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miércoles, 8 de julio de 2026

MP3 O LO QUE SEA

 


Vaciando cajones en busca de un cable con clavija antigua he encontrado un MP3 más viejo de la pasión de Jesucristo. No tiene batería. Normal. Creo que fue durante las últimas lluvias que anegaron los campos, y llevaron al Arca de Noé a constituirse en transatlántico de pavos reales y demás especies animales, que el aparato fue sustituido por uno con mayor capacidad de almacenamiento. Desde entonces, y hasta ahora, ha tenido tiempo más que suficiente para descargarse del todo. Busco y encuentro su cargador adecuado gracias al ligero síndrome de Diógenes emocional que padezco. Dos horas de recarga sirven para viajar en el tiempo. Ya lo creo. Cae el sol a plomo y los 42 grados de este mediodía no los alivia ni el aire acondicionado de la oficina que no repara en gastos. Pero me pongo los auriculares de clavija convencional y al darle al “On", el corazón me da un brinco que no sé cómo calmar.  No es calor, es la emoción. Dicen que los cinco sentidos son mágicos y es verdad. Ojalá den las nueve y pueda salir a caminar con mi viejo MP3.



¡Oh! Sorpresa

miércoles, 17 de junio de 2026

BOB

 



Mientras espero la entrega de un paquete, mato el tiempo pasando la pantalla del móvil a toda velocidad. Me he parado en un par de artículos de titular llamativo y, como buena mujer de los tiempos que corren, he caído en la engañosa desinformación de la que, por casualidad de la vida, estoy bastante informada. El mundo es muy pequeño y muy estúpido. El repartidor sigue sin llegar y, aunque necesito con urgencia que lo haga, no pienso desesperarme. O sí. Respiro y espero. Respiro y miro el reloj. Respiro y vuelvo a respirar. Me queda la suficiente bateria como para comprobar a cada minuto a cuantas paradas de distancia anda mi repartidor. Respiro y, mientras lo hago, Google me recuerda que soy mortal, que el colágeno te abandona cuando menos te lo esperas y que oxigenarse es fenomenal. Respiro y dejo el teléfono bocabajo. Pero Google no se conforma con mi vida caduca, ni con los consejos de cosmética coreana con los que intenta seducirme, y activa su inteligencia artíficial para llamar mi atención y lo consigue. Su inteligencia, que es más inteligente que la de todos nosotros juntos, me recuerda que tiempo atrás perdí la gracia de Dios y que Dios, mientras bostezaba, aburrido de todo, me mandó a paseo. Una orden divina que yo obedecí, aunque creo que su extraordinaria intención era otra Y así llegaron los paseos.  El primero empezó entre rocalla y encinas. El siguiente, días mas tarde, acabó con el lorazepam dentro el bolso. 




lunes, 1 de junio de 2026

BLONDE

 


Día de trastos y, frente al portal, cuatro sillas blancas. Un poco más allá, cuatro sillas más, ahora de madera, desvencijadas y con ganas de morirse y del todo. La ciudad está patas arriba y el personal ha decidido cambiar la sillería. Camino con los auriculares puestos escuchando un podcast sobre cine. Hablan de Billy Wilder, de la magia del Hollywood de los años 50, y de la “Tentación vive arriba". Un suspiro se me atraviesa entre Gran Vía de Carlos III y Diagonal. El locutor nos recuerda que, de vivir, Norma Jean cumpliría cien años. Pero eso, como casi todo, es una certeza que no sirve para nada. Algo así como saber que, de vivir, Jesucristo tendría dos mil veintiséis años y no habría muerto en la cruz, como Marilyn no habría muerto a base de ansiolíticos, alcohol y desamor. Doblo la esquina y temo tropezar con otro par de sillas ruinosas, pero no. No hay sillas. No hay más que una acera infinita que se ensancha hacia el mar.



lunes, 25 de mayo de 2026

SARAH

 


Suena el teléfono. Meto la cabeza debajo de la almohada y aprieto fuerte. Odio su timbre. Odio tener la sensación de que todo pende de la mala ventura, de un mal futuro que nos pisa los talones, aunque parezca un contrasentido absoluto. Un mañana que aprieta por detrás. Odio todo lo que tiene que ver con las llamadas a destiempo. Descuelgo sin mirar y una voz rijosa, tan desagradable como artificial, me hace participe de un sorteo. Me muerdo la lengua y tiro el teléfono dentro del cajón de la mesilla de noche. Aquí son las seis de la mañana, las once de la noche en Wisconsin. Pero ya me he desvelado y la cabeza se pone en marcha con pensamientos intrusivos, recurrentes y el martilleo constante de no saber que hacer ahora que su cabeza se va apagando y la mía parece gobernada por un hámster loco que la hace rodar a mil por hora. Me desfondo y por fin sé de qué se trata. A ratos me convierto en una especie de “Sarah”*, que se balancea entre un cuidado feroz, las ganas de desaparecer y un infinito sentimiento de culpa aplastante. Hago lo que puedo, pero, ni siquiera para mí misma, nunca es suficiente y estoy agotada. Me levanto a por un vaso de agua y vuelvo a la cama. Esperaré a que den las siete para ir a la ducha y recitaré para mí, una vez más, la carta a los Corintios. La demencia no descansa, ni siquiera en Pentecostés.





* Love Actually

lunes, 27 de abril de 2026

PARECIDOS RAZONABLES

 


Me pido un café con hielo. Me recolocó el pendiente mientras espero. Mañana hará tres semanas de su colocación. Apenas queda molestia, pero su brillo, de titanio farmacéutico, me hace feliz. Los veladores aún están vacíos y puedo escoger. No es lo normal. Puede que sea porque es domingo y es demasiado pronto. Puede que sea una trampa del destino, que escoja la mesa más aireada y que acabe con una cagada de gaviota presidiendo el primer café del día.
Pasa un tipo que pasea el perro como si lo estuviera preparando para la San Silvestre vallecana. Menudo personaje. Es un desalmado que ayer hizo llorar a la cajera del supermercado que andaba desbordada. Siempre hay un imbécil que te puede fastidiar el día. El de la cajera llegó ayer en forma de calvo orejudo, que hoy corre con un caniche al que le quedan dos cortes de pelo. Es domingo, pero podría ser cualquier otro día, o no porque, de ser así, no estaría sentada pasando la mañana y sorprendiéndome de los parecidos razonables que pueblan la faz de la tierra. Santi murió hace ya muchos meses y lejos de aquí. No le vi muerto, ni asistí a su entierro, sólo a una misa funeral presidida por un retrato que llegó dos semanas más tarde. Pensándolo bien, eso no es garantía de que el muerto esté muerto y puede que acabe de pasar con unos auriculares puestos detrás del imbécil del caniche. Pido un segundo café y me viene a la cabeza la idea loca de que fuera de aquí, en esa tierra que todos desean que sea leve cuando ya no respiras, ni suspiras, debe haber una plaza llena de conocidos en la que más adelante nos encontraremos todos. Allí empiezan a haber más conocidos que aquí. Y puede que entre todo el personal que allí se vaya reuniendo esté el imbécil del caniche, el tipo que se parece a Santi, y el mismo Santi ciscándose en el que escogió la foto el día de su funeral.



domingo, 8 de marzo de 2026

SUPERMAN

 



Había bajado del tren antes de que saliera el sol. Podía coger un taxi o ir andando. No tenía prisa, había tiempo de sobra. En viento de la noche había llenado el paseo de hojas muertas que ahora, con la humedad de primera hora, transformaban el ambiente en algo un tanto pastoso. Le picó la nariz. Hizo un gesto liviano, casi imperceptible, y se rasco hasta que sintió un cierto alivio. La alergia le amargaba la vida y los viajes de trabajo también. Intentó respirar por la boca, sin parecer un perro medio asfixiado y siguió caminando. Al fondo, el día empezaba a clarear. Había ensayado su discurso varias veces y ahora, cuando apenas quedaban un par de horas para darlo, lo había olvidado todo. Tocaba improvisar. Empezó a tararear una canción de los años ochenta, cuando aun tenía pelo y el tabaco no estaba prohibido. Pronto se jubilaría y recuperaría el tiempo, su tiempo. Pero de repente le entró el miedo. Quizá nada de todo lo que antes le gustó, tuviera ahora demasiado sentido. El aire le jugó una mala pasada y mientras intentaba protegerse los ojos con la mano, le pareció verla cruzar. Apretó el paso, cambio de acera y alzó la mano para parar un taxi.


viernes, 20 de febrero de 2026

MARTES

 



Martes. Ni te cases ni embarques. No pensaba hacerlo. Vomito a primera hora como si fuera la Fontana di Trevi. Vuelvo a lavarme los dientes y me rocío con agua de colonia. Salgo de casa con el estómago revuelto, pero el aire me hará bien, seguro. Vuelvo a vomitar antes de llegar al metro. Ahora no hay dentífrico que me rescate y de inmediato me viene otra arcada colosal. El hueco del árbol queda hecho un Cristo de baba y bilis. El estómago anda vacío desde ayer así que no sé qué pretendo que salga. Quizá la mala leche. El maltrato institucional me sienta fatal. Pero no debe de ser eso porque de ser así habría empezado a vomitar en 1993 y no hoy. Entro en un colmado, compro un botellín de agua y un paquete de caramelos mentolados. Me llevo de balde dos servilletas de papel porque voy a atacar el asunto de la limpieza dental a base de frote de celulosa. Al salir, una mujer desgreñada  me grita y me desea algo que no termino de escuchar, pero que no parece que sea nada bueno y no salgo de mi asombro. La peineta que recibo es espectacular. No la conozco, creo. Pero la mujer está poseída como una hidra y cualquiera, si observa la pasión con la que se empeña en llamarme pedazo de mierda, pensará que me he acostado con su marido, con su hijo o con el perro que pasea. No vamos bien, vamos fatal.Mientras intento esquivarla, me entra un arcada feroz y acabó potándole entre las piernas.



lunes, 5 de enero de 2026

QUERIDOS REYES MAJOS

 


Queridos Reyes:
Este año la petición va a ser corta y con tendencia al realismo. El panorama daría para escribir una carta digna de una Miss por aquello de la paz en el mundo, el cuidado del planeta, el cambio climático, y todo eso que para la mayor parte de nuestra sociedad se limita a eslóganes que colgar en cualquier red social.
Este año 2025 ha sido, por calificarlo suave, un terremoto en muchos sentidos. Pero ahí estamos, intentando que los analistas de políticas internacionales nacidos por generación espontánea y al socaire de un mundo que ya no conocemos, dejen de darnos la brasa con sus interpretaciones dignas de una pitonisa en horas bajas. Intentando que los defensores de causas nauseabundas y de ideologías repulsivas se mantengan lo suficientemente lejos como para que corra el aire y procurando pasarme al café descafeinado.
Por eso, queridos reyes, esta vez, la carta va a ser un tanto desganada, como los tiempos que corren y sin necesidad de destacar lo buenísima que he sido; ni la santa paciencia de la que he hecho uso en el último año; ni la espartana disciplina que me he impuesto cada día a las seis de la mañana para desecharla, también a diario, un par de horas después. Así que, queridos reyes, haced lo que os de la gana y, si puede ser, sed un poco majos.
Con cariño, o casi.
Anita Noire



domingo, 14 de diciembre de 2025

BUSCAR


 
Andamos en busca de significado en cada cosa con la que nos cruzamos. A veces, incluso sin saberlo, confiamos en una  suerte de magia reveladora que nos acerque a lo que esperamos, a lo que deseamos. Y mientras andamos por ahí, con una varita de zahorí un tanto maltrecha,  buscamos significados casi por necesidad de sobreviviremos, pero, la realidad nos aplasta sin piedad  y nos manda un recadito para que vayamos asumiendo que, por lo general, las cosas pocas veces significan lo que esperamos. 
Nadie está a salvo  de buscar buscar significados que nos parecen ocultos; de buscar interpretaciones subjetivas con lo que intentar amainar el ánimo. Caer en la tentación de sentirse señalado por lo que otros dicen o hacen suele funcionar de una manera parecida.Toda lectura de la vida, de lo que ocurre a nuestro alrededor, se baña de nosotros mismos.  Los otros, las cosas que nos llegan, casi nunca son un espejo, ni un mensaje. Solo son cosas que pasan, vidas que se viven y sentimientos que se escapan en busca de respuestas que pocas veces existen. Me visto de negro y pienso en lo triste y gris que está el día. No tiene nada de relevante, no hay bache existencial, solo que esta semana puse tarde la lavadora y la ropa clara está pendiente de doblar. Puede que hoy llueva.


domingo, 7 de diciembre de 2025

TOUT FOU

 


El brazo extendido. La mano muerta revuelve el vacío. Busco a ciegas a sabiendas de que no hay nada que encontrar. Pero prefiero el engaño momentáneo para encontrar el consuelo del iluso que apenas dura lo que los ojos descansan de una vida que me agota con tu ausencia. El silencio es denso y la nada cada vez más absoluta. Cerrar la mano y esconder entre los dedos los restos del desaliento.


domingo, 16 de noviembre de 2025

DIARIO 3.0


 

Había perdido mucho peso desde la última vez que se vieron. Su espalda al desnudo era un camino marcado de hitos y sobresaltos. Desde entonces la curiosidad se le había instalado en la punta de los dedos y desde ahí, desde la curiosidad, sus dedos recorrieron aquella especie de raspa animada como si de esa manera, a través de sus manos nudosas, se la pudiera llevar con él.

***

Si alguien me preguntara cómo hay que vivir, le contestaría que como si montará en bicicleta. Mirando hacia delante y con determinación. Yen modo “bonus track” le diría un poquito más, y le añadiría que en ese pedalear constante no olvide de dónde viene, ni lo que se encuentra por el camino, porque ahí está lo que se es.

***

Puede que en el vagón hubiera cientos de personas. Aquel tren, parecido a una lombriz enferma, se componía de un único vagón articulado que iba lleno hasta la bandera. Agarrada a la barra central, sujetaba el libro sin poder cambiar de página. No podía moverme y me quedé clavada en “Resulta curioso que pueda construirse una vida a partir de los desechos de otra persona”. Tener los ojos verdes y la desgracia de otro pisándote los talones.


 

martes, 4 de noviembre de 2025

NAGASAKI

 


Llevaba unos cuantos días con el ánimo entre excitado y agotado porque, después de meses preparando mi salida de mi trabajo, había llegado el día. Después de vivir en un estado permanente de alerta durante tanto tiempo, por fin había llegado la hora de soltar la bomba, decir adiós y seguir adelante. Y esa mañana, la de la bomba, mientras me tomaba el primer café de la mañana, ordenando el pensamiento sobre el modo en que iba a montar mi propio Nagasaki, me vino a la cabeza el primer día que llegué. El tiempo pasa tan rápido que los trienios, los quinquenios, se sumaron para quemar las ganas y ahora, ya con los pies fuera, la sensación es extraña y los recuerdos raros. Y ahí, entre sensaciones un tanto extrañas, contradictorias, ordeno, de nuevo, parte de una vida que está más próxima a terminar que otra cosa. Y ahí, empaquetando los recuerdos de años de trabajo y dedicación, me doy de bruces con Elizabeth Loftus, las falsas memorias y la creación fantástica de recuerdos de cosas que jamás han existido y que creemos que sucedieron a pies juntillas. Nuestro cerebro es una máquina caprichosa, capaz de modificar, enterrar o crear recuerdos de una manera artificiosa, pero aparentemente tan real que asusta.
Por eso, mientras dejaba que Nagasaki se convirtiera en un erial ungido de sorpresa y estupefacción, en mi cabeza se mecía una película de amor en mitad de la Castellana, mientras por ahí, entre cajas de cartón y memorias USB, explotaba la doceava bomba de protones, y la Loftus pudiendo confirmar sus teorías.




domingo, 19 de octubre de 2025

CASCAR UN HUEVO

 



Abro la nevera y sé lo que encontraré. La llené yo. Fui al supermercado con una lista que confeccioné a base de preguntar ¿Qué te parece si está semana preparamos menestra de verduras? ¿Prefieres que cojamos yogures y flanes o solo yogures? ¿Qué tal si compramos algo de pescado y congelamos la mitad para tener entre semana? Son preguntas que no me sirven de mucho. El menú está pensado y escrito de antemano. Pero sé que esa elección trucada sirve para que sienta que decide, aunque no sea así; y que crea que va a comer lo que quiere, lo que le gusta, porque ella así lo desea. Hay algo de manipulación que me escuece y de la que soy consciente.

Casco dos huevos y los bato con energía. Mientras se calienta un poco de aceite, va poniendo la mesa. Lo hacemos a la par, pero poco. El huevo batido se va cuajando y se lo digo. El controversia del día se centra en si es mejor que la pasemos mucho o que la dejemos un poco cruda. Hoy cenará una crema de verduras que hice ayer, después de que, no sin cierta dificultad, pelara la zanahorias que compramos por la mañana. Cenará despacio, porque nunca ha comido deprisa y hablaremos un poco antes de que la cama la llame. Una charla difícil cuando las palabras se esconden en algún lugar de la cabeza del que no quieren salir. La arroparé y le daré un beso en la frente. Mañana será otro día. ¿Quién sabe?


Cascar un huevo, cascarse por dentro.



martes, 7 de octubre de 2025

IN THE MORNING

 


Acabo de presenciar una discusión tan extraña como absurda. Pertenecer al pelotón de la gente a la que le gusta leer el periódico, mientras toma el primer café de la mañana, nos ancla entre las personas del montón. Gente corriente. Pero ser gente corriente no libra de rarezas ni de que, tras esa normalidad, se escondan personas bastante particulares, por lo más, que encuentran un enorme placer en discutir por las cosas más peregrinas, por ejemplo, ¿Cuánto tiempo puedo quedarme un periódico que no es mío? Según el interfecto que inicia la discusión y que pocas dotes diplomáticas, no hay que acaparar el ejemplar. Basta con hacer un repaso somero de titulares y soltarlo en menos de 3 minutos para que otro cliente pueda hacer el examen preceptivo de la mañana. Según el Santo Job que le aguanta la turra interminable, cada uno lee lo que quiere y durante el tiempo que le viene en gana. La discusión sube un poco de tono entre el ruido de los platillos que chocan contra la barra. Pero la cosa no llega a más, es pronto. Aún no ha salido el sol y el periódico, que es bien comunal, ni siquiera es el del día.  





miércoles, 24 de septiembre de 2025

BARBARIE


 

Empiezo el día con un donut de azúcar y un café solo. Lo pido a plena consciencia, sabiendo que esta semana cumplo más años que el atún en lata y que, como muestra de la crueldad del primer mundo, mi endocrina ha decidido que no hay mejor fecha para enfrentarse con las cosas de cada uno que fijar la visita médica en el día del cumpleaños. Mis cosas, tus cosas y las cosas de todos, son un ovillo complejo que se enreda y que bien merecen un donut, sea de azúcar o de chocolate, si el lío es gordo.  Un donut a tiempo siempre nos salva de pegarle un tirón a la madeja que se cargaría el lío moruno de una manera extraordinariamente ruda.  Enfundarse un donut, que se va directamente allí donde la espalda pierde el nombre, es un buen antídoto contra la barbarie primigenia que todos llevamos dentro, pese a los endocrinos.



viernes, 12 de septiembre de 2025

PURGATORIO


 
Llegaba tarde, pero aun así entre corriendo al baño de la primera planta para recolocarme las medias, peinarme un poco y enviar un último mensaje de despedida. Reconozco que no muy amable, pero era el último y, después de enviarlo, pensaba borrar su número por siempre jamás. Y fui expeditiva, rápida, veloz y envié un “Muérete imbécil”, seguido de un emoticono en forma de berenjena. Me recoloqué la falda justo antes cruzar la puerta, con el corazón latiendo a mil por hora, y las medias torcidas a la altura de los tobillos. Priorizar el desamor tiene como resultado que la cabeza se dispersa y uno olvida incluso lo principal.  Me esperaba y no parecían de muy buen humor. Veinte minutos son suficientes para que quien espera se moleste y te reciba como si llegaras con un sobre de purgaciones o el mejor ántrax del mercado negro. Me esperaban porque no les quedaba otra, porque era yo la que había ido a recoger las maquetas a la otra punta de la ciudad. El caso es que llegué (tarde), y con un cuidado extremo coloqué sobre la mesa el diminuto prototipo en el que estábamos trabajando. Ahí acababa mi encargo. Ya lo teníamos sobre la mesa. Lo siguiente ya le tocaba a otro, así que me senté y me limité a perderme en mis cosas. Y ahí estaba, pensando que tal vez no tenía que haber borrado el número tan rápido, que tal vez debería de haber esperado a confirmar con el azulísimo doble “check” que su “muerte” y el “que te den”, ya habían sido recibidos. Y ahí seguía, en mis cosas, cuando del fondo de la sala me llegó un murmullo y vi, al levantar la cabeza, ocho pares de ojos clavados en mí, mientras mi jefe, con idéntico hermoso nombre que el interfecto que tenía que recibir el recadito, mostraba la pantalla de su móvil a la galería y, con voz poco caritativa, me animaba a abandonar el purgatorio, sin sueldo, claro.





jueves, 4 de septiembre de 2025

ESPEJO, ESPEJITO MÁGICO


 

El tiempo no pasa.  El tiempo vuela y no lo hace en un avión de papel, ni en un globo aerostático, sino en un cohete a una velocidad supersónica. Ayer, una señora me mostraba el inicio de un mechón canoso donde antes no existía y un pecho un tanto flácido donde antes estaba la réplica de Afrodita A. Referirse a Afrodita A, el alter ego femenino de Mazinger Z también es muestra de una memoria y recuerdos añosos. El espejo, como el que me mostraba a esa señora que soy yo, no es más que un objeto que te pone frente a la realidad del transcurso de un tiempo que fue y que no va a volver. El día a día te va dejando pistas para que no olvides que el tiempo no es maleable, que avanza sin remisión para todo el mundo. Desde hace semanas, en los andenes de la línea de metro hay colgado un anuncio de la “Fundación Josep Carreras contra la leucemia”. Aparece la imagen de un anciano, unos niños, dos adultos vestidos de médicos. El mensaje, entiendo, es la leucemia que puede afectar a cualquiera y colaborando juntos podemos dar batalla a la enfermedad. Nada llama la atención ni por exceso ni por defecto. Pero no es el mensaje lo que me lleva a que, día tras día, reparara en su existencia, sino que era alguna otra cosa que ahora ya sé que es. El anciano, muy anciano que aparece en la fotografía, es el propio Josep Carreras. Puede que solo los que tengan algún interés en la ópera lo recuerden.  De la imagen de aquel atractivo tenor que encandilaba al mundo y que en la cresta de su carrera fue diagnosticado de una leucemia que afortunadamente superó, apenas queda nada. Hoy es un anciano, con una historia espectacular a sus espaldas, que sigue contribuyendo económicamente a la investigación de la enfermedad que lo retiró de los escenarios y presta su imagen para que nada caiga en el olvido.
Hoy, bajando nuevamente al andén, tropiezo de nuevo con la imagen del anuncio. La señora del espejo que habita en mí reconoce al venerable anciano, así que inclina  levemente la cabeza, para evitar el dolor en la cerviz, y con un deje de nostalgia y cierta fascinación que le cuesta evitar, susurra un “seguimos”.



miércoles, 13 de agosto de 2025

AEROPLANOS

 



Desde hacía meses sabía que este fin de semana nos invitaba a comer. Cada vez que pensaba en esa reunión me atacaba una pereza infinita que me impedía cerrar los vuelos que me tenían que llevar hasta allí. A tres días vista, en silencio, aún imploraba una huelga de controladores, un hackeo planetario a las líneas aéreas o algo así, que me diera la excusa definitiva para evitar tener que moverme de mi casa, de la bendición del aire acondicionado y de la cerveza bien fría. A veces, el futuro nos escucha con el oído torcido y, envuelto de una mala leche atroz, me entregó un inesperado y delictivo vaciado de cuenta bancaria. Estaba a cero, sintiéndome idiota mientras le explicaba al policía de turno que fue el banco quien me llamó, que fui yo quien le di unos datos que creí que solo estaban comprobando. Sí, idiota del todo, sin un solo céntimo, con la tarjeta de crédito quemada y con la boca abierta. Puse la denuncia y volví a casa. Me senté en el sofá y abrí la última cerveza de la nevera. Miré el ordenador buscando un correo esperanzador de mi banco que me devolviera algo de solvencia, algo de dignidad. Nada. Había pedido una semi catástrofe, ahora tenía un drama del quince, y el maldito convite recortando por la banda. Pensé en llamar, explicar la causa de mi ausencia, pero decidí esperar a ver si finalmente los controladores se ponían de acuerdo para fastidiar las vacaciones a media humanidad, o a qué los hackers dejarán la red hecha ciscos. Algo catastrófico en lo general para evitar tener que explicar que soy gilipollas en lo particular. Pero las desgracias nunca vienen solas, tras meses de ausencia, de nuevo, llamó la menstruación.




lunes, 21 de julio de 2025

RAYOS Y CENTOLLAS

 


Después de tantos años, vuelvo a quedarme sola en esta casa que conozco al dedillo porque durante algún tiempo viví en ella. Ahora es mía, en una no sé qué -ava parte de un total que no se puede partir en modo alguno. No se levantan muros en los recuerdos de una vida, ni en un piso como este. Me doy un par de vueltas y entro en los dormitorios. Todo se me hace viejo y un poco distante. Abro los armarios sin intención de nada. Una bocanada de calor me empuja hacia atrás y me entran unas ganas atroces de salir corriendo y lo hago. El asfalto está que arde y no hay piedad climática que valga, pero me siento en la primera terraza que encuentro, aunque hace un calor de muerte, porque no quiero entrar en el local y descubrir que el aire acondicionado no funciona, o que está tan bajo que podría calentar un vaso de leche si lo dejo sobre el mostrador. Pido una Coca-Cola con hielo, mientras empujo las gafas de sol por el puente de la nariz hasta colocarlas de nuevo en su sitio.  Sudo como una perra, pienso. Pero sé que no es cierto, más que nada, porque los perros no sudan, ni beben refrescos de cola. Anoto en un papel que tengo que llamar a la inmobiliaria y, tal cual lo guardo, sé que va a desaparecer entre toda la quincalla que llevo en el bolso y que no volveré a acordarme de la llamada hasta que lleguen las tormentas de final de verano y alguien me recuerde que las goteras también existen.




lunes, 14 de julio de 2025

SHANGAI



Son las seis de la mañana y la humedad es terrible. Me espera una jornada de triple salto mortal y tirabuzón. Empaqueto al adolescente (¿A qué edad se pasa esa especie de patología rara y, por suerte, transitoria?); sin problemas en el embarque, paso el relevo. Siguiente. Medicación bien; tensión regular; nota pegada en el frigorífico con lo que tiene que tomar a mediodía y un “luego te veo” con beso en la frente. Siguiente. Mire doctor, de verdad que la sordera no es selectiva. Antes sí, ahora no. Volveré en seis meses, gracias. Siguiente. Entre el sudor que ha decidido liberarse de mi cuerpo mundano, camino por la Diagonal en busca de un café con hielo como premio de consolación. Los hielos son diminutos y Leyva lloriquea en tecnicolor en una pantalla gigante. ¡Menuda alegría! Busco en la agenda del teléfono el nombre apropiado para darle la turra. La parte de mi cerebro, que aún funciona, repite que no son horas. Son las ocho y media. Sudada y cargada, me acoplo en el oído el aparato que me costó un pastizal y ni siquiera es la panacea.
Suena el móvil. Mientras descuelgo me entran unas ganas atroces de contestar con un "mira que yo soy capaz de hacer lo que me propongas, incluso largarnos a Shangai con lo puesto". Aún no son las nueve y media.