Hay muchas maneras de hacer el bobo. Casi todas pasan por estar incómodamente en el lugar en el que no nos gusta estar, casi siempre uno que no escogemos. Y lo peor de hacer el bobo es ser consciente de que uno lo está haciendo. No hay peor tortura que quedarse atrapado donde uno no quiere estar, donde cree que no debe estar.
Mientras volvía a casa he recordado aquel pasaje de la película de Coixet, en el que Ann (Sarah Polley), por primera vez, tiene claro quien es:
Y aún no se por qué, hubiera deseado que lloviera, que el asfalto se convirtiera en mi casilla de “salvada”, que mi pulso se calmara y saber, sobre todo, que estoy en el lugar en el que debo estar, en el que quiero estar, aunque, a veces, me duela.
