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jueves, 30 de enero de 2014

POLONIA


"No existe la libertad, sino la búsqueda de la libertad, 
y esa búsqueda es la que nos hace libres".
Carlos Fuentes


Tenía mil cosas que contarte.  Empecé a anotarlas en los márgenes de cualquier cosa, para no olvidarlas, pero fueron tantas que a fuerza de apiñarlas se volvieron ilegibles, pesadas. Acumulo miles de letras que no significan nada, que no consigo ordenar, que se mueren cada día un poco más.  Sustituyo el ejercicio del grafismo insignificante, vacío, por lecturas que a veces encienden una mínima chispa que me espabila pero no consigo que prenda.

Como y conozco, aunque en ocasiones cierre los ojos, no pruebe bocado y viva en la asepsia del desconocimiento de un retiro voluntario que rompo cuando me pesa en exceso. Las facturas y extractos que acumulo sobre la mesa certifican que mis rutinas siguen como siempre, en el mismo sitio, igual que siempre. Sin embargo, algunos días creo que también ellas son un espejismo, el reflejo burlón de la vida de otro que nada tiene que ver conmigo

Ayer empapelé diez paredes con letras flojas de historias que quedaron reventadas esperando un gesto que desapareció hace meses. Son sólo invenciones que fueron engullidas por los días largos, extenuantes y el gris de algunos momentos que ni siquiera imaginas. Historias mentirosas, libres.




© Fotografía Marcin Stawaiarz

jueves, 7 de junio de 2012

SER DE NUEVO


Te dejé a un lado del camino y decidí no volver ni tan siquiera la vista atrás, seguir andando pese a que en ese mismo recodo donde te dejé olvidado, una parte de mí quedó enterrada. Ni una décima de segundo más buscando razones para tenerte cerca, ni una milésima de segundo más recomponiéndome de las ausencias. Nada va a cambiar. 

Pero, sin saber cómo, mientras el frio del invierno me congelaba el cuerpo, algo se quebró. Se me descompuso la entereza en cientos de miles de partículas y hoy, los restos del cataclismo buscan un equilibrio imposible, sabiendo que es una batalla perdida. 

Mañana tocará comenzar de nuevo. Buscar los motivos, las razones por las que un día decidí que allí, en aquella vereda, te quedabas y no cejar en el empeño de mantenerte en aquel lugar al que ni por un momento debí regresar. 

Sólo así seremos nosotros de nuevo.

viernes, 25 de noviembre de 2011

EFÍMERO



-Es lo efimero de la existencia, la inminencia de la perdida, lo que siempre me aturde-


Empiezo a tener demasiadas despedidas a mis espaldas. Algunas pérdidas pesan como losas. Cada vez que un ser humano desaparece el universo se transforma. Y el mundo, el mío, esta misma mañana ha cambiado para convertirse en un lugar un poco más triste, un poco más solitario, un poco más inhumano.
Sé que el tiempo adormecerá el dolor que en estos momentos siento pero sé, también, que nada volverá a ser como fue.
Las desapariciones fulminantes, casi inesperadas, arrastran un desconsuelo que quema, que devora el sentido. Pero estamos condenados a seguir de pie, a no ceder un milímetro a la desesperación. 
Quiero mantener la mirada fija en la línea del horizonte. Sé que es el mismo punto al que Fernando miraba cuando pensaba en el futuro. El suyo y el de su hijo.





El Aleph


"La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía que no se rebajó un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo, noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita. Cambiará el universo pero yo no, pensé con melancólica vanidad; alguna vez, lo sé, mi vana devoción la había exasperado; muerta yo podía consagrarme a su memoria, sin esperanza, pero también sin humillación".
Jorge Luís Borges

A Fernando Estruch Polo in memoriam

domingo, 18 de septiembre de 2011

MY UNDERWOOD 2.0


La última vez que hablamos, noté que su voz ya no era la misma. Andaba ensimismado. Me pidió que me acercara a su casa, sabiendo que lo haría.

No sé cómo me localizó. Había cambiado de apellido y vuelto a la ciudad después de años de ausencia. En los últimos meses había sentido la necesidad de  volver a mi sitio, a mis lugares, a los olores que me perseguían allá donde iba. Los sucedáneos me recordaban que algún día tendría que volver y así lo hice. 

Su llamada me sorprendió, aunque en el fondo siempre supe que algún día se produciría. Recordé los días en los que era capaz de dejarme con la boca abierta con sus trucos y mentiras. Un hombre enorme, sabio y rotundo perdido en una grandeza que resultó ser más pequeña que el tamaño de una nuez. 
Hacía más de veinte años que no pisaba aquella casa. 

En la pared colgaban unos cuadros recuerdo de los buenos tiempos. Sólo eran eso, un recuerdo que se había evaporado a la misma velocidad que una gota de rocío. Nadie se había ocupado de mejorar el abandono decadente del salón. Nadie se había ocupado de aquél que un día todo lo pudo, cuando dejó de poderlo todo. 
Me sorprendió el temblor de sus manos, el escaso pelo, el leve olor a rancio que lo impregnaba todo, y en el inmutable hoyo de su barbilla. 
Se sentó frente a mí,  apoyando los brazos en sus piernas. Me miraba con los ojos acuosos del que sólo ve hacia dentro y me dijo que se sentía sólo, que me echaba de menos. Di una vuelta por la habitación intentando encontrar las palabras adecuadas, esas que le dijeran la verdad sin provocar un dolor innecesario. Me costó. Se habían invertido los papeles y ahora era yo quien, pese a todo, debía dar consuelo al que tanto desconsuelo me dio. 

Me acerqué a su mesa. El silencio era tan espeso que podía arrastrase con una cuchara. 
Pensé en lo triste que son las conversaciones que no existen y en lo ruidosos que son nuestros pasos sobre las baldosas desnudas. 
Encima de la mesa, unas notas esparcidas al lado de la vieja Underwood. 
Se acercó por la espalda, arrastrando los pies,  y leyó en voz alta las líneas que yo misma acababa de leer. No sé si me gustó saber que durante años me tuvo presente y que cada mujer que pasó por sus manos no fue más que el relleno vulgar de una ausencia que nunca llegó a confesarme.  Ni cierto, ni invención, pura necesidad.
Perdimos el tiempo y con ello, casi todo. Me contó que había decidido explicarle al mundo la caída al vacío del mayor estúpido jamás conocido nunca, él mismo.
Recogí mi abrigo. No quise saber más. Se había hecho tarde, tarde para todo. Bajé por la escalera pensando en si, tal vez, debía haberle contado algunos de los secretos que me llevé conmigo el día que marché. Como siempre, me hizo tambalear pero recordé que él nunca quiso saberlo. Era demasiado tarde, al menos para mí. 
En la puerta me esperaba mi hijo. Le acaricié la cara y no pude evitar pasar la yema del dedo por la oquedad de su barbilla.

martes, 13 de septiembre de 2011

RAREZAS MIAS


Existen lugares donde se esconden tesoros increibles. En mi ciudad, escondido entre lóbregas callejas, existe uno que me niego a revelar salvo que se esté dispuesto a entregarme una plaza tan deliciosa, secreta y extravagante como la que yo entrego. 

Cambio por cambio. Secreto por secreto.

Lo que se generaliza, inevitablemente, se corrompe a los ojos del que consideraba ese espacio, ese objeto, esa música, a esa persona como algo especial. 

Me mimo, me escapo y busco. En ocasiones, me busco.
 
wim mertens - 10 Un respiro



Revolviendo, orientada por un Argonauta de lo excelso, descubro una joya: Pina Baush bajo el prisma de Wim Wenders.
El ballet, como tal, sólo me había interesado de refilón. Sin embargo, puede que, por capilaridad y con el tiempo, haya aprendido a contemplarlo sin parpadeos aunque, en ocasiones, no llegue a comprender, ni a ver más allá de lo que mi retina esculpe. 

Encontrar esta grabación, tan poco conocida de Wim Wenders sobre la bailarina Pina Baush, fue como una señal. 
Un Argonauta, "La suïte" customizada, "Citadelle" entre las manos.
Pagué los euros correspondientes, me llevé un DVD que provenía de Alemania, y que aún no tengo demasiado claro que fuera legal, marché a casa, bajé las persianas y, durante unas horas, perdí el mundo de vista. 
Poca cosa más se puede pedir.



PD: Comparto lo bello, pero no su procedencia. En cuanto a la fotografía de Pina Baush, debo decir que ha sido expresamente escogida. La madurez, la suya, al igual que la nuestra, es bella, extraordinariamente bella.

martes, 28 de septiembre de 2010

EL ALEPH (Fragmento) -Jorge Luís Borges-


"En la parte inferior del escalón, hacia la derecha, vi una pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor. Al principio la creí giratoria; luego comprendí que ese movimiento era una ilusión producida por los vertiginosos espectáculos que encerraba. El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño. Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas, porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo. Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de América, vi una plateada telaraña en el centro de una negra pirámide, vi un laberinto roto (era Londres), vi interminables ojos inmediatos escrutándose en mí como en un espejo, vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó, vi en un traspatio de la calle Soler las mismas baldosas que hace treinta años vi en el zaguán de una casa en Frey Bentos, vi racimos, nieve, tabaco, vetas de metal, vapor de agua, vi convexos desiertos ecuatoriales y cada uno de sus granos de arena, vi en Inverness a una mujer que no olvidaré, vi la violenta cabellera, el altivo cuerpo, vi un cáncer de pecho, vi un círculo de tierra seca en una vereda, donde antes hubo un árbol, vi una quinta de Adrogué, un ejemplar de la primera versión inglesa de Plinio, la de Philemont Holland, vi a un tiempo cada letra de cada página (de chico yo solía maravillarme de que las letras de un volumen cerrado no se mezclaran y perdieran en el decurso de la noche), vi la noche y el día contemporáneo, vi un poniente en Querétaro que parecía reflejar el color de una rosa en Bengala, vi mi dormitorio sin nadie, vi en un gabinete de Alkmaar un globo terráqueo entre dos espejos que lo multiplicaban sin fin, vi caballos de crin arremolinada, en una playa del Mar Caspio en el alba, vi la delicada osadura de una mano, vi a los sobrevivientes de una batalla, enviando tarjetas postales, vi en un escaparate de Mirzapur una baraja española, vi las sombras oblicuas de unos helechos en el suelo de un invernáculo, vi tigres, émbolos, bisontes, marejadas y ejércitos, vi todas las hormigas que hay en la tierra, vi un astrolabio persa, vi en un cajón del escritorio (y la letra me hizo temblar) cartas obscenas, increíbles, precisas, que Beatriz había dirigido a Carlos Argentino, vi un adorado monumento en la Chacarita, vi la reliquia atroz de lo que deliciosamente había sido Beatriz Viterbo, vi la circulación de mi propia sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo. "

viernes, 16 de julio de 2010

INTUICIÓN


Me llamo…No importa como me llamo. Llegué a este lugar hace un año. No conocía a nadie, ni  tampoco tenía ningún interés en hacerlo a partir de entonces. Acababa de dejar atrás algunas cosas que me pesaban. Sólo necesitaba reordenar mi vida. Caminaba ligero.
Tropecé con ella, sin quererlo, sin buscarlo, sin esperarlo.
Durante un año estuvimos meciéndonos en las andanadas del querer. Pensé que ahí quería quedarme. Sólo era eso, un pensamiento.
Vuelvo a casa. 

sábado, 9 de enero de 2010

OCÉANO MAR (fragmento) -Alesandro Baricco-


"De noche. Posada Alamyer. Habitación del primer piso, al fondo del pasillo. Escritorio, lámpara de petróleo, silencio. Una bata gris con Bartleboom dentro. Dos zapatillas grises con sus pies dentro. Hoja blanca sobre el escritorio, pluma y tintero. Bartleboom escribe. Escribe.

Mi adorada:

Ya he llegado al mar. Os ahorro las fatigas y miserias del viaje:lo que cuenta es que ahora estoy aquí. La posada es acogedora: sencilla pero acogedora. Está en la cima de una pequeña colina, justo delante de la playa. Por la noche se levanta la marea y el agua llega casi hasta debajo de mi ventana. Es como estar en un barco. Os gustaría.

Yo jamás he estado en un barco.

Mañana empezaré mis estudios. El sitio me parece ideal. No se me oculta la dificultad de la empresa, pero vos sabéis -vos únicamente en el mundo- lo decidido que estoy a llevar a cabo la obra que tuve la ambición de concebir y emprender en un feliz día de hace doce años. Me serviría de consuelo imaginaros con salud y con alegría de espíritu.

En efecto, nunca lo había pensado antes, pero la verdad es que jamás he estado en un barco.

En la soledad de este lugar apartado del mundo, me acompaña la certeza de que no queréis, en la lejanía, abandonar el recuerdo de quien os ama y siempre será vuestro.

Ismael A. Ismael Bartleboom.

Deja la pluma, dobla la hoja, la mete en un sobre. Se levanta, coge de su baúl una caja de caoba, levanta la tapa, deja caer la carta en su interior, abierta y sin señas. En la caja hay centenares de sobres iguales. Abiertos y sin señas.

Bartleboom tiene treinta y ocho años. Él cree que en alguna parte, por el mundo, encontrará algún día a una mujer que, desde siempre, es su mujer. De vez en cuando lamenta que el destino se obstine en hacerle esperar con obstinación tan descortés, pero con el tiempo ha aprendido a pensar en el asunto con gran serenidad. Casi cada día, desde hace ya años, toma la pluma y le escribe. No tiene nombre y no tiene señas para poner en los sobres, pero tiene una vida que contar. Y ¿a quién sino a ella? Él cree que cuando se encuentren será hermoso depositar en su regazo una caja de caoba repleta de cartas y decirle

- Te esperaba.
Ella abrirá la caja lentamente, cuando quiera, leerá las cartas una a una y retrocediendo por un kilómetro hilo de tinta azul recobrará los años -los días, los instantes- que ese hombre, incluso antes de conocerla, ya le había regalado. O tal vez, más sencillamente, volcará la caja y, atónita ante aquella divertida nevada de cartas, sonreirá diciéndole a ese hombre -Tú estás loco. Y lo amará para siempre."



viernes, 7 de agosto de 2009

PROFUNDA SIMA ABISAL


Apenas quedan unas horas para que se abra, entre ellos, una profunda sima abisal. Allí caerán, los dos, sin remedio. Y perdidos en la oscuridad de sus frias aguas, empezarán a nadaran, a bracear y respirar acompasadamente para, si la vida lo quiere, permitirles ser razonablemente felices en sus respectivos mundos subacuaticos. Y así, nadando sin parar, recorreran la sima sin tropezar, en ningún momento, con la piedra refugio que uno ha sido para el otro en su vida cómoda, tranquila y sin chispa alguna.
Prueba de fuego, prueba de agua. Que empiece la fiesta.