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domingo, 14 de julio de 2019

COMPARTIENDO COLCHÓN


"Has vencido y me entrego. Pero a partir de ahora tú también estás muerto...muerto para el mundo, para el cielo y para la esperanza".

Edgar Allan Poe. William Wilson





Al despertar, me costó reaccionar, era como si, aunque mi cuerpo hubiera regresado a la habitación, a mi cama pero que parte de mí se hubiera quedado al otro lado y que, desde ahí, me estuviera haciendo señales llamándome para que volviera, diera unos cuantos pasos hacia no sé dónde y regresara a aquel otro mundo en el que me había quedado medio colgada. Me senté, sin saber bien si quien lo hacía era yo misma o la parte que, por algún motivo, se había desprendido y se había quedado en aquel otro sitio en el que creía querer estar sin saber si allí, como aquí, me sentiría fuera de sitio. Al poco, todo desapareció, era yo, con mis años, mi exceso de peso y el aliento turbio del que recién se levanta con el estómago un tanto revuelto. Aquello me pareció raro, no podía recordar nada de lo que había soñado, de lo que me había tenido atrapada en mitad del aquí y el ahora, y un hacia atrás inventado un recuerdo medianamente difuso, por las hormonas y las horas de sueño. Intenté quitarle hierro a la confusión y me encaminé a la ducha, con el pie dolorido y una cojera un tanto patética que el día antes, al acostarme, no tenía. Pensé que tenía que escribir sobre los viajes nocturnos que ahora, más que nunca, volvían a sucederse sin que hubiera motivo para ello. Tendría que espiarme y dejar de embrollarme por la vida que se me desdobla a ratos sí y a ratos también. Como entonces, como ahora mismo.



sábado, 29 de junio de 2019

VERGÜENZA AJENA



“El mal no es nunca `radical´, sólo es extremo, y carece de toda profundidad y de cualquier dimensión demoníaca. Puede crecer desmesuradamente y reducir todo el mundo a escombros precisamente porque se extiende como un hongo por la superficie. Es un `desafío al pensamiento´, como dije, porque el pensamiento trata de alcanzar una cierta profundidad, ir a las raíces y, en el momento mismo en que se ocupa del mal, se siente decepcionado porque no encuentra nada. Eso es la `banalidad´. Sólo el bien tiene profundidad y puede ser radical". 

La banalidad del mal. Hanna Ardent





Por lo general el embarazo es un estado en el que la mujer está especialmente sensible, las hormonas van por donde quieren y a veces, sin saber el motivo, todo parece flotar en una ingravidez plácida en la que se quiere permanecer. En otras, el miedo acompañado de la angustia y de la sensación de vulnerabilidad se apodera de una y todo parece un elemento hostil. Sin embargo, conozco muy pocos casos en los que una mujer embarazada no sienta una especial empatía, ni una muy particularidad necesidad de protección de lo que lleva en el vientre, incluso de otros niños a los que ni tan siquiera conoce. 
Por eso, quizá precisamente por todo eso, la imagen que esta semana hemos visto de Irene Montero (Unidas Podemos), sujetándose el vientre mientras en el Congreso se homenajeaba a las víctimas del terrorismo, y ella y los miembros de su propio partido y los de los afines (ERC, Bildu y PNV), permanecían sentados, sin mostrar un mínimo de sentir con lo que, en aquellos momentos, ocurría en el hemiciclo, no ha podido pasar desapercibida. 
Ni un gesto, salvo una expresión de enorme hastío, tras el discurso de la hermana de Miguel Ángel Blanco, asesinado de un tiro tras un secuestro angustioso que despertó en España el ya olvidado “Espíritu de Ermua”. En aquel entonces, año 1997, Irene Montero contaba con nueve años de edad, una niña, como las que años antes habían muerto a manos de los socios de aquellos a los que ahora se arrima.  
Sé que no es la única que está en la operación "blaqueemos y reescribamos la historia", para olvidar que unos mataban porque otros no pensaban como ellos. No todos fueron víctimas, como se pretende vender por el entorno de Arnaldo Otegui y de aquellos que le acompañan en su particular viaje. 
Víctimas fueron los que murieron a manos de unos asesinos nacionalistas sin otro motivo que el pensar diferente. Sé que Montero no es la única que, de esos políticos que permanecían hieráticos, tiene hijos. Pero su imagen, la suya precisamente, la de una madre que sujeta en un gesto protector el vientre que porta su hija en las circunstancias en las que se da la imagen, es difícil de olvidar.
En este país se ha perdido el norte en muchas cosas, pero es verdaderamente vergonzoso el espectáculo que algunos políticos están dando. Hace demasiado tiempo que no cabe la equidistancia y que todo el mundo debe asumir la responsabilidad del lugar en el que se coloca, de ahí que haya que poner en evidencia lo bochornoso de algunas actitudes que pretenden hacer olvidar a la sociedad que, durante cuarenta años, una banda terrorista asesinaba y causaba un dolor innecesario por el que nadie ha pedido perdón, ni se ha arrepentido, sino todo lo contrario. El tiempo puede convertirse en un arma de destrucción de la memoria y de la consciencia, y no nos lo podemos permitir. Desde el año 1978 España tiene una democracia sólida, es un Estado Democrático y de Derecho que permite que gente como Montero, en el ejercicio de sus libertades, nos muestren la cara más falsaria de una política de bolillos que intenta cambiar el relato en su propio beneficio. Solo espero que la Sra. Montero, y cualquier otro, no tenga que enfrentarse con la muerte de un hijo en unas circunstancias tan terribles como es un asesinato terrorista. Solo le deseo una feliz maternidad y que la misma, si es posible, le devuelva la cordura y el sentido común, por su bien y por el de los ciudadanos que tenemos que tolerarla.




domingo, 2 de junio de 2019

VITRUVIO





Más allá de donde
aún se esconde la vida, queda
un reino, queda cultivar
como un rey su agonía,
hacer florecer como un reino
la sucia flor de la agonía...

Leopoldo María Panero




Voy caminando y espero no encontrarme con nadie conocido. Vengo de recoger los resultados y aunque sé que no es una cuestión de vida o muerte, es una cuestión de mi vida, de la que quería que fuera y que, en un segundo, con una mirada casi de soslayo, se transforma en una muerte anticipada. La muerte del futuro, de mi futuro. Cargo el chelo y se me pasa por la cabeza dejarlo apoyado en la esquina de General Payet, abandonarlo en mitad del naufragio. Puede que un perro se mee y el circulo del destino quede cerrado y sellado sin más. Pero sigo cargándolo como una condena, caminando hacia Piaget. En el intercambiador, un tipo con un disfraz de Bob Esponja me aborda con mil monerías, mientras noto su mano en el interior de mi bolsa. Le dejo hacer porque ahí dentro ya no hay nada, una cartera que guarda una tarjeta caducada y el documento nacional de identidad que me toca renovar en un par de meses. Que se lleve lo que quiera. Seis euros en monedas rondan por mi bolsillo y los oigo tintinear como una provocación para un ladrón tan torpe como desafortunado. El tiempo se para y, aunque no quiero hacerlo, miro los dos círculos de fieltro roto que muestran unos ojos bañado de venas estrechadas por la heroína. 
Da un salto y desaparece buscando la atención de los que cruzan, despistados, la plaza más concurrida de todo Palet. Guardo entre mis venas el temor del veneno y la imagen de aquel tipo enloquecido, que una vez quiso emular al hombre de Vitruvio en la azotea de mi casa, que se convirtió en una caricatura ridícula de venas estrechas, y que me mandó al infierno por primera vez.




martes, 20 de agosto de 2013

MI HERMANO ESTÁ LOCO, SE CREE QUE ES UNA GALLINA



Hay una canción de Sabina en la que su protagonista, envuelto por el humo de miles de cigarrillos y el vaho confuso de otros tantos tragos largos (así lo imagino yo), se consume ante la ausencia de la persona querida. Un vacío similar a la que puede sentir una isla sin Robinsón.

Sin necesidad de quemarme los pulmones, ni de moverme de la silla que hoy me esclaviza, sé de vacíos febriles, incongruentes, imposibles, necesarios, casi incomprensibles. Vacíos que apenas tienen nada que ver con el amor, y mucho con el querer, con la pérdida del roce de lo invisible que tienen los momentos de intimidad en la que no cabe la piel. 

Y es que no todo es el amor, o sí.




viernes, 21 de enero de 2011

BUSCANDO ITACA

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La cancion más hermosa del mundo - Joaquin Sabina

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miércoles, 25 de noviembre de 2009

FUNDIDO EN NEGRO

Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro-Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro-Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro- Fundido en negro.

Joaqu�n Sabina - No puedo enamorarme de ti