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domingo, 12 de octubre de 2025

GOODBYE ANNIE

 


Hoy lloramos que se nos ha muerto Annie Hall. Lloramos porque con ella, con Diane Keaton, se nos va parte importe de lo que en algun momento de nuestra vida quisimos ser. Porque ¿Quién no quiso ser Annie Hall? ¿Quién no quiso ser aquella imagen de mujer inteligente, atractiva y estravagante en la que siempre nos hizo pensar Diane Keaton. Somos lo que somos, producto de las cosas que vemos, de las cosas que pensamos, de las cosas que sentimos, de las que vivimos y de las que aparcamos; de las que nos inspiran y de las que nos derrotan. 
Yo quise ser como Annie Hall. Y quise que Alvy Singer, el mío, me llevara a ver "La tristeza y la piedad" y que, entre bostezo y bostezo, me invitara a su casa y me pidiera que le cociera una langosta mientras, muertos de la risa, buscabamos una cinta de VHS con la que enterrar una tarde de otoño lluviosa, lejos de Central Park, pero tan cerca de lo que entonces era un cielo infinito que, años después, cuando ya solo quedaran las cenizas de todo aquello, aquel que también lo quiso ser como Alvy, se acordara de mí como de aquella  mujer que un día, entre cintas de video y radiocasettes, con una camiseta enorme y fea a rabiar, le prometió que algun día, si la vida no los abandonaba antes, devorarían un bocadillo de pastrami mientras se dejaban la suela del zapato cruzando el puente de Brooklyn.

Hasta siempre Annie Hall. Hasta siempre Diane Keaton.


lunes, 24 de julio de 2023

DEL ESTADO DE MI CUESTIÓN




El país ha votado y a mí, que el sábado me dio un golpe de calor morrocotudo, me tiene desganada, desvaída, incluso un tanto indiferente. Y no es que me importe poco lo que pase a mi alrededor, no es eso. Es que con el tiempo y un par de bofetones de realidad inmediata, he aprendido que si de alguien no te puedes fiar es de los políticos. Da igual lo que salga en las urnas porque después pastelearán entre unos y otros para que aquello que la gente votó no valga para nada. Por aquí sabemos de qué va el tema. Supongo que es por eso que, entre vomitona y vomitona (que no negaré que como attrezzo de lo que vivimos, le viene al pelo), pongo la directa y paso de comentaristas, presuntos pactos y cualquier cosa que se nos escapa de las manos y que, me atrevo a decir, poco tienen que ver con el interés general y mucho más con el apego de unos cuantos a sus nóminas a cargo de un Estado en el que se ciscan día sí y día también. La relación que tiene este país con su Gobierno es enfermiza desde hace muchas legislaturas. Puede que esta extraña manera de vincularse con quien manda forme parte del hecho diferencial de los ciudadanos de este país, incluidos aquellos que se consideran extranjeros dentro del mismo. No hemos aprendido, pese a que para otras cosas parece que lo tenemos muy claro que si te mienten, te roban y te chulean lo que hay que hacer es salir corriendo del lado de ese que te tima, te engaña y te sablea sin compasión. Tampoco hemos aprendido que hay cosas que no se pueden consentir y que, a veces, incluso a los “nuestros”, los que sean, hay que decirles basta. Pero da igual, aquí nos quedamos anclados en una dicotomía que soporta mal la realidad.  Ha llegado la hora del ruido y del esperpento. Veremos actitudes y actuaciones que de democráticas tendrán poco, pese a que se diga lo contrario.  Toca replegarse a los campamentos de invierno, refugiarse en uno mismo, hacer hucha, reivindicar que a las cosas se las empiece a llamar por su nombre y que alguien, con sentido común, baje el volumen a este ruido insoportable. Yo de momento, estoy que no puedo y voy a vomitar un rato. El sol de verano a veces te deja hecho polvo.



domingo, 7 de agosto de 2022

CITAS

 


Esta semana he leído un par de veces sobre la maldición de comenzar un texto con una cita. Pero yo no sé nada. Nada de nada y dudo de casi todo, incluso de los que establecen maldiciones siguiendo cánones que alguien estableció y nos creímos sin rechistar. Llegados a ese punto, me tropiezo con un artículo que empieza con un «No hay dos sin tres» y de manera automática me digo: ¡Ah!, fatalidad. Cita al canto. Pero después caigo en que esta frase hecha no es una cita en sentido estricto, sino una frase detestable con motivo y con razón. Pocas cosas pasan una sola vez en la vida más allá del nacer y el morir. El resto de acontecimientos, tanto los buenos como los malos, pueden sucederse, o no, tantas veces como a la vida le dé la gana. Cero, dos, tres, incluso cincuenta y tres. La probabilidad de vivir un amor apabullante, replicar un cáncer, ganar la lotería, vivir una guerra, o parir un hijo muerto, es tan aleatoria que el «No hay dos sin tres», puede convertirse en una sentencia del horror anticipatorio incluso para lo genial. Por eso cerrar el suplemento, limarse las uñas y dejar que la probabilidad de la sucesión de hechos vaya a su bola, es una opción más que deliciosa. Toca mantenerse en ese estado de fijo-discontinuo en el bienvivir mientras se pueda, y guardarlo en el recuerdo porque cuando llegue septiembre, que llegará, esto no lo arregla ni Dios.

 



sábado, 28 de julio de 2012

AND A LITTLE MINGITATION O ESA CRISIS SIN FIN

 
Siempre me han gustado los programas sobre animales salvajes y soy de las que celebra con aplausos  desmesurados cuando puedo acceder a los videos de National Geographic para ver copular a los marsupiales, a las ballenas cantar a la luna y esas cosas. Sin embargo, tengo especial aversión a esos programas que, como una réplica de un mal Tarzán, sacan un tipo con sombrero que se dedica a perseguir a los bichos y nos muestran lo machote que es en la jungla etc.

Así que con motivo de esta afición a la que he hecho mención durante el vermut, una de las personas con las que compartía aceitunas y ganchitos ha explicado que esos programas de exploradores (de pichirrí),  están infravalorados, que atender a los mismos, y memorizar algunas de las cosas que se cuentan, nos puede salvar la vida. Levanto la ceja, miro a mí alrededor y en plena Rambla del Raval de Barcelona no veo selva, ni desierto en el que aplicar ese truco que tiene que salvarme de un apuro y que el devorador de almendras que ocupa la silla contigua, explica como si fuera el mismísimo Tarzán.  Al parecer, cuando no tenga agua ni líquido elemento potable con el que regar este cuerpecito que se va a comer la tierra, puedo beberme mi propia orina hasta en tres ocasiones y así, como el que no quiere la cosa, largarme un lingotazo de pis que me salvará la vida.

Desconozco las virtualidades de un buen pipí pero me alegra saberlo, nunca se sabe y una con la edad tiene importantes ataques mingitorios que asaltan en cualquier momento y lugar que puede que no vuelva a menospreciar.

No es noticia si digo que lo de las terracitas en verano se empiezan a poner fatal y que por un aperitivo de pobre (nada de cigalitas, ni tristes calamares a la romana), el hachazo es impresionante. Así que, visto lo visto, mientras nos traían la cuenta del dispendio de hoy, he quedado con el devorador de cacauetes y almendras saladas que la próxima vez, o paga él, o ya le veo pidiendo un par de vasos y unas patatas chips, que el pis ya lo pongo yo. Salvaremos la crisis, el ecosistema y convertiremos a Frank de la Jungla en un innovador culinario.


louis armstrong - - Sweet Lorraine.

 

sábado, 12 de junio de 2010

CHURROS Y LECCIONES DE LA VIDA


Remueve su café con leche, poco a poco. Siempre en vaso, nunca en taza. Le miro las manos. Hace ya muchos años empezaron a llenarse de esas manchas con las que la vida tizna la piel.
Con la mano izquierda, sujeta con fuerza el vaso, como si quisiera evitar que se le escapara del plato por la fuerza centrífuga de una cucharilla. Pero sé que lo hace para evitar que vea que le tiembla el pulso (sabe que eso me preocupa). En su mano derecha, dos alianzas. La suya y la de mi padre.
Lleva media hora hablado sin parar. Sus movimientos ya son torpes pero no así su cabeza, ni su discurso. Dice que se ha hecho mayor, pero que no le pesan los años vividos, que lo que le pesa es que ahora sabe los que ya no va a vivir. No me gusta cuando habla así, aunque sé que tiene razón.
Pide una ración doble de churros. Estoy a punto de decirle que no puede tomarlos, que ya sabe que no debe. Me callo. Hoy es su día. Dice que es más sabia que ayer, que ahora ya sabe que le queda menos que más, pero que ese menos lo va a disfrutar de lo lindo. No voy a ser yo quien le fastidie la determinación, ni  el disfrutar de las cosas que le gustan. Me ofrece uno, le digo que no, ya sabes que estoy a dieta. Me mira con ojos socarrones mientras devora el que corona la cima de la montaña del enorme plato de fritanga. Me contesta que yo me lo pierdo. Lo sé.
Apuro el café y ella sus churros. No tenemos tiempo que perder. Ella, porque sabe que le queda poco; yo porque no quiero que, ese "poco" que ella cree,  se me pase sin pena ni gloria. Tenemos muchas cosas que hacer.
Hoy tenemos una fiesta. Celebramos su día. Ella disfrutando con todo y los demás, aprendiendo la lección.
Felicidades mamá.

louis armstrong - hello dolly

martes, 20 de abril de 2010

LINIMENTO SLOAN y DAMIAN TABAROVSKY

Hace días que me muevo entre unos dolores absurdos. No sé si atribuirlos a la climatología (como si fuera una abuelita), a mis ganas de autollamarme la atención (y conseguir doble ración de lo que sea) o si, en realidad, estoy somatizando alguna desventura (doble ración de victimismo). Lo único cierto es que tengo dolor. Notarse el cuerpo es raro, sentir que tienes extremidades sólo demuestra que algo no va bien. Nadie se nota el cuerpo en un estado normal, cuando está en reposo.
Si te notas el cuerpo posiblemente tengas dolor y eso es muy desagradable, a la par que pesado. 
Caminar como las "muñecas de famosa" te garantiza mil preguntas sobre que es lo que te pasa y claro, no puedes decir que lo somatizas todo, que en realidad te duele el corazón, que has sufrido un desgaño amoroso, que tu pareja se ha fugado con tu mejor amigo, que te han chamuscado el flequillo en la peluquería, que no puedes pagar la hipoteca,  que tus hijos pasan de lo que les dices, que tu jefe te explota, porque eso nada tiene que ver con las piernas. Así que respondes que tienes dolor y no sabes por qué. 
Y ahí, acabáramos, siempre encuentras a algún iluminado que te suelta aquello de que el dolor nos hace fuertes, que nos enseña a enfrentarnos a la vida y otras milongas parecidas. Cuando oigo estos comentarios dudo entre arrearle, a mi interlocutor, con el bolso o meterle, con un embudo, un sinfín de pildoritas multicolor que le hagan desaparecer esa iluminación gilipollesca que le hace decir semejantes barbaridades. El dolor es dolor y fastidia mucho, pero mucho, mucho.

Ahora la pregunta ¿Este rollo, a qué nos lleva? Pués simplemente a que quería dejar aquí un fragmento de "Autobiografía Médica" de Damian Tabarovsky, que escribió, entre otras cosas, que creer que un ser dolorido es superior no es más que un bobada y que hay que reirse hasta de las tonterías más tontas.

Aquí les dejo el fragmento y yo me voy a por el "Linimento Sloan", tengo la cadera que me anuncia que voy a tener un incidente amoroso en breve.

Aquí lo dejo: 

"Jünger: “El dolor es una de esas llaves con las que abrimos las puertas no sólo de lo más íntimo, sino a la vez del mundo. Cuando nos acercamos a los puntos en que el ser humano se muestra a la altura del dolor o superior a él, logramos acceder a las fuentes de que mana su poder y al secreto que esconde tras su dominio. ¡Dime cuál es tu dolor y te diré quién eres!”. Hay algo profundamente erróneo en esta frase, un equívoco irremediable. El dolor no nos permite acceder a nada, sólo a más dolor, el dolor es una tautología, detrás del dolor no hay nada, nada tampoco hay delante; es una línea sin anverso ni reverso, un absoluto que no esconde ni oculta nada; el dolor suspende toda metafísica, toda reflexión, cualquier interpretación. Por supuesto, también hay algo levemente fascistoide en la frase de Jünger, cierta idea trivial de heroísmo: el que soporta mejor el dolor, el que es superior a él, es también alguien superior, accede él también a alguna forma de existencia auténtica."

miércoles, 27 de enero de 2010

CAFES Y CORTADOS



Un día cualquiera, de lunes a viernes a la misma hora. Cruce de buenos días. La barra llena. Codo con codo, un café y un cortado apresurado. ¿Qué se debe?
Miércoles. La misma hora de siempre. La barra vacía ¿Qué extraño? Un café. Arruga la nariz, está demasiado fuerte, hoy no sabe igual. Mientras lee la prensa, se frota el codo para aliviar el hormigueo que siente desde que se acodó en el mostrador. Apura el café mientras se cuelga el bolso. ¿Qué se debe? El camarero hace un gesto con la cabeza, señalando una mesa mientras dice que está pagado.
Vuelve la cabeza, colocando un mechón de pelo detrás del oído. Hoy los cortados y los cafés serán por lo menos dos, tomados sin prisa y en una mesa.
Por el camino pensarán la excusa por la que llegaron tarde a trabajar.

viernes, 27 de marzo de 2009

LA CONCILIACIÓN, MENUNDA COÑA MARINERA


Miro la foto que hoy publican todos los periódicos, la de la Eurodiputada Hanna Dahl, y me dan escalofrios. Los que vivimos en las "sociedades del norte", los "paises desarrollados", nos estamos equivocando mucho, pero mucho, mucho. Durante años se nos ha llenado la boca hablando de conciliar la vida laboral con la vida familiar y, en realidad, no hemos conseguido gran cosa, por no decir prácticamente nada. 

Me repiten los escalofríos sólo de oir, lo que he oido esta mañana: "¡Qué bien, las eurodiputadas pueden tener con ellas a sus bebes mientras trabajan en la camara". La foto demuestra que hoy por hoy conciliar en el caso de la mujer, y en la mayoría de situaciones, es un imposible ¿Acaso alguien cree de verdad que es una estampa bonita, encantadora, la que hoy vemos en la prensa? Para mí es una estampa horrorosa, un bebé entre dos micrófonos, encima de una mesa, mientras su madre toma la palabra en una cámara que se supone nos representa a todos. 

La finalidad de conciliar, entiendo yo, supone, entre otras cosas, dejar de hacer algo para poder hacer otra cosa distinta sin que la primera interfiera en la segunda y al revés. Entendiendo el "dejar de hacer" una cosa para que no interfiera en la otra. Pero, la simple presencia física, sin poder atender a lo que en ese momento debes dedicarte creo que sólo duplica el estrés y supone, como casi siempre, hagamos dobles jornadas: la laboral y la familiar, abandonando totalmente nuestra vida personal, la simplemente nuestra, para al final terminar con los nervios de punta y la sensación de las cosas hechas a medias.

La verdadera conciliación está por llegar.