En todo aquello que vale la pena de tener, incluso en el placer, hay un punto de dolor
o de tedio que ha de ser sobrevivido para que el placer pueda revivir y resistir.
Gilbert Keith Chesterton
Imposible no tropezar con su paso y no sentirse frágil.
Es como el agua que se cuela en cada una de las hendeduras del camino, que tu
mano temblorosa intenta contenerla sin pensar que su aparente docilidad es un
engaño que solo espera un guiño que le de paso a embravecerse y arrastrarte
hacia la nada. Y un oscuro presagio, que parece dormir sin que apenas lo
percibas, aguarda agazapado, tras la
aparente normalidad, esperando el rumor de tu llegada para acabar con tu
aliento. Somnoliento, agotado por el remar absurdo contra la corriente que te empuja,
quedarás varado entre la incertidumbre de saber si aún sigues vivo y la absurda
idea de que más allá de la resaca que te alejó, sobrevive su presencia y tu
futuro.
"Cada tic tac es un segundo de la vida que pasa, huye y no se repite.
Y hay en ella tanta intensidad, tanto interés, que el problema es solo saber vivirla.
Que cada uno lo resuelva como pueda".
En el escaparate durante meses lució un rotulo “Liquidació negoci". No es ni la primera ni la
última librería que veremos caer. Es la ley de la oferta y la demanda y aunque
no nos guste, nos entristezca, es así. El mercado es feroz. Hoy ya está cerrada.
Busqué entre las pilas
de viejo y mientras abría y cerraba algunos ejemplares el polvo rancio se me
coló en la garganta. Una recia combinación de letras olvidadas, moléculas
suspendidas en el aire y cierta nostalgia indefinida, cierra a cal y canto la posibilidad de
articular ni media palabra. Es lo espeso de lo antiguo, de la solera y del
conocimiento que se pierde a pasos agigantados. Sin duda, aquel paseo entre
estantes y repisas a punto de derrumbarse iba a ser el último.
Me produjo cierta molestia mezclarme con los oportunistas
que buscaban, sin encontrar porque allí no han estado jamás, los últimos
chollos en sombras eróticas y demás munición que sirve para herir de muerte a
la buena literatura. Pero sus pasos no llegan más que a media librería, nada de
lo que había en ella puede interesar a quien acude únicamente por el reclamo de
la llamada improvisada de un rótulo que anuncia una rebaja por muerte y no sabe ni dónde entra.
Fue un último paseo sabiendo que aquellos era los últimos
pasos del que recorre un melancólico cementerio a modo de despedida. Las cosas
no siempre están en el lugar en el que deben estar.
Desde aquel día no
había vuelto a pasar por delante de su puerta, ayer lo hice. Una sombra extraña
cubre la pared de lado a lado, es como si el reflejo de Níobe se escurriera entre
lamentos por la húmeda fachada de una
piedra gris que se ha vuelto negra.
Enciendo
la radio, son las dos de la madrugada y no puedo dormir. El avance de las
noticias lo confirma, se ha encontrado muerta a Miriam, la niña de dieciséis meses
que, días antes, había sido secuestrada por quien, al parecer, fue el último
compañero, amigo, lo que sea, sentimental de la madre de la criatura. No me
sorprendo, y la falta de sorpresa me produce un escalofrío.
Nos
estamos acostumbrando a recibir noticias espantosas mientras nuestras vidas, afincadas
en la comodidad de las rutinas repetidas, que creemos alejadas de esos
horrores, continua sin el más mínimo aspaviento. Desaparece un bebé y de una
manera casi mecánica, adelantamos, en nuestra mente y en nuestras
conversaciones, un final que, sin haberse concretado, sabemos que será trágico.
Siempre lo es.
En
este caso, como no podía ser de otro modo, también ha sido así. Una criatura muerta,
abandonada en una charca.
¿Qué es lo que puede pasar por la cabeza de una persona
para terminar con la vida de un niño? Nunca lo he entendido y nunca lo
entenderé. Sin embargo, la realidad se impone.
El
drama de las muertes violentas y sin sentido; la trivialización de los
comportamientos; de las relaciones personales; de los afectos, es el pan nuestro
de cada día. La pérdida de referentes, de principios fundamentales en nuestra
vida y la falta de tolerancia a la tan humana frustración, nos lleva directos al
infierno. Un infierno que nada tiene que ver con calderas, ni misticismos, sino con la deshumanización y la normalización de lo anormal, de lo oscuro, de la maldad en sí misma.
Y la consecuencia de todo ello,
de la perdida incluso del contacto más humano, del respeto por lo ajeno, por lo
esencial, son locos insensibles, sin empatía, ni capacidad de reconomiciento del otro como ser humano. Locos sin otra enfermedad que la de su propia
maldad. Maldad que se gestó dando la espalda a la necesidad de aprender que la
vida está por encima de todo y que dejó atrás los mínimos esenciales que
diferencia al ser humano de los animales. La conciencia, la decencia, la
compasión, el sufrimiento y la capacidad de raciocinio.
Pero perdimos las riendas
hace ya mucho tiempo y hemos terminado por confirmar que, ciertamente, el
hombre es un lobo para el hombre.
Entiendo de muy pocas cosas. Cada vez de menos. He cruzado la frontera de la vanidad juvenil que me empujaba a poner de manifiesto mi conocimiento sobre algunas cosas. Por eso, ahora campo a mis anchas sabiendo que cada vez sé menos, que nunca comprenderé algunas cosas y que otros son infinitamente más sabios que yo. No es modestia, no lo soy. Simplemente sé que es así.
A estas alturas sólo puedo decir lo que me gusta, me apasiona, lo que me disgusta o incluso lo que detesto. En ocasiones, ni siquiera puedo precisar cuáles son las razones, los motivos por los que algo me agrada o me desagrada. Sólo sé que es así, precisamente así, de esa manera sin necesidad de convencer a nadie.
Lo mismo me ocurre con las charlas. Con el tiempo me gusta más escuchar que hablar. Disfruto escuchando a los que sin altanería ni petulancia comparten conmigo aquellas cosas de las que saben. Con eso me basta.
Hace muchos años, un encuentro absolutamente casual, sin trascendencia para otros, pero sí para mí, hizo que cayera en el embrujo de la pintura de Antonio López. El romance dura ya muchos años. Sin embargo, no puedo precisar donde reside la excelencia del pintor. Y sé, porque he leído mucho sobre él, lo que los demás opinan, y podría hacerme la interesante y calcar, plagiar, la opinión de otros y hacer que pareciera mía, pero no me interesa.
Así, que me resigno a no poder explicar el porqué de esta incondicional adhesión. Simplemente es.
En los próximos días tengo una cita con Antonio López, él no lo sabe, pero yo sí. Así, sin más. Es lo que tienen los años, le permiten a una hacer lo que se la envaine, sin más motivo que el gusto de darse un gusto y sin necesidad de explicaciones pretenciosas; admirando a los que saben, porque no puede ser de otra manera; aunque para ello haya que recorrer cientos de kilómetros.
No dejen de ver "El sol del membrillo", un documental rodado por Victor Erice sobre el proceso creativo de Antonio López García. No les defraudará. Disfrútenlo.
Necesitamos encontrar un sentido a nuestro paso por el mundo. Lo desconocido, lo incierto, produce miedo y nos torna inseguros. Depositar la esperanza en la incerteza es sólo un consuelo. La única certeza que tenemos es que los muertos no vuelven y que un vaso roto no se puede recomponer.
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Las cosas que mueren jamás resucitan,
las cosas que mueren no tornan jamás.
¡Se quiebran los vasos y el vidrio que queda
es polvo por siempre y por siempre será!
Cuando los capullos caen de la rama
dos veces seguidas no florecerán...
¡Las flores tronchadas por el viento impío
se agotan por siempre, por siempre jamás!
¡Los días que fueron, los días perdidos,
los días inertes ya no volverán!
¡Qué tristes las horas que se desgranaron
bajo el aletazo de la soledad!
¡Qué tristes las sombras, las sombras nefastas,
las sombras creadas por nuestra maldad!
¡Oh, las cosas idas, las cosas marchitas,
las cosas celestes que así se nos van!
Llegué pronto, apenas un rayo de luz y un poco de aire. En mi bolsillo una edición barata, dos horas por delante y unas gafas que lo esconden todo. Vuelvo con el oído convertido en una caracola. El viento se coló sin pedir permiso y ahora no dejo de escuchar un mar que sólo he visto de lejos.