jueves, 19 de abril de 2012

PARNASOS AMBULANTES


Que la vida no es un chiste lo sabemos todos los que nos batimos el cobre con ella. Las rachas, las buenas y las malas, van y vienen, casi siempre sin avisar y cuando uno menos se lo espera.
Hace unos días, antes de volver a casa, me senté en el único banco en el que aún era posible sentir los últimos rayos de sol. Esperaba que el último soponcio laboral pasara de sostenerse en la nuez a colocarse en mitad de mi ya maltrecho estómago, y,  mientras esperaba, pensé que nos ha tocado vivir una mala época. La desesperanza es generalizada y los desastres, quizá porque estamos más desilusionados que nunca, nos parecen más desastrosos que ayer. Así no se puede vivir.
La mediana felicidad, esa a la que un adulto razonable puede aspirar, se convierte en un objetivo que requiere un esfuerzo brutal, una verdadera carrera de obstáculos que casi siempre termina en un mediano fracaso.
En una ocasión escuche que la felicidad no existe como tal. Son simples momentos robados al tiempo, nunca permanentes, nunca constantes, jamás un estado. Sólo la idiocia sujeta una sonrisa perenne en el rostro de quien la padece. El resto de mortales vamos encajando como podemos y así, de vez en cuando, el lado amable de la vida se nos presenta, mudándonos el gesto sabiendo que será algo breve y efímero.
Y mientras volvía a casa, en un autobus apenas lleno, pensando en esa mediana felicidad, pude contar cerca de diez personas leyendo libros.  Puse la mano sobre el bolso  que sostenía sobre el regazo y pensé que, pese a todo, aún tenemos suerte, nos quedan los libros para deshacernos, ni que sea un instante, de la carga que soportamos. Poder aparcar, ni que sea por un momento, los sinsabores de algunas cosas y entrar, casi sin permiso, en esas vidas de letras, que no son las nuestras pero que, por unos minutos, unas horas, nos alejan de los vaivenes en los que, sin quererlo, nos encontramos, es casi siempre un alivio.
Así que me coloqué los cascos, busqué el jazz más melódico que guardo en mi diminuta caja de música y, mientras atravesaba la ciudad, entre las páginas de un libro, encontré la mediana felicidad. 

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PARNASO AMBULANTE DE ROGER MIFFLIN

"Sabed amigos que tiene mi percherón
Más de mil libros, antiguos y de ocasión 
Del hombre los mejores amigos son.
Los libros que atiborran este gran vagón
Libros para todos los gustos son
De líricos versos a las Musas
De buena cocina y agricultura,
Novelas apasionadas de prosa pura.
Cada necesidad tiene su libro justo
Y los nuestros te dejarán a gusto
Jamás habrá librero que dé alcance
A los finos libros del Párnaso Ambulante".

- La librería ambulante-