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domingo, 9 de junio de 2024

DIARIO 3.0


 
I.- Que los periodistas muchas veces se inventan cosas, no es algo que se pueda refutar fácilmente, bien al contrario. No hay día que no se manipule información y noticias con tal de arrimar el ascua a su sardina. Nada nuevo bajo el sol, solo que, en estos momentos, lo que debería ser una excepción a un deber general de información veraz, se ha convertido en lo habitual, lo que no deja de ser algo tremendo si tenemos en cuenta que, en la era de la información, la desinformación gana por goleada. Si a esta gran deficiencia (que no es más que una absoluta dejación del deber ético del periodismo), se le unen las pocas ganas y la escasa posibilidad que a veces tiene el ciudadano de contrastar lo que se le lanza desde los medios, la manipulación se consolida y convierte a los ciudadanos en un rebaño, más que en una sociedad pensante y con criterio. Lo vivimos a diario. Casi nada de lo que sucede en el mundo encuentra una explicación clara y, mucho menos, una explicación veraz. En la era de la polarización universal todos nos hemos convertido en geopolíticos, estrategas, analistas financieros y conocedores de los sistemas legales por muy remotos y lejanos que sean. No importa. El papel, y quien dice el papel, dice la red, lo aguanta todo, al menos durante un tiempo y mientras haya alguien que esté dispuesto a tragar cualquier cosa. Ahí lo dejo.

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II.- Este fin de semana me lo he pasado encerrada en casa. Tenía que estudiar. Sí, estudiar. Porque, por si la vida no fuera bastante complicada con lo habitual, decidí seguir complicándomela un poco más y ahora, tras un año angustioso, toca demostrar que no soy idiota (o al menos no tanto), y que cuando me lío con algo, pese a quien le pese (sobre todo a mí), intento llevarlo a buen puerto. La calabaza me sobrevuela y espero alejarla a golpe de codos, aunque no sé si tengo la testa para según que requerimientos.

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III.-   A veces hay que dejar correr para poder nadar. Yo lo sé, tú lo sabes. Por eso, hoy eres mejor que ayer.

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IV.- Tuve un sueño un tanto extraño, pero bastante placentero. Recuerdo el sabor de su boca, el calor de su aliento y el roce extremo de sus manos. Pero, ¡Hay que joderse! El personaje en cuestión se coló por el inodoro en cuanto hice el primer pis de la mañana, medio dormida y con un palpitar aún hermoso entre las piernas. ¡Bye, bye!, le dije, al tirar de la cadena.

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V.- Recomendar hasta reventar: Tahir Hamut Izgil y su "Vendrán a detenerme a media noche". Y de ahí, en adelante, lo que quieras y más. Algo así como:

"Que haya un ángel dirigiéndose a desayunar.
Que haya un paquete azul en su mano.
Que me envíe el paquete expreso.
De él que hable. El pájaro emerge
y me dice: “Aquí estoy”.
Que el ángel regrese a casa
para trenzar una mecha de algodón para su lámpara de aceite".



domingo, 3 de julio de 2022

JULIO 2.0


 

No tengo ventana al exterior. Cada cierto tiempo, cuando la pulsera fit me avisa que llevo demasiado tiempo sentada, me levanto y me doy una vuelta hasta la entrada del edificio.  Miro al cielo y después a la calle. Dejé, hace un par de horas, un calor sofocante. Quedó en la puerta, pero ahora, al asomarme de nuevo, recibo un bofetón térmico. Puede que haya llovido y yo no me haya enterado. A veces, cuando uno menos lo espera, una tormenta empapa las aceras y deja tras ella una promesa de humedad y castigo. Deshago el camino para volver y subo por la escalera hasta la tercera planta que, en realidad, es una cuarta mientras una gota de sudor me recorre la espalda hasta quedar atrapada en el dique de contención de la cinturilla del pantalón. He dejado el aire acondicionado puesto y al entrar noto ese frío artificial que se agarra a la garganta y convierte el despacho en una extensión de la antigua Siberia. Me pongo una chaqueta multiusos y no descarto traerme unos calcetines para los momentos en los que las sandalias sean parte de un disfraz que aquí dentro, bajo una refrigeración exagerada, no pega nada. Julio puede ser extraño y las pruebas ahí están, sobre tu mesa.



domingo, 4 de diciembre de 2011

GYPSY

Descubrió su secreto. Tuvo que reconocer que el hallazgo fue algo casual, encontrado sin el propósito de encontrar nada. 
Tal vez, aquel olvidó que lo que un día se deja al alcance de otro al final sale a la luz, que sólo es cuestión de tiempo, porque, pese al intento de secretismo, todo sigue ahí y cualquiera, incluso sin que se tenga un especial interés en nada, puede tropezar con una verdad medio oculta. Y fue así, de un modo casual, como topó con la historia de una existencia desastrosa que sólo se intuía.

Al final, el misterio resultó no tener nada de misterioso. Una apariencia que sólo era humo. Nada de filigranas, puro papel de estraza y almidón. Una vida corriente, como la de cualquiera. Una nada ampulosamente camuflada. Su ruina, como casi siempre, un amor inconfesable. Amar cuando no se debe se convierte en algo deshonesto si no se está dispuesto a perder posiciones ventajosas. Y lo intentó, y corrió rápido para mantenerse en la cabecera de la gran mentira. Pero nada se puede esconder para siempre.
Los secretos dejan de serlo cuando se comparten con un indiscreto, porque la mesura de uno puede casar mal con la del que está enfrente.

Al final, las cartas siempre terminan por estar sobre la mesa, y eso no deja de ser curioso. Sus fantasmas, aquellos que creía bajo la suela de su zapato, se le habían escapado por el tacón.

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"Mi hermana decía que fue «la época de los secretos»,pero con el tiempo he llegado a la conclusión de que lo importantede aquellos años no era lo que había sino lo que faltaba. En una ocasión una de mis pacientes dijo: «Tengo fantasmas que deambulan dentro de mí, pero no siempre hablan. A veces no tienen nada que decir.» Sarah solía entrecerrar los ojos o mantenerlos casi siempre cerrados porque temía que la luz la cegara. Creo que todos llevamos fantasmas dentro y que es preferible que hablen a que no lo hagan. Una vez muerto mi padre, ya no pude volver a conversar con él en persona, pero continué haciéndolo en mi mente. No dejaba de verlo en sueños ni de oír sus palabras. Sin embargo, lo que habría de mantenerme ocupado durante un largo periodo de mi vida fue lo que nunca nos dijo, lo que nunca nos contó. Al final resultó que él no era la única persona que guardaba secretos. Fue el seis de enero,cuatro días después de su entierro, cuando Inga y yo encontramos la carta en su estudio".
Siri Hustvedt





lunes, 31 de enero de 2011

IGUALDAD. CAFÉ Y PASTITAS


Hace unas semanas me invitaron a participar en un  desayuno dirigido a esplendorosísimos/-as ejecutivos/-as, en el que, entre café y pastitas, se iba a debatir sobre el Derecho Fundamental a la Igualdad y su implantación de los Planes de Igualdad tanto en las empresas privadas como en las administraciones públicas.
Acostumbro a aceptar estas invitaciones por dos cuestiones:  la primera y fundamental porque creo en ellas y la segunda porque para ello me pagan.
Esta mañana no iba a ser distinto. Cuando he llegado a la sede de la compañía que lo organizaba, he comprobado que el auditorio, de unas 30 personas, estaba formado, en igual número por ejecutivos y ejecutivas. 
La mesa era paritaria, igual número de hombres que de mujeres. Todo perfectamente estudiado para que, al menos formalmente, todo pareciera políticamente correcto.
Hasta aquí todo bien, al menos aparentemente. 
Los cauces de la charla han empezado a desmandarse, en un tono exquisitamente “correcto”, eso sí, cuando alguien ha pretendido desviar el discurso a posiciones de poder. A que las mujeres somos, por nuestra condición, las que en estos momentos debemos dirigir el mundo y a defender poco menos que tenemos derecho a hacerlo tan mal como en el pasado lo han hecho los caballeros que han gobernado los designios de este nuestro planeta. A afirmar, sin rubor, que tenemos el mismo derecho a despendolarnos sexualmente, a despreocuparnos de lo que hay en casa para que se ocupen ellos de ese escenario, a estar largas horas sentadas en despachos, fábricas o donde sea matando horas y que sean ellos quienes se ocupen del cuidado de los niños, etc.
Obviamente, los ojos han comenzado a hacerme chiribitas y a no dar crédito a lo que estaba oyendo, entre otras cosas porque la señora estaba confundiendo la gimnasia con la magnesia y estaba desviando el discurso a posiciones irracionales y dialéticamente peligrosas.
Nada de lo que mi contertulia decía tiene que ver con la igualdad, con el derecho a la igualdad de trato y de oportunidades. Nada.
La señora que daba este discurso creo que va muy equivocada, por mucho género neutro que utilizara en toda su intervención y mucha vehemencia en el disparo de su peligrosas palabras.

La igualdad de trato y de oportunidades nada tiene que ver con si los hombres y las mujeres debemos tener iguales comportamientos despóticos los unos para con los otros. 
Y es que yo empiezo a estar hasta el gorro de ciertos “feminazismos”, en los que el discurso sobre la igualdad se realiza desde posiciones tan recalcitrantemente totalitarias que provocan rubor.
No me cansaré de repetir que existen enormes diferencias entre hombres y mujeres. Diferencias que son patrimonio del género al que pertenecemos y que, en su foro, no son ni buenas ni males, simplemente distintas. En la diversidad y su compaginación está la riqueza social. Debemos aprender a complementarnos, reconocernos y no excluirnos.

Es cierto que algunas de las diferencias esenciales entre hombres y mujeres son culturales, de roles y de tipos y estereotipos incrustados en nuestras mentes que en algunos casos pueden carecer de sentido, pero la historia tiene un peso y a veces nos arrastra. Es por eso, que de lo que se trata es de reconducir comportamientos y formación para que esas diferencias no supongan una perdida de derechos para unas, ni una ventajas para otros. 
Las diferencias no deben justificar jamás, entre hombres y mujeres, una desigualdad en el trato ni en la igualdad de oportunidades.
Creo defender a ultranza mis derechos. El derecho a ser tratada dentro de la comunidad sin que se me minusvalores por mi condición de mujer, estoy segura de haberlo conseguido. Sin embargo, no quiero que se me otorgue ventaja alguna precisamente por mi condición femenina.
Soy lo que soy, y pretendo tener las mismas oportunidades que el señor que se me sienta enfrente. Y quiero lo mismo, porque la igualdad radica precisamente en eso, en recibir el mismo trato en idénticas condiciones y un trato desigual en condiciones desiguales.
No sé si me volverán a invitar. Debo decir que el café estaba delicioso y las pastitas también.

domingo, 20 de junio de 2010

TUTATTIS Y EL PECADO ORIGINAL


Dice que es el pecado original. La miro de arriba abajo. No me lo parece. Tiene poca altura, unas curvas nada seductoras, un aspecto más bien anodino y nada que haga pensar que en ella reside el mayor de los pecados, el original.
Ve mi cara de interrogación. Sigue explicándome que incluso ha ido al Registro Civil para enterarse de cómo cambiar su nombre por el de "EVA". Mi expresión facial pasa de la interrogación a la estupefacción. Sigue contándome que ha tenido un sueño y que la interpretación que del mismo ha hecho la frutera de su barrio, no deja lugar a la duda, ella es el pecado original.
Intento recordar cuales son las últimas cosas que ha hecho ésta bendita para que se considere el “pecado original”. Me viene a la cabeza: Ha dejado de fumar Fortuna y se ha pasado al tabaco de liar; se ha cortado una dorada melena y ha pasado a uniformarse con una media melena castaña; ha dejado las lentillas y se ha lanzado a las gafas retro; ha pasado a engrosar las filas del desempleo, ha apuntado a su hijo de tres años a clases de origami y se ha puesto a dieta. Ni rastro del “pecado original”.
Ya no puedo aguantar más y le pregunto ¿Por qué? Deja su bolso sobre la mesa junto a otra bolsita de plástico de un supermercado cercano. Extrae del primero: una caja de sacarina y tres manzanas, del segundo: una bolsa con seis manzanas golden, una bolsa de kiwis y una bolsita de lino. Se echa a llorar, dice que tanta manzana la tiene loca, que su dietista le ha recomendado ingerir esa pérfida fruta a todas horas: una para desayunar, otra a media mañana, otra a mediodía, otra para la merienda, otra para cenar y una última antes de acostarse. Dice que no ha perdido ni cien gramos pese a haber engullido kilos y kilos de manzanas. Por eso dice que ella es el pecado original, que sólo merece el infierno, que nadie con tanta voluntad como ella puede salir tan fatalmente parada.
Llamó al camarero, le entrego las manzanas y le digo que haga compota. Le pido dos cervezas, un plato de morro frito, unas patatas bravas, y un teléfono. Llamó al ex marido de Palmira para que recoja al niño de la clase de origami, que Palmira tiene una urgencia y se quedó sin batería en el móvil.
Se acabó la tontería. Ella será el pecado original y yo el demonio mismo. Por eso, esto de la dieta hoy se va a tomar viento. El lunes será otro día.
Por Tutattis


© Fotografía naq