domingo, 12 de octubre de 2025
GOODBYE ANNIE
lunes, 24 de julio de 2023
DEL ESTADO DE MI CUESTIÓN
El país ha votado y a mí, que el sábado me dio un golpe de calor
morrocotudo, me tiene desganada, desvaída, incluso un tanto indiferente. Y
no es que me importe poco lo que pase a mi alrededor, no es eso. Es que con el
tiempo y un par de bofetones de realidad inmediata, he aprendido que si de
alguien no te puedes fiar es de los políticos. Da igual lo que salga en las
urnas porque después pastelearán entre unos y otros para que aquello que la
gente votó no valga para nada. Por aquí sabemos de qué va el tema. Supongo que
es por eso que, entre vomitona y vomitona (que no negaré que como attrezzo de
lo que vivimos, le viene al pelo), pongo la directa y paso de comentaristas,
presuntos pactos y cualquier cosa que se nos escapa de las manos y que, me
atrevo a decir, poco tienen que ver con el interés general y mucho más con el
apego de unos cuantos a sus nóminas a cargo de un Estado en el que se ciscan
día sí y día también. La relación que tiene este país con su Gobierno es enfermiza
desde hace muchas legislaturas. Puede que esta extraña manera de vincularse con
quien manda forme parte del hecho diferencial de los ciudadanos de este país,
incluidos aquellos que se consideran extranjeros dentro del mismo. No hemos
aprendido, pese a que para otras cosas parece que lo tenemos muy claro que si
te mienten, te roban y te chulean lo que hay que hacer es salir corriendo del
lado de ese que te tima, te engaña y te sablea sin compasión. Tampoco hemos aprendido que hay cosas que no se pueden consentir y que, a veces,
incluso a los “nuestros”, los que sean, hay que decirles basta. Pero da igual,
aquí nos quedamos anclados en una dicotomía que soporta mal la realidad. Ha llegado la hora del ruido y del esperpento. Veremos actitudes y
actuaciones que de democráticas tendrán poco, pese a que se diga lo contrario. Toca replegarse a los campamentos de invierno, refugiarse en uno mismo,
hacer hucha, reivindicar que a las cosas se las empiece a llamar por su nombre
y que alguien, con sentido común, baje el volumen a este ruido insoportable. Yo de momento, estoy que no puedo y voy a vomitar un rato. El sol de
verano a veces te deja hecho polvo.
domingo, 7 de agosto de 2022
CITAS
sábado, 28 de julio de 2012
AND A LITTLE MINGITATION O ESA CRISIS SIN FIN
louis armstrong -
sábado, 12 de junio de 2010
CHURROS Y LECCIONES DE LA VIDA
louis armstrong -
martes, 20 de abril de 2010
LINIMENTO SLOAN y DAMIAN TABAROVSKY
miércoles, 27 de enero de 2010
CAFES Y CORTADOS

Miércoles. La misma hora de siempre. La barra vacía ¿Qué extraño? Un café. Arruga la nariz, está demasiado fuerte, hoy no sabe igual. Mientras lee la prensa, se frota el codo para aliviar el hormigueo que siente desde que se acodó en el mostrador. Apura el café mientras se cuelga el bolso. ¿Qué se debe? El camarero hace un gesto con la cabeza, señalando una mesa mientras dice que está pagado.
Vuelve la cabeza, colocando un mechón de pelo detrás del oído. Hoy los cortados y los cafés serán por lo menos dos, tomados sin prisa y en una mesa.
Por el camino pensarán la excusa por la que llegaron tarde a trabajar.
viernes, 27 de marzo de 2009
LA CONCILIACIÓN, MENUNDA COÑA MARINERA
Me repiten los escalofríos sólo de oir, lo que he oido esta mañana: "¡Qué bien, las eurodiputadas pueden tener con ellas a sus bebes mientras trabajan en la camara". La foto demuestra que hoy por hoy conciliar en el caso de la mujer, y en la mayoría de situaciones, es un imposible ¿Acaso alguien cree de verdad que es una estampa bonita, encantadora, la que hoy vemos en la prensa? Para mí es una estampa horrorosa, un bebé entre dos micrófonos, encima de una mesa, mientras su madre toma la palabra en una cámara que se supone nos representa a todos.
La finalidad de conciliar, entiendo yo, supone, entre otras cosas, dejar de hacer algo para poder hacer otra cosa distinta sin que la primera interfiera en la segunda y al revés. Entendiendo el "dejar de hacer" una cosa para que no interfiera en la otra. Pero, la simple presencia física, sin poder atender a lo que en ese momento debes dedicarte creo que sólo duplica el estrés y supone, como casi siempre, hagamos dobles jornadas: la laboral y la familiar, abandonando totalmente nuestra vida personal, la simplemente nuestra, para al final terminar con los nervios de punta y la sensación de las cosas hechas a medias.
La verdadera conciliación está por llegar.






