domingo, 27 de junio de 2010

FINANZAS EMOCIONALES


No dudaba en afirmar que era un completo desastre en la gestión de sus finanzas emocionales. Buscaba las inversiones más arriesgadas, apostaba por los peores valores y nunca aseguraba sus operaciones contra las inclemencias personales del que tenía enfrente, ni contra las suyas propias. Así, entre risas amargas, llegó a la conclusión que la mejor inversión que podía realizar era dejar de jugar a la bolsa con su corazón. Regaló los bonos que por las alzas y bajas del mercado se habían convertido en basura y dejó la pizarra a cero.

Laura Fygi - Historia De Un Amor