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lunes, 9 de marzo de 2020

NI VÍCTIMAS, NI SUMISAS




"Yo quiero librar el feminismo de las propias feministas. Con lo que me identifico es con el feminismo de antes de la guerra, el de Amelia Earhart, el de Katharine Hepburn, que me produjo un impacto tremendo”, escribió en Feminismo pasado y presente (Turner Minor). “En esos tiempos había mujeres que tenían independencia, que tenían confianza en sí mismas y que eran responsables de sus actos, sin culpar a los demás de sus problemas”.

Camille Paglia





Que el populismo ya está aquí  para envenenarlo todo, es una realidad que ya no escapa a nadie salvo, tal vez, a los que viven dentro de él, para y por él, y quieren hacernos creer que su ideología es la que nos conviene. No comulgar con esta nueva religión, que ha aparecido para protegernos a todos, te convierte en un apestado social. En nombre de este mal entendido movimiento la sociedad se tambalea hacía extremos que nos hace mucho más vulnerables. Todo se retuerce, todo se infantiliza y todo se descalifica para, desde el desconocimiento y la barbaridad,  invadir cualquier esfera pública o privada con  falta de rigor y de responsabilidad.
Estamos viviendo tiempos de lenguaje perverso, de posturas llamativas que  van calando poco a poco en parte de la sociedad. Ayer vimos, por segunda vez, la bochornosa expulsión de la manifestación del 8M, de las mujeres que forman parte del único partido político de España que va a tener, en breve, a la única Presidenta de su organización. Ayer, las que se dicen oprimidas y víctimas ninguneadas por la sociedad machista, actuaron del modo  que ellas misma rechazan. En el feminismo, para algunas, no cabe la diversidad y se convierten en ideólogas de la infinitésima ola.  Ayer mismo lo pudimos ver, mujeres excluyendo a mujeres, que reclaman igualdad y justicia, pero desde las antípodas políticas.
Se vende humo, eslóganes vacíos como la cuenca de un ciego, que van calando en los colectivos y les borran la capacidad de análisis y pensamiento. En la aplicación e interpretación del Derecho ocurre exactamente lo mismo. Gran parte de la ciudadanía olvida que el 15 de junio de 1977 se celebraron elecciones generales a partir de las cuales, el pasado quedaba atrás, y la vida democrática de este país volvía a caminar. Y olvida, también, que la Constitución Española es el pilar de nuestra libertad y seguridad.  Los principios de seguridad jurídica y tutela judicial efectiva; el derecho a la vida, a la integridad física y mora, a la libertad de expresión se sustentan sobre la decisión de los ciudadanos que un día creyeron en este país, en su recuperación y en la voluntad de ser iguales.
Pero estamos dando palos de ciego. Olvidando que tenemos la gran suerte de vivir en uno de los países más seguros del mundo, en que los derechos y libertades se respetan y que pueden ser invocados ante los Tribunales en caso de ser conculcados. Pero todo eso no vende, queremos pintar de desgracia y de fascismo el panorama que nos rodea. Por eso es completamente inaceptable el comportamiento de los políticos que una vez tras otra se empeñan en envilecer, retorcer y mentir sobre lo que pasa en este país. La desconexión social empieza a ser una enfermedad de difícil cura. Se actúa de una manera disfuncional y temeraria, fomentándose el enfrentamiento para en realidad terminar imponiendo el pensamiento único a fuerza de capones. Pero, pese a toda esta distopía en la que nos ha tocado vivir, tenemos la suerte de que aun hoy podemos defender la dignidad de la persona, los derechos que nos son inherentes. Con la pérdida del respeto a los derechos de los demás y a la Ley entramos en un bucle del que va a ser difícil de salir.  La paz social requiere de ser cautelosos y vigilantes de los que, en nombre de la democracia ya la libertad, pretenden coartárnosla quebrantando  el derecho a la libertad de expresión (salvo si es la suya) y el derecho a defender posiciones distintas. Si no conseguimos reconducir la locura simplista en la que estamos cayendo estamos abocados a fracasar socialmente.  Ayer, lamentablemente, unas cuantas mujeres excluyeron a muchas otras por no pensar como ellas en un gesto obsceno de perversa invocación de la igualdad y la libertad.
El juego sucio del populismo va avanzando y nosotros, poco a poco, vamos retrocediendo, escuchando consignas que se disfrazan de progresismo y para convertirnos en mujeres mansas y sumisas a una ideología que nos considera víctimas y discapacitadas para decidir por nosotras mismas.
Pero por suerte somos muchas que creemos que las cosas no se hacen así y no funcionan así. La igualdad real es un derecho y una necesidad, y es por ella por la que debemos trabajar, sin necesidad de criminalizar a nadie que no sea un delincuente que infringe lo dispuesto en el código penal, sin discriminar a quien no piensa igual, sin pancartas ni gritos de macho violador y sin victimismos de salón. El humo solo es humo por mucho bombo que se le dé. Por eso no podemos consentir que en nombre de un populismo ignorante y deslegitimado, se nos considere lo que no somos. Entretanto, seguiremos al pie del cañón, trabajando mano a mano defendiendo el derecho a la libertad y la igualdad, mientras otros se empeñan en doblegarnos a sus oscuros intereses.





jueves, 28 de julio de 2011

EL ÚLTIMO QUE CIERRE LA PUERTA.

He decidido no dedicarle más de cuarenta minutos a colgar el cartel de cerrado. Tengo el tiempo milimetrado, tan justo que sólo así puedo dejarlo todo como debe estar. Mañana a estas horas estaré volando. Esta vez el equipaje personal es pequeño, lo necesario para sobrevivir y nada más. 
 Me llevo muy pocas cosas, sólo lo imprescindible. Entre ellas un par de libros, un bloc de notas y mi cámara. Así que he cerrado la maleta, guardado la documentación y he respirado profundamente. Ya están contados y empaquetados los cuadernos, lapiceros, sacapuntas, plastilinas, pelotas de goma, muñecotes de trapo, tizas y borradores que van a cruzar el mundo. Todo está dentro de un contenedor que excede de peso y por el que pagaré unas tasas descomunales. Todo está preparado, todo incluso yo.
He terminado de hacer las llamadas de rigor a la familia y amigos. Buena gente que se queda más preocupada que de costumbre. Entre ellos se rumorea que “mis cosas” empiezan a rozar la locura. No terminan de encajar que la falta de noticias será una buena noticia, pero así va a ser.
Llega la hora de los “hasta pronto” que cada vez pronuncio con la voz más baja. Y es que cuando uno cree que está de vuelta de algunas cosas, le entran algunas manías, algunas rareza, y a mi me ocurre una como esta, mis "hasta pronto", "hasta luego" son cada vez  menos rotundos, menos sonoros.
Sin embargo, pese a eso, no puedo evitar que me ocurra como al jefe de los piratas del cuento de Peter Pan. Temo que el "hasta pronto" sea demasiado optimista y en realidad se convierta en un "adiós". Ya se sabe que un cambio inesperado puede dejar en el limbo de la nada muchas cosas, entre ellas las que uno quiere que los demás sepan o no olviden. Por eso, antes de estos cuarenta minutos finales, he estado escribiendo notas y correos electrónicos que quedarán en la bandeja de salida de mi cuenta de correo electrónico programados por si el destino decide torcerse, nunca se sabe.
Dicho lo anterior, poco más puedo decir, sólo que espero que tengan un buen verano, que lo disfruten y que sean felices.
Cuídense.
“Corteza, agua y piedra.
En las mejillas ligeros surcos
¡qué simple belleza!
No tardarán en caer y desvanecerse
Con esa leve y fugaz fuerza
Arañamos apenas la tierra”.
-Árbol thanaka-

The Communards - Never Can Say Goodbye


martes, 21 de diciembre de 2010

AQUI HUELE A MUERTO...

 
Todos tenemos un muerto en el armario. Un muerto que no siempre está calladito y oculto a los ojos de los demás. Un muerto que de vez en cuando nos recuerda que lo colocamos allí, entre abrigos viejos y que no piensa desaparecer. Los muertos, estos muertos, por muy muertecitos que parezcan estar, tarde o temprano vuelven levantando su mano muerta, nos la pasan por la cara y nos dan unos golpecitos recordándonos, malintencionadamente, que ahí están.
Hace unos días, encontré el muerto de otro. Un muerto que no me toca. Un muerto que debo devolver porque cada uno debemos cargar con los nuestros. Cuando parimos un muertecito, sea por un amor desmedido, por un odio desbordado o, por cualquiera de los siete pecados capitales que nos acompañan, el tufo se nos queda pegado al cuerpo aunque intentemos disfrazarlo perfumándonos de arrepentimiento, cordura, soberbia, decencia y todas esas cosas con las que queremos ocultar, a los demás y a nosotros mismos, que tenemos en nuestro haber un muerto dentro del armario. 
Debo reconocer que su muerto, ese que arrastrará el resto de sus días, que condicionará su futuro, el que le retrata tal cual es, a mi me ha producido cierto alivio y comprender algunas cosas que se me escapaban. Pero sus muertos son suyos, los míos ya los tengo yo y de vez en cuando salen a pasear ellos solitos para recordarme que no debo ningunearlos.
Así que creo que tengo que darme un viaje hasta correos, meterle el muerto en una caja (de cartón) y devolvérselo con una nota que diga que lo ate corto, que se le ha desmandado y los muertos, cuando se rebotan, acostumbran a dejarnos las vergüenzas al aire.

The Communards - Never Can Say Goodbye