miércoles, 25 de abril de 2012

DIMENSIONES DESCONOCIDAS


Nunca he entendido la física cuántica. Pero de enamoramientos feroces, apasionamientos indebidos y entregados hasta la extenuación, algo sé. Nunca he entendido otra manera de fajarse con esas cosas aunque, desde el inicio, estén abocadas a fracasos estrepitosos. 

Pero en los últimos tiempos, parece que las teorías de Max Plank me persiguen. Sin embargo, pese a la insistencia del destino por abocarme a teorías sobre ondulaciones, materia, energía y estados cuánticos, padezco una severa incapacidad para comprender absolutamente nada y mis incomprensibles y extravagantes pensamientos sobre el amor y los enamoramientos se me consolidan faltos de toda teoría en la que sostenerse.
Quizá por eso, por muchas ranuras que dibujaba sobre el mantel de papel, soy incapaz de entender absolutamente nada de lo que me estaba contando, incapaz de relacionar la perdida personal con una dimensión paralela llena de posibilidades.
"Ahora mismo estamos comiendo y tú podrías levantarte y marcharte, pero en otra dimensión las  posibilidades son infinitas, distintas a esa marcha que podrías llevar a cabo ahora mismo”. Si no fuera porque quien lo dice sabe que las dimensiones se agotaron hace años a fuerza de quemarlas, pensaría que lo suyo es una invitación a escaparnos a esa nueva dimensión de la que yo no he oído hablar jamás.

Sin embargo, la mecánica cuántica tampoco es lo suyo y confunde, una y otra vez, posibilidades y dimensiones y realidades tangibles. Me consta que sus fracasos, infinitésimamente míos también, han dejado algunos esperanzadores futuros dentro de imaginarios refrigeradores, congelados sin posibilidad de recuperación. 

Pero la vida es curiosa e inesperada. Mientras sigue intentando que comprenda no sé qué cosas de electrones, le veo con el pelo encanecido, con los proyectos congelados y, por un instante, sólo por un solo instante, mientras un electrón rebota en una ranura imaginaria y proyecta una vertical que no comprendo, le confieso que sigo creyendo en los enamoramientos inexplicables y feroces, como entonces, y que él, con mecánica o sin mecánica cuántica, debería hacer lo mismo, en ésta o en la dimensión que quiera.

Guarda la pluma en el bolsillo y, con el conocimiento que nos han dan los años de supervivencia a las tormentas emocionales, los años de sabernos, dice: Sigue, creo que hoy tienes algo que contarme

Pero mi física pertenece a esta dimensión y no puede, no debe, salir del plano en el que se mece, ni tan siquiera frente a quien durante años se meció, junto a mí, de dimensión en dimensión.