tengo sobre la espalda un día más; la fuerza de la gravedad empleándose a fondo; unas ganas loca de perderme en lo menudo; y el deseo infinito de no desilusionarme demasiado, de no dejar de querer (sí, querer) y de amar (sí, amar), porque lo años son solo eso, años. Y aunque cada día seamos un poco más viejos, también somos un pocos más sabios (o eso es lo que debería ser).


Postdata: En el mármol de la cocina descansa un pastel, así que si a usted le apetece, ya sabe, pase y entre, hay para todos.


martes, 16 de junio de 2015

DIARIO 2.0


«Are you back in my life to stay
or is it just for today
oh that you're gonna need me?
if it's a thrill you're looking for
honey, i'm flexible. oh, yeah.
just be for real won't you, baby
be for real oh, baby»



En la época de la tecnología universal, cada vez que muere un personaje conocido, la red se llena de lamentos profundos y sentidos que la convierten en una plañidera digital, tan falsa y efímera como aquellas matronas que se disfrazaban para verter unas cuantas lágrimas ante el féretro de un difunto que no les importaba nada. La catarsis del lamento colectivo es algo propio de estos tiempos en los que somos capaces de olvidar al que tenemos a nuestro lado y mostrar una gran conmoción por asuntos que no dejan de ser anécdotas de un día cualquiera. Es la poesía de la red, tan breve, tan liviana, tan absurda. 





jueves, 26 de junio de 2014

MINIMALISMOS XXXIV


It's four in the morning, the end of december
i'm writing you now just to see if you're better 


Es tu cordón umbilical. Te alimenta, te acerca, te intriga, te tira, te envenena, te devuelve la vida. No puedes cortarlo. Lo necesitas, esa es tu cruz.




sábado, 7 de diciembre de 2013

DICIEMBRE


"No te debo nada, no me debes nada. Las cosas vienen como viene,
 y se van de la misma manera que llegan".


Hace un día estupendo, el frío de los días pasados parece un mal sueño y la mañana se despierta templada, el mar en calma y tu aliento tibio promete la luna. Somos los primeros en llegar. Aparcamos cerca del paseo sin que tengamos que dar ni una sola vuelta, la fortuna a veces son cosas así. Diciembre no parece mes para improvisar un almuerzo cerca del mar, pero la extravagancia no entiende de días, ni de oportunidades adecuadas. Las olas llegan a la orilla sin apenas resuello, todo parece acompasarse con el ánimo sereno.

Sobre las rocas, alejados de miradas curiosas, improvisamos un fortín. Del bolsillo de la pechera te asoma la cazoleta de la pipa que parece apuntar a la bahía como la señal de un vigía siempre atento. Parpadeas intentando fintar al sol, o quizá esquivar alguna idea inoportuna.

Coloco la mano sobre la frente como una improvisada visera. Miro al mar para despistar al ángel de silencio que se pasea por el rompeolas. Desde aquí, con un leve movimiento de la cabeza, puedo ver las dunas que aparecen nítidas como en un espejismo. Improvisas una canción que tarareas mientras abres una botella de vino del bierzo que me hace sonreír.

Nos recostamos esperando que lleguen los demás. Charlamos. Mañana será mañana y no nos deberemos nada porque lo que se entrega con gusto nunca es una prenda. Volveremos a empezar, será un nuevo día de diciembre.


sábado, 22 de junio de 2013

A BENEFICIO DE INVENTARIO





Tengo un amigo, un buen amigo, que está pasando un momento de agobio. Como es un optimista por naturaleza y nada pesado, sólo dice que está agobiado, pero no dice que está “muy agobiado” aunque el agobio se le escapa por los poros de la piel. 
Lo del agobio no son imaginaciones suyas, ni producto de ninguna paranoia. No. Tiene un panorama para estar "muy agobiado". Demasiados flancos abiertos, ninguno grave, pero, sí, todos importantes. Él se resiste, pero no es Superman. El agobio ha tocado a su puerta y ahí lo tiene, sentado en el sofá de su casa. 

Este buen amigo se empeña en explicarme, día sí y día también, que hay algunas cosas (casi todas inmateriales), algunas personas (casi todas flipantes), que se convierten en necesarias en nuestras vidas. Nada de eso tiene que ver con el amor, nada. Tiene que ver con otras cuestiones como sentirse a gusto, sentirse acompañado en momentos como, por ejemplo, el de agobio que ahora pasa mi querido amigo. Él, por aquello de quitarle hierro, afirma que nuestros agobios (los suyos, los míos, que son distintos), son sólo producto de burgueses comodones. No voy a llevarle la contraria pese a que yo pienso que soportar algunas "hambres" son más difíciles de soportar que otras. 

Sin embargo, en cuanto al tema de lo necesario y lo imprescindible, no tiene que convencerme de ello, yo también lo creo. Hay algunas cosas/personas que por lo que sea se tornan indispensables y por lo que sea, se nos arriman o nos arrimamos a ellas buscando “eso” que nos hace sentir bien. ¿Una postura egoísta? Seguramente sí, pero la humanidad no es perfecta y nosotros menos todavía.
Hoy, mi amigo anda “patasarriba”, con el horizonte un tanto parduzco. 

Pero yo que soy de filias y fobias (lo he dicho cientos de veces), bipolar hasta la saciedad, y además visionaria de “pro” (ya lo pueden ir anotando también), puedo decirle, porque es un tipo estupendo y singular, que forma parte de esa limitada lista (también paranoica, sí, hago listas para todo), de los exclusivos y excluyentes que permito que se me arrimen y a los que yo me arrimo (ya tengo una edad, como para hacer experimentos). 
Así que hoy quiero que sepa, porque lo necesita y porque a mí me da la gana decírselo, que puede contar conmigo




miércoles, 17 de octubre de 2012

UN POQUITO DE POR FAVOR



Existen algunas profesiones en las que no es suficiente con dominar una técnica sofisticadísima para que el trabajo quede perfectamente realizado, ni es suficiente que el que la desarrolla tenga un profundo conocimiento de su medio. Si falta la empatía y unas enormes dosis de humanidad, ese trabajo se convierte en una auténtica basura. Y eso, esa transformación, ocurre cuando en aquellos trabajos que tocan “material sensible”, quien los debe llevar a cabo olvida que el “objeto” de su actividad profesional es un ser humano en una situación de absoluta vulnerabilidad.

Desde hace unos días, por motivos que no vienen al caso, mi vida se ha convertido en un continuo entrar y salir de un centro hospitalario. No es agradable para nadie, y mucho menos para el que permanece tendido en una cama, sin poder moverse si no es con la ayuda de un tercero. Estas idas y venidas dan para mucho, para ver más y para maximizar el convencimiento que tengo sobre algunos temas, entre ellos, la necesidad de no permitir algunas cosas.

Cuando uno ingresa en un hospital, como paciente, deja colgada de la puerta gran parte de su intimidad y ese peaje, que no es menudo, se paga con la esperanza de que esa desnudez vital, junto con la magia de la ciencia, le permita recuperar parte de lo que fue. Pero aún así, desnudo de algo más que vestiduras, los pacientes conservan la dignidad, y esa no debe ser pulverizada por absolutamente nadie, mucho menos por esos que, como digo, son los encargados de hacer funcionar el engranaje del intento de recuperación de alguien.

Existen situaciones que atentan contra la dignidad de la persona, y son altamente menoscabadoras de la misma, por ejemplo, cuando, para evitar tener que trabajar, se coloca un pañal a un adulto que está en una cama sin que tenga problemas de incontinencia. Y es mucho más indignante y menoscabador cuando se sugiere al paciente que se orine encima ya que lleva el pañal y el personal está en pleno cambio de turno.

Alguien debería explicarles a algunos que para el ejercicio de determinadas profesiones hay que tener una sensibilidad especial, que todos andamos cansados,  agobiados y con ganas de volver a casa, pero que los que más ganas tienen son, sobre todo, los que ocupan una cama que no quisieran tener que ocupar.

Lo anteriormente escrito no invalida el hecho que hay gente estupenda en la sanidad, y que a ellos les debemos más de lo que creemos, pero algunos deberían ser colocados en la cola del paro sin pasar por la casilla de salida.


Leonard Cohen - everybody knows






domingo, 30 de septiembre de 2012

SECRETOS


Todos tenemos secretos. Una buena gestión de los mismos pasa por no exteriorizarlos nunca. Cuando, en un alarde de confianza, los compartimos, hemos puesto el punto y final a "eso" que considerábamos sólo nuestro, a "eso" que, mejor o peor, quedaba dentro de nuestra pequeña esfera. 

Es en ese momento cuando lo que teníamos reservado para nosotros, lo que no mostrábamos al resto por el motivo que sea, deja de pertenecernos por siempre jamás. 
Compartir un secreto lo emponzoña, deja de ser lo que tu creías que era para convertirse, transformarse,  en lo que el confidente quiere, casi siempre en algo muy alejado a lo que era. Por eso, algunas cosas, algunas alegrías y sobre todo algunas penas, deberíamos mantenerlas en una reserva absoluta.

Hace ya algunos años aprendí que mis mejores secretos, los que de verdad me importaban, los que me hacían vulnerable, debían permanecer en mi interior. 

Aprendí que algunas cosas no debía contarlas jamás salvo que quisiera que "eso" que hasta ese momento había sido mío, sólo mío, pasara a ser propiedad del mundo, para que lo interpretara como mejor quisiera y lo colocara en un lugar casí siempre muy alejado del sitio, de la emoción o de la importancia que yo le había otorgado.

Pero mantenerse en esa postura casi siempre es un imposible. Compartir el mundo con otros, con los que nos relacionamos, lo queramos o no, porque forman parte del entramado o del escenario de nuestra historia, convierte el secreto en un eterno suspense. Conservar en la esfera más privada y exclusiva eso que consideramos que nadie debe de tocar puede convertirse en cuestión de suerte.

Tengo secretos, a mi edad es lógico tenerlos, si no fuera así no habría vivido. Algunos son tan gratos y poco confesables que harían las delicias de cualquier cotilla y provocarían  algún que otro desastre. Otros son tan dolorosos que el único lugar en el que caben es en mí misma y no  debo ofrecerlos a nadie jamás. Cuestión de superviviencia en ambos casos.

No se trata de vivir en lo oculto, sino de vivir conservando como un tesoro lo que no queremos que nadie pudra. 

Mis secretos son míos, el día que ya no me interesen, serán tuyos.

miércoles, 25 de julio de 2012

AL GUANO



Si escribo que llevo los auriculares puestos, que son de un color rojo intenso y que posiblemente me quede sorda escuchando a Freddie Mercury, alguien pensara que está frente a una tipa absolutamente hortera. No seré yo quien diga que no pero la gran verdad es que cada vez me importa menos lo que piensen los demás. 

Y ahora tengo que dejarles, empieza a sonar “A kind of magic” y tengo que dar unas cuantas voces mientras muevo la escoba a modo de micrófono sideral.

Salud.

P.D. ¿Qué no mola? Pues tú te lo pierdes.

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Ya no estoy en mi mejor momento para practicar
el oficio de los versos.
Se me da mucho mejor
estar en el cuarto ropero con Sara.
Pero incluso en este mundo alternativo
tampoco estoy ya en mi mejor momento.
Necesito
la compasión de mi propia atención.
Quién podría haber adivinado
que el corazón envejece
del contacto con otros.
Leonard Cohen

jueves, 23 de febrero de 2012

PRESENTACIÓN DIARIO DE INVIERNO -PAUL AUSTER- (Barcelona, febrero 2012)


Estamos acostumbrados a ver cómo se llenan los estadios para ver señores en pantalón corto corriendo detrás de un balón, ver las salas de conciertos repletas de fans incondicionales del cantante de culto. Sin embargo, no es habitual que un escritor consiga congregar a ochocientos lectores en dos salas abarrotadas y que, con una naturalidad pasmosa, convierta la presentación de su último libro en una auténtica tertulia. Y eso que parece asombroso, por lo inusual, es lo que ha conseguido Paul Auster con la presentación en Barcelona, de su libro “Diario de invierno”. Es evidente que el escritor americano despierta una gran admiración entre los lectores de este país y se ha convertido, a golpe de novelas, en un autor de culto, adorado por algunos, despreciado por muchos otros. Auster no deja indiferente a nadie.

“Diario de invierno” es un libro autobiográfico y nos invita, desde la perspectiva del “tú” y del “él”, a sumergirnos en sus pensamientos, en sus reflexiones, en un pasado sorprendente en muchos casos que nos arrima a la nostalgia, al dolor, a sus íntimas heridas, todo ello desde la alerta de un cuerpo que ha entrado en la decadencia física que los años trae.
Auster define la escritura como una enfermedad y no duda en afirmar que todo escritor tiene un punto de locura del que no puede sustraerse. Y es que, según el autor, no puede entenderse de otra manera que alguien pase su vida prácticamente a solas, en una habitación, inventado historias, desconectado del mundo, sufriendo lo indecible por no poder articular una idea, un pensamiento, que le absorbe. Sólo en la necesidad de narrar, de mirar y escarbar en la base de la psique, dice Auster, encuentra el escritor un alivio temporal.
El origen de las obras de Auster es la gente corriente, las increíbles historias que les suceden. El mundo como un caos, como un todo imprevisible, que nos empeñamos en intentar ordenar para, inmediatamente volver a desordenarlo.  Sus libros contienen, casi siempre, historias propias que el autor pone en boca de otros.

Fue un auténtico placer escuchar de boca del propio escritor sobre su pasión por los cuadernos de notas que escribió Joseph Joubert y que perduraron en el tiempo gracias a la publicación que de los mismos hizo François-René de Chateaubriand. Cuadernos llenos de pensamientos y reflexiones, alejados de las notas que podría contener un diario personal. Diarios del que el propio Auster huía en su juventud. No hay nada más absurdo que escribir lo que se hace, lo que se siente, si el destinatario de eso que se escribe es uno mismo. Esta concepción de la escritura de diarios personales fue modificándose  con el tiempo al comprender que esos escritos nacen de la necesidad de poder recordar. Pero esta idea de diario como refugio de la memoria, como dice el escritor, le llega tarde, con la pereza instalada en su vida.
Con “Diario de invierno”, el autor, en el invierno de su vida, se nos desnuda, se nos entrega sin ambages y pone sobre la mesa una intimidad precisa para que el lector no se sienta defraudado por la falta de honestidad en el relato. Escribir es agotarse, experimentar una enorme sensación de excitación y fracaso. Y es frecuente, entre quienes escriben, vivir en la permanente sensación de sentirse mal, cuestionándose de manera continua lo que plasma en el papel. La figura de Samuel Beckett es recurrente en esta charla. La importancia del subconsciente del escritor es vital en el proceso creativo. Es fundamental para el novelista el apoyo de su esposa, la escritora Siri Hustvedt, por sus aportaciones literarias, por el sostén ante el derrumbe del autor que no puede situarse con objetividad frente a lo escrito porque lo tiene interiorizado.  Sus libros nacen, pese a que en ocasiones pueda parecer lo contrario, de procesos muy largos en el tiempo, procesos que se demoran hasta encontrar la frase precisa que le sirve de trampolín, una frase que surge del interior. Sin embargo, a pesar de ello, el propio Auster reconoce que, en ocasiones, el proceso es distinto y que lo que en otras novelas se ha dilatado indeciblemente en el tiempo en otras han bastado unos meses para que esas ideas que bullían en su cabeza encuentren asiento en un libro.

Paul Auster sigue escribiendo a día de hoy en una vieja máquina de escribir Olympia, transformada en una eficaz Frankenstein nacida de la necesidad de ser reparada, completada con los restos de otra máquina tan antigua como con la que de origen escribía. No deja de ser curioso que el autor rechace todo tipo de artilugios informáticos, asegure no tener correo electrónico y vivir en un aislamiento absoluto del mundo virtual que dice no interesarle en absoluto. Teclear con fuerza para que quede impreso lo que quiere mostrar al mundo tiene un efecto balsámico, incluso tranquilizador, por eso, los magníficos ordenadores, con sus suaves teclados,  no son para Auster.
Paul Auster sigue escribiendo, pensando, imaginando historias, pero de una manera más calmada. Afirma que, en el pasado, llegó a tener varios libros en la cabeza a la vez. Y en ese ir y venir de ideas continuas, unas eran escritas en un libro durante el día y otras pensadas durante la noche en las horas robadas al sueño para elaborarlas, no para lo que de día escribía, sino para lo que tal vez hiciera en un futuro.
Afirma el escritor haber escrito mucho, por eso cree que si no pudiera volver a escribir no pasaría absolutamente nada, no sería un problema. Porque no cabe el escribir por escribir, hacerlo de ese modo sería convertirlo en un trabajo y la escritura, vista de ese modo, no le interesa.
Escribir es un modo de vida, el suyo; el nuestro es leerle nuestro mientras se pueda.






domingo, 18 de diciembre de 2011

ONE PLACE


¿Es aquí? Sí, contesté.

Pasé una tensión tremenda y unos nervios desmedidos que desembocaron en un adiós tan desagradable que durante semanas me escoció, no sólo el herpes que me salió en el labio, sino que me quemaba la permanente sensación de que, de un momento a otro, un nuevo cataclismo volvería a presentarse, que sonaría el teléfono o abriría el correo electrónico y tendría, de nuevo, que fajarme con otro disgusto. Durante semanas, un banco se convirtió en un refugio en medio de la calle. El único lugar  en el que al sentarme se me acompasaba la respiración y me tranquilizaba instantáneamente. Las paredes, aunque nuevas, me aplastaban.

Han pasado meses y aquel desagradable sin vivir ha desaparecido; es lo bueno que tiene el paso del tiempo. Ni una ni otra carrera se hundieron. Sin embargo, sigo sentándome en el mismo banco, sigo tranquilizándome cuando tomo asiento en él. Puede que no sea el mejor rincón del mundo, es ruidoso y el monóxido de carbono campa a sus anchas, pero es un buen sitio, lo es para mí.
Por eso ha quedado incorporado a mi cotidianeidad  aunque, para ello, tenga que coger un autobús, cruzar la ciudad y esperar que las hordas de turistas liberen mi banco para sentarme y saberme de nuevo.  

Ahora ya sabe mi secreto y tiene reservado asiento de primera en medio de una tremendísima polución.

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"El secreto y el regalo mayores de la vida es cuando se encuentran dos personas semejantes. Esto ocurre raras veces, como si la naturaleza impidiese tal armonía mediante todas sus fuerzas y tretas (...).
Hay algo peor que la muerte, peor que el sufrimiento... y es cuando uno pierde el amor propio. Hay algo que duele, hiere y quema de tal manera que ni siquiera la muerte puede extinguirlo: y es cuando una persona, o dos, hieren ese amor propio sin el cual ya no podemos vivir una vida digna. Simple vanidad, dirás. Sí, simple vanidad... y sin embargo, esa dignidad es el contenido más profundo de la vida humana".
Sandor Marai






sábado, 22 de octubre de 2011

ENTRE EL DOLOR Y EL PLACER


Duermo de día, le velo la noche. Lo suficientemente cerca para saber que estoy, lo suficientemente lejos para no ahogarle. Me desordeno, me desordena. Me coloca dentro de una esfera de cristal, la agarra, la lanza contra la pared y, a medio camino, suspendida en el aire, me transformo en una bola de porexpan. Llueve.

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Entre el dolor y el placer median tres criaturas,
de las cuales la una mira a un muro,
la segunda usa de ánimo triste
y la tercera avanza de puntillas;
pero, entre tú y yo,
sólo existen segundas criaturas.
Apoyándose en mi frente, el día
conviene en que, de veras,
hay mucho de exacto en el espacio;
pero, si la dicha, que, al fin, tiene un tamaño,
principia ¡ay! por mi boca,
¿quién me preguntará por mi palabra?

Al sentido instantáneo de la eternidad
corresponde
este encuentro investido de hilo negro,
pero a tu despedida temporal,
tan sólo corresponde lo inmutable,
tu criatura, el alma, mi palabra.


Leonard Cohen - Dance Me To The And Of Love



jueves, 8 de septiembre de 2011

SIN EMBARGO


¿Cuándo podemos considerarnos afortunados? ¿Qué es lo que hace que una persona se sienta feliz? Estas y otras preguntas me formulaba, pausadamente, mientras sorbía las últimas gotas de un acuoso café con leche.  Le contesté que no tengo la bola de cristal, ni el libro gordo de petete, ni ganas de pensar. Sin embargo, esas carencias, evidentes por otro lado, no le impedían insistir en preguntarme cuál era el motivo por el que teniéndolo todo (me pregunto qué es ese todo) no se consideraba afortunado y por qué se sentía tan infeliz. Le dije que no lo sabía y le emplacé a que se escuchara, a que no fuera demasiado severo consigo mismo, a que observara a su alrededor y que, si quería,  mañana me lo contara.
Lo dejé sentado. El aire batías las primeras hojas secas.

Empiezo a cansarme de las conversaciones espesas, de la búsqueda de razones imposibles de alcanzar y de estar a disposición de cualquier cosa. Sin embargo, no puedo evitar repetirme las preguntas a la que no di respuesta. Pero sé que uno es afortunado cuando alcanza un estado en el que se siente conforme consigo mismo, con lo que le rodea, sea mucho, poco o nada, y esa conformidad le satisface plenamente, aunque a los ojos de los demás pueda ser considerado un auténtico desgraciado. Porque la fortuna, en lo personal, es algo absolutamente subjetivo, algo que no puede mesurarse con una vara, ni se alcanza acumulando en la columna del haber los logros de nadie. En cuanto a lo que nos da la felicidad, pues a saber. Otro estado absolutamente subjetivo, transitorio y efímero que se presenta para escaparse por las costuras en cuanto uno hace un requiebro. 

Pero eso lo sé yo y él, aunque no se encuentre, también.

miércoles, 22 de junio de 2011

MUSICALIDADES MUSICALES


05:00 a.m. –The Pretenders – Radio – ducha  
The Pretenders - Don�t get me Wrong 
06:13 a.m. – Crowed House – IPod –metro BCN- 
Crowed House - Dont Dream Its Over
07:00 a.m. – The Canberries – grabación enlatada –AVE–
the canberries - ode to my family

10:17 a.m. – Harry Connick Jr. – IPod – Taxi Atocha­ –
Harry Connick, Jr. - It had to be you
 1
3:26 p.m. – Editha Gruberova – Spotify ­–Business center­­– 
Giuseppe Verdi - La Traviata - Sempre libera 
15:33 p.m. – Leonard Cohen – IPod– Taxi Pintor Rosales 
Leonard Cohen - Chelsea Hotel No. 2 
16:11 p.m. – Shakira  –Megafonía cafetería Atocha  

Shakira - Las de la intuicion
 
16:42 p.m. – Chet Baker –Ipod- Vagón clase turista 
Chet Baker and Enrico Pieranunzi -
19:23 p.m. – Ray Lamontagne –Ipod–Metro BCN
Ray LaMontagne - So long away
 
20:35 p.m. – Billie Holiday – CD  at home
Billie Holiday - Autumn in New York


 22:59 p.m. – James Morrison –CD at home-
james morrison - The letter

 
 
21 de junio es el Día de la Música

Por lo general presto poca atención a los “Días de..” pero desde ayer me propuse anotar, desde que me levantara y cada vez que me apeteciera, lo que estaba escuchando en cada momento, el lugar y el medio que me la servía. Una tontería, sí. Puede que alguien piense que el día amanecía ocioso, pero nada más lejos de la realidad, pero vivo rodeada de música, así que lo del “Día de…” sólo ha servido para que un día de escándalo, en el que todo ha estado milimetrado, se saliera un poco de esas líneas que forman nuestra cuadrícula diaria.
Voy a terminar el día anotando lo último que voy a dejar sonando antes de dormirme, la voz de Nick Cave. Buenas noches y feliz música.


© Fotografía naq