sábado, 14 de abril de 2012

I'M NOT A ROBOT


He pasado buena parte de la tarde leyendo blogs. Algunos los visito con frecuencia y otros no tanto. Pasar por la casa de otro puede pasar desapercibido, salvo para su propietario si tiene interés en saberlo, pero para el resto sólo es posible saberlo si dejas tu huella a través de un comentario.

Algunos aseguran que los blogs se alimentan y crecen gracias a los comentarios de los que hasta allí llegan. No lo tengo claro, aunque supongo que depende del tipo de blog, de los motivos por los que uno lo escriba, o del grado de su vanidad. No lo sé, aunque lo que es cierto es que cuando descubres que alguien ha dedicado su tiempo a leer lo que escribes y dedica más tiempo aún a comentarlo, casi siempre es una alegría.

Por lo general, mis paseos por blogs ajenos dejan poca huella, puntualmente, y en muy pocos, dejo el rastro evidente de mi paso por ellos. Supongo que eso obedece a cierta injusta pereza y dejadez para con los demás, en este aspecto.

A los que por naturaleza somos un poco perezosos, la activación, por parte de algunos titulares de blog, de la opción por la que estás obligado a teclear un código infernal para demostrar, a no sé quién, que no eres un robot, nos acaban por acentuar el capital pecado que nos aqueja.

¿Los robots comentan? Al parecer sí. Pero yo no puedo soportar tener que pulsar no menos de tres veces esos códigos infernales, con letras irreconocibles que hacen que, tras varios intentos, finalmente desista del comentario que, venciendo mi enorme pereza, pretendía colgar como un rastro de mi paso por esa bitácora.

Esta tarde de lluvia intensa, de frio descorazonador, venciendo la pereza y el odio feroz a los códigos anti-robot, he paseado y, a modo de las miguitas de Pulgarcito, dejado mi rastro. No son gran cosa, pero son las mías y me han costado lo mío.