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lunes, 27 de mayo de 2013

ENVIED



"En el Espíritu del tiempo [Zeitgeist] de cada época hay un afilado viento del este que sopla a través de todas las cosas. Yo puedo encontrar huellas de ello en todo lo que se ha hecho, pensado y escrito, en la música y en la pintura, en el florecimiento de este o aquel arte: deja su marca sobre todas las cosas y sobre cada uno"


Se queda de pie, en realidad, sobre las puntas de los pies, y mientras se mece mira al frente de un modo desdeñoso. 

–Puedo reírme de ti y de los cien demonios siguientes –dice-. Escupe contra el suelo mientras lanza un aullido atroz que se escapa por la junta de la ventana. Es el repetido discurso, el gesto, de una perturbada que perdió el juicio a fuerza explorar con sus fosas nasales y de contraer la pelvis buscando la extravagancia en el querer.

Acerca su cara al cristal, el espejo la multiplica por dos. Juntan las frentes, una de carne, la otra un reflejo vivo y se murmuran maldiciéndose por la ropa de una y otra, por la lastimosa pupila azul, por las abrazaderas que se balancean cada vez que mueven las mano. 

–Deberías quedarte ciega. Nada bueno pueden ver unos ojos tan enfermos.


miércoles, 25 de abril de 2012

DIMENSIONES DESCONOCIDAS


Nunca he entendido la física cuántica. Pero de enamoramientos feroces, apasionamientos indebidos y entregados hasta la extenuación, algo sé. Nunca he entendido otra manera de fajarse con esas cosas aunque, desde el inicio, estén abocadas a fracasos estrepitosos. 

Pero en los últimos tiempos, parece que las teorías de Max Plank me persiguen. Sin embargo, pese a la insistencia del destino por abocarme a teorías sobre ondulaciones, materia, energía y estados cuánticos, padezco una severa incapacidad para comprender absolutamente nada y mis incomprensibles y extravagantes pensamientos sobre el amor y los enamoramientos se me consolidan faltos de toda teoría en la que sostenerse.
Quizá por eso, por muchas ranuras que dibujaba sobre el mantel de papel, soy incapaz de entender absolutamente nada de lo que me estaba contando, incapaz de relacionar la perdida personal con una dimensión paralela llena de posibilidades.
"Ahora mismo estamos comiendo y tú podrías levantarte y marcharte, pero en otra dimensión las  posibilidades son infinitas, distintas a esa marcha que podrías llevar a cabo ahora mismo”. Si no fuera porque quien lo dice sabe que las dimensiones se agotaron hace años a fuerza de quemarlas, pensaría que lo suyo es una invitación a escaparnos a esa nueva dimensión de la que yo no he oído hablar jamás.

Sin embargo, la mecánica cuántica tampoco es lo suyo y confunde, una y otra vez, posibilidades y dimensiones y realidades tangibles. Me consta que sus fracasos, infinitésimamente míos también, han dejado algunos esperanzadores futuros dentro de imaginarios refrigeradores, congelados sin posibilidad de recuperación. 

Pero la vida es curiosa e inesperada. Mientras sigue intentando que comprenda no sé qué cosas de electrones, le veo con el pelo encanecido, con los proyectos congelados y, por un instante, sólo por un solo instante, mientras un electrón rebota en una ranura imaginaria y proyecta una vertical que no comprendo, le confieso que sigo creyendo en los enamoramientos inexplicables y feroces, como entonces, y que él, con mecánica o sin mecánica cuántica, debería hacer lo mismo, en ésta o en la dimensión que quiera.

Guarda la pluma en el bolsillo y, con el conocimiento que nos han dan los años de supervivencia a las tormentas emocionales, los años de sabernos, dice: Sigue, creo que hoy tienes algo que contarme

Pero mi física pertenece a esta dimensión y no puede, no debe, salir del plano en el que se mece, ni tan siquiera frente a quien durante años se meció, junto a mí, de dimensión en dimensión.

lunes, 12 de marzo de 2012

DISNEYLANDIA


La primera vez que la escuché estaba en Madrid, en una buhardilla sobre la Plaza Mayor en la que nunca faltaba un cierto hedor a orín. Le sujeté el brazo en un intento desesperado de que su laxitud no significara nada. Las cuencas de sus ojos se hundían por segundos. Sonaba Disneylandia, a cada salto de la vieja cinta su rostro parecía cada vez más gris. Sus labios se desdibujaban mientras, desesperado, Pablo buscaba, entre tanta ruina, un teléfono con el que llamar. 

Sobre la cama, un trozo de papel de plata amarillento y un trozo de goma. Encontré la jeringuilla enrollada entre la manga de su jersey, mientras le sostenía para que no se marchara del todo. El espejo devolvía la imagen de una Piedad irreverente, envuelta en un jersey de lana gris.
Nunca más volvimos a ser los mismos.

Vuelvo a escuchar Disneylandia mientras leo “Mientras el aire es nuestro”, un viejo ejemplar de Austral que aún conserva un cierto hedor a orín que el tiempo no ha conseguido borrar, como tampoco el porqué de entonces.

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¿Supo? ¿Qué supo? ¿Sabe?
Lo sabe sin palabras,

Sin referencias a comunes términos

Humanos.

¿Preguntan? Nada dice,

Trastorna regresar de los peligros,

Emerger de catástrofes.

Pero vivir es siempre cotidiano,

Y volver a vivir se aprende pronto.

Volver a respirar

Es la delicia humilde.
Jorge Guillen

domingo, 12 de febrero de 2012

DON'T DISTURB


Una sola palabra de un mal gusto increíble, al menos para dejarla por escrito, me ha torcido el gesto y la tarde. Me la tuerce, me la fastidia y me la manda al guano. Empecemos de nuevo.

Un par de tapones de silicona, Ray-Ban de espejo para oscurecer la tarde ya gris, todos los suplementos dominicales y mi butaca preferida para una silente sobremesa que, contra todo pronóstico, comienza a las siete de la tarde. Guardo el reloj bajo el cojín y miro al techo mientras pienso que me viene al pelo aquello de “Me relaciono muy bien con animales, bebes y amantes, todo lo que no habla”, es como si Alicia Giménez Bartlett hubiera diseccionado mi cabeza.

De fondo Domenico Scarlatti para no oír. Creo que voy a colgar el cartel de cerrado en breve.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

PASIONES


Me pregunta por qué sigo insistiendo. Encojo los hombros en un gesto indolente, no tengo voluntad, se la llevaron las aguas de marzo. Me extiende la mano y la retengo entre las mías. Siento el peso de su abandono. Apoyo la cabeza en su hombro y bostezo para provocar que el sueño prolongue, inútilmente, el momento.

Y es que: "Todas las grandes pasiones son desesperadas, no tienen ninguna esperanza, porque en ese caso no serían pasiones, sino acuerdos, negocios razonables, comercio de insignificancias".

No acaba de irse nunca, no acabo de irme nunca.