viernes, 18 de junio de 2010

INDESEABLES




A este tugurio siempre vienen los mismos, los insomnes, los borrachos, los yonquis, las putas, sus chulos y yo. Una patética fauna para el único sitio al que uno se puede arrimar cuando necesita encontrar un paquete de cigarrillos a estas horas de la noche. Miro el reloj, hace rato que dejamos atrás las cuatro. No hay nadie en la barra. Julio se acerca con paso cansado y, mientras deja frente a mí una cajetilla de Ducados y un café doble, dice que el día menos pensado baja la persiana y nos dan a todos por el culo.
Hoy no tiene ganas de hablar. Yo tampoco.
En la televisión, un tipo con pinta de predicador explica el funcionamiento de una maquina para hacer rosquillas. Si no fuera porque aún mantengo un poco la cordura diría que el tipo me está llamando por mi nombre. O tal vez no, puede que ya haya enloquecido del todo. No recuerdo cuando fue la última vez que lo oí. En el submundo en el que vivo todos lo perdimos, sólo Julio lo mantiene. Es el único que aún puede mandar a alguien a tomar por el culo. Los demás hace mucho que lo perdimos todo. Por eso estamos aquí, porque ya no nos queda nada. Sólo tenemos a un indeseable que nos sirve cualquier cosa mientras el mundo se derrumba.