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sábado, 1 de julio de 2017

CERTIFICADO DE ÚLTIMAS VOLUNTADES


Algunas mujeres hacen que parezca facilísimo eso de renunciar a la ambición, como si fuera un abrigo caro que se ha quedado ya demasiado pequeño.
 Departamento de especulaciones
Jenny Offill







Fue ayer, al volver a casa, cuando me paró Juan para entregarme los periódicos. Se los pagué y le encargué que esta próxima semana vuelva a guardarlos. El próximo viernes, cuando vuelva a casa, se los recojo de nuevo. Le compro prensa atrasada que sé que no leeré porque cuando me los dé ya lo habré hecho de cualquier otra manera. Pero es la costumbre y, de alguna manera, una especie de pacto conmigo misma para que se mantenga abierto el quiosco de la calle en la que vivo. Cuando ya me iba hacia casa, me llamó de nuevo, le habían dejado nota para que pasara por la farmacia, allí  tienen algo para ti, me dijo. La vida de barrio tiene estas cosas, los vecinos te conocen y puedes encontrarte encomiendas por cualquier sitio. No me molesta, en absoluto. Unos metros más allá, entré en la farmacia. La boticaria, un encanto de mujer, me saludó más amable que otras veces si cabe. Compré un par de cosas y hablamos de la semana y de que en el patio me esperaban tres cajones de plástico con un buen surtido de plantas que eran para mí. Cruzamos la rebotica mientras me cuenta que estos días que he estado fuera a Paquita se la llevaron de urgencias. Duró un par de días. Los estiró como pudo hasta que llegaron sus hijos y sus nietos para despedirse y entonces se fue. Ayer cerraron el piso y sus pocas cosas fueron retiradas sin hacer ruido, algunas repartidas según ella quiso y el resto a saber. Una semana y el telón se baja del todo. El propietario debe andar frotándose las manos, un alquiler de renta antigua menos. Recojo dos de los cajones y le digo que volveré a por el tercero antes de que cierre.
Esta mañana de sábado, antes de que el sol empezara a apretar para continuar con una tremenda tormenta, he replantado la lavanda, la menta, la albahaca, la citronela y el tomillo. Mientras hundo las manos entre la tierra, acomodando las raíces con cuidado, les deseo larga vida; y a Paquita, que vivió como le dió la gana desde que perdió a su marido cincuenta años atrás, que encuentre la paz que siempre quiso y que a veces jugaba al escondite entre los tiestos de su balcón. Algunas herencias no precisan más certificado de últimas voluntades que el deseo de uno y las ganas de otro.  





   




domingo, 27 de noviembre de 2016

PERSONALMENTE


Es curioso lo lejana que resulta una desgracia
 cuando no nos atañe personalmente.
John Steinbeck




Es el sonido continuo de la lluvia descargando contra el suelo lo que te despierta. La misma lluvia que ensucia los cristales que reflejan un tiempo que no cesa. Un tiempo que te contempla, escondiendo una media sonrisa, entre los pliegues de los días que pasan. Y en tu cabeza, un botín de pensamientos que no sirven para nada, que te obligan a vivir bajo el contraluz que se forja con el gusto acre de las cosas muertas y la gracia misma que para ti guardan. Te buscas pero aquel cristal, marcado por el agua, te descarta una vez más y entonces comprendes que todo aquello que otros dijeron en el pasado iba en serio. Permaneces en pie porque es imperativo.



sábado, 25 de mayo de 2013

FRAGILE


"La conozco desde siempre. Todo el mundo dice que de joven era usted hermosa, 
me he acercado para decirle que en mi opinión la considero más hermosa ahora
 su rostro de muchacha me gustaba mucho menos que el de ahora, devastado".


Un estremecimiento quedo le recorrió el cuerpo, extendió el brazo y la buscó con la mano. Solo cuando los dedos rozaron la curvatura de su cadera se calmó.  Hundió la cara entre el cabello tibió, respiró y los pulmones se le expandieron. Nunca pudo resistir el aroma de su sueño espeso, ni el de las trazas del perfume que desprendía después de hacer el amor.  Se durmió en el acto. Durante la noche se despertó varias veces, escuchaba su inspirar profundo, loaba la hora en que se encontraron y al poco, suavemente, dejaba su mano dormir entre sus senos como si de ese modo todos los infiernos corrieran a cuenta de otro y ellos, piel con piel, fueran inmunes a todo y a todos.


martes, 18 de septiembre de 2012

PALIMPSESTO o "CIUDAD ABIERTA" DE TEJU COLE




Debería poder llegar en ese tiempo pero tengo que cruzar el centro y, aunque la distancia no es grande, si quiero llegar debería caminar más rápido, pero no puedo correr, no quiero correr.

Un dragón sobre las chinelas, aunque sea dorado, no sirve para volar.

Esta tarde, a la caída sol, Teju Cole presenta en el CCCB (Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona), su última novela “Ciudad abierta”. Durante todo el día me he debatido en mi propia contradicción: asistir-no asistir.

¿Podría, sin sufrir una franca decepción, escuchar a quien para mí ha escrito una de las novelas más bellas de la temporada? ¿Podría alejar a Julius, el protagonista de la novela, de este encuentro y no comparar al escritor con un personaje con el que, a priori, parece converger?

No son pocas las veces que tengo grandes dudas sobre la bondad de conocer, fuera del contexto de sus obras, a quienes las crean. La lectura de una novela, en realidad de cualquier obra, es siempre subjetiva. De ese modo, aun cuando el lector intente adoptar una postura madura frente a lo escrito, colocándose incluso a una sana distancia del autor, es inevitable, casi imposible, que aquel no se forme una idea, casi siempre equivocada, sobre la personalidad del escritor, identificándole, más equivocadamente aún, con los personajes de sus libros, sobre todo cuando estos son de corte intimista. Y estos frecuentes errores de bulto que los lectores cometemos, que casi podríamos calificar de pecados capitales de la lectura libre, son los que, con el tiempo, me invitan a mantener la prudente distancia con el hombre, la mujer, que hay en la sala de máquinas de cada novela.


Pero, siguiendo a mi propio contradictorio devenir, cuando apenas faltaban quince minutos para el inicio del encuentro con Teju Cole, y maldecía sordamente la infernal huelga de transporte público que me obligaría a tener que volver andando a casa, desdiciéndome de las mil razones por las que había decidido no acudir a la presentación, he cruzado el patio del vetusto edificio de la calle Montealegre, he subido, casi cabizbaja, al Mirador donde el autor estadounidense, de raíces nigerianas, presentaba su segunda novela, “Ciudad abierta”.

Durante una hora he escuchado con atención las explicaciones del autor. No voy a reproducirlo porque, con toda seguridad, podrán tener acceso a esta charla a través de la página del CCCB.  De toda la intervención del escritor, me quedo con la lectura, pausada, envolvente, que el mismo ha realizado de uno de los  fragmentos de su novela. El resto, pues lo esperado, prescindible. 

Sin embargo, no puedo dejar de recomendar una lectura sosegada, sin prisas y viva de “Ciudad abierta”, el segundo libro del autor. Una novela sin trama, deliciosamente escrita, situada en Nueva York en la que su protagonista, Julius, con sus enormes contradicciones, pasea por la ciudad y, de un modo sobrio, solitario y melancólico, casi de la mano, nos muestra los entresijos de una ciudad que ha sufrido un trauma terrible (el 11S, la novela se sitúa en el año 2006), y los suyos propios. Un hombre interactuando con una ciudad, mostrándola paso a paso. Con un lenguaje preciso, extremadamente bello, convierte las calles, sus paisajes, sus imágenes, en una prolongación de su propia existencia, de sus propios temores, de su vida. 
Porque las personas, como las ciudades, tenemos mil caras, mil capas, y experiencias que acumulamos y nos deja marcas indelebles como en los viejos palimpsestos.

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 "Me gustaba el murmullo de los locutores, el sonido sereno que llegaba desde miles de kilómetros de distancia. Bajando el volumen de los altavoces del ordenador, miraba afuera, acurrucado en el solaz que ofrecían las voces, y no me costaba comparar mi situación en un apartamento exiguo con la del presentador o la presentadora en su cabina radiofónica en lo que debía ser la medianoche de algún lugar de Europa. Todavía hoy en mi mente aquellas voces incorpóreas están conectadas con la aparición de los gansos primera parte que emigran. No es que en realidad haya alcanzado a ver las migraciones más de tres o cuatro veces en total: lo que veía la mayoría de las tardes eran los colores crepusculares del cielo, sus azules de pólvora, sus rubores sucios, sus óxidos, todos los cuales paulatinamente dejaban paso a la sombra profunda. Cuando se hacía de noche tomaba un libro y leía a la luz de una vieja lámpara de mesa que había rescatado de uno de los contenedores de la universidad; la bola de vidrio que encapuchaba la lamparilla teñía de una luz verdosa mis manos, el libro, el deslucido tapizado del sofá. A veces incluso leía en voz alta, y al hacerlo notaba lo extrañamente que mi voz se mezclaba con el murmullo de los locutores radiofónicos franceses, alemanes u holandeses, o con la fina textura de los violines de las orquestas, todo esto intensificado por el hecho de que, cualquiera que fuese el libro que estaba leyendo, probablemente había sido traducido de alguna lengua europea".

martes, 17 de abril de 2012

CORTEZAS

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Me senté a la sombra de un inmenso alcornoque, sintiendo en los muslos la aspereza de la pinaza que cubre el suelo como un manto desolado. Se me avivó el recuerdo y le eché de menos. 

Acaricié la corteza y me entretuve con los nudos rugosos que esconden los años vividos. Los reseguí con fuerza para no olvidar que el mundo existe más allá de los pensamientos inciertos. Me dolieron las yemas de los dedos.

Nos separan veinte años. Fue entonces cuando, sin sabernos, nos colgamos de los hilos con el que hemos tejido, a la par, dos telas de araña distintas, lejanas, invisibles, densas y falsamente cálidas que nos atrapan con el acogedor engaño del hoy. 
Sentí el olor del romero aún húmedo y retrocedí a ese momento en el que todo era posible. Por eso, imagine de nuevo su presencia infinita y no pude por menos que abrazarme a ella para mantenerme y no caer ante el endeble equilibrio que todo lo sostiene. 

Convertí el silencio en un sentimiento incierto. Cerré los ojos y retorné con el roce tosco de la corteza centenaria que me recordó que ya no necesito nada, sólo saberle.

  

jueves, 30 de junio de 2011

FRAGILE


Los lugares más seguros del mundo no se encuentran señalados en ningún mapa. Puedes intentar trazar rutas imaginarias a territorios recónditos, cobijarte en plazas apacibles pero puedes tener la certeza que, en ninguno de ellos, no  encontrarás la calma, el sosiego,  que demandas.  
Sólo una brújula imantada con el roce de su piel te llevará al único refugio vital que existe, y ese no es otro que el abrazo de la piel amada.

© Fotografía naq


martes, 5 de abril de 2011

PENSAMIENTOS Y PAJAS MENTALES

 

Somos esencialmente pensamiento. Nos creamos, construimos nuestro yo,  a través del pensamiento. Un acto íntimo y estrictamente individual.  Nadie puede pensar por nosotros, es lo único que de verdad tenemos. Nadie puede robarnos nuestros pensamientos, es lo único que poseemos de verdad. Podemos ocultarlos, disfrazarlos, regalarlos o mostrarlos al mundo como si de un hallazgo para compartir se tratara, pero son sólo nuestros.
Un pensamiento, en ocasiones difuso, que discurre bajo la influencia, no sólo de lo externo, sino incluso de lo internamente pensado pero, definitivamente, nuestro.
El pensamiento impostado, adoptado por la conveniencia del agrado, no perdura. No es nuestro, no es esencial.  Quizá por eso, el de verdad, el nuestro, el que nos es propio, no lo podemos controlar y  fluye imponiéndose a cualquier otra idea que intentemos calcar. Y es que lo impostado, adoptado sin  convencimiento real, no cuadra en las lindes de nuestro propio yo.
El pensamiento va por libre, podemos intentar domarlo, pero esa doma no lo bloquea, no lo evita.  Pero no nos engañemos, el pensamiento es libre pero no original. Porque a ciencia cierta que  lo que yo haya pensado, pienso o piense en el futuro,  ya ha sido pensado por la  infinidad de hombre o mujeres que me han precedido en el tiempo. De eso estoy plenamente convencida. No hay nada original bajo la capa del sol. Puede que algunos sepan o puedan expresarlo mejor, de un modo más o menos elaborado, preciso, cautivador o bello, pero no será nuevo. Esa idea,  vacía de artificio, seguro que fue pensada por alguien en el pasado.  A fin de cuentas, ni siquiera somos lo originales que creemos ser. 
Empiezo a pensar que los pensamiento son como los millones de motas de polvo que cubren la superficie que poblamos, porque ese polvo no es más que  esa materia que no se crea ni se destruye, sólo fluye y se desplazada por el espacio y por el tiempo para seguir cubriéndolo todo. 
Nada nuevo, nada que no obtenga respuesta, a fin de cuentas el hombre sólo se formula preguntas sobre aquello que puede responder y, si no lo encuentra, se lo inventa.

Pd: Ahora, después de leer esto, si alguien ha llegado al final, habrá comprendido lo de la paja mental. Pero es lo que tiene estar a las ocho de la mañana en un butacón esperando con un sobre que no sabes si contiene una prórroga.

sábado, 6 de noviembre de 2010

SÓLO TÚ - SÓLO YO


 
Me lanzo al agua. Me aspira hasta el fondo, apenas unas salpicaduras. Sólo yo. El mundo es un silencio azul. Alineo  la cabeza y me convierto en un guión que se ladea al compás de inspiraciones y expiraciones regulares,  lentas, profundas.  Sólo tú. Los brazos apuntando al infinito mientras las manos acunan el agua.  Los extremos se mueven en vertical con la cadencia de un tic-tac.  Me busco entre el silencio, en lo ingrávido. Y llegas. Con los ojos cerrados, llegas.

Sting & The Police - Fields Of Gold