martes, 28 de noviembre de 2017

JULIA


Cuando la vida la emprende a golpes contigo, 
te dices que es así la vida.
Susan Sontag




A veces algo te sobresalta pero no sabes qué es. No es un ruido, ni una imagen que parece diluirse por las paredes mientras buscas entre la penumbra del pasillo vacío. Es solo el silencio. Fijas toda la atención y esperas que cualquier cosa, el ruido del frigorífico mismo, te saque de la inquietud, del miedo en el que ha caído sin que nada, absolutamente nada, haya pasado. Y pasan los minutos hasta que consigues que el corazón vuelva a latir con normalidad y te acuerdas de la tía Julia, de cuando llegaba a casa después de trabajar todo el día, muerta de estar tanta horas de pie, y se sentaba en la silla mientras con la vista buscaba una presencia silenciosa que los demás no vimos nunca.

Ayer, de madrugada, me encontré pensando en aquellos silencios extraños, en la presencia que nunca vi pero que estaba por ahí y se llevaba el ruido como una muestra de su existencia. Bebí sin ganas el vaso que me acababa de llenar solo por escucharme. Lancé el vaso contra el suelo, conseguí hacerlo añicos pero para nada que aquel silencio, que lo llenaba todo, desapareciera. Volví a la cama, me senté y pensé en aquello que entonces llegaba a nuestra casa, porque ella lo llamaba, aunque los demás nunca lo vimos. Ahora ha vuelto para presentarse en la mía. Se pasea por las habitaciones y se acomoda por los rincones más tibios, esperando quién sabe qué, como si el tiempo ya no fuera importante. Y cada día se queda un poco más, sin que pase nada, absolutamente nada.






domingo, 26 de noviembre de 2017

ENTRE EL ENSUEÑO Y LA NADA



Ella se está haciendo vieja.
Su cuerpo le dice todo.
Ha dejado a un lado los cosméticos.
Ella es una prisión de la verdad.

Leonard Cohen





Llegaste sin que nadie te esperara. Cruzaste el umbral sabiendo que a partir de ese momento ya no podrías volver a deshacer el camino sin dejar por ahí, entre el ensueño y la nada, la vida entera. Y ahí estabas, frente a la puerta, la  viva imagen de un viejo confinado entre corazones mansos. Llegaste cuando apenas quedaba nada que no fuera el resto de una existencia mediocre tocada por el gusto de la carne y la locura de la sabiduría entonces ya indolente. Pero llegaste para reconocerte entre la piel tibia, el aire espeso y la conciencia de que el fin del mundo se precipita entre las esquinas muertas cuando no estás aquí.


domingo, 19 de noviembre de 2017

VERACRUZ


Pase lo que pase, lo correcto es largarse.
James Joyce





Te encuentras a Fulano por la calle y parece que el tiempo no haya pasado. Parece que todo sigue igual, incluso te atreverías a decir que cada uno lleva el mismo abrigo que la última vez que os visteis. Pero la verdad es otra, cada minuto es un cambio que se va confirmando aunque, para el que tienes en frente,  todo siga todo igual. Por eso aquel día que nos encontramos frente a la puerta del Hospital Clínico apenas pudimos apreciar nada más que alguna cana de más y cierta holgura en el caminar. Atrás quedaba una sesión de quimioterapia y una visita a un padre desahuciado. Cada uno con lo suyo y nada en lo común. Nos despedimos como siempre, con la intención de no dejar pasar demasiado tiempo. Pero los dos sabíamos que aquella despedida al uso no era más que una cortesía de salón, acuñada a través de los años de idas y venidas. Pero estos encuentros casi siempre tienen algo de extraño, por unos minutos puedes imaginarte una vida distinta y entonces, sin casi querer, piensas que la quimioterapia es cosa de otro, que la demencia del padre es una cuestión transitoria y que volverá a conocer en cuanto cruce el umbral. Pero llegas dos esquinas más allá, y colocas la mano sobre la cadera y sabes que ese dolorcillo que ya no te abandona nunca no es cosa de un otoño tonto, sino de  la vida a veces un tanto perra, esa que otros no ven porque la llevas por dentro. Y sigues caminando, pensando que quizá otro día, cuando te encuentres con Fulano o con Zutano, reconocerás el abrigo una vez más y por un segundo cabrá la posibilidad de que todo sea distinto, aunque de antemano sepas que solo tendrás que esperar a llegar a la siguiente esquina para que todo vuelva a ser lo que es.



domingo, 12 de noviembre de 2017

RELENTE





Lo que hace soportable la vida es la idea
 de que podemos elegir cuándo escapar.

Enrique Vila-Matas




Arrastrarse por su espalda para respirar de su cuello los restos de un día espeso que esconde un cuerpo aturdido. Acariciar las porciones rotas, descompuestas en mil, que no simulan nada y que volverán a armarse en cuanto aparezcan los primeros destellos de luz y se cierre la puerta. Quedará, entre las sábanas, los resto de una noche extraña, el murmullo de lo obsceno y el relente de los que solo buscaron un poco de paz, un poco de descanso, sin importar nada más.






lunes, 6 de noviembre de 2017

LA PESTE




—Tío Bob, cuando las cosas se complican tanto que no hay solución, ¿usted qué hace?
—Sr. Fitzgerald —me dijo—, cuando las cosas se ponen así, yo trabajo.
Francis Scott Fitzgerald 





Una de las cosas que más me molesta de la situación actual es que nos está absorbiendo la vida propia, los espacios en los que podíamos perdernos sin temor a que, mientras andabas entretenido por ahí, llegara un cataclismo absoluto y te reventara el modo de vida. La política embrutece. Son tiempos de odios y desprecios, de negaciones y poco sentido común. Vivir desde la resistencia a caer en el rebuzno colectivo, intentando que nada de todo lo que viene de fuera se convierta en lo único que nos ocupa el espacio de dentro. Intento tranquilizarme pensando en que todo es pasajero y que el tiempo, más pronto que tarde, nos devolverá a ese momento en que podíamos aburrirnos sin tener en la cabeza la idiocia constante de unos cuantos. Algunos días cuesta dormir. Es imposible conciliar el sueño entre brumas histéricas y futuros imprecisos. Todo tiene un precio y de momento se lleva las horas se sueño haciéndonos vivir en una permanente vigilia de desconcierto e inseguridad.  Llueve en Barcelona como es habitual en noviembre. Tan habitual que, pese a todo, no me cuesta imaginarme frente a la ventana, hilvanando cuatro notas que al final nunca llevan a nada. Pero ahora solo espero que llegue el día en que sea sencillo volver a sentarse frente al ordenador y dejar cuatro cosas escritas sin mayor pretensión que reinterpretar la vida como se pueda. Mientras, y en tanto no llegan de nuevo esos días, reseguiré con el dedo la única gota de lluvia que ahora mismo recorre la ventana en busca de un final que se antoja lejano y olvidaré que esta noche, quizá, tampoco sea posible dormir.