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martes, 17 de abril de 2018

ASOMARSE A UNA VENTANA CUALQUIERA



Tantas veces le había oído decir estas cosas, que no tenían ninguna novedad para él. Emma se parecía a las amantes; y el encanto de la novedad, cayendo poco a poco como un vestido, dejaba al desnudo la eterna monotonía de la pasión que tiene siempre las mismas formas y el mismo lenguaje.

Madame Bovary -Gustave Flaubert-






Hace un par de semanas al abrir la ventana del dormitorio escuché los gorgoritos de unos pájaros. Pensé que por fin estaba llegando la primavera. Y mientras me entretenía, no sin cierta sorpresa, con algo tan sencillo como el canto de unos pájaros, vino a mi cabeza el libro de Rachel Carson “El sentido del asombro”.
Con los años vamos perdiendo cosas por el camino y una de ellas es, precisamente, la capacidad de asombrarnos y, de rebote y sin darnos cuenta, la de encantarnos con las cosas sencillas. Dice Carson que para mantener vivo en un niño su innato sentido del asombro, se necesita la compañía de un adulto con quien poder compartirlo. Con toda seguridad eso sea así. Pero el asombro es como la luz de una candela que se va consumiendo a medida que pasa el tiempo y vamos dejando por el camino algo más que restos de piel y sentido. Perdemos, sin apenas darnos cuenta, la capacidad de ensimismarnos y entretenernos en lo menudo y encontrar, a partir de ello, algún sentido a lo que nos rodea. Me pregunto si para recuperar esa capacidad  quizá no debiéramos actuar de modo inverso al que dice Carson, y que nosotros, como adultos un tanto desengañados y perplejos, hacernos acompañar de unos cuantos críos que, con su asombro y desparpajo, nos contagien la vitalidad y la expectación que les genera la existencia del mundo que existe ahí afuera y que a nosotros se nos estrechó por las costuras, casi sin darnos cuenta. Pero esta teoría, que carece de todo fundamento, no es más que la consecuencia de asomarse a la ventana un día cualquiera.





miércoles, 20 de agosto de 2014

TALUD


Cuando todo parezca estar en tu contra, recuerda que
los aviones despegan con el aire en contra, no a favor.


Empezamos a correr demasiado. Nada nos esperaba. Solo tú, solo yo, y tu mirada ausente, perezosa, insinuación de lo finito. Sobre la arena, dos lagartijas buscan la sombra de tus piernas. Los músculos aprietan y te sabes vivo. Creo en ti, sin fisuras. Sé quién eres, sólo, inmutable. Y al final, un poco tú y un poco yo, dos sombras que apenas se cruzan. Nada más.


viernes, 17 de febrero de 2012

HAZ Y ENVÉS

 

Alguien me comentó que era un tipo extraño. A mí me daba igual. Necesitaba encontrar una habitación para estar un par de meses, tres a lo sumo. Estaba de paso y no tenía intención de quedarme en la ciudad.

Un piso en el centro, por ese precio, era una ganga. Entré en el portal, era amplio, luminoso. Decidí subir a pié y comprobar si aquello era simple apariencia que se desmoronaría en el primer piso. A medida que fui subiendo, las paredes empezaron a amarillear y una ligera pátina de polvo cubrió el pasamano. Me limpié  la mano frotándola contra la pernera de mi pantalón  y descubrí que  esa dejadez, un tanto decadente, que se asomaba por los desconchones de la pintura, era lo que en ese momento quería.
Cuando alcancé el rellano, me faltaba el aliento. Con todo, me sentí bien. Respiré hondo y le vi esperándome apoyado en el marco de la puerta. Un tipo de mediana edad, pelo desordenado y un jersey roído, manchado de pintura. Me estrechó la mano con fuerza. El contraste entre la energía de la encajada y la suavidad casi femenina de la piel, me resultó familiar.

Me cedió el paso y entré. Un aire cálido, casi pegajoso, me rodeó mientras avanzaba por un pasillo tan estrecho que apenas me permitían abrir los brazos en cruz. Era extraño pero reconfortante. Había encontrado mi sitio, aunque fuera por un mes, por un día, por unos segundos. Entre esas cuatro paredes me anclaría, de nuevo, al mundo. Llevaba demasiado tiempo en una zozobra personal que me hacía extrañar continuamente sitios en los que no  había estado nunca, echar de menos a los que no tenía, a los que ni tan sólo conocía. Empezaba a desterrar la desconcertante sensación de no estar, de no ser.
Al final, una habitación perfectamente distribuida.  A un lado, frente al ventanal, un caballete tapado con una lona. Sentí curiosidad, no podía apartar la vista de lo que imagine sólo podía ser un retrato. Un retrato de mujer. Pero no pregunté,ni hice el menor gesto por acercarme.
No había dejado de observarme desde que aparecí por la escalera y aún así, no me molestó.
Me acompañó hasta la que iba a ser mi habitación. Por un momento pensé en la curiosa distribución de la casa. Un angosto pasillo que daba una habitación rodeada de puertas como si fuera un acertijo. Una de ellas era la mía,
Tras la puerta, un cuarto espacioso, un ventana, una cama y poco más. Demasiado, incluso, para quien no tiene nada. No necesitaba más.
Me dejó en mi nuevo espacio y cerró la puerta. Oí la puerta de la calle y unos pasos que se alejaban. Me senté en la esquina de la cama, miré por la ventana y vi mi reflejo doblado en el cristal. 
Me giré hacia la pared que tenía a mi espalda y allí, colgado, mi propio retrato. Una acuarela envejecida por el paso del tiempo en la que sin duda me reconocí. Yo, en un tiempo que no existí, o tal vez sí.
No me extrañó, aún no sé por qué. Esa pintura podía tener mis mismos años. Había llegado con el alma descascarillada y allí, en un lugar en el que no había estado jamás, sentí que empezaba a recomponerme por dentro.
Salí de la habitación y me acerqué hasta el caballete. Levanté la lona y me vi, sentada en la esquina de la cama, mirando por la ventana.
Intenté no preguntarme nada, sólo me senté y fumé.

Concha Buika - No Habra Nadie En El Mundo


 

jueves, 15 de septiembre de 2011

FUERON 24 HORAS. NADA MÁS


Me dormí mientras leía a Constance De Salm. Me desperté sobresaltada, y no recordaba si lo había soñado, lo había leído, o simplemente era un pensamiento enquistado. Quizá ha llegado la hora de olvidar nuestros sueños y seguir caminando. Lo empuje con un vaso de agua y se clavó a medio camino del esternón.

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“Al verme de nuevo en casa, no puedo decir qué fue lo que sentí. Estaba ajena a todo lo que me rodeaba. El viejo Charles. Mi digno seguidor, en cuya presencia logré al menos pronunciar tu nombre, estaba aterrado ante el desconcierto de mi mente. Me puse a hacer miles de proyectos: creía que seguía oyéndote. Cuando me acosté, tras haber perdido toda esperanza, los pensamientos se me volvieron confusos; y esa larga noche que todavía nos separaba era para mí una eternidad de dolores. Los primeros rayos del día me devolvieron, empero un poco de calma: me parecía también que esclarecían mi alma”*.

*"Veinticuatro horas en la vida de una mujer sensible" de Constance de Salm, es una novela epistolar que gira en torno a las emociones provocadas por lo imaginado. Se publicó en 1824, que inspiró la novela de Stefan Zweig "Veinticuatro horas en la vida de una mujer".

viernes, 15 de octubre de 2010

CONSEJOS DE UNA TAITANTA-TARADA PARA NO MARCHITARSE



Hace días que mi amiga Berta dice haber llegado a la aplastante conclusión que los seres humanos, en especial, las féminas llegadas a los “taintatos”, cuando estamos de buen ver y mejor palpar (es de agradecer la generosidad de Berta cuando no está mosca), necesitamos de sal y pimienta en la vida. Mi cara de asombro no tiene límite y los píxiles de la videoconferencia confunden mi incrédulo levantamiento de ceja con un “adelante bonita, sigue”. Así que, como mi amiga Berta, es mucha Berta, me relata con todo lujo de pormenores cuales son los incentivos que una mujer situada en los “taitantos” debe proporcionarse para no marchitarse o morir de asco. Voy a relatar la lista tal cual y luego que cada uno opine lo que quiera:
- Dejarse crecer el pelo como si una tuviera 20 años y olvidarse de los cortes “carrinclones” que usaban nuestras madres.
- Olvidarse de los fondos de pensiones e invertir en   bonos-botox, son una inversión a largo plazo.
- Adoptar la costumbre del personal doméstico (ella es de origen pudiente). Librar una vez a la semana y dejar la paz del hogar. Olvidarse de las obligaciones familiares y salir al mundo aunque haya que volver como la Cenicienta antes que den las 0:00 h. (la hora la ha fijado, creo yo, porqué es la hora de la toma de su hijo y su compañero que yo sepa carece de capacidad mamaria)
- Realizarse auto regalos de cumpleaños que cuesten un riñón y medio y vanagloriarse de que tienes el mejor gusto del mundo aunque el producto adquirido sea una castaña y te arrepientas a los diez minutos de su compra.
- No bajarse de los 8 centímetros de tacón ni para ir al supermercado.
- Seguir  pestañeando, pese a la miopía, hasta generar tsumamis tormentosos en tu interolocutor (masculino o femenino según el caso).

Como mi cara de sorpresa no tiene límites, pues ella sabe del estado de mi cutis, del dolor de pies que tengo, de lo apretado de mi agenda, de lo rojos que tengo mis números bancarios, me propone una solución alternativa:

 - Buscarse un amante con pasta y que te romancee los jueves de 20:00 a 0:00. Según refiere, los efectos son los mismos.

Acabo de colgar a Berta, su hijo berrea como si no hubiera comido en la vida. Algo me dice que la prolactina la tiene afectada y que ha perdido la cabeza. Sin embargo…......

miércoles, 28 de julio de 2010

SALITRE


Cuando me contó que sufría, decidí dejar de verle. Nunca he sido valiente. Intenté evitar que me contara los motivos pero no estuve a tiempo. Buscaba un pretexto para seguir ignorando, conocer podía ser fatal, al menos para mí. Sin embargo, cuando aún pensaba en una excusa que me evitara tener que enfrentarme con lo que desde hacía meses esquivaba, me arrojó a la cara sentimientos que yo no quería conocer. Tuve miedo. Sentí que la cabeza empezaba a darme vueltas y que mis oídos se convertían en cajas de resonancia que deformaban todo lo que a ellos llegaba. Cada palabra que pronunciaba rebotaba dentro de mí y salía despedida hacía algún lugar al que no debía ir a parar. A ratos, se le humedecían los ojos pero yo procuraba seguir impasible. Intentaba alejarme de esa intimidad que se estaba generando y en la que yo no podía, no debía entrar. Estuvo así durante más de una hora. Cuando oí una especie de suspiro entrecortado, supe que había terminado. Seguimos en silencio durante varios minutos más. Apagó el cigarrillo y se levantó. Lo siguiente que oí fue el tintineo de unas caracolas que chocaban entre sí y sentí un golpe de Levante que se coló, alborotando las hojas del periódico que había sobre la mesa. Sólo entonces fui capaz de reconocer que sentía lo mismo y que jamás se lo diría. Desde entonces el fracaso tiene olor a salitre.

domingo, 18 de julio de 2010

PROMESAS


Si sobrevivo a este domingo, PROMETO: no volver a tomar ibuprofenos en ayunas, no despertar a mis vecinos a ritmo de boleros, no pintarme las uñas de los pies encima de la cama, limpiar el frigorífico cada vez que derrame el zumo dentro, no tirar por el desagüe de la cocina el aceite de las patatas fritas, tomar menos chocolate y más manzanas, no dilapidar mis ahorros en objetos absurdos que acumulo en el armario de la entrada de casa, llamar a mi madre todas las semanas, no poner fairy en el cajón del detergente de la lavadora, contestar los correos electrónicos que recibo, ser más tolerante con aquellos a los que no soporto, incluso poner mayor distancia con los que adoro. Pero todo eso sólo lo prometo si este tedioso y asfixiante domingo termina, permitiéndome sobrevivir, en cuanto chasque los dedos.

martes, 13 de julio de 2010

PECES OKI ON MY MIND (II)


“Joè que rabia”. Empezar escribiendo algo como: “joé que rabia” no parece la mejor manera de comenzar nada. Pero no me viene otra cosa a la cabeza. Se ha desencadenado el jodido pensamiento por un exceso de clarividencia. Dejo de hacer lo que tenía entre manos y empiezo a pensar en mandarle a la mierda. No es realista pero, joé que rabia que da. ¡Otra vez! Se me ha descontrolado la válvula. Como va a ser inevitable y yo no controlo nada, voy se seguir pensando en cómo mandarle a la mierda y en repetir, hasta que me canse, aquello de “joé que rabia”. Un texto feo ¿verdad? Yo también lo creo, pero como este espacio es mío, cuelgo lo que me da la gana y como me da mucha rabia, pués seguiré repitiéndolo hasta que se me pase el mosqueo. "Joé que rabia".
¡Ah! y un: “a la mierda”, si me apuran un poco.