I.- Que los periodistas muchas veces se inventan cosas, no es algo que se pueda refutar fácilmente, bien al contrario. No hay día que no se manipule información y noticias con tal de arrimar el ascua a su sardina. Nada nuevo bajo el sol, solo que, en estos momentos, lo que debería ser una excepción a un deber general de información veraz, se ha convertido en lo habitual, lo que no deja de ser algo tremendo si tenemos en cuenta que, en la era de la información, la desinformación gana por goleada. Si a esta gran deficiencia (que no es más que una absoluta dejación del deber ético del periodismo), se le unen las pocas ganas y la escasa posibilidad que a veces tiene el ciudadano de contrastar lo que se le lanza desde los medios, la manipulación se consolida y convierte a los ciudadanos en un rebaño, más que en una sociedad pensante y con criterio. Lo vivimos a diario. Casi nada de lo que sucede en el mundo encuentra una explicación clara y, mucho menos, una explicación veraz. En la era de la polarización universal todos nos hemos convertido en geopolíticos, estrategas, analistas financieros y conocedores de los sistemas legales por muy remotos y lejanos que sean. No importa. El papel, y quien dice el papel, dice la red, lo aguanta todo, al menos durante un tiempo y mientras haya alguien que esté dispuesto a tragar cualquier cosa. Ahí lo dejo.
domingo, 9 de junio de 2024
DIARIO 3.0
I.- Que los periodistas muchas veces se inventan cosas, no es algo que se pueda refutar fácilmente, bien al contrario. No hay día que no se manipule información y noticias con tal de arrimar el ascua a su sardina. Nada nuevo bajo el sol, solo que, en estos momentos, lo que debería ser una excepción a un deber general de información veraz, se ha convertido en lo habitual, lo que no deja de ser algo tremendo si tenemos en cuenta que, en la era de la información, la desinformación gana por goleada. Si a esta gran deficiencia (que no es más que una absoluta dejación del deber ético del periodismo), se le unen las pocas ganas y la escasa posibilidad que a veces tiene el ciudadano de contrastar lo que se le lanza desde los medios, la manipulación se consolida y convierte a los ciudadanos en un rebaño, más que en una sociedad pensante y con criterio. Lo vivimos a diario. Casi nada de lo que sucede en el mundo encuentra una explicación clara y, mucho menos, una explicación veraz. En la era de la polarización universal todos nos hemos convertido en geopolíticos, estrategas, analistas financieros y conocedores de los sistemas legales por muy remotos y lejanos que sean. No importa. El papel, y quien dice el papel, dice la red, lo aguanta todo, al menos durante un tiempo y mientras haya alguien que esté dispuesto a tragar cualquier cosa. Ahí lo dejo.
domingo, 3 de julio de 2022
JULIO 2.0
No tengo ventana al exterior.
Cada cierto tiempo, cuando la pulsera fit me avisa que llevo demasiado tiempo
sentada, me levanto y me doy una vuelta hasta la entrada del edificio. Miro al cielo y después a la calle. Dejé,
hace un par de horas, un calor sofocante. Quedó en la puerta, pero ahora, al
asomarme de nuevo, recibo un bofetón térmico. Puede que haya llovido y yo no me
haya enterado. A veces, cuando uno menos lo espera, una tormenta empapa las
aceras y deja tras ella una promesa de humedad y castigo. Deshago el camino
para volver y subo por la escalera hasta la tercera planta que, en realidad, es
una cuarta mientras una gota de sudor me recorre la espalda hasta quedar atrapada
en el dique de contención de la cinturilla del pantalón. He dejado el aire
acondicionado puesto y al entrar noto ese frío artificial que se agarra a la
garganta y convierte el despacho en una extensión de la antigua Siberia. Me pongo
una chaqueta multiusos y no descarto traerme unos calcetines para los momentos en
los que las sandalias sean parte de un disfraz que aquí dentro, bajo una refrigeración
exagerada, no pega nada. Julio puede ser extraño y las pruebas ahí están, sobre tu mesa.
domingo, 4 de diciembre de 2011
GYPSY
Tal vez, aquel olvidó que lo que un día se deja al alcance de otro al final sale a la luz, que sólo es cuestión de tiempo, porque, pese al intento de secretismo, todo sigue ahí y cualquiera, incluso sin que se tenga un especial interés en nada, puede tropezar con una verdad medio oculta. Y fue así, de un modo casual, como topó con la historia de una existencia desastrosa que sólo se intuía.
lunes, 31 de enero de 2011
IGUALDAD. CAFÉ Y PASTITAS
La mesa era paritaria, igual número de hombres que de mujeres. Todo perfectamente estudiado para que, al menos formalmente, todo pareciera políticamente correcto.
Los cauces de la charla han empezado a desmandarse, en un tono exquisitamente “correcto”, eso sí, cuando alguien ha pretendido desviar el discurso a posiciones de poder. A que las mujeres somos, por nuestra condición, las que en estos momentos debemos dirigir el mundo y a defender poco menos que tenemos derecho a hacerlo tan mal como en el pasado lo han hecho los caballeros que han gobernado los designios de este nuestro planeta. A afirmar, sin rubor, que tenemos el mismo derecho a despendolarnos sexualmente, a despreocuparnos de lo que hay en casa para que se ocupen ellos de ese escenario, a estar largas horas sentadas en despachos, fábricas o donde sea matando horas y que sean ellos quienes se ocupen del cuidado de los niños, etc.
Obviamente, los ojos han comenzado a hacerme chiribitas y a no dar crédito a lo que estaba oyendo, entre otras cosas porque la señora estaba confundiendo la gimnasia con la magnesia y estaba desviando el discurso a posiciones irracionales y dialéticamente peligrosas.
La señora que daba este discurso creo que va muy equivocada, por mucho género neutro que utilizara en toda su intervención y mucha vehemencia en el disparo de su peligrosas palabras.
Y es que yo empiezo a estar hasta el gorro de ciertos “feminazismos”, en los que el discurso sobre la igualdad se realiza desde posiciones tan recalcitrantemente totalitarias que provocan rubor.
Las diferencias no deben justificar jamás, entre hombres y mujeres, una desigualdad en el trato ni en la igualdad de oportunidades.




