jueves, 5 de abril de 2012

LA GUERRA DE LOS BALCANES -VEINTE AÑOS NO SON NADA-

Es posible que a muy poca gente le diga nada el nombre de Suada Dilberovic y el de Olga Sucic, puede que a alguna más le suene el Puente de Vrbanja. Si estos mismos nombres hubieran sido pronunciados en el año 1992, es posible que muchas personas, casi la totalidad de lo que llamamos “mundo civilizado” supiera de qué estoy hablando.

Pero hoy, el año 1992, sólo es el recuerdo del año en que Barcelona se vistió de gala para acoger la celebración de los Juegos Olímpicos. Muchos han olvidado que ese mismo año, Yugoslavia, que poco tiempo antes, en concreto en 1984, había organizado los Juegos de Invierno en Sarajevo, se desangraba en una guerra fraticida.


Las primeras víctimas civiles de aquella contienda, Dilberovic y Sucic, caían a manos de los francotiradores serbios en el Puente Vrbanja. Todo eso ocurría el 5 de abril del año 1992. Europa, el mundo entero giró la espalda, miró hacia otro lado y permitió que durante más de tres años las más feroces atrocidades se sucedieran en el corazón de Europa.

Europa, esa tierra de todos y de nadie en la que se nos llena la boca de derechos y se nos olvida, a menudo, que comprometerse con el ser humano, con los derechos a la libertad, a la vida, está por encima de burocracias rancias.



Creíamos que los campos de concentración, las purgas, las fosas comunes, los francotiradores que disparaban a los críos que cruzaban una calle cualquiera pertenecían a época pasada, pero no es así. Prueba de lo fue la guerra de la ex Yugoslavia. Al lado de casa, con problemas de nacionalismos tan exacerbados como los que se viven en nuestro país, con tensiones tan agudas que hicieron imposible la convivencia, y arrastraron a miles de personas a una muerte segura. La mataza de Srebrenica, uno de los mayores genocidios del  siglo pasado.

Han pasado veinte años y como dice el bolero, veinte años no son nada. Sólo son la prueba palpable de que en cualquier momento podemos encontrarnos ante situaciones absolutamente catastróficas, en las que el bien más preciado que tenemos, la vida, y seguidamente a él, la dignidad y la libertad, pueden quedar maltrechos, sin posibilidad de recuperación, en cualquier esquina.


Los años son unidades con las que medimos el paso del tiempo. Pero existen formas menos convencionales de contemplar el avance de la humanidad, avance por llamarle de alguna manera, que no es otra que recordar los hechos que marcaron la historia y que jamás deben volver a ocurrir.

La humanidad es pasado y algo de presente. El futuro es sólo la esperanza de los hombres, pero nada más. Sólo no olvidando el cruel ayer podremos construir un mundo mejor, si eso aún es posible.

Y es que el hombre es un lobo para el hombre, pero me niego a perder la esperanza.


jorge Drexler - El pianista del gueto de Varsovia





http://lavidaesunsusurro.blogspot.com.es/2010/07/srebrenica-no-lo-olvidemos-y-pensemos.html

Vedran Smailoiv en 1992 ,varias veces durante el día, durante horas, tocó con su violonchelo el  Adaggio de Albinoni, para brindar homenaje a las 22 personas que fueron asesinadas mientras hacían fila para recibir pan en las calles de Sarajevo