La tormenta se acerca. El Tibidabo ha desaparecido. El fin
de mundo pasado por agua. Septiembre está siendo la continuación de un desastre
al que soy incapaz de poner fecha ¿Cuándo empezó? No lo recuerdo. Quizá
siempre ha sido así y solo los años acaban con el borron que enmascara la cara fea de la luna. La maldad repta, se cuela por todas partes y el pestazo se vuelve insportable. Hay
necesidades que no lo son; carencias que reclaman atenciones inaceptables; existencias que por si mismas aterrorizan. Mirar afuera da vértigo y un hartazgo casi insoporable. Las distancias son abismales. Entre las
miradas, buscar las más cercanas mientras nos desvalijan. Repetirse ¡Espabila, coño!
