domingo, 20 de junio de 2010

TUTATTIS Y EL PECADO ORIGINAL


Dice que es el pecado original. La miro de arriba abajo. No me lo parece. Tiene poca altura, unas curvas nada seductoras, un aspecto más bien anodino y nada que haga pensar que en ella reside el mayor de los pecados, el original.
Ve mi cara de interrogación. Sigue explicándome que incluso ha ido al Registro Civil para enterarse de cómo cambiar su nombre por el de "EVA". Mi expresión facial pasa de la interrogación a la estupefacción. Sigue contándome que ha tenido un sueño y que la interpretación que del mismo ha hecho la frutera de su barrio, no deja lugar a la duda, ella es el pecado original.
Intento recordar cuales son las últimas cosas que ha hecho ésta bendita para que se considere el “pecado original”. Me viene a la cabeza: Ha dejado de fumar Fortuna y se ha pasado al tabaco de liar; se ha cortado una dorada melena y ha pasado a uniformarse con una media melena castaña; ha dejado las lentillas y se ha lanzado a las gafas retro; ha pasado a engrosar las filas del desempleo, ha apuntado a su hijo de tres años a clases de origami y se ha puesto a dieta. Ni rastro del “pecado original”.
Ya no puedo aguantar más y le pregunto ¿Por qué? Deja su bolso sobre la mesa junto a otra bolsita de plástico de un supermercado cercano. Extrae del primero: una caja de sacarina y tres manzanas, del segundo: una bolsa con seis manzanas golden, una bolsa de kiwis y una bolsita de lino. Se echa a llorar, dice que tanta manzana la tiene loca, que su dietista le ha recomendado ingerir esa pérfida fruta a todas horas: una para desayunar, otra a media mañana, otra a mediodía, otra para la merienda, otra para cenar y una última antes de acostarse. Dice que no ha perdido ni cien gramos pese a haber engullido kilos y kilos de manzanas. Por eso dice que ella es el pecado original, que sólo merece el infierno, que nadie con tanta voluntad como ella puede salir tan fatalmente parada.
Llamó al camarero, le entrego las manzanas y le digo que haga compota. Le pido dos cervezas, un plato de morro frito, unas patatas bravas, y un teléfono. Llamó al ex marido de Palmira para que recoja al niño de la clase de origami, que Palmira tiene una urgencia y se quedó sin batería en el móvil.
Se acabó la tontería. Ella será el pecado original y yo el demonio mismo. Por eso, esto de la dieta hoy se va a tomar viento. El lunes será otro día.
Por Tutattis


© Fotografía naq